Agarré las llaves de la motocicleta y abrí la puerta para salir de la casa.
—¿Para dónde vas a esta hora, jovencito?
La voz de mi madre resonó en medio del silencio que invadía la casa, haciéndome sobresaltar.
—Voy a… Dar una vuelta. —Respondí y ella se cruzó de brazos.
—Tienes que recuperarte aún de los golpes. —Replicó.— Te dieron el alta del hospital pero advirtieron que debías guardar reposo.
Asentí. —Pero manejar la motocicleta un rato no me hará daño.
Ella me observó inquisidora, se parecía mucho a Kendall en ese aspecto. No me creía una sola palabra. A veces se me hacía que mamá de pronto ya tenía una idea de lo que hacía después de clases. Ella era quien administraba el dinero que ahorraban para saldar la deuda, y me imaginaba que ya habría notado que habían billetes demás, pues los escuché decir que habían logrado conseguir el dinero más rápido de lo imprevisto. Lo cual me daba un respiro y significaba que al menos ya dejaría de involucrarme en peleas callejeras, porque aunque tanto mis tácticas como mi físico hayan mejorado, de vez en cuando me dejaban bien golpeado, como lo fue hace un par de días que acabé en el hospital. La verdad era que correr me apasionaba, pero las peleas y los trabajos tan solo lo hacía por el dinero, y ahora que ya no lo necesitaba pues hablaría con el Jefe para ya no entrometerme más en aquellos asuntos.
No tenía muchos ánimos de andar arriesgando el pellejo por alguien más.
—Trata de no venir tan tarde. —Añadió mi madre.— Recuerda que tu hermana llega de Londres mañana, temprano.
Puse los ojos en blanco. —Lo sé, mamá. —Salí de la casa y antes de cerrarla me despedí.
Mis padres habían estado repitiendo toda la semana cuando iba a venir Kendall. Al parecer pasaría unos días de las vacaciones de verano en casa con nosotros después de estar tanto tiempo lejos y no solo eso, sino que vendría acompañada. Una amiga del internado vendría con ella para quedarse el mismo tiempo con nosotros en la casa.
Seguramente era otra hueca como con las que se juntaba en el Instituto, porque en realidad Kendall se conseguía unas tremendas joyitas por amigas.
Nótese el sarcasmo.
Cuando aparqué la motocicleta, unos brazos me rodearon desde atrás en un afectuoso abrazo. Al darme vuelta me encontré con los grandes y oscuros ojos de Nina, que me observaban con diversión como siempre.
—Me tenías preocupada. —Dijo soltándome.— ¡Casi me haces buscarte a ese maldito hospital!
Puse los ojos en blanco. —No fue nada. —Levanté un poco mi camisa para señalar la herida en mi abdomen ya casi cicatrizada por completo.— La próxima vez asegúrense que mi oponente no lleve una navaja suiza escondida.
Nina me observó sonriente para luego rasguñarme a manera de juego, a lo que yo me encogí cuando sentí su tacto en mi piel.
—¿Qué diablos..?
—Quien iba a pensar que en tan poco tiempo tendrías un sixpack. —Comentó aún con la misma sonrisa picarona.— Si no fueras menor que yo…
—...Hace rato me habrías desvirgado. —Completé poniendo los ojos en blanco.— Ya lo sé, Nina. Siempre dices lo mismo.
Ella solo me guiñó un ojo y sujetó mi chaqueta de cuero para ponérsela encima.
—Pero, ¿sabes algo? —Pregunté acomodándole mi chaqueta. Siempre que corría, ella me la pedía para usarla. Era un poco más baja que yo, por lo tanto le quedaba enorme y solo en ese momento pasaba de su recurrente faceta sensual a verse más tierna.— Aunque tuvieras mi edad, no eres mi tipo.
Nina rompió en risas sobresaltándome. —¿Me estás rechazando? —Bufó.— No puedo creerlo.
