Capítulo 7

3003 Words
—¡Eh, mocoso! —Exclamó una voz haciéndome sobresaltar. Me puse de pie y al girarme me encontré con el mismo sujeto que estaba en el parqueadero del Instituto, pero esta vez se veía diferente, de buen humor y con una sonrisa divertida.— Escuché que el Jefe te aceptó así sin más.  Cuando estaba a punto de responderle, una mujer a su lado me interrumpió. Era bastante voluptuosa, vestía un ceñido y corto vestido de cuero y resaltaba bastante con sus labios pintados de un rojo muy intenso. —¿Así que este es el novato? —Preguntó reparándome de pies a cabeza. Por lo visto no parecía agradarle  mucho que yo fuese el nuevo ingreso.  —Así es, bomboncito. —Respondió zarandeándola tal vez en un intento por cambiarle la expresión.— Y no me creerás, pero fui yo quien trajo a esta ficha.  —Es un niño, Oscar. —Musitó con los dientes apretados pero yo logré percibirla.  —Disculpa… Tengo 16.  Ella me dedicó una mirada de pocos amigos y se dirigió nuevamente a Oscar, ignorándome por completo.  —¿Lo ves, Nina? —Le cuestionó— ¡Un diamante en bruto! —La susodicha puso los ojos en blanco y él hizo un ademán de que ya no tenía importancia seguir discutiendo.— Como sea. ¿Quieres correr un rato, mocoso?  Hice un mohín formando una línea delgada con mis labios. —Me gustaría pero tengo que irme. —Señalé a las afueras del club.— Una amiga está de cumpleaños y voy tarde a la fiesta de disfraces.  Oscar estuvo a punto de responder pero otro sujeto del club apareció para llevárselo, diciendo que el Jefe lo solicitaba.  —¡Nina puede ayudarte con el disfraz! —Exclamó mientras se iba.— ¡Ella maquilla muy bien!  La mujer por un momento se indignó y tuvo que morderse el labio para aguantarse las ganas de reprochar, supongo porque yo aún estaba presente. Segundos después me observó despectiva por el rabillo del ojo y levanté las manos en señal de rendición. Claramente yo le caía para el culo a Nina.  —Si no quieres no hay problema, y-y-yo me voy. —Balbuceé aún sintiendo esa mirada filosa sobre mí.  Ella bufó y comenzó a caminar hacia algún lado. —Sígueme.  Era ya de noche, a eso de las ocho más o menos, y dentro del club se podía ver aún gran cantidad de personas. Algunos haciendo carreras cortas para calentar mientras que otros armaban bullicio emocionados con las apuestas, lo que me llevó a pensar en ese momento  ¿Alguna vez todas estas personas apostarían por mí? Nina sacó una llave de entre sus pechos y luego la introdujo en la cerradura de una puerta. Dentro era una habitación iluminada con una tenue luz roja, en ella únicamente había una silla reclinable y a su lado una mesita con algunos utensilios para realizar tatuajes.  —Siéntate. —Ordenó luego de cerrar la puerta, mientras parecía buscar algo en un bolso.  La obedecí sin vacilar. Nina sacó unos cuantos maquillajes y los posicionó en la mesita para arrastrarla donde yo me encontraba. Encendió una lámpara y me sujetó firme de la mandíbula, detallando cada lugar de mi rostro.  —¿Por qué tienes tantas cicatrices? —Preguntó frunciendo el ceño. Su tono había cambiado, incluso ya no la percibía tan agresiva como en un comienzo.  —Yo… Bueno… Se giró hacia la mesa para comenzar a escoger lo que usaría. —¿Te golpeaban? —Preguntó de repente y yo abrí mis ojos sorprendido.— ¿Por eso eres tan tímido? —Continuó y yo no supe qué responder.— No te preocupes, en este lugar aprenderás a defenderte. Y si algunos parecen un poco agrios contigo, tú no… No les prestes atención. —¿Como tú? —Pregunté y ella solo esbozó una sonrisa.  Se acomodó un poco el vestido y abrió sus piernas para sentarse a horcajadas sobre mí. Un cosquilleo me recorrió el cuerpo y me ruboricé cuando Nina pareció haberlo notado. Se levantó por un momento y sonrió divertida al notar lo abultada que se encontraba mi entrepierna debajo de la tela de mis jeans.  —No tienes porqué avergonzarte. —Añadió sujetándome nuevamente de la mandíbula obligándome a verla, luego echó un último vistazo abajo antes de sentarse y comenzar a maquillarme. Los minutos pasaban y yo cada vez me inquietaba más. Mientras Nina permanecía sumamente tranquila y concentrada en su trabajo, yo batallaba fuertemente para que los movimientos que hacía por momentos, sobre mí, no me afectaran tanto allá abajo. Pero se me hacía difícil porque mientras el tiempo transcurría, la belleza y sensualidad de aquella mujer se implantaban como imágenes dentro de mi cabeza. Sus oscuros y grandes ojos, esos labios carnosos y colorados que de vez en cuando se relamía, y por últimos sus exuberantes curvas, que se enmarcaban perfectamente debajo de aquel pequeño pedazo de tela de cuero.  De repente Nina se detuvo y me observó por un instante, con un brillo de diversión en sus ojos, para luego romper en risas. Mis manos permanecían empuñadas y todo mi cuerpo tensionado, hasta que por fin se puso de pie y se apartó de mí. En ese momento solté el aire.  —¿De verdad fue un sufrimiento para ti? —Cuestionó entre risas y yo solo esquivé la mirada, sintiendo como la sangre se concentraba en mis mejillas.— ¡No me digas que fue porque estuve arriba de ti todo este tiempo! —Podría decirse… —Balbuceé a duras penas y me arrepentí por completo de ello.  —Espera. —Espetó Nina volviéndose hacia mí como si se debatiera algo dentro de su mente.— ¿Eres virgen? O aún peor… ¿Acaso nunca has tenido novia, chico?  Agaché la cabeza sintiéndome cada vez más sonrojado a medida que ella me azotaba con más y más preguntas.  —No puedo creerlo. —Añadió sujetándome de la quijada con cuidado para no arruinar el maquillaje.— Pero si eres bien guapo y encima con esa motocicleta, te deberían llover las chicas.  Nuevamente aparté la mirada. ¡Vaya gustos tenía esta mujer! ¿Quién podría fijarse en mí? ¿Quién podría fijarse en el bicho raro?  —Como sea. —dije poniéndome de pie, listo para irme.— Si ya terminaste, yo creo que… —Espera. —Me interrumpió mientras tiraba de una manta, dejando al descubierto un gran espejo.— Al menos échale un vistazo a mi obra de arte.  A medida que me acercaba al cristal, podía ver en mi reflejo lo que Nina había hecho en mi rostro. Y debía decirles que obra de arte, se quedaba corto para describir el talento de esta mujer para pintar una calavera tan perfecta y realista en mi cara. Pero salí del trance una vez sentí el tacto de unas frías manos deslizándose por debajo de mi camiseta.  —¿Q-qué haces? —Le reclamé titubeando un poco mientras me daba vuelta y la sujetaba de las muñecas.  —¿Te gustó? —Preguntó Nina con una ceja alzada.   —¿La calavera? Sí muchas gracias, te quedó genial.  Ella se zafó de mi agarre en un solo movimiento, para acercarse a mí lentamente mientras yo retrocedía a cada paso que ella daba. Maldije por lo bajo cuando sentí mi espalda chocar contra el espejo colgado en la pared. Sentí que por un instante el aire me faltó, cuando las manos de Nina ahora me rodeaban y con su nariz me recorría lentamente el cuello.  —¿Y esa chica? ¿Te gusta? —Susurró en mi oído y luego pasó su lengua lentamente por mi cuello. Tragué saliva, hecho un manojo de nervios, sin entender porqué Nina estaba actuando de esta forma.  —Me lo imaginé. —Admitió de repente y se apartó con una sonrisa ladeada, parecía satisfecha. Pero esa expresión inmediatamente cambió al percatarse de mí.— ¿En serio, novato? ¿Acaso pensaste que yo…? ¡Diablos, no! —Soltó una risotada.— Tengo que admitir que eres bastante guapo, pero soy al menos 4 o 5 años mayor que tú. —Nuevamente se acercó y me acomodó un poco el cabello, afectuosa.— Aunque sí de aquí a un par de años, esa chica no te ha prestado atención, no dejaré pasar a este pollito. —Me guiñó un ojo y luego se dio vuelta para guardar sus cosas. —¿Esa chica? —Cuestioné confundido. Había escuchado sobre el sexto sentido que tenían las mujeres, pero carajo… ¿Cómo se había dado cuenta de mis sentimientos hacia Jasmine? Sin embargo Nina no respondió, por el contrario solo me observó sonriente mientras acomodaba las cosas en la mesa donde tenía los utensilios para tatuar. Así que agarré mi casco y las llaves de la motocicleta, pero cuando sujeté la perilla de la puerta para irme, lo siguiente que escuché me tomó por sorpresa.  —Ve por ella.  —¿Qué? —Repliqué.  —Arriésgate y dile lo que sientes, guapo. Tienes todo lo necesario para hacer que esa chica caiga a tus pies. —Añadió y una sonrisa involuntaria se formó en mis labios.— Y quiero que me lo cuentes todo cuando regreses; para hacerte el tatuaje de iniciación. —Señaló y asentí firme para salir de aquella habitación.  Antes de tomar la decisión de venir hasta este lugar, quise preguntarles a Jeff y Darwin qué sabían de este club. No negaron que aquí habían muy buenos corredores, incluso, de todas las carreras que se hacían acá en Chicago, las de este club eran las mejores pagadas en apuestas. Pero al mismo tiempo me advirtieron que la persona que estaba al mando era un sujeto muy peligroso, algo así como un mafioso y que por lo tanto los integrantes del club eran personas violentas. Sin embargo, al llegar aquí las cosas fueron distintas. El Jefe me recibió amablemente y tanto Oscar como Nina se comportaron muy bien conmigo. Tal vez eso era un buen indicio, y todo parecía indicar que cada vez estaba más cerca de que las cosas en mi vida se solucionaran y hasta de pronto podía ser feliz como lo eran los demás.  *** Desde unos metros antes de llegar al lugar de la fiesta, se podía sentir el bullicio de la cabaña, así que cuando llegué pude visualizar la multitud de gente bailando y embriagándose en cada rincón de la zona. Por un momento me puse nervioso, tal vez la ansiedad al tener tanta gente rodeándome, pero luego de que uno que otro adolescente totalmente borracho me saludara como si fuese su amigo de toda la vida, recordé que era una fiesta de disfraces.  En mi mente se planteó la idea de que al menos por esta noche pudiese dejar de ser el bicho raro de la clase.  Al menos por esta noche tratara de pasarla bien.  Al menos por esta noche me animara a sincerarme con Jasmine.  ¡Joder!  Al menos por esta noche, por una vez en mi vida, intentar ser yo: Kevin Cruise.  ¿Por donde podría empezar? Pensé por un momento. Tal vez si hidrataba un poco la garganta, me serviría para ir entrando en ambiente con la fiesta. Me abrí paso entre los cuerpos que bailaban y cantaban frenéticos al ritmo de la música, hasta que llegué a una mesa donde había un tipo de cóctel. Agarré un vaso y lo llené hasta la mitad, dudoso de que tanto podía llegar a sentir en mi cuerpo los efectos del alcohol, porque luego de pasar mi nariz por el vaso, me di cuenta que al parecer era una bebida bastante fuerte.  Entonces le di un sorbo. El líquido me recorrió la garganta dejando una sensación de calor a su paso, sentí mis ojos arder un poco y tuve que sacudir la cabeza para desvanecer un poco la leve jaqueca que me produjo en ese instante.  —Wow. —Exclamé apreciando el contenido del vaso. No entendía cómo a los chicos de mi edad podía gustarles tanto esta clase de bebidas. De repente sentí un empujón y lo que aún  quedaba dentro del vaso fue a parar sobre mi jersey n***o.  —¡Ups! —Exclamó una chica a mi lado entre risas.— Lo siento, amigo.  A mi lado una pequeña chica con disfraz de ratona me observaba con una tierna sonrisa, y aún debajo de todo ese maquillaje y el traje representativo de Minnie Mouse, pude reconocer aquellos brillantes ojos azules que tanto me encantaban y que todos los días me desvivía por tener la dicha de apreciar.  —Jasmine… —La susodicha me interrumpió, chistandome mientras colocaba sus manos sobre mi boca.  —Esta noche soy Minnie. —Señaló finalizando con un guiño.  Y lo comprendí. No tenía idea de qué tanto había bebido ella esa noche, pero si era lo suficiente como para no reconocerme. Incluso peor, cuando ella había aceptado con mucho entusiasmo jugar “7 minutos en el paraíso”. Tal vez yo no era un chico muy sociable, pero sabía perfectamente de qué iba ese dichoso juego.  —¡Eh, tú! —Exclamó una voz femenina que desconocí en ese instante.— ¡Chico calavera! Al girarme visualicé un grupo de casi 10 personas ubicados en forma de círculo, un poco alejados del resto de gentío que se movían como si sus vidas dependieran de ello. Reconocí a la chica que me había llamado, quien me señalaba con la botella si quería unirme a ellos. A su lado, se encontraba Jasmine riéndose eufórica con dos chicos, expectantes a lo que el juego traería consigo.  