3. Un mes

1044 Words
Adrian Entra mi pequeño remolino a la habitación, me sorprende verlo todo blanco, creo que eleve bastante el tono de mi voz. El pobre se queda quieto y me atrevo a decir que hasta dejó de respirar, aclaro mi garganta y me incorporo para recargar mi espalda en la cabecera. —Estas todo blanco ¿qué hiciste? —trato de sonar más amable que hace unos segundos. Carlo, baja la mirada y dice algo, que no alcanzo a escuchar de lo bajito que está hablando. Lo tomo entre mis brazos y lo acercó a mi pecho, lo abrazo, sacudo un poco su rostro y levantó su barbilla. Sonrío para que vea que no estoy molesto, sus ojos brillan, y me regresa la sonrisa que torpemente le borré. Me abraza impregnado de harina mi cara también, empiezo a hacerle cosquillas y ambos reímos al terminar en una lucha de almohadas. —¡Jesucristo! Se escucha la voz de Lalita, Carlo y yo solo reímos a carcajadas, ambos estamos llenos de harina y plumas. Unos minutos después, nos hemos logrado calmar y veo que Lalita, trea una charola entre sus manos. —Deja eso en la mesa, vamos a desayunar. —Yo lo prepare papá —menciona un Carlo muy orgulloso por su azaña. —De eso no me caben dudas —le respondo y limpio su cabello aun con harina. Lalita, deja la bandeja sobre la superficie, y trata de salir, pero Carlo, se levanta más rápido que un rayo y la detiene. —Papá, dijo que vamos a desayunar, así que ven, hay mucho para los tres, además yo como poquito. —Si, tan poquito como un dinosaurio —hace referencia a la forma de comer de mi torbellino. Mi hijo, come como si no hubiera mañana, la verdad no sé donde le cabe tanto. Pasamos un desayuno tranquilo, hoy inician las vacaciones junto con mi mes a la do de Carlo. Hoy será día libre, nos la pasaremos viendo películas y comiendo hamburguesas. Ya mañana empezaré con las entrevistas para niñera nueva, hoy solo quiero estar con Carlo. —Papi —me llama mi hijo. Estamos en la sala de cine, viendo Venom, le gustan los anti héroes, es como la tercera vez que la reproducimos hoy. —Dime. —Es que... Bueno... Mejor no. Guarda silencio, no quiero presionarlo de ninguna forma, pero a la vez, quiero que tenga la confianza de contarme cualquier cosa. —Carlo. —Mande —Responde sin quitar la vista de la pantalla. —Dime, sabes que me puedes decir todo. Baja unos segundos la mirada, la regresa al frente, pero no dice ni pio, algo me dice que es importante. —Vamos, dime, no me puedes dejar con un chisme a la mitad. —Ja, ja, ja, ja, ja, ja, hay papi, bueno te voy a decir, pero promete que dirás la verdad. Detiene la película, se limpia las manos y la boca, se pone de pie frente a mi y cruza sus pequeños brazos. —Soy todo oídos enano —me ve con los ojos entrecerrados por como me referí a él. —Ya soy grande —réplica ofendido. —Muy bien señor —levanto las manos en forma de rendición. —Pa ¿por qué yo no tengo mamá? Todos los amigos en la escuela tienen, los llevan al colegio, pero yo —se señala con su dedo en el pecho —no tengo ¿donde está? O es que soy tan mal niño que no me quiere. Sus palabras son dagas para mi corazón, de ninguna forma le puedo decir que lo que hizo esa mujer y mucho menos que ni siquiera peleó por estar a su lado. Sus ojitos se llenan de lágrimas y solo puedo reaccionar para abrazarlo, mi pobre hijo, el menos que nadie tiene la culpa de la crueldad de esa mala mujer. —No pienses eso, te voy a contar una historia, pero quiero que me prometas que después de lo que te diga, no volverás a pensar que es tu culpa ¿de acuerdo? Siento como mueve su cabeza sobre mi pecho, afirmando y aceptando mi petición. Tomo varias respiraciones profundas tratando de acomodar mis ideas, debo decirle la verdad pero de manera que el no se sienta mal. —Hace diez años, conocí a una linda chica. —¿Mi mamá? —interrumpe elevando su rostro. —Si, tu mamá —sonrío al ver sus ojos llenos de ilusión. ¡DIABLOS! Como le digo las cosas sin crearle alguna esperanza, creo que esto es peor que tratar de cerrar un nuevo negocio. —Ella y yo nos enamoramos desde el primer momento, enfrentamos varias cosas juntos, hasta que después de dos años nos casamos, tu naciste y fuimos muy felices por dos años más. —Y luego ¿qué pasó? —se nota ansioso. Guardo silencio un minuto, no se como decir lo que viene, no quisiera revivir el pasado, y menos que el lo viva y sufra por ello. —¿Papi? —Perdón, Carlo, esto es muy difícil, no se si logres entenderlo, solo quiero que sepas que siempre te he amado y que siempre lo haré, que todo lo que he hecho, siempre ha sido pensando en ti. Sus manitos se juntan al frente como si estuviera rogando porque hable, mi corazón está a punto de salir de mi pecho. —Unos meses antes de que tu cumplieras dos años, tu mamá y yo tuvimos problemas de nosotros, nada de eso tenía algo que ver contigo —le aclaro —en ese tiempo ella dejó de quererme y se enamoró de otra persona. —Nos dejó —no era una pregunta, el está afirmando. Siento mis mejillas humedecer por las lágrimas que han surcando por ellas, sus manitos se el van a mi rostro y lo limpian. —Perdoname Carlo, perdón por no ser un buen esposo, perdoname por no saber como mantener a mamá a tu lado. Perdoname hijo. Sus bracitos rodean mi cintura y me acompaña en mi llanto, es la primera vez que me pregunta esto. —Perdón por no ser el padre que mereces, no es fácil para mí, y sé que para ti tampoco lo es, perdón Carlo.
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