Capitulo 15

1474 Words
Capítulo Siete Jane sintió que sus dedos se entrelazaban con los de Tom. No podía respirar con normalidad, y sus ojos dejaban ver con toda claridad lo que estaba pensando. -Hemos estado comportándonos como idiotas durante muchos días -dijo él con voz suave, mirándola-. Sigo deseándote. Más que nunca. Ella apartó la mirada y observó sus manos, juntas. -No debió haber ocurrido. -Lo sé-dijo; sorprendiéndola-, pero ocurrió. Nunca había sentido tanto placer, Jane. Creo que podríamos mantener una relación muy satisfactoria. Ella levantó la mirada, pero no vio amor en sus ojos, sino un deseo vacío. -Quieres decir que podríamos tener una aventura. El asintió, destrozando todas sus esperanzas. -Ya he intentado el matrimonio -dijo con amargura-. Y no creo en él a estas alturas, pero no puedes negar que cuando estamos juntos llegamos a unos extremos increíbles. No tendrá ninguna consecuencia, ninguna repercusión. -¿Y qué hay de Cherry? -preguntó. -Tiene catorce años -contestó-. Sabe de sobra que no soy ningún monje, y no espera que la vida sea como un cuento de hadas. Sus tristes ojos lo miraron. -¿De verdad? Me temo que a mí sí que me importa -dijo apartando las manos. Tom arqueó las cejas. -No hablas en serio, ¿verdad? No esperarás casarte con un hombre y quedarte con él toda la vida -preguntó con una risa amarga. -Sí, lo espero, a pesar de lo que ocurrió la otra noche -contestó con orgullo-. Soy sincera en ese aspecto, pero creo que dos personas pueden vivir juntas si tienen intereses en común y trabajan para mantener una relación. Él se enderezó y apretó los labios. -¿Crees que Marie y yo no lo intentamos suficientemente? -preguntó enfadado. -Para mantener una relación se necesita el esfuerzo de las dos personas. -Más que el esfuerzo, el compromiso -dijo él, riendo con amargura-. Casarse puede llegar a ser una verdadera locura en muchos casos. Jane sabía que todas sus esperanzas estaban desapareciendo de súbito, de modo que sonrió con tristeza. -Yo no tengo un matrimonio roto a mis espaldas, y sigo creyendo en los cuentos de hadas. No quiero tener una aventura contigo, Tom. Sus ojos se entrecerraron. -Pero te gustó mucho lo que hicimos. Ella se encogió de hombros haciendo uso de las pocas energías que tenía y sonrió. -Es cierto. Fue maravilloso, gracias. Tom parecía estar muy enfadado. Sus duros rasgos destilaban rabia, y abrió la boca para decir algo, pero en aquel instante regresó Cherry con las servilletas. -Aquí están -dijo ella, recogiéndolas-. Se está muy bien a la sombra, ¿verdad? Tom cerró la boca, sin decir nada. Terminó de tomarse el helado y se levantó. -Será mejor que regresemos -dijo con frialdad-. Tengo mucho trabajo. -Pero papá -protestó Cherry, asustada al ver la mirada que le dirigía-. ¡De acuerdo, de acuerdo, lo siento! Terminó su helado, sonrió a Jane y los tres regresaron al vehículo. Los días siguientes estuvieron llenos de acontecimientos. Jane observó el trabajo de Cherry con Feather y estuvo charlando con Micki Lane acerca de la campaña publicitaria prevista. -Necesitamos hacer unas cuantas fotografías -dijo Micki-. ¿Cuándo podrías venir a Victoria? Jane decidió tomarse un día libre y Micki se ofreció a pasar a recogerla. -No, gracias -dijo Jane-. Haré que alguien me lleve. No podía soportar verla con Tom. -Oh, muy bien entonces -dijo con tristeza-. ¿Dónde está Tom? Hace tiempo que no sé nada de él. -Está bien, trabajando duro, por supuesto -contestó como si fuera un hecho-. Acaban de finalizar las nuevas caballerizas y está trabajando codo a codo con el constructor. -Ya veo -dijo, algo más feliz-. Supongo que eso le ocupa buena parte del tiempo, ¿verdad? -Sí. De repente pensó que pasaba mucho tiempo en las caballerizas, mucho más de lo que pasaba con el resto de los proyectos. Probablemente sólo lo hacía por mantenerse alejado de ella. Hasta Cherry se había quejado por el fervor que demostraba por las reparaciones y cambios de las caballerizas. -En tal caso te veré el viernes -espetó Micki. -De acuerdo, el viernes a las nueve. No mencionó nada sobre el viaje ni a Tom ni a la joven. Pensó que podía pedir a Joe que la llevara a la ciudad. Supuso que no se negaría. Mientras tanto, tenía que ir a ver al doctor Coltrain para que la examinara. El