Romina
Época actual.
Estoy feliz, la siguiente semana cumplo cuatro años en la empresa, no ha sido nada fácil, pero aquí seguimos.
A los dos años que entré y gracias a un proyecto de becas, fui ascendida a supervisor de proyectos.
Pero hace dos meses, se lanzó la convocatoria para un proyecto hotelero, la condición principal, es que fuera un eco hotel, pues el cliente es promotor del eco turismo.
He estado trabajando en ello, solo me falta la autorización de mi odioso gerente y listo.
Esto sería un sueño hecho realidad, casi doy bronquitis de alegría, estoy tan nerviosa que puedo jurar q me va a dar algo.
No Romina, respira, tranquila, solo tienes que conseguir esa firma. Hoy es domingo, no tengo que ir a la oficina.
Así que me haré un spa en casa, tomo mis cosas y al abrir la puerta, me topo a mi única amiga desde que llegué aquí, Rose Mary.
Se llama Rosa Maria, pero dice que así se escucha más sofisticado, a mi me da risa, cada vez que alguien le pide explicar el por qué, hace unos gestos muy divertidos.
—Pero que bueno que ya estas lista ¿irás así? —me cuestiona, al ver que voy de chándal y zapatillas deportivas.
La veo confundía, que tiene de malo mi atuendo, solo voy a comprar al super, no entiendo de que se sorprende.
—Lo olvidaste, si, desde luego, es tu costumbre, lo tenias que hacer una vez más.
Pasa por mi lado para entran a mi pequeño departamento,sigue hablando y ahora también da vueltas de un lado a otro.
—Rose, Rose, ROSA MARIA.
Tengo que elevar la voz porque esta mujer, ni caso me hacía, se detiene en seco y se gira a verme con total indignación.
—Todavía de que olvidas nuestra cita de amigas, te atreves a gritarme —me regaña mientras me señala con su índice.
—Calma, calma, oye, ni mi madre me regaña tanto como tú. De todas formas solo vamos por un café, así que no hay problema como este vestida, anda, deja de hacer berrinche y camina.
—Osea que salir conmigo, no amerita que la señorita se ponga bella.
—Por Dios, Rose, es solo café, no una cita.
—Tienes razón... —Me sonríe de oreja a oreja —caminemos, como dices, ya ibas de salida, podemos ir a la plaza comercial o a alguna cafetería por aquí cerca, pero primero pasamos al parque por una nieve.
Frunzo el ceño, trato de responder algo pero ni tiempo me da, ya me lleva tirando del brazo.
Se puso muy nerviosa tan repentinamente, algo me huele mal aquí, algo esconde esta señorita.
Salimos de mi edificio casi corriendo, se cuelga a mi brazo y me va platicando sobre su nuevo novio.
Esta chica es una cosa seria, encuentra el amor cada dos meses, dice que es de corazón ligero.
Lo único malo de sus constantes amores es, la decepción, con cada rompimiento, mi estómago se prepara para una noche de copas.
Solo espero que al fin haya llegado el indicado, porque una borrachera más, ya no la aguanto.
En un abrir y cerrar de ojos, llegamos al parque que está cerca de mi hogar, caminamos al carrito de nieves y pedimos nuestro sabor favorito.
—Pensé que iríamos a la plaza —menciono cuando veo que tomamos asiento en una de las bancas.
—Si iremos, pero no me gusta ir caminando mientras como, mejor nos acabamos la nieve y ya nos vamos ¿vale?
—Por qué siento que no me estas diciendo algo.
Me mira más nerviosa que cuando estábamos en casa, se ríe fingiendo que no oculta nada.
—¿Quién? ¿Yo? —afirmo con la cabeza —para nada, hay sabes que todo te lo cuento...
—Holo preciosa —llega un chico, que supongo es su novio y detrás de este, otro más.
Mi cabeza parece la del exorcista, la veo casi tragandola con la mirada, a ella casi se le salen los ojos al verse descubierta.
—Ho... Hola amor, que coincidencia verdad.
El chico pone cara de confusión, niega mientras la abraza, en tanto el otro chico se trata de sentar a mi lado.
—Hay Romy, te presento a mi novio, y él —señala al pobre que me ve muy sonriente —es su mejor amigo.
—Hola chicos —saludo por cortesía.
—Bueno pues vamos —se pone de pie e intenta tomar mi brazo.
—Amm, olvide que deje la olla de los frijoles puesta, me tengo que regresar.
—¿Es enserio Romina? —me ve incrédula.
—Si, lo sé, lo sé, pero no puedo dejar el gas encendido, disfruten su día.
Huye Romy, huye, a lo lejos escucho como Rose, grita mi nombre, sin embargo, no me detengo.
Le meto nitro a mis patitas, no puedo creer que me la hiciera de nuevo. Mary, sabe que no busco citas.
Desde lo del infeliz de Benjamin, no quiero saber nada de hombres, mi corazón esta cerrado para el amor en pareja.
Ella lo sabe, y aun así, me sale con estas cosas, se bien qué se volverá a repetir, Rose, cree que es solo un temor tonto.
La verdad es que no estoy dispuesta a entregar mi corazón a nadie, no pienso dejar que nada ni nadie, me vuelva a derrumbar.
No soportaría volver a tener el corazón roto, mejor quito esos malos recuerdos. Ya ni me haré mi spa en casa.
Hago un puchero de tristeza, avanzo por el corto camino de regreso a casa, ni modo, tocará terminar de preparar el proyecto.
Adrián
Un mes antes
Domingo en casa, planeaba despertarme tarde, pero ayer antes de salir, quede con un cliente.
En los últimos años no he dejado de trabajar, ni vacaciones me he dado oportunidad de tener.
Entre proyectos, juntas, negociaciones, viajes de negocios, la constructora no ha parado de crecer.
Así como el mal comportamiento de Carlo, con la del viernes, es la vigesima niñera que huye.
Ese niño es demasiado... La recibió con una canasta llena de ranas y sapos, según él, era un regalo. La mujer al ver el obsequio de mi hijo, salió corriendo y gritando.
No pasaban de las ocho de la mañana y Carlo, ya estaba haciendo de las suyas. Al regresar de la oficina hablé con él, es obvio que solo quiere un poco de mí atención.
Le prometí que le ara vacaciones de verano, estaría todo el mes con él, con la condición, de que no corriera a otra niñera más.
Llegamos a un acuerdo, estrechamos las manos como buenos hombres de negocios y asegurando que nuestra palabra se cumple, pasamos una noche de hombres.
Noche que duró un par de horas, pues mi pequeño de ocho años, cayó rendido a mitad de la segunda película de súper héroes.
Así que hoy, solo voy a firmar el contrato para iniciar este nuevo proyecto, y ya no regreso a la oficina por un mes.
Aun así, aprovecharé este tiempo para revisar algunos pendientes, y el principal, una nueva cuidadora para Carlo.
Lunes por la mañana
Carlo
Hoy empiezan las vacaciones, papá prometió que este mes la pasaría conmigo.
Es muy temprano, ya estoy despierto, me levanto de la cama y bajo a la cocina, le prepare un desayuno de héroes a papá.
—Hola Lalita ¿me ayudas?
—Hola mi niño hermoso, claro ¿qué necesitas?
Me agarra de los cacheta y llena de besos mi cabeza, Lalita, es la señora que hace de comer en la casa. Ya es muy viejita.
—Lalita, me vas a despeinar —me quejo de mentiras.
Ella es como mi abuelita, ya que los míos nunca están, ella es quien me consciente y le cubre en todo, para que papá no se enoje conmigo.
—Que despeinar, a mi ni me eches la culpa, ya bajaste así. Mejor dime, que vamos a hacer, hoy tengo mucho trabajo.
—¿Pues que vas a hacer? Que yo sepa no hay fiesta.
—No, pero tu papá avisó que desde hoy, estará en casa, debo de hacer la comida como a el le gusta, y eso es bastante chamba.
—¿Qué es eso?
—Significa trabajo, así que mejor date prisa.
—Aaaaah, me ayudas a hacer panqueques, es para el desayuno de papá.
Me sonríe bonito, acaricia mi cara y me da otro beso en la cabeza, después de eso, nos ponemos con la comida.
Al terminar, subo todo lleno de harina a la habitación de don Adrián, como le dice Lalita.
Con su ayuda abrimos la puerta y en lo que ella sostiene la charola con lo que prepara mos, yo corro a abrir las cortinas y salto a la cama de papá.
Me lanzó en salto de spiderman sobre y lo lleno de harina, ja, ja, ja, ja, ja, ahora los dos estamos todos blancos.
—Carlo, para, para. ¿Qué significa esto?