En un intento por dejar de dar tantas vueltas y hacer preguntas mentales, me decidí a unirme. ¿Qué podía pasarme?  Oh sí, probablemente dejaría de ser virgen.  Pero eso no fue impedimento, de hecho ni siquiera lo recordé en ese momento. De repente mi atención se había fijado única y exclusivamente en aquella ratona de cabello rojo, que durante el juego se la había pasado riéndose llevada por el alcohol. Las parejas iban y venían, deseosas y calientes por lo que habían podido lograr hacer en las habitaciones durante los dichosos siete minutos. Salí de mis pensamientos cuando alguien me codeó, entonces me fijé: La botella se hallaba apuntándome, y del otro lado estaba ella.  Mis manos no tardaron en empezar a sudar, producto de los nervios. Las miradas de todos se habían puesto sobre nosotros, aullando de la diversión mientras que Jasmine reía con las mejillas tan coloradas como su cabello. Tal vez yo era el único en ese grupo que aún estaba sobrio, de hecho, no había tomado un trago más desde el incidente con el jersey. No me apetecía que alguien más me bañara en licor. Jasmine ya se encontraba de pie a mi lado, con una tímida sonrisa y yo la imité. El resto nos comenzó a empujar en dirección a las escaleras, hacia las habitaciones, pero cuando empezamos a subir, Jasmine tropezó varias veces y su mano temblorosa se sujetaba del barandal.  —¿Estás bien? —Pregunté al notar que había agachado la cabeza.  Pero antes de que pudiese articular respuesta, unas voces intervinieron.  —Ya han perdido dos minutos. —Exclamó un tipo que reconocí del equipo de fútbol.— ¡El tiempo corre! Jasmine sin pensarlo dos veces me sujetó de la mano y haciendo un gran esfuerzo, subió lo más rápido posible, llevándome con ella. Pasando entre una que otra pareja besándose, y borrachos desmayados en el pasillo, llegamos a una habitación que la pelirroja no dudó en abrir.  Tan solo había una cama doble y una mesa de noche. Mientras apreciaba lo que había dentro, escuché la puerta cerrarse a mis espaldas, y de pronto unas manos me obligaron a girar. Jasmine saltó sobre mí y con fiereza unió sus labios con los míos, sobresaltándome en el acto. Era mi primer beso, y con la persona que siempre soñé. Pero no fue para nada lo que esperé. Jasmine parecía agitada y creo que algo incómoda. No era nada fluido y ella…  ¡Joder, ella no sabía que la persona que estaba besando era yo! Entonces la detuve. Jasmine me observó un poco confundida, con sus ojos enrojecidos por el alcohol, pero luego miró algo detrás de mí y no dudó en empujarme, cayendo yo con fuerza sobre la cama. Empezó a desabotonar algunos broches de sus disfraz, dejando al descubierto un sostén rojo que hacía un gran contraste con su piel. Ella se abalanzó sobre mí y aún besándome agarró mis manos y las llevó a su traje, para que yo terminara de despojarla de sus prendas. Se sentía bien, un calor me recorrió el cuerpo con cada caricia suya y al sentirla tan cerca de mí, mis dedos tocando su piel nívea, y sus labios dejando húmedos besos a su paso. Pero la detuve.  Jasmine frunció el ceño.  —¿Acaso no te gusto? —Preguntó indignada poniéndose de pie.  Yo suspiré y la imité, quedando varios centímetros arriba de ella.  —No es eso, yo… —Sabes lo que es siete minutos en el paraíso ¿no? —Refutó. —Tu no quieres esto, Jasmine. —Añadí.— En tus cinco sentidos no serías capaz de acostarte a alguien por un simple juego, mucho menos sin saber quien es la persona frente a ti.  Sus ojos se pusieron vidriosos, en una expresión de dolor.  —¡¿Cómo sabes que no es lo que quiero?! —Reclamó con su voz quebrándose.— ¡Ni siquiera me conoces! Suspiré pasándome la mano por el rostro. Bajé la capucha de la sudadera y luego encendí la lámpara que estaba sobre la mesita. Una tenue luz iluminó la habitación y los ojos de Jasmine se fijaron en mi rostro. —Soy Kevin.
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