Capítulo 9

2312 Words
—Estás loco, novato. —Reclamó Oscar negando con la cabeza, pero aún así con una expresión divertida en su rostro. Sonreí en respuesta pero en ese momento sentí el mentón entumecido.  —No debiste hacerlo. —Añadió Nina en desaprobación mientras cuidadosamente me curaba el labio.— ¡Agh, demonios! Estoy segura de que Tyler buscará la revancha.  Miré a Nina fijamente y ella se sorprendió por un momento con mi reacción. —No le tengo miedo. —Dije firme y Oscar celebró alegre. —¡Así se habla! —Exclamó el castaño. Pero se arrepintió de inmediato cuanto sintió la mirada afilada de Nina sobre él.— Bueno pero hay que tener cuidado, la verdad. Novato aún te falta mucho por aprender y digamos que tu… Contextura sigue siendo una desventaja.  Cuando estuve a punto de responder, sentí un fuerte ardor en la espalda que me hizo gemir. Los dos en seguida estuvieron cerca preguntando que me ocurría.  —Arde… Espalda. —Dije a penas, mientras presionaba mi cara sobre el sillón donde Nina trabajaba.  —¡El tatuaje! —Gritó preocupada la chica al notar que el sitio donde le indicaba era justo donde me había realizado el tatuaje de iniciación.— Joder, aún no ha cicatrizado del todo.  —Pero qué... ¿Es peligroso? —Cuestionó Oscar mientras Nina levantaba la camisa para revisarlo. —Pues se ha raspado un poco alrededor y eso ha hecho que se enrojezca la zona. —Respondió la susodicha con el ceño fruncido mientras examinaba la herida.— Oscar, tráeme la crema que está en el pote azul junto a las tintas. Si le unto un poco, mañana debería amanecer mejor.  Una vez Nina tenía la crema en sus manos, comenzó a untarme y yo sentí por unos segundos que la espalda me hervía como si me estuvieran quemando con un hierro caliente, tanto que tuve que morderme el puño para no gritar. Nina me tildaba de cobarde mientras que Oscar reía comentando una y otra vez “esto apenas empieza”.  —¿Qué nos estás queriendo decir con eso, Oscar? —Cuestionó una Nina que aparentemente no le hacía gracia.  —Digo que… —Vaciló un poco mientras caminaba por la habitación. A lo que la chica lo amenazó, entonces habló.— Digo que el Jefe ya escuchó sobre la pelea que tuviste con Tyler y dadas las condiciones en que terminó, ordenó que ocuparas su lugar en el próximo encargo.  —¿¡Qué!? —Exclamamos Nina y yo al unísono.  —¿Acaso no estás viendo como está Kevin? —Preguntó a manera de regaño la pelinegra.— Si la cosa se pone fea, no lo resistirá.  —Lo sé, preciosa. —Respondió.— Pero son órdenes del Jefe. Además, —añadió rápidamente— no creas que lo voy a dejar solo. Joder Nina, tampoco soy tan malo.  Ella solo puso los ojos en blanco.  —Lo haré. —Afirmé sentándome en el sillón.— Y te lo agradezco, Oscar. Pero no necesitaré que me cuides el culo.  El castaño abrió sus ojos de par en par y entre los dos sólo intercambiaron una mirada. No voy a negar que me costó vencer a Tyler y aunque fuese a penas la primera pelea que ganaba, no tenía miedo en absoluto a lo que me fuese a enfrentar. Ya no me quedaba nada que perder, incluso ya lo intenté y por primera vez gané. ¿Quién me asegura que no vuelva a suceder? *** Eran cerca de las 11 de la noche cuando regresé a casa. Se me hizo muy raro encontrar las luces encendidas, así que no tuve la precaución de apagar la motocicleta metros atrás como usualmente lo hacía para que mis padres no me descubrieran. Al entrar por la puerta principal, encontré a mi padre de pie frente a Kendall quien se hallaba sentada en el sillón con los ojos vidriosos, observándome con angustia.  —¿Qué pa…? —¿Por qué llegas a estas horas? —Preguntó tajante mi padre y yo tuve que tragar saliva.  —Yo estaba eh-bueno… Haciendo una tarea donde un compañero. —Respondí haciendo un gran esfuerzo por no titubear.  —Siéntate. —Me indicó con la cabeza el puesto al lado de Kendall, quien gimoteaba en voz baja.  En ese momento apareció mi madre por las escaleras hablando por teléfono, y toda nuestra atención se fijó en ella. Parecía estar hablando con una… ¿Aerolínea? Luego de unos segundos tras dar confirmar algunos datos, la llamada finalizó y ella se dirigió a nosotros con una expresión nostálgica.  —El vuelo a Londres sale mañana a las 7 a.m. —Dijo y de repente mi hermana rompió en llanto.  —No entiendo qué es lo que está pasando. —Exclamé poniéndome de pie.— ¿Por qué Kendall está llorando? ¿De qué vuelo están hablando? ¿¡Qué pasa!? Mi padre se frotó el rostro con frustración y mi madre rompió en llanto al igual que mi hermana y fue hasta ella para abrazarla con fuerza.  —¿Que qué pasa? ¿Quieres saber lo que pasa? —Repetía una y otra vez mi padre notablemente enfadado y yo estaba comenzando a preocuparme por la situación.— ¡Esto es lo que pasa!  Sujetó un periódico que estaba sobre una mesa y me lo entregó con desdén. En la portada podía verse la imagen de varios jóvenes protestando, algunos arrojando cosas y peleando cuerpo a cuerpo con policías. También alcancé a visualizar a Kendall sobre la espalda de un sujeto, que supuse era su novio, mientras agitaba lo que parecía un bate de béisbol.  Levanté mi vista y encontré los furiosos ojos de mi papá expectantes a mi reacción.  —He recibido llamadas todo el día de gente preguntándome si aquella delincuente que salió en la portada del periódico es mi hija. —Se quejó mi padre observando a Kendall con desdén.— ¡Ya me harté, Kendall! ¡No sé de qué otra forma hacértelo entender! Ella se apartó de mi madre por un momento y con la voz quebrada lo enfrentó. —Tampoco es necesario que hagas esto papá. ¡No soy una delincuente!  —¿Hacer qué? ¿De qué habla Kendall? —Pregunté esperando a que alguien me explicara.  —Kendall se irá a un internado en Londres. —Respondió mi madre apenas audible.  Mis ojos se abrieron de par en par cuando escuché eso. Los miré a todos, esperando alguna respuesta, quizá con la esperanza de que me dijeran que era una broma. Pero no, nadie la contradijo. Y yo no podía creer lo que estaba pasando.. —Kendall prepara tus cosas que viajas mañana. —Sentenció mi padre.— Fin de la discusión. Justo en el momento que dio la vuelta para irse, mi hermana corrió hasta él y lo rodeó con sus brazos. —¡No me quiero ir, papá! —Gritó con la voz quebrada. Él apretó sus ojos con fuerza, por supuesto que le dolía ver a su hija en ese estado, y más aún por una dura decisión suya.  Nuevamente se giró y sostuvo el rostro pálido de mi hermana, secando sus lágrimas. —Yo sé porqué lo haces. —Afirmó y Kendall gimió.— Créeme que lo sé, mi niña. Tienes un corazón tan grande y puro, pero lastimosamente esta sociedad tan cruel reprochan esas actitudes. —¿Y tú eres parte de esa sociedad? —Le reproché y mi madre me apretó la mano en reprimenda. —Kevin… —Añadió mi mamá en voz baja. Sabía que mi papá podía enfadarse aún más si lo contradecían, pero de verdad que lo de Kendall me parecía algo muy injusto. Ella solo protestaba en contra del maltrato animal. ¿Merecía ser castigada? ¿Merecía ser enviada a un internado a miles de kilómetros de su hogar? Mi padre me observó por un momento, tal vez asombrado de que su hijo interviniera en una discusión familiar o decepcionado de que esa primera intervención fuese para contradecirlo. —Sí lo soy. —Respondió y yo abrí mis ojos de par en par. No esperaba esa respuesta por parte de él y mucho menos lo que dijo después.— Y ella algún día lo será, así como tú también. La vida es así mis hijos; no puedes ir en contra de la ideología de la sociedad porque te va mal, no serás nadie y caerás en la ruina. ¿Que si es injusta? Sí. —Asintió.— Lastimosamente aquí si no eres una persona importante, tu opinión no tiene importancia. No quisiera decírselo así, pero es la verdad. Por eso quiero que se concentren y se preparen bien en el instituto, para que sean gente grande y no tengan que agachar la cabeza, rompiéndose el lomo y trabajando horas extras como lo hace su padre.  Kendall y yo intercambiamos una mirada. Seguramente pensaba igual que yo, y era que mi padre de alguna u otra forma tenía razón. Nosotros no éramos precisamente parientes de la reina Isabel, así que como decía mi padre, mientras estuviéramos en esta posición tendríamos que seguir en la corriente porque todo lo que hiciéramos sería mal visto y por lo que él decía, el afectado era él. Pero lo que ninguno de los tres esperaba, era que yo no iba a permitir que mi padre estuviese más tiempo con la cabeza agachada aguantando todo tipo de humillaciones para conseguir un dinero suficiente para no perder la casa, o sino ¿porqué había estado entrenando tanto con Oscar? Incluso había conseguido mi primer pago por haberle ganado a Tyler en aquella pelea.  