Capítulo 6

3349 Words
Había finalizado la clase de deportes y el encargado de poner todo nuevamente en su lugar era yo. Era algo a lo que ya estaba acostumbrado, pero los días como este, en los que se jugaban quemados, eran más agotadores. La verdad después de recibir cerca de 1000 balonazos, no era muy agradable tener que recorrer todo el gimnasio buscando esas bolas infernales.  De repente cuando estaba por agarrar uno de los balones, unas manos cuyas uñas estaban pintadas de un azul eléctrico, se me adelantan sujetándolo y llevándolo hacia su pecho. Al levantar la mirada, me encuentro con unos grandes ojos color celeste acompañados de una tierna sonrisa.  —Hola. —Dijo con ese tono amigable que ella siempre acostumbraba a usar, pero yo no podía olvidar tan fácil lo sucedido el día de su cumpleaños. Así que no presté atención y continué guardando los demás balones.— Yo quería agradecerte por el brazalete… Y el poema.  Me detuve por un momento, de alguna u otra forma me había sorprendido. Pues por la forma en que desechó el papel, pensé que le había restado importancia a mi regalo.  —Cuando lo arrugaste y lo tiraste parecía que no te importaba. —Fue lo único que pude decir. Jasmine se posicionó delante de mí. Ella podía ser bajita pero al momento de decir las cosas, podía llegar a ser igual de intimidante que un gigante.  —No vuelvas a decir eso. Jamás. —Advirtió y yo puse los ojos en blanco.— Kevin, tú me importas. Lo digo en serio.  No más. No quería escucharla más. Siempre era la misma historia sin fin. Ella me despreciaba o me hacía algún desaire y luego hacía como si nunca hubiera pasado nada. ¿Y qué pasaba conmigo entonces? ¿Acaso yo no sentía? Puede que en algún momento haya acordado con ella, que seguiría su vida apartada de mí, con la esperanza de que tal vez eso ayudara con su tratamiento. Pero en ese momento no pensé en cuán doloroso podía ser para mí y fui egoísta conmigo mismo. Mientras ella vivía llena de felicidad, yo me hundía en mi propio infierno. Y no sabía cuándo se terminaría.  —Mira… ¿Sabes qué? —Añadí esquivándola para seguir guardando los balones— Mejor déjalo así. No me digas esas cosas que no quiero tu lástima.  —¿Lástima? —Cuestionó Jasmine incrédula a mis espaldas.— Si lo único que sintiera por ti fuese lástima, créeme que no haría esto.  Me detuve, y luego de unos segundos me giré hacia ella. Y seguía ahí con la misma sonrisa, pero esta vez extendiéndome en su mano una tarjeta negra con algunos brillantes. La miré ceñudo, pero ella insistió en que sujetara la tarjeta así que la obedecí. Era una invitación a una fiesta de disfraces que se realizaría en una cabaña con piscina, para festejar su cumpleaños ese mismo viernes.  —No aceptaré un “No” por respuesta. —Señaló al ver mi expresión luego de leer la tarjeta.  —Sabes que no me gustan las fiestas. —Le recordé con obviedad.  —Sabía que dirías eso. —Afirmó orgullosa y yo fruncí el ceño sin comprender.— Por eso quise hacer una fiesta de disfraces; nadie reconocerá a nadie y eso lo hará más divertido. —De repente juntó sus manos en súplica y puso cara de cachorrito triste.— Ve, por favor, pequeño Kev. Una pequeña sonrisa se formó en mis labios ante el viejo apodo con el que me nombraba ella cuando éramos niños e íbamos juntos a las sesiones con el psicólogo.  —Lo pensaré, pequeña Jas.  De repente una sonrisa se ensanchó en su rostro y luego de arrojar el balón, cayendo perfectamente dentro del carrito donde guardaba el resto, salió del gimnasio.  *** Las demás clases del día se hicieron eternas, así que para la última clase que fue literatura, ya me encontraba en los brazos de Morfeo. Salí del salón y tras buscar las llaves de mi moto en el bolsillo trasero de mi pantalón, tomé camino hacia el parqueadero. En esas, siento unos pasos apresurados que se posicionan a mi lado.  —Me imagino que ya debes saber ¿no? —Cuestiona Kendall.  La miré de reojo pero seguí caminando. —¿Qué cosa?  —¡La fiesta, Kevin! —Exclamó con obviedad.— Ha invitado a todo el mundo y me imagino que… —Me invitó. —Respondí cortándole. Kendall seguramente quería ponerme en contra de Jasmine justificándose con que había invitado a todos menos a mí. Pero se equivocó, y por su reacción, la había tomado por sorpresa.  —Supongo que no irás. —Añadió encogiéndose de hombros, pero se detuvo en cuanto se dio cuenta que no obtuvo respuesta de mi parte.— ¿En serio, Kevin? ¿Después de todo lo que te ha hecho?  Metí mis manos dentro de los bolsillos y me encogí de hombros. —Aún no lo sé.  —No vayas. —Insistió ahora con un tono más condescendiente.— Es lo mejor para ti… Y para todos.  Y fue eso último que dijo lo que realmente me molestó. ¿Qué le importaba a ella? ¿Qué sabía lo que era mejor para mí o no? ¿Y quién era el resto?   —¿Por qué en vez de fijarte en una estupidez como una fiesta no te preocupas por cosas más importantes?  Kendall frunció el ceño sin entender a qué me refería exactamente. Pero tenía razón, mientras que nuestros padres estaban matándose la cabeza buscando alguna alternativa para conseguir dinero y no perder la casa, ella solo se fijaba en lo que piense el resto y en una tonta fiesta. Preferí dejar las cosas así porque sabía que ella no lo iba a entender, y fui hacia la salida. Después de la larga jornada de estudios, caminaba guiado más por el cansancio que por otra cosa. Agradecía enormemente que ya fuera viernes. El rugido de una moto a las afueras del plantel provocó que el chico me detuviera en seco, claramente reconocía el tipo de motocicleta a la cual pertenecía ese gran motor, ya que solo un grupo selecto en la ciudad de Chicago eran capaces de manejar esas bellezas. Ahí estaba, entre los tantos carros de los padres de familia que venían en busca de sus hijos, se hallaba la Yamaha R15 azul y negra modelo recién salida este año, con su conductor apoyado en ella mientras manipulaba un teléfono. Por lo que casi por instinto, me acerqué hasta allá para apreciarla mejor ya que era la primera que veía ese modelo en persona, normalmente lo hacía a través de mi computadora mediante los videos de carreras que tanto soñaba con participar.  —150 cm3 cuatro tiempos con transmisión de seis velocidades... —Se me escapó de mi boca, al mismo tiempo que deslizaba mi mano por la coraza de la motocicleta.  Entonces el dueño de la máquina se giró hacia mí, tomándome por sorpresa y asustándome un poco. Tal vez nunca se imaginó que un muchacho de preparatoria supiera tanto sobre motocicletas.  —¿Te gustan...? —Me preguntó cruzándose de brazos adoptando aire serio. —Desde que tengo memoria. —Respondí con la mirada fija en la motocicleta.— De hecho tengo una.  —¿Ah, sí? —Comentó incrédulo el motociclista.— Seguro es algún scooter señoritero. Es lo que aspiran a tu edad, niñato mimado.  No pude contener la sonrisa en mi rostro. ¿Scooter señoritero? ¿Por qué clase de puberto me estaba tomando este tipo? Pensé. Así que decidí tomarle un poco el pelo a ver su reacción, por lo que adopté el mismo aire que él. —Es una Kawasaki Ninja 300 de 296cm3 con dos cilindros y seis velocidades.  El sujeto comenzó a toser, ahogándose con sus propias palabras. Seguramente no  se esperaba que una moto tan poderosa como la mía, estuviera en manos de un chiquillo de Instituto. —Tiene que ser una broma. —Se burló y yo lo miré ceñudo. Por lo que entendió que realmente hablaba en serio.— Dime que has puesto a correr ese monstruo.  —Pues... —¡Me estás jodiendo! —Exclamó de repente el motociclista y yo negué con la cabeza. Pero lo siguiente que dijo me tomó tan por sorpresa que por un momento no supe ni como reaccionar. De todas las cosas en el mundo, eso era lo último que esperaba que alguien me dijera… U ofreciera.— Venga, únete y corre con nosotros. Mis ojos se abrieron de par en par y sentí que mi mandíbula había tocado. ¿Acaso él me estaba pidiendo lo que yo creo que es?  —¿En serio? —Fue lo único que salió de mis labios. —Claro, estamos formando un club para competir con los mejores del país. —Lo idea cada vez tomaba más forma y yo sentía que mi sueño estaba mucho más cerca de volverse realidad.— Solo tienes que ir con los jefes y hacer un buen tiempo en la prueba de admisión.  ¿Buen tiempo? ¿Podía con eso? —Pan comido. —Respondí y él sonrió. Aunque viendo las oportunidades que ofrecía aquel club, de repente la bombilla se me encendió.— ¿Ganan dinero?  El motociclista se rascó la nuca. —Esto... Es algo difícil de explicar. —Le hice un ademán para que prosiguiera y él continúa.— Al comienzo no, eso se lo ganan los corredores de casta. Tú me entiendes. —Fruncí los labios pensando que tal vez iba a ser más complicado de lo que esperaba. ¡En qué demonios estaba pensando! Esa gente es grande. ¡Por supuesto que sería difícil! Pero mis esperanzas se fortalecieron con lo siguiente que dijo:— Aunque hay formas, pues varios de nosotros hacemos unos "trabajitos especiales" —Hizo comillas con los dedos.— de los cuales se obtienen unos cuantos billetes.  ¿Unos cuantos? a esas alturas todo servía. —Me interesa. —El tipo me observó, sorprendido por mi determinación.— ¿Dónde firmo?  Antes de que el sujeto contestara, una chica baja y con el cabello castaño  de largo hasta los hombros, apareció en escena. La había visto en una que otra clase, por lo que deduje que estaba en primero al igual que yo. Seguramente se encontraba de malhumor, debido a su ceño fruncido.  —¡Llevo esperándote casi veinte minutos! —Le reclamó la chica al motociclista mientras se subía en la parte trasera de la moto.— Le diré a mamá que... ¿Y a ti qué se te perdió? —Preguntó eso último al notar mi presencia.  —Acabo de recordar algo. —Se golpeó en la frente el motociclista ignorando por completo a quien parecía ser su hermana menor.— ¿Qué edad tienes, chico? —16.  Aquel muchacho al enterarse de mi edad,  se alteró. Y de qué manera. Parecía como si hubiese hecho algo de lo cual ahora se arrepentía enormemente.  —Olvida todo lo que dije y vete. —Se subió en la moto y luego la encendió con prisa con intenciones de irse.  —¡No! —Exclamé poniéndome en medio, impidiéndole el paso.— Necesito el dinero, déjame ir a hacer la prueba y esos trabajitos. Sé que soy menor pero no los defraudaré. Te lo prometo.  —Es peligroso —Contestó el muchacho.— ¡Entiéndelo!  —No me importa. —Insistí— De verdad necesito el dinero, solo dame una oportunidad. Es urgente.  El motociclista puso los ojos en blanco y resignado, sacó una tarjeta. —Presta atención que solo te lo diré una vez. —Kevin asintió entusiasmado mientras recibió la tarjeta.— Llegas a esa dirección, pregunta por El Jefe y di que vas a hacer la prueba de admisión; cuando te pregunten la edad lo más probable es que te formen problema, vas a pedir un acta de independencia para menores, eso libera al club de cualquier problema en que termines enredado, por lo tanto te defenderás solito. La prueba es de velocidad, agilidad y destreza para manejar la moto, te recomiendo que practiques en las vías rurales del estado; estaré apoyándote en lo que necesites ya que me agrada tu actitud, y espero apruebes. Además solo si pasas la prueba tendrás derecho a los trabajitos especiales. —Con ese última frase, el motociclista levanta un puño indicando de qué iban aquellos trabajitos. Para mí eso fue más que una pista, y aunque se me revolvió el estómago de tan solo pensarlo, deduje que se trataba de peleas clandestinas. Asentí por última vez, repitiendo cada palabra en mi mente para que no se me olvidara y el motociclista esbozó una sonrisa en forma de despedida, para luego acelerar su moto y perderse en el camino alejándose del Instituto. *** Bueno, ya estoy aquí.  Vamos, el lugar no es como si tuviera buena pinta. De hecho, la dirección que me dio aquel sujeto ni siquiera existe. Las vías vehiculares se terminaron hace varios metros y tuve que adentrarme por unos solitarios y oscuros callejones junto a mi motocicleta. Seguí mi camino, en algunos momentos tropezándome con algunos hombres fumando o parejas besuqueándose. Más adelante, escuché un bullicio y deduje que estaba bastante cerca de las carreras. Al doblar una esquina, en un movimiento rápido me tuve que arrojar sobre la acera, esquivando dos motos que pasaban a altas velocidades justo cerca de mí.  Solté la respiración.  —Vaya, eso pudo ser feo. —Comenté en voz baja. Me levanté del suelo y agarré nuevamente mi moto para seguir caminando. Unos callejones más adentro, me encontré con decenas de motocicletas parecidas a la mía, todas aparcadas en la entrada del club de carreras clandestinas. De verdad que eran muchas. Por lo que seguí caminando,  pero al entrar, me topé con un grupo de cuatro hombres vestidos con chaquetas de cuero, altos y fornidos. —Hey, disculpen. —Carraspeé un poco, invadido por los nervios. Los cuatro se giraron hacia mí dedicándome una mirada fría.  —¿Se te perdió algo? —Cuestionó uno de ellos soltando el fastidioso humo de su cigarro en mi cara.  Fruncí levemente el ceño. —Estoy buscando al Jefe. ¿Saben donde puedo encontrarlo? Intercambiaron una mirada y el mismo con el que hablé, se acercó intimidante,  dando dos pasos largos hacia mí. Es ahí donde me percaté que me sacaba aproximadamente una cabeza en estatura, y eso que me consideraba un chico alto. —¿Como por qué lo necesitas, mocoso? —Me dio un vistazo de arriba a abajo y finalizó con una mueca.— ¿Qué hace un niñato como tú en un sitio como este? —Sus amigos rieron y él continuó burlón.— ¿Acaso tu mami no te dijo alguna vez que deambular por barrios peligrosos, de noche, es peligroso? Solté un suspiro frustrado y me pasé la mano por el rostro, cansado de su actitud tan arrogante. —¿Quieren decirme de una vez dónde está el Jefe? —Esta vez me dirigí a sus amigos que estaban detrás de él. No quise seguirle el juego porque sabía que muchos de estos sujetos podían ser bastante impulsivos.  —¡Te estoy hablando! —Espetó el mismo para luego tomarme del cuello de la camisa de forma amenazante. El imbécil sólo quería aparentar ser rudo para alimentar su ego y el estereotipo de un motociclista malo. Pero siendoles sincero, ya me estaba cansando un poco su actitud y aunque comprendía perfectamente cuán peligroso podía hacer, algo dentro de mí simplemente actuó. De pronto fue mi instinto, tal vez y lo hice porque después de tanto tiempo soportando las humillaciones de tanta gente, ya me estaba cansando. Y mi paciencia estaba llegando a su límite.  —Pues no me complace escucharte. —Contesté sin pensarlo dos veces.— No vine aquí para discutir con ineptos. El sujeto gruñó, maldiciendo por lo bajo. —Te enseñaré a respetar a los mayores. Tensé mi mandíbula y apreté los ojos, esperando el golpe tras ver cómo levantaba su puño, pero extrañamente nunca llegó. —Tyler, déjalo. —Escuché decir una voz grave pero tranquila y en seguida el tipo de hace un momento aflojó su agarre en mi camisa. Abrí los ojos encontrándome con un hombre de unos cuarenta y tantos, llevando un saco, el pelo engominado hacia atrás, algo canoso y un semblante frío. —¿Quién eres tú y qué haces aquí? —Preguntó sereno pero aún así intimidante. —Eso mismo le pregunté, jefe. —Intervino el mismo tipo, quien al parecer se llamaba Tyler.— Lo estaba buscando a usted.  ¿Jefe? Así que me encontraba en frente del hombre que manejaba el club de carreras de motos en Chicago. —Ya tuve suficiente contigo. —Esta vez se dirigió a Tyler— ¡Váyanse! Déjenme a solas con el muchacho. Los cuatro asintieron y rápidamente se fueron hacia otro lado, dejándome con el Jefe. Mis manos pronto comenzaron a sudar, y es que me ponía un poco nervioso el poder que podría llegar a tener este sujeto sobre los miembros del club, además de que estaba justo frente al hombre que decidirá si pasaba o no la prueba para ser parte de las carreras clandestinas. —Vaya, causaste un gran alboroto. —Soltó el hombre acompañado de una pequeña risa. Yo no dije nada y únicamente me limité a observarlo. —¿Esta moto es tuya?  —Preguntó tras deslizar suavemente  su mano sobre la coraza  de mi motocicleta. Asentí firme con la cabeza.  —Sí, señor. —¿Vienes a hacer la prueba?  —Esta vez se giró hacia a mí, examinándome de pies a cabeza.— No crees  que aún  eres algo... ¿Menor? Suelto un suspiro.  —Puede que sí.  —Me acerqué un poco más  a él.— Pero le pido,  por favor, me permita hacer la prueba. Necesito el trabajo y de verdad esta es una oportunidad que he esperado desde que empezó mi gusto por las motocicletas. El hombre no hacía  ni decía nada,  solo estaba  ahí,  con una expresión indescifrable. Dentro de mí solo podía pensar que ojalá me diera la oportunidad para  no tener que haber venido a este sitio y hacerme ilusiones en vano. —No. Mis ojos se abrieron de par en par. —¿¡No!?  —Y por acto involuntario junté mis manos en súplica.— Señor, por favor deme la oportunidad, se lo ruego. ¡Le juro que no lo defraudaré! El Jefe levantó sus manos en señal de que me detuviera. —No harás ninguna prueba, hijo. —Levantó una comisura de sus labios esbozando una sonrisa.— Al no dejarte intimidar por Tyler y los demás, me demostraste que tienes agallas. Y eso es lo único que necesitas para ser parte de Chicago sobre ruedas. Y dentro de mí no lo podía creer.  —Bienvenido, novato. —Extendió su mano y yo permanecí observándola, estupefacto por unos segundos, hasta que por fin la sujeté. Tembloroso, pero lo sujeté.— ¿Cómo es tu nombre? —Kevin,  Kevin Cruise. —Bien, Kevin —Pasó su mano por mi cabeza, despeinándome, en un gesto afectuoso.— Tienes mucho por aprender,  así que ven conmigo. Asentí con la cabeza.  —Sí, señor. Él comenzó a caminar, adentrándose más al club y yo lo seguí unos pasos más atrás. —Y Kevin...— Rápidamente avancé hasta ponerme a su lado para escuchar lo que me iba a decir. —¿Señor?  —No me vuelvas a suplicar,  ni a mí  ni a nadie.  No lo hagas, porque la gente se aprovechará de ti y te humillarán. —Yo asentía firme, analizando una y cada una de sus palabras.— Así que seguridad y orgullo, Kevin. —Se volteó para verme.— ¿Entendido, novato? Asentí una última vez con la cabeza, una vez sus palabras se grabaron en mi mente. —Sí, señor.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD