1. Engaños
Romina
Tres años atrás en alguna provincia del estado de Nayarit, México.
Rumores, rumores, la gente se la vive de chismes y metiendo su nariz donde no la llaman.
Ahora resulta que estoy metida en medio de sus líos, pero que tengo que estar creyendo en eso.
Hay Romina, Romina, solo a ti se te ocurre creer en chismes, no debiste hacer caso en primer lugar.
Ahora voy de camino a la casa de Benjamin, mi novio de toda la vida, nos conocemos desde infantes.
Es imposible que él me haya hecho una trastada, no después de todos estos años juntos.
Conduzco la vieja camioneta que mi padre dejó de herencia a mamá y a mi, juro que en cuanto logre pegar un proyecto, cambiare de auto.
Gasto más en reparaciones que en lo que logra trasladarnos, es un auto demasiado viejo, y las piezas de repuesto son caras.
Desde que mi amado padre falleció, Benja, se ha convertido en un apoyo vital en nuestras vidas.
Es el hombre casi perfecto, solo le falta entregar el anillo de compromiso, casarnos y ahora si, el hombre ideal.
Por eso es que dudo en lo que la vecina del siete me dijo, se atrevió a jurar que vio a mi novio con una chica del mini super, besándose.
Y solo para cerrar su boca, es que estoy yendo en este momento a su casa ¿Cómo se atreven a levantar calumnias así como así?
Flashback
—Rominita, buenos días mija ¿Cómo estás hoy? —me saludó con la sonrisa más hipócrita que he visto en mi vida.
—Buenas doña Yola, bien, un gusto saludarla, voy tarde a la empacadora, luego la veo —trato de avanzar pero la señora se me para enfrente —¿Necesita algo? —le brindó una sonrisa forzada con los dientes pelados.
—Hay mija, es que me da mucha pena contigo... Tu tan buena muchacha, ese chamaco no te merece.
—Doña Yola, si me tiene que decir algo, le pido por favor que se de prisa, enserio voy tarde a mi trabajo.
—Pues mira, te lo voy a soltar así, hace rato vi al Benjamin ese, saliendo del mini super con la dependienta, se iban besando y agarrando hasta no se donde, ya tu sabrás que haces con lo que te digo, ya me voy. Solo recuerda que siempre te he dicho que ese no era buena gente, y hasta aquí llegó mi paciencia pa aguantar quedarme callada, no más al rato no te arrepientas.
Se da la vuelta y me deja ahí con la palabra en la boca, solo voltea para gritarme qué Dios me ayude y se va casi corriendo.
Fin del flashback.
Estaciono fuera de su casa, el vive solo desde hace algunos años, se independizó de sus padres, decía que ya no aguantaba compartir su espacio con su gran familia.
Tomo la copia de sus llaves de la guantera, que justo ahora, parece que no querer que baje, me cuesta un mundo poder abrirla.
Cuando al fin las tengo en mis manos, bajo del vehículo y me dirijo a la entrada, abro sin hacer ruidos, pues le molesta que según él, yo haga escándalo.
Entro y cierro la puerta con cuidado, no he dado ni un paso, cuando escucho ruidos raros en la habitación del fondo.
Me retiro los zapatos y me doy cuenta que hay dos pares más, mi corazón brinca con anticipación, pero es mejor no hacerse ideas.
Avanzo cuidando de que ni una madera rechine, llego a la pieza y abro la puerta, las lágrimas salen sin aviso.
—¿Cómo esa tonta se pierde de esto? Eres una bestia papito.
No es la chica del mini super, pero sí, la de la panadería del centro, está encima de Benja, ninguno se ha dado cuenta de mi presencia.
Y como si no fuera poco, del baño sale la sobrina de la vecina chismosa, está desnuda y corre a la cama con ellos.
Benjamin la acomoda de modo que entre ellas se besan mientras el pone su cara entre las piernas de la otra mujer.
Siento como la bilis recorre mi garganta y no soporto más y vómito del asco que la escena me provoca.
De inmediato se escuchan jadeos de sorpresa, Benjamin se levanta sin ningún tipo de pudor mostrando su desnudez.
—Romina, vaya nena, no esperaba verte a esta hora, pero ya que estás aquí, ven, únete a nosotros.
No puedo creer su cinismo, veo su mano extendida para que la tome, pero en lugar de eso, la golpeó alejándome de el.
—¿Qué significa esto Benjamin? ¿POR CUÁNTO TIEMPO? —grito desesperada.
—No, no, no, no, aquí no vengas a hacer tu espectáculo, yo siempre te he dicho que tengo mucho amor por dar.
—Se supone que somos novios, tu amor debería de ser para mi.
El hombre se queda callado, se gira a las dos zorras que aún siguen en su cama y avanza hasta ellas, quedando en medio de ambas.
—Ya entendí, quedate con tus p*tas, hasta aquí llegamos.
Doy media vuelta y salgo lo más rápido, que mis temblorosas piernas me permiten.
Ahí queda todo, lo bueno es que aun no me negaba a la oferta laboral en la Ciudad de México.
Siento que el corazón me revienta del dolor, trato de respirar, me subo a la camioneta de papá y arranco lo más pronto posible.
Llego a casa corriendo, entro en mi habitación y respondo el correo de Constructora Campos.
A los pocos minutos me responden, solicitando que me presente a más tardar, el lunes de la siguiente semana.
Es viernes, así que tengo el fin de semana para mudarme, empiezo a empacar algo de ropa formal, junto con mis planos en digital.
Checo por Internet, algunas ofertas de pensión cerca de la sede en la que me han contratado.
Mamá no está en casa, así que le escribo una nota, avisando que me voy, no le doy los motivos.
Veo una última vez mi hogar y salgo con maletas en mano, por suerte un taxi va pasando y lo abordo.
Le indico al chófer qué vamos a la terminal de autobuses, y mientras el auto avanza, mi ojos lloran sin parar.
Ciudad de México, seis años antes .
Es mi cuarto aniversario de bodas, llevo un pequeño obsequio para mi esposa, la mujer más hermosa del mundo.
En verdad estoy viviendo un sueño de vida, yo, Adrián Campos, soy el arquitecto más afamado de todo el país, tengo la mejor constructora de latinoamerica y estoy casado con la mujer de mis sueños, quien me ha dado el regalo más hermoso de toda mi vida, mi pequeño Carlo.
Hace algunos meses venimos enfrentado una pequeña crisis en nuestro matrimonio, espero hoy se sienta mejor y podamos celebrar.
Salí temprano de la oficina y ya he reservado en el restaurante favorito de mi esposa.
Entre sus regalos, está el vestido azul turquesa qué le gustó en la boutique nueva.
Un collar de perlas qué no podía faltar, y un par de boletos de avión, nos iremos de segunda luna de miel a Francia, la ciudad del amor.
Haré todo lo que esté en mis manos, para salvar nuestro matrimonio, debemos darle una gran familia a nuestro hijo.
Llego a casa y paso a saludar a mi pequeño travieso, que juega con la niñera en el jardín.
Con una sonrisa en los labios y los obsequios en las manos, llego a nuestra habitación.
La puerta está entreabierta empujó un poco con el pie, y la imagen que encuentro, me desgarra el alma.
Mi esposa, la mujer que he amado durante años, a la que le entregué mi vida, esta con el chofer en nuestra cama.
Los regalos abandonan mis manos, siendo el ruido lo que les hace darse cuenta de mi presencia.
Ella se sobre salta y sale del jardinero, intenta cubrir su desnudez con la sábana, arregla un poco su cabello alborotado.
—Amor, no es lo que estás pensando —se atreve a negar en mi cara lo que es evidente.
—No estoy pensando nada. Por favor toma a tu amante y salgan de mi casa.
—No, de verdad no es lo que piensas te juro...
—Claro que no, simplemente el chofer subió a darte los buenos días y tu accidentalmente caíste en su pitó, desnuda, y los gritos que dabas eran de terror, si claro —hablo con ironía en la voz.
—Tú ya no estabas conmigo ¿qué esperabas?
—Me estas jodiendo... Largo de aquí, y te vas como estás, haré efectivo el contrato prenupcial.