Ya estaba dentro y no iba a salirme. Tras las palabras de mi padre, la discusión finalizó. La decisión estaba tomada y no había nada que hacer; Kendall viajaba a Londres y fin. Esa noche en nuestro hogar, estoy seguro que nadie pudo pegar un ojo. Eran altas horas de la noche cuando podía sentir a mi hermana sollozando aún en su habitación, atravesé el pasillo y cuando pasé por la habitación de mis padres pude escucharlos hablar sobre lo ocurrido con Kendall, sobre cómo sería de difícil para ella adaptarse a ese nuevo lugar y aún debatiéndose sobre si lo que hacían era lo correcto. Llegué hasta la cocina y busqué el cajón donde mis padres guardaban los ahorros. No era mucho, pero al menos esperaba que desde ese momento pudiese comenzar ayudar a mis padres a saldar aquella deuda que los tenía con la soga en el cuello.  Saqué de mi billetera el fajo de billetes que me había entregado el sujeto de las apuestas y luego de contarlos, guardé los 370 dólares junto con el resto del dinero y cerré el cajón. Oscar dijo que para haber sido mi primera pelea, me habían pagado muy bien, aunque debo aceptar que si Nina no hubiese apostado tanto dinero a mi favor, no habría conseguido tal cantidad de dinero.  *** Di tres golpes en la puerta de la habitación de Kendall, tras unos segundos la voz de ella resonó autorizando mi entrada. Abrí la puerta y una vez entré, la cerré a mis espaldas. Kendall terminaba de organizar sus maletas pero la tristeza en su rostro era imposible de ocultar, incluso sus párpados se hallaban hinchados y enrojecidos. La ayudé a terminar de guardar sus cosas, ambos en silencio, pues sabía perfectamente que ella no estaba de humor. Éramos mellizos, nuestra conexión iba más allá de la sangre, y aunque muchas personas no lo creyeran posible, nosotros éramos capaces de entendernos sin decir una palabra, tan solo con una mirada o el silencio total, era más que suficiente. Y la mirada de Kendall me lo decía todo, me pedía respuestas; ella era inteligente y sabía que yo andaba en algo raro.  —Si no me quieres contar, está bien. —señaló sin despegar sus ojos de mí— Pero te pido que tengas cuidado, Kevin. Sé que estás en algo peligroso y no sé porqué.  Agaché la mirada y pude sentirla acercarse. Sujetó una de mis manos y acarició los nudillos, percatándose de las abolladuras en ellos, luego tomándome del mentón me obligó a levantar el rostro. Su ceño se frunció cuando notó el pequeño corte en mi labio que estaba tratando de ocultar.  —Hace días que los del Instituto no te golpean… —Comentó analizando la situación y yo temí a su capacidad de deducción— ¿Con quien te peleaste? Suspiré intentando buscar las palabras o mejor dicho algo que justificara mis heridas. Pero todo era muy evidente.  —No quiero excusas, Kevin. Creo que ya tengo idea de qué se trata y sé el peligro que representa,  —se adelantó— Lo único que te pido es que no lo sigas haciendo. Eres mi hermano y sea como sea, yo… —Me envolvió en un abrazo y de repente su voz se quebró.— No quiero verte sufrir. Esa gente es realmente muy peligrosa.  —Kendall… — —Prométeme que saldrás de eso. Antes de que sea… Demasiado tarde  —Continuó y un nudo se me formó en la garganta.— Promételo, Kevin. —Kendall, no quiero prometerte algo que no voy a cumplir. —Dicho eso, correspondí a su abrazo. Aún sabiendo que probablemente se había enojado y aún sabiendo, aunque no quisiera admitirlo, que Kendall tenía razón.  La gente en el club era muy peligrosa, y estar con ellos significaba poner en peligro mi vida las 24 horas del día. Pero lo que ella no sabía era que aunque quisiera no podía salirme, pues ya estaba dentro, y romper mi contrato con Chicago sobre ruedas representaba traición.  Y para ellos la traición se pagaba con sangre.
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