La profesora llegó con algo de retraso y dijo, ―Buenas, a las dos, cuando queráis tengo el coche en la puerta, os llevaré hasta mi casa, allí podrás tocar cualquiera de los objetos que hay de mi marido. Las dos asentimos y la acompañamos hasta la salida. No sabía muy bien si eso de las visitas a domicilio era parte de las nuevas responsabilidades adquiridas por mi capacidad, pero era tal el desconocimiento que sobre ello tenía que lo único que podía hacer era dejarme llevar por lo que me fuese surgiendo sin poder realizar ningún plan al respecto. Lucía parecía mucho más tranquila, no sé si era porque encontró ese libro que me regaló, y con ello había cumplido conmigo, pero yo seguía con mis dudas, quizás hasta que leyese ese libro. Llegamos a la casa, era grande, amplia y espaciosa, co