médico comprobó sus reflejos, el estado de su corazón y de sus pulmones, midió su tensión y le hizo una docena de preguntas antes de dar su opinión, que fue positiva. -Excepto por esas ojeras -añadió, mirando sus ojos azules de forma inquisitiva-. ¿Kaulitz te preocupa? Ella lo miró. -Tom Kaulitz no es asunto tuyo. Él sonrió. -No estoy ciego, aunque tú lo estés. -¿Qué quieres decir? -Ya lo descubrirás algún día -contestó, echándose hacia atrás en su silla y girando-. No empieces demasiado deprisa, pero creo que deberías intentar andar un poco más. -¿Puedo montar? El dudó. -Lentamente -contestó-, y durante breves periodos. Y no se te ocurra hacerlo en ninguno de los caballos de competición. Limítate a alguno que sea tranquilo, y no te excedas. -Bracket es muy suave -le aseguró-. Nunca me ha hecho nada. -Cualquier caballo puede resultar peligroso si se dan ciertas circunstancias, y lo sabes muy bien. Se había olvidado de que Coltrain había crecido prácticamente a lomos de un caballo. Montaba muy bien, casi mejor que ella. Había participado en varios rodeos para ganar algo de dinero mientras estudiaba medicina. -Tendré cuidado -le aseguró. -¿Qué es eso que he oído de que vas a anunciar ropa? -preguntó de repente. Jane sonrió. -Meg te lo ha contado, según veo. Supuse que lo haría. Voy a patrocinar una línea de ropa tejana. Es de buena calidad, y apareceré en televisión y en revistas promocionándola. El viernes voy a ir a Victoria para que me hagan unas cuantas fotografías para las revistas. -¿Cómo piensas ir? -Pensé en pedir a Joe que me llevara. -Pídemelo a mí -dijo con una sonrisa-. Tengo que ir para tratar un caso de leucemia que tienen en el hospital. Es uno de mis pacientes, que actualmente vive allí. Puedes ir conmigo si quieres. -Puede que pase allí todo el día -advirtió. Él se encogió de hombros. -Encontraré algo que hacer para divertirme. Ella sonrió abiertamente. -Muy bien, en tal caso acepto. Gracias. -Iré a recogerte al rancho a eso de las ocho y media. Podemos pararnos por el camino para tomar un café. -De acuerdo. -¿Cómo has llegado aquí, por cierto? -Meg me ha traído, porque tenía que ir al supermercado. Está esperando en el aparcamiento. Sólo tenía que comprar unas cuantas cosas. -¿Por qué no te ha traído Kaulitz? Ella se ruborizó. -Porque no se lo he pedido. -Ya veo -dijo, apretando los labios. Jane se levantó. -No, no ves nada, pero gracias por todo. Te veré mañana por la mañana. -Jane... Jane se detuvo en el umbral de la puerta y se dio la vuelta para mirarlo. -¿Quieres preguntarme algo? Ella se ruborizó, porque no sabía exactamente lo que quería decir. -No -contestó en un susurro-. ¡No! -De acuerdo, no es necesario que te ruborices -dijo con suavidad, sonriendo con afecto-. Pero estaré aquí si me necesitas, y te aseguro que no te juzgaré. Ella respiró profundamente. -Oh, Copper, lo sé -dijo-. Me gustaría que... -No, no te gustaría -bromeó, sonriendo-. Estuve enamorado hace años de ti, pero ya ha pasado. Hasta un ciego podría ver lo que sientes por Kaulitz. Pero ten cuidado, ¿quieres? Eres tan transparente como el cristal, y ese hombre sabe de mujeres. -Tendré cuidado -aseguró-. Es maravilloso tener un amigo como tú. -Lo mismo opino yo de ti. Entonces sonó un golpe en la puerta y Lou Blakely entró en la habitación. -Perdonadme -dijo mirando a Jane-. El señor Harris no quiere hablar conmigo sobre sus hemorroides. ¿Podrías ...? -Estaré contigo en unos segundos -contestó. Lou cerró la puerta al salir. -Eres un poco grosero con ella, ¿no te parece? -preguntó con toda tranquilidad-. Es una mujer encantadora, y tu comportamiento le hace daño. ¿No te has dado cuenta? -Sí -contestó, con un aspecto bien distinto al del hombre que conocía-. Ya he me dado cuenta. Jane no dijo nada más. Se despidió de él y sólo se detuvo para pagar a la recepcionista ante de salir en busca de Meg. Copper siempre había sido encantador con ella de jóvenes, aunque era cinco años mayor que ella, pero se comportaba de modo muy distinto con Lou, como si no la pudiera soportar. Resultaba extraño que hubiera aceptado que trabajaran juntos si la encontraba tan irritante. Meg llevó a Jane de vuelta al rancho. Cherry estaba esperándolas en el porche.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD