El viento aulló en el exterior de forma espectral, desvaneciéndose hasta dejar un silencio anormal. Raven escuchó latir a su propio corazón. Dio un paso hacia atrás en el momento en que la puerta se hizo astillas con un fuerte crujido. Las llamas de las velas se agitaron, arrojando sombras macabras y grotescas sobre las paredes y apagándose después. - Ven, Raven. Debemos marcharnos en este momento –dijo André chasqueando los dedos mientras extendía la mano. La cara del vampiro estaba sonrosada por la sangre fresca; el brillo del mal iluminaba sus ojos y su boca tenía un rictus cruel. Raven lo observó con una mirada acusadora. - ¿Por qué vienes a mí de este modo? Cuéntame qué está ocurriendo. André se movió a gran velocidad y, en el último momento, Raven recordó que ella tambié