Levanté mis manos en señal de rendición. —Admito que eres hermosa, muy hermosa… —Corregí— Pero…
—Pero, eres muy pollito para mí. —Sonrió sujetándome cariñosamente de las mejillas. De repente sus ojos se abrieron más de lo normal y yo fruncí el ceño confundido.— Alguien parece querer comerte con la mirada, ¿o son ideas mías?
Me aparté de ella y miré en su misma dirección. Efectivamente un grupo de chicas nos observaba con sonrisas picarona, pero una de ellas, la de cabello teñido de un rojo escandaloso, para ser precisos, me guiñó el ojo coqueta.
Tragué saliva un poco intimidado por esa acción, y en ese momento Nina posó sus manos en mi pecho acercándose a mi oído.
—Ten cuidado con Ruby. —Advirtió en un susurro.— Puede traerte problemas.
Al decir eso se apartó de mí y me observó expectante. A la espera de una respuesta por parte mía.
—Pues… Bonita si está. —Admití y ella puso los ojos en blanco.— Pero no entiendo porqué dices que me traerá problemas.
Nina vaciló por un momento y justo cuando entreabrió sus labios para responder, se percató de algo detrás de mí y frunció el ceño molesta.
—Mejor me voy.
—Eh, Nina… —La llamé pero fue en vano.— Solo estaba molestando.
Sin embargo cuando di media vuelta ya tenía a aquella chica a pocos centímetros de mi rostro. Detalló cada minúsculo punto de mi cara y luego se mordió el labio inferior con lujuria.
—Ruby, ¿cierto? —Le pregunté algo incómodo con tanta confianza por su parte.
Ella sonrío de oreja a oreja aún con aquella mirada que estaba empezando a perturbarme. —Veo que ya me conoces. —Respondió— Y eso me gusta.
Asentí. —Me han hablado de ti. —Añadí en tono desdeñoso.— Pero no han sido cosas buenas.
Ruby suelta una risita como si ya se lo estuviera esperando. Entonces desliza el dorso de su mano por mi mejilla, delicadamente sin despegar sus ojos de mis labios.
—¿Te refieres a Nina? —Bufó.— Ella solo lo dice por envidia. Envidia porque yo soy mucho más hermosa y recibo más atención, mientras que ella es solo una simple tatuadora.
Puse los ojos en blanco. No me agradaba mucho que se refiriera así a Nina, quien se había convertido en casi como mi hermana mayor, durante mi estadía en aquel lugar.
—Ya dime qué es lo que quieres. —Solté tajante.
Ella sonrió. Vaciló por un momento, mientras acariciaba mi pecho por encima de la tela de mi camiseta. Reparé en su apariencia, era delgada pero con buenas proporciones, llevaba un top que acentuaba sus pechos y una minifalda de jean que dejaba a la vista sus interminables piernas, cuya piel pálida hacía un gran contraste con su cabello teñido de rojo escarlata. Casi todas las mujeres del club, se vestían como ella, y no quisiera juzgarlas por su vestimenta, pero ya todos sabíamos los que usualmente buscaban la mayoría de ellas. Así que no entendía, porqué Nina me advertía tanto sobre Ruby.
—Solo busco divertirme un poco... —Jugueteó un rato con el cuello de mi camiseta.— Contigo.
Un nudo se me formó en la garganta. Aunque ya lo hubiese presentido, no dejaba de ser una sorpresa para mí. La verdad era que Ruby era visualmente muy atractiva, pero lastimosamente no me generaba nada más que atracción física, pues mis pensamientos ya tenían dueña y aunque aquella mujer me odiara ahora más que nunca, no podía luchar contra eso.
—Lo siento, Ruby. —Sujeté sus manos con intenciones de apartarla de mí.— Pero yo no...
—Hey, Cruise. —La voz de uno de los compañeros del club me tomó por sorpresa y yo agradecí dentro de mí que hubiese llegado en ese momento.— Es tu turno de correr.
Le agradecí por venir a recordármelo, ya que por culpa de aquella mujer lo había olvidado por completo. Cuando el castaño ya se había alejado de nosotros, Ruby se zafó de mi agarre y se puso en puntitas de pie para darme un sonoro beso en la mejilla.
—Buena, suerte. —Susurró en mi oído y me dio un guiño antes de irse hacia donde estaba la multitud.
Me pasé la mano por el cabello con frustración. Menuda pesadilla en la que me metí, pensé. Me subí en la moto y sin darle más vueltas al asunto, me acerqué al punto de partida, donde ya estaba la multitud amontonada, eufóricos por la carrera que estaba por empezar.
***
Aquella noche no parecía diferente a las demás. Las carreras habían finalizado y como era costumbre en el club, todos nos embriagaríamos hasta el amanecer. Tal vez ese era otro de los motivos por los cuales mi mamá comenzaba a sospechar en lo que yo andaba. ¡Al diablo! Pensé en ese momento. ¿Y qué había con eso? ¿Qué pasa si se enteraba? Si bastante había colaborado con dinero para el hogar, no debía reclamarme nada. Yo tenía derecho a forjar mi propio destino y ese eran las carreras de motos.
—El gran Kevin Cruise perdió su racha invicto. —Comentó burlona Nina arrastrando las palabras.— Eso ha sido una sorpresa.
Negué divertido al ver lo rápido que aquella mujer se embriagaba.
—El bomboncito tiene razón. —Añadió Oscar y la susodicha le lanzó un besito.— Tus estadísticas son casi perfectas. Hasta me atrevería a decir que dentro de poco desbancarás al actual alfa.
Tosí atragantándome con la cerveza cuando escuché lo anterior. —Por el momento no quisiera más problemas con Tyler. —Contesté.— Suficiente tengo con su odio por haberle ganado la pelea de aquel día.
Oscar y Nina rompieron en carcajadas después de escucharme y chocaron sus vasitos de shots.
—La verdad es que Tyler se lo merecía hace rato. —Acotó la chica.
—Ah, bueno… —Replicó mi amigo.— ¿Sigues resentida porque no te prestó atención?
Ambos nos reímos pero apenas Nina agarró un shot y el contenido lo vació de un solo sobre la camiseta de Oscar.
—Uhhh… —Canturreé burlón por lo bajo.
—Es un arrogante y narcisista. —Añadió Nina empinándose otro shot.— Como todos los hombres de este mugroso club.
Oscar y yo intercambiamos una mirada asombrados con su comportamiento tan resentido. Nina se caracterizaba por ser una mujer ruda, sumamente sexy aunque no se dejaba de nadie. Pero de repente el tema de Tyler la puso de un notable mal humor y lo siguiente que ocurrió definitivamente la sacó de sus casillas.
—¡Apa! —Exclamó Oscar.— ¿Ya vieron quien no le saca la mirada de encima a nuestro novato?
—No me digas que es Ruby. —Contesté de mala gana y él asintió con una sonrisa burlona en su rostro.
Chasqueé la lengua en señal de fastidio cuando miré por el rabillo del ojo y comprobé que era cierto. No podía creer cuán persistente podía llegar a ser esa chica pero ya estaba empezando a hartarme.
—¿Acaso ya la conocías? No, mierda, espera… —Sacudió su cabeza como tratando de comprender la situación.— ¿Desde cuándo te la estás tirando?
Bufé ante esa suposición y cuando estaba por responder, Nina se levantó y puso con desdén mi chaqueta de cuero sobre la mesa.
—Prefiero irme a seguir escuchando sus estupideces. —Sentenció casi echando humo por las orejas. Entonces agarró sus cosas e intentó irse.
—Venga, Nina… —Alargó Oscar sujetándola de la muñeca pero ella seguía dispuesta a dejar el bar.— ¡Era molestando!
—Suéltame, Oscar. —Ordenó cerrando los ojos. Gesto que usualmente hacía para desvanecer su rabia.— De una vez les digo: Vayan buscando otro lugar donde pasar la noche porque en mi apartamento no será.
Puse los ojos en blanco esperando que solo se tratara de una broma. —No es para tanto. —Comenté por lo bajo dándole un sorbo a la cerveza.
Nina se agachó para quedar a mi altura, observándome con unos ojos fríos que como nunca me intimidaron.
—A ti ya te advertí. —Sentenció.— Después no me busques que no quiero líos.
Dicho eso, se fue de nuestra mesa, sin darme tiempo a responder o hacer algo. Oscar intentó ir tras ella, mientras que yo me quedé en la mesa totalmente confundido con el comportamiento de Nina. Quise asociarlo de pronto a que ya estaba un poco agarrada por los tragos, y que normalmente ella era esquiva con las personas.
Decidí dejarlo estar, con la esperanza de que Oscar la alcanzara y pudiese lidiar con el mal genio de nuestra amiga para traerla de regreso. Oscar normalmente hacía bromas de ese tipo y ella nunca se molestaba, pero esa noche estaba con un verdadero humor de perros.Sin embargo, el tiempo transcurría y luego de unos cuantos shots quise salir para ver qué había pasado con esos dos que no daban señal de vida.
Pero cuando me levanté de la mesa para salir del bar, un mujer dueña de unas kilométricas piernas y cuyo cabello teñido de un rojo que ya me estaba comenzando a fastidiar, apareció frente a mis narices con aquella sonrisa lasciva que tanto la caracterizaba.
—¿Cómo estás, mi amor? —Preguntó deslizando sus dedos por mi mejilla.— ¿Por qué tan solo?
Aparté su mano con delicadeza. —Lo prefiero así.
—¿Ah, sí? —asentí.— ¿No quisieras bailar un rato… Conmigo?
Negué con la cabeza. —No bailo.
Ella abrazó mi cuello con sus brazos y se puso en puntillas para depositar cortos besos en mi mejilla, recorriendo lentamente todo mi rostro con sus labios.
—Vamos… —Insistió en mi oído.— Un ratito.
—Que no.
Suspiró y se apartó de mí. Tomó un vasito que estaba en la mesa y se sirvió un shot de Bourbon, para luego empinarlo de un solo trago. Sus ojos nuevamente se posaron sobre mí, después de fruncir el ceño al sentir el calor del licor abrazar su garganta.
—¿Al menos puedo acompañarte? —Preguntó.
—Como quieras. —Respondí tajante volviéndome a sentar.
La persistencia de aquella chica era impresionante. Estuvimos un rato, en silencio, bebiendo y escuchando la música del lugar. Por un rato ninguno de los dos habló, y en mi interior le agradecí por eso. Pero como no todo lo que brilla es oro, y en mi caso la felicidad duraba tan poco, el bar cambió su tipo de música a una más sensual y la mujer a mi lado, ya algo embriagada, comenzó a cantar Hands to Myself a todo pulmón como si su vida dependiera de ello. Por el rabillo del ojo podía verla como se estremecía en su puesto bailando, mientras su vestido le ajustaba aquella figura delicada de reloj de arena. No era un secreto que ella era sumamente atractiva, quizás una de las mujeres más hermosas del club; y mentiría si dijera que ya mi organismo estaba empezando a sentir los efectos del alcohol.
No supe cuánto tiempo había pasado, sino fue cuando reaccioné y vi mis manos recorriendo la cintura de Ruby, siguiendo el ritmo con el que bailaba la canción de Selena Gómez. Sabía que debía detenerla, no podía caer en su juego, pero ¿Qué demonios? ¡Estaba tomado! Ya no pensaba con claridad y el calor en mi interior aumentaba cada vez más, además de que el hecho de que ella fuese la primera mujer que me dedicara un baile tan sensual, no ayudaba mucho a mi razón.
De repente ya no eran solo mis manos, también mis labios habían caído en esa tentación con cabellera escarlata, adheridos a su cuello y como si su perfume me embrujara, ya era prácticamente imposible controlar mis deseos de devorar a Ruby como si de el más exquisito manjar se tratara. Me había rendido; no podía evitar buscar y acariciar las partes más íntimas de ella, únicamente para que su voz en medio de jadeos despertasen en mí el más lascivo de los instintos.
—Vamos a mi apartamento. —Susurró en mi oído y yo acepté sin dudarlo.
Tenía diecisiete años y para mí, estar con una mujer de ese nivel era algo inalcanzable, que sin embargo estaba a un paso de conseguirlo. Salimos del local y fuimos hasta mi motocicleta. Al encenderla, ella se aferró a mí con fuerza y yo me dispuse a manejar. Agradecí enormemente que a pesar de mi corta edad, tuviese un buen aguante para el alcohol, porque de lo contrario hubiese terminado por estrellarme contra algún carro o poste de luz. El trayecto no fue tan largo, o al menos eso recordaba, tras llegar a un edificio de aproximadamente cinco o seis pisos, bonito aunque no muy lujoso. Ella se quitó los tacones para llevarlos en una mano, mientras que con la otra me arrastró dentro. Pasando por alto al portero, que dormía recostado en una silla, seguimos hasta las escaleras, por fortuna solo hubo necesidad de subir a la segunda planta ya que Ruby en aquel estado no daba para subir un escalón más y yo tampoco es que tuviese muchas ganas de cargar con ella.
Una vez entramos al apartamento, Ruby arrojó sus tacones por un lado, el bolso por otro y se abalanzó sobre mí en un beso desesperado pero apasionado. Por un momento me quedé estático, sin saber cómo reaccionar ante aquellas manos que me recorrían todo el cuerpo y que sin dudarlo me despojaron de la camiseta como si nos estorbara. Entonces me dejé llevar, algo influenciado por los tragos, deslicé rápidamente la cremallera de su vestido y ella me ayudó a quitarlo más fácil. Mis ojos se abrieron de par en par, sintiéndome sobrio por un momento. Era la primera vez que tenía una mujer en ropa interior frente a mí, si es que se le podía llamar ropa interior a las diminutas prendas de encaje n***o que a penas servían para cubrir exclusivamente aquellos sitios en su cuerpo. Suspiré en un intento por liberar el calor que me invadía y nuevamente la besé, recorriendo su delgada pero curvilínea figura con mis manos, asegurándome de palpar cada sitio de su cuerpo. De repente ella se apartó y con una expresión lasciva en su rostro se relamió y observó algo en mi parte baja.
—Oh, Dios… —Exclamé con la respiración entrecortada cuando ella se puso de rodillas y bajó de un solo movimiento mis jeans junto con el bóxer, dejando mi cuerpo desnudo por completo mientras sujetaba con firmeza mi m*****o ya erecto.
Entraba y salía de su boca. Una y otra vez, sintiéndose suave, jugoso, hasta llegar a la entrada de su garganta. En el apartamento solo se escuchaban gemidos saliendo de mí, y el sonido de mi pene chocando en su interior tras cada chupada. Impulsándola de su cabello, con fuerza y mayor rapidez hasta casi ahogarla, seguí haciéndolo. Nada comparado con las veces en que me descargaba, solo en mi habitación, esto era mucho más placentero y real.
Sujetándola del cabello, la puse en pie y cuando la tuve en frente de mí, pasé mi lengua por su cuello, sintiendo sus jadeos en mis oídos. Entonces la empujé con fuerza en el sofá, abrí sus piernas y posicionándome en medio de ella, bajé su sostén n***o y comencé a jugar con sus senos. Masajeándolos y luego chupándolos, eran pequeños pero firme, encajando a la perfección en mi boca.
—Sigue así…¡¡¡Ah!!! —Gimió Ruby al sentir mis dedos tocar su área inferior por encima de la tanga.
Como si de una clave se tratara, fue como la autorización para arrancarle la prenda de un tirón y entrar en ella con fuerza. Un calor mayor me invadió cuando sentí como me apretaba, era caliente y algo estrecho, así que entré y salí varías veces con ella suplicando por más, pero luego de varias embestidas y gritos inundando el lugar, sentí mi cuerpo desvanecerme cuando me corrí dentro de ella y tras sentir como sus uñas se afirmaban fuerte en mi espalda, deduje que ella también había llegado al orgasmo.
Gotas de sudor resbalaban por mi frente, mientras descansábamos en el mueble. Ella recostada sobre mi pecho mientras jugaba a darme pequeños rasguños que no me hacían más que cosquillas. Aún estábamos agitados y aunque fue algo excitante y nuevo para mí, no fue como lo esperaba. Una chica mayor que yo, que había conocido ese mismo día, tomado y en el sofá de un apartamento desconocido.
Creí que si tal vez sintiera algo más fuerte por Ruby, esa probablemente hubiese sido una noche más especial.
El ruido de otra notificación nuevamente apareció y ya estaba comenzando a exasperarme.
—¿Quieres contestar ese teléfono de una buena vez? —Pregunté fastidiado y ella puso los ojos en blanco pero cediendo a revisarlo.
—Estás buenísimo pero menudo genio que te mandas. —Contestó poniéndose de pie y caminando como Dios la trajo al mundo hacia la mesa donde estaba su bolso.
Negué con la cabeza. Mentiría si dijera que ella me había obligado, pues no había sido así. Ruby era una mujer muy atractiva y aunque me negara, tenía que aceptar que en el fondo tenía ganas de hacerlo con ella.
—Tienes que irte, pronto. —Soltó de repente con una expresión trágica en su rostro y yo fruncí el ceño confundido sin comprender.— Mi hermano está a punto de llegar y si te ve aquí, te matará.
Bufé divertido ante su amenaza. —¿Y acaso me voy a dejar de tu hermano? —Reí seco y ella solo me veía desesperada.— Pero si quieres que me vaya, está bien.
Ruby chasqueó la lengua y me arrojó toda mi ropa mientras ella comenzaba a vestirse con rapidez. —No estoy jugando. —Señaló.— Mi hermano es muy peligroso. Y cuando se trata de mí, el bueno… Es bastante sobreprotector.
Levanté las manos en señal de rendición y seguí vistiéndome sin refutar. Cuando ya había sujetado mi chaqueta de cuero y las llaves de mi moto, me acerqué a la puerta para salir. Ella me sujetó del mentón y en un movimiento rápido depositó un corto beso sobre mis labios.
—¿Quieres repetirlo? —Cuestionó con aquella voz sexy que le conocí desde un principio.
Pero cuando entreabrí los labios para articular respuesta, tres golpes en la puerta me interrumpieron y ambos giramos en dirección a la entrada. Ella se acercó al ojo mágico que estaba en la puerta y vio a través de él. Ahogó un grito y se giró hacia mí con una expresión de terror en su rostro.
—¿Quién es? —Pregunté algo preocupado.
—¡Es mi hermano! —Gritó en susurro para luego cubrirse la boca con ambas manos.— ¿Qué vamos a hacer?
Estaba a punto de decirle que ya mandáramos todo al carajo, que abriera la puerta y aquel sujeto me viera salir a altas horas del apartamento de su hermana. No le tenía miedo, pues estaba casi seguro que le ganaría en una pelea.
—Ruby, ábreme. Soy yo. —Ordenó una voz del otro lado de la puerta y sentí que la sangre se me heló.
Todas mis posibles hipótesis se fueron por el abismo, apenas escuché esa voz. En seguida lo comprendí; porqué tanta insistencia de Nina con que no me metiera con aquella chica y ahora el temor de ella con que su hermano me descubriera. Y yo también sentí miedo, creo que hasta el efecto de los tragos se me pasó en ese instante.
—¿Tu hermano es quien yo creo que es? —Pregunté con la esperanza de que Ruby lo negara.
Pero para mi mala suerte ella asintió. Entonces lo confirmé, el sujeto que estaba esperando del otro lado de la puerta era el Jefe del club. Y yo estaba encerrado en el apartamento de su hermana, había tenido sexo con ella, y en ese momento me encontraba sin escapatoria alguna.