Capítulo 13

3504 Words
El almuerzo transcurría con normalidad, todos comíamos de la lasaña que mi madre logró salvar de chamuscarse, mientras Kendall y Melanie contaban algunas de sus anécdotas en el Internado. Tiempo que me sirvió para detallar un poco a la amiga de mi hermana, entonces comprendí porqué desde un comienzo me generó cierta ternura. Tal vez eran sus facciones delicadas, o pudo haber sido su cabello castaño rojizo largo y abundante semejante al de un león, pero luego de pensarlo bien me di cuenta que se trataba simplemente de cómo era ella, tan tímida para decir las cosas y la afabilidad en su trato, su aura completa era similar a la de un ángel.  Por eso me era inevitable compararla con Jasmine. No la Jasmine que es hoy en día en el Instituto, tan esquiva y agria hacia mí, sino más bien la Jasmine que conocí: Esa misma que desde un comienzo me ofreció su amistad y pudo ver en mí lo que nadie más vio, aquella que para esos días amaba con locura pero que su corazón nunca me perteneció.  Algo tocándome la pierna por debajo de la mesa me sacó de mis pensamientos, provocando que diera un pequeño brinco en mi lugar. Papá se hallaba hablando mientras todos escuchaban con atención, a excepción de Kendall que desde su puesto en frente de mí, sonreía con picardía al mismo tiempo que subía y bajaba sus cejas.  Fruncí el ceño confundido y le hice un ademán de no comprender el motivo de su actitud. Entonces estiró sus labios en dirección a Melanie, que bebía jugo, atenta a las palabras que decía mi padre. Puse los ojos en blanco y seguí comiendo, restándole importancia a lo que me decía Kendall. Pero ella no se dio por vencida, pues nuevamente me tocó la pierna. Al levantar la mirada la encontré lanzándome besitos mientras movía de lado a lado sus manos juntas en forma de un corazón. Azoté con fuerza los cubiertos sobre el plato y suspiré buscando la paciencia para soportar a mi hermana, que cuando se lo proponía podía llegar a ser una verdadera molestia.  —¿No es así, Kendall? —Preguntó mi padre y la susodicha se paralizó.  —Y-yo… —Titubeó y yo bufé divertido.  Mi madre negó con la cabeza avergonzada del despiste de su hija.  —¿Y tú, Kevin? —Se dirigió esta vez a mí y yo sentí que me heló por completo.— ¿Qué piensas al respecto?  Yo me limité a agarrar el vaso con jugo y beber el contenido esquivando la pregunta.  —Adoro a mis hijos. —Canturreó mi padre poniendo sus ojos en blanco, ya que ninguno de los dos estábamos poniendo atención a lo que él decía.  —No se preocupe, señor Cruise. —Añadió Melanie sonriente.— Estoy acostumbrada a que su hija me deje hablando sola.  —Basta… —Alargó Kendall poniéndose de pie.— Bueno, muchas gracias por la comida. Pero Melanie y yo nos vamos. Tengo mucho que mostrarle de la ciudad.  Y sin darle tiempo de que refutara, la sujetó de la muñeca y se la llevó del comedor. En ese momento un nuevo mensaje hizo vibrar mi teléfono desde el interior de mi bolsillo. Al sacarlo me di cuenta que había sido nuevamente Oscar.  Oscar: ¿Qué pasa novato? Te dije que una hora y aún no veo tu culo plano en el club.  Puse los ojos en blanco y escribí un mensaje de respuesta, pues el anterior ni siquiera lo había contestado. Di un último sorbo al jugo de naranja y me puse de pie.  —¿Te vas? —Cuestionó enseguida mi madre y yo asentí con la cabeza.  —No quiero que amanezcas fuera de casa, Kevin. —Advirtió mi padre y yo hice una seña militar antes de irme de ahí y evitar que me abordaran con algún otro sermón por haber dormido fuera de casa sin avisar. Negué con la cabeza desvaneciendo ese pensamiento de mi mente.  *** Cuando llegué al club, habían muchos motociclistas aglomerados en un círculo, al parecer escuchando a alguien. Al acercarme, pude reconocer la voz del Jefe quien parecía tener la palabra y todos escuchaban atentos. Una mirada asesina por parte de Oscar recayó sobre mí al mismo tiempo que me enseñó su reloj en la muñeca. Puse los ojos en blanco y me uní al grupo para escuchar mejor.  —Dado que hoy empiezan los interestatales, quiero decirles que tendrán su primer encuentro con Michigan en representación de un grupo muy bueno proveniente de Detroit. —Una sonrisa ladeada se formó en su rostro.— Pero ya saben; no son mejores que nosotros.  Los aullidos alegres festejaron esa afirmación y de repente aquella sonrisa se borró cuando sus ojos se posaron sobre mí. Tragué saliva, nervioso. ¿Ruby le habrá contado sobre nosotros? Pensé de inmediato. Entonces aún sin dejar de verme, levantó sus manos aplacando el bullicio del club, pues quería tomar nuevamente la palabra. Todo tipo de pensamientos pasaron por mi mente en ese momento, desde una gran paliza hasta muerte por descuartizamiento. Mi pulso se detuvo por un instante y estoy seguro que me encontraba más pálido que de costumbre. —Ustedes saben perfectamente cómo son las cosas conmigo. —Empezó a decir y yo tragué saliva con lo siguiente que articuló.— Aquí se premia al que se esfuerza; y se castiga a quien la caga.  El grupo rompió en murmullos mientras que algunos asentían dándole la razón y otros como yo, permanecíamos expectantes y al mismo tiempo temerosos de que era lo que iba a pasar o a donde quería llegar con esto.  —Tyler, al frente. —Ordenó firme. La silueta alta y fornida del susodicho se interpuso entre la multitud y se posicionó a un lado del Jefe. Permaneció ceñudo, como de costumbre, pero atento a lo que fuese a decir el señor. —Kevin, tú también.  Esas palabras resonaron en mi mente. Un compañero a mi lado tuvo que sacudirme el brazo para que yo pudiese reaccionar, pues me había congelado por completo. Pasé al frente y me ubiqué al otro lado del Jefe. Su mirada fría y soberbia, usualmente me ponía un poco nervioso, pero esa vez juro que estaba casi que temblando. Me esperaba cualquier cosa, miles de formas de morir invadieron mi mente a raíz de lo ocurrido con Ruby. Pero nada comparado con lo que finalmente soltó.  —Tyler entrégale la chaqueta de corredor alfa a Kevin.  La expresión en la cara de Tyler era un mismo poema y yo no podía creerlo. ¿Yo? Un simple chico de 17 años que asistía a la preparatoria. ¿Yo? Un joven tímido y debilucho que no aguantaba un puñetazo. ¿Yo? Kevin Cruise, quien llegó buscando un dinero extra para ayudar a sus padres con las deudas y encontró en las motos más que un trabajo, un estilo de vida. Ese era yo, el sujeto más joven en toda la historia de Chicago sobre ruedas en ganarse el título de corredor alfa. Entonces me di cuenta de que tal vez mi vida estaba a punto de tomar un nuevo rumbo y que cada vez estaba más cerca de encontrar la blanca luz que iluminara mi oscuridad. La chaqueta fue arrojada con fuerza al piso, dejando a más de uno con la boca abierta. No tanto por el carácter de Tyler, quien ya era conocido por su terrible temperamento, sino porque lo había hecho en frente del Jefe y no parecía muy contento de dicho espectáculo.  —Haces esto una vez más y quedas fuera. —Advirtió con voz frívola y Tyler lo desafió con la mirada, lleno de impotencia al ver la serenidad del Jefe que no parecía afectarse en lo más mínimo por la cercanía de aquel toro salvaje.— Y ya sabes lo que conlleva quedar fuera.  “Quedar fuera”. Esas dos palabras se traducían en una sola cosa: Perdición. Cuando firmas tu ingreso al club de Chicago sobre ruedas, y cualquier otro club de motos en el país, estás poniendo tu vida en sus manos, literalmente. Ya que establecías estar de acuerdo con que ibas a servir al club en todas, absolutamente todas, sus actividades: Ya sean carreras, peleas callejeras o misiones particulares. Siendo estas últimas las más peligrosas porque los miembros se podían llegar a enfrentar con gente realmente mala. Por eso, aún si quieres salir o peor aún, si te expulsan del club, representa un m*****o fuera de su familia que conoce cómo se manejan las cosas dentro. Y por supuesto, a nadie le gustan los soplones. Pero si hay algo que odian más que los soplones en el club, son los traidores.  Para ellos si algún ex m*****o se une a otro club de motos, significa traición. Por eso llevamos el logo del club tatuado en nuestra piel. Para recordar siempre a donde pertenecemos y que de eso ya no había salida. Y en caso tal de así serlo, podían incluso matarme.  No por nada se habían ganado esa fama.  Cuando recogí la chaqueta del suelo y la sacudí, Tyler me quiso asesinar con la mirada, incluso antes de irse susurró una frase en mi oído: “Esto no se quedará así”. No le respondí, incluso le resté importancia. Entonces para mi sorpresa, el Jefe me veía sonriente y cuando me coloqué la chaqueta, todos festejaron contentos por el reconocimiento.  —Bueno, sin más que decir… —Levantó la voz por encima del bullicio y todos escucharon atentos.— Váyanse y gánenles a esos inútiles.  Todos celebraron recalcando el apodo que les puso nuestro a Jefe a los corredores de Michigan  y yo negué divertido ante la actitud de aquellos fortachones.  Los corredores fueron hasta sus motocicletas y en el momento en que subí a mi moto, alguien sujetó mi brazo afirmando suavemente sus uñas. Unas largas y bonitas uñas pintadas de n***o.  —¿No me llevas?  La observé con una ceja alzada. —¿Quieres venir a la carrera?  —No quiero perderme tu primera victoria como nuevo alfa. —Contestó con una sonrisa de oreja a oreja. Se veía radiante, incluso no parecía haberse trasnochado ni tener nada de resaca por la noche anterior.— Te luce esa chaqueta.  Hice un ademán con la cabeza. —Sube, Nina.  Ella me dio un sonoro beso en la mejilla y subió con agilidad a la parte trasera de mi moto. Una vez se aferró con firmeza a mí, me puse en marcha uniéndome al grupo que salía del club para irnos al punto de encuentro con el club de Michigan quienes serían nuestros primeros rivales en esta temporada. Este sería mi primer interestatal y además era el alfa, por lo tanto no tenía derecho a cometer errores.  Tuvimos que atravesar toda la ciudad para poder encontrarnos con ellos, era un recorrido bastante largo y era una de las pocas veces que salíamos un grupo tan grande de día, pues por lo general corríamos de noche en calles poco transitadas. Pero esta vez era diferente, todas las miradas estaban puestas en nosotros y podía notar un ápice de temor en los rostros de algunos. Sin embargo mi atención se dirigió en un delicado rostro bastante familiar, de hecho la había visto un par de horas atrás.  Se trataba de Melanie, de pie, junto a la entrada de un centro comercial. Parecía un poco ansiosa y tal vez algo nerviosa. ¿Pero qué hacía sola? ¿Dónde demonios estaba Kendall?  Al pasar junto a ella noté cómo fijó sus ojos en los míos por unos segundos, como si intentara reconocerme debajo del casco. Entonces fijé mi vista nuevamente en la vía y aceleré.  —¿Conoces a esa niña fresa? —Cuestionó Nina en un claro desagrado.  Solo bufé en respuesta y seguí caminando. Es verdad, al fin y al cabo Melanie era una simple niña de papi y mami, que han cumplido sus caprichos siempre y nunca ha tenido que sufrir por nada en su vida.   ¿Encima en un internado? ¿Qué más se podía esperar?  *** —Bien hecho, Kevin. —Dijo Oscar dándome una palmada en la espalda y yo le di un codazo amistoso.  —¡Jo-der! —Exclamó entusiasta uno de los compañeros a mi lado.— Con esta paliza que le dimos a Michigan, estoy seguro que los demás estados van a temblar cuando les toque con nosotros. Y con Kevin, seremos imparables.  —Woah, woah, woah… —Lo calmó Oscar.— No hagas cuentas alegres tan pronto. Aún nos debemos enfrentar a otros dos equipos para avanzar en la siguiente fase. Y hay un estado que viene escalando fuerte, según he escuchado.  —Todos los años dices lo mismo, Oscar. ¡Eres un maldito aguafiestas! —Se quejó otro, apoyado por el primero que habló y yo solo negué divertido al ver a mi amigo fastidiarse.  —Lo dices por California, ¿Eh? —Añadió Nina ganándose la mirada reprobatoria de todos.— ¿Qué? ¿Acaso no puedo saberlo? —Replicó indignada.— Lo digo por lo que he escuchado. Hay un club de Santa Verónica que ha estado reclutando gente y dicen que sus corredores son muy buenos.  —¿Santa Verónica? —Cuestioné en voz baja, para mi sorpresa siendo perceptible al resto. El nombre de aquel lugar resonó en mi mente  —Mínimo Nina tiene algún ligue en Santa Verónica que le informa todo. —Se burló uno de los compañeros y ella le dio un fuerte puñetazo en el estómago que lo hizo doblar.  —¡Bomboncito! —Exclamó Oscar entre risas.— No hagas caso a ese inútil que tú eres solo mía. Todos rompieron en risas mientras que la susodicha parecía que en cualquier momento arremetería a golpes contra todos. A decir verdad ellos tenían razón, la carrera estuvo relativamente fácil, y no es por presumir, pero ya me iba dando cuenta el porqué de la reputación del club. A pesar de que competimos contra otro estado, el nivel de dificultad se percibió igual. Ni siquiera el hecho de ser un circuito nuevo para nosotros fue impedimento para que les cogiéramos una gran ventaja. Incluso aunque yo terminé en primer lugar, Tyler y otro compañero también superaron al más rápido entre ellos.  La celebración no duró mucho, tal vez se debió a que la competencia no se realizó en un fin de semana como usualmente se hacían. Uno a uno los compañeros se empezaron a retirar del lugar, luego de molestar y divagar un rato, contando historias de interestatales pasados o burlándose de los corredores de Michigan por haber perdido.  Eché un vistazo al reloj y me di cuenta que ya casi sería media noche. Y no tenía muchas ganas de escuchar otro sermón por parte de mis padres.  —Eh… Yo creo que me voy. —Comenté y tanto Oscar como Nina se volvieron hacia mí, mientras los otros compañeros seguían charlando.— Vienes o... —No te preocupes, Oscar me lleva. —Finalizó Nina con una sonrisa y Oscar pasó su brazo, coqueto, por la cintura de la chica.  Asentí. Entonces saqué las llaves de la moto y cuando estuve a punto de irme, ambos me detuvieron. —¡Espera, Kevin! —Me llamó Oscar.  —¿Qué ocurre?  —Tyler y sus amigos no te han quitado el ojo en toda la noche. —Señaló mi amiga.  Me giré un poco y al ver por el rabillo del ojo, me di cuenta que efectivamente el combo de esos cuatro imbéciles permanecían a unos metros de nosotros, expectantes a cada uno de nuestros movimientos, especialmente Tyler en quien podía percibir su ira e impotencia por haber sido desbancado como corredor alfa.  —¿Quieres que te acompañemos hasta tu casa? —Sugirió el castaño.  —Perro que ladra no muerde. —Contesté firme.— Y yo no le tengo miedo a Tyler.  —¡No seas terco, Kevin! —Exclamó Nina impidiéndome el paso.— Ellos son cuatro y no podrás contra ellos solo, además eres un… —¿Mocoso? —Completé y ella abrió sus ojos de par en par, sorprendida. Me estaba empezando a hartar que aún después de tanto tiempo, me sigan considerando un niño después de todo lo que he logrado en el club. Todos me subestimaban por ser menor que el resto, principalmente Nina. Entonces me acerqué a ella y susurré en su oído:— Hace un tiempo ya que dejé de serlo.  Tras decir eso, me despedí de Oscar y me alejé del lugar.  Lo que le dije a Nina era totalmente cierto. Desde que ingresé al club y me sumergí en el mundo de las apuestas, mis aspiraciones cambiaron por completo. A diferencia de muchos de mis compañeros que apenas recibían se lo gastaban en mujeres o licor, por mi parte yo comencé a ahorrar mis ganancias después que mis padres pudieron saldar su deuda.  No quería pasar por lo mismo que mis padres. El lugar donde estábamos no se hallaba tan lejos de casa, pero dadas las calles solitarias en trayecto, decidí tomar el camino largo manejando por las pocas calles transitadas a altas horas de la noche. Sin embargo, recordé la advertencia de Nina y Oscar cuando noté que algunas motos llevaban un buen rato detrás de mí.  —¡Mierda! —Mascullé por lo bajo, con los dientes apretados.  Por el retrovisor las observé y efectivamente eran cuatro motocicletas de carrera. Suspiré y vi más adelante como la autopista tenía un cruce que me desviaba un poco, así que aceleré y rebasando uno que otro auto en la vía, tomé el desvío. Volví a acelerar paseándome entre algunas calles estrechas, con la esperanza de despistarlos y poder perderlos.  Durante un rato intentando perderlos, me relajé al no escuchar cerca el rugido de sus escandalosos motores. Pero cuando estaba a punto de retomar nuevamente el camino a casa, aparecieron de la nada, delante de mí bloqueándome el camino por lo que tuve que frenar en seco.  No tenía forma de escapar. Estaba rodeado.  Apagué la moto y me quité el casco. Ellos al ver que no tenía intenciones de irme, hicieron lo mismo. Pude asegurarme que se trataba de Tyler y sus amigos. Ellos bajaron de sus motos y se acercaron a mí, desafiantes.  —Ya dime qué es lo que quieres. —Solté tajante y Tyler me observó con los ojos entrecerrados y una sonrisa cínica dibujada en su rostro.  —Quiero que renuncies. —Contestó sin titubeos. Bufé. —Sabes que eso no pasará. —Tyler frunció sus labios con molestia y pude ver cómo apretaba sus puños.— Yo no pedí esto, fue el jefe. Y si lo hizo es porque piensa que soy mejor que tú.  El susodicho se acercó aún más con sus ojos destellantes de furia.  —Entonces pierde.  Lo observé como si de un bicho raro se tratara. —¿Qué?  Tyler rio cínico. —Pierde las demás carreras. Así el Jefe creerá que has bajado el rendimiento y me devolverá mi puesto.  Negué con la cabeza incrédulo. ¿Yo, bajar mi rendimiento? ¿Tan difícil le resultaba superarme que tenía que recurrir a amenazas?  —Y si no, ¿qué? —Lo desafié y él me observó soberbio, como si hubiese estado esperando esa reacción en mí.— No te tengo miedo.  —¡Serás imbécil! —Exclamó burlón.— ¿Acaso planeas pelear tú solo contra nosotros cuatro?  Pensándolo bien, Tyler tenía razón. Tenía que estar loco como para enfrentarme contra todos ellos juntos. Podía encargarme de uno, incluso hasta dar la pelea a dos, pero ya cuatro eran demasiado. Era como buscar mi propia perdición.  —No me importa. —Añadí firme. No pensaba ceder mi puesto así tan sencillo.  Tyler me observó sonriente por un momento y luego hizo un ademán con la cabeza, enseguida uno de sus colegas me dio un puñetazo en la espalda tomándome por sorpresa y provocando que me doblara en un intento por recuperar el aire.  —Hijos de puta… —Solté acompañado de un quejido. Lo siguiente que escuché fue a Tyler chasquear los dedos y los golpes llovieron sobre mí, lo que me llevó a aquellos tiempos en los que era golpeado y acosado por mis compañeros en la primaria y hasta hace poco en el Instituto. Me sentía tan débil e indefenso, a merced de las patadas y empujones por parte de aquellos moteros.  Uno de ellos, supuse que era Tyler, sujetó el retrovisor de mi motocicleta y tras sacarlo, lo arrojó al piso, rompiéndose el espejo en miles de pedazos. Yo me encontraba hecho un ovillo, con todo el cuerpo entumecido por la golpiza, cuando lo sentí acercarse y se agachó para quedar a mi altura con una sonrisa ladeada.  —Tal vez este mundo es demasiado arriesgado para un mocoso como tú.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD