Capítulo 9 Matrimonio se fue a la basura

1550 Words
P.O.V. Estéfano La veo irse; estoy tentando a seguirla, pero sus palabras están claras en mi mente y si ella no quiere dar de su parte para que esto funcione, no puedo obligarla. Pero ahora entiendo que por el camino que voy no me llevará a nada, pero quizá ahora que lo pienso, si cambio y logro ser un hombre distinto, quizá ella me acepte y me perdone por lo que le he hecho… Así que con una nueva motivación agarro un pedazo de manzana que había en la mesa y la meto a mi boca dándole un mordisco, degustando de su rico y dulce sabor… Entro de nuevo a la casa; subo las escaleras, parándome en la puerta de mi habitación, viendo directo hacia la habitación de mi esposa. Me acerco, agarro la perilla de la puerta, tentado de abrir la puerta, pero me detengo al recordar que me dijo: eres un violador. Me arrepiento de entrar y me adentro en mi habitación. Voy directo hacia el baño, dándome una ducha rápida, saliendo y vistiéndome con un pantalón oscuro y una camisa del mismo tono. Me veo en el espejo cerrando los botones de la camisa, mirando el enorme tatuaje que tengo en el pecho y que abarca gran parte de mi cuello. Lo miro con más detenimiento, percibiendo la cicatriz que rodea mi cuello y muevo la cabeza intentando olvidar ese momento… Agarro unas calcetas y me siento en la cama para ponerme mis zapatos. Pero al estar ahí, me doy cuenta de que mis sabanas huelen al perfume de Beatrice. Me acuesto sobre ellas, dándome cuenta de que si efectivamente huelen a ella, no sé si me la estoy imaginando o tal vez ella durmió en mi cama por error… Dejo de hacer eso y prosigo con lo que estaba. Salivo de mi habitación, bajo las escaleras y salgo de la casa. Mi chofer me abre la puerta y entro al Mercedes color blanco. Él entra al lado del piloto y me ve por el retrovisor esperando mi orden. —Vamos con mi padre —le digo y él solo asiente con la cabeza poniendo en marcha el vehículo. Minutos después hemos llegado a la casa de mis padres. Entro yendo directo hacia el despacho de mi padre. Lo veo sentado revisando unos papeles y me doy cuenta de que él está más viejo y no me había dado cuenta. Ahora me siento más feliz de lo que haré. —Hola, hijo, qué haces aquí, creí que estarías con tu esposa —habló mi padre y yo me acerqué más a él, sentándome frente a él. —Hola, papá, sí, pero estaba hablando con mi esposa sobre algo y es que ella me hizo cambiar de parecer —miento para que no descubra lo que ha pasado. —Así y ¿qué es? —indagó mi padre sorprendido por lo que he dicho. —Que tomará el cargo de que ya es momento y así puedas pasar más tiempo con mi madre —declaró intentando verme muy decidido. —Wow, nunca creí escuchar eso de tu parte, pero ahora veo que casarte no fue tan mala idea y si estás seguro será un placer dejarte a cargo —aceptó mi padre. —Gracias, papá —le agradezco y veo cómo se pone de pie. Hago lo mismo y nos damos un abrazo con una palmada en la espalda. —Ven, te pondré al tanto de todo —dijo mi padre enseñándome muchos documentos. Después de unas horas en la casa de mi padre, donde me explicó todo y donde les incomodo a cada uno de sus socios que ahora yo estaría a cargo, así que ahora voy de regreso a la casa con miles de documentos para ir tomando mis labores. Aunque mi padre me dijo que él estaría ayudándome hasta que aprenda, y así poder enfocarse en mi madre y su enfermedad. Ahora solo espero que esto pueda hacer que Beatrice. Llego a la casa entrando con todos mis documentos, pasando por la sala donde veo a mi esposa sentada mirando la televisión. Noto cómo ella me mira con una expresión extraña en el rostro, pero únicamente me ignora y continúo con mi camino hasta llegar a una habitación que uso como oficina. Ahora solamente espero que esto funcione. Además de que me comportaré muy atento con ella para que vea que me sigue interesando. P.O.V. Beatrice Han pasado varios días desde que he visto cómo esa bestia pasó con varios documentos. También mire cómo ha estado más ausente, y eso me agrada porque no tengo que verlo. Aunque cada vez que estoy cenando siempre llega él, mirándome de una manera muy extraña y preguntándome por mi día estando muy atento conmigo, no sé por qué siento que lo que está haciendo, está intentando que cambie de parecer al verse como un hombre responsable. Pero esta noche aclaré eso para que ni crea que me convencerá; yo ya estoy decidida y nada me hará cambiar de opinión. Lo odio con toda mi alma. Y como de costumbre, lo veo entrar al comedor interior, dejando su arma al lado de la mesa y unas hojas. —Buenas noches, Beatrice —me saluda y yo solo lo veo de mala gana. —Buenas noches — saludé en susurro. Noto que se sirve algo de comer, pero antes de que logre degustar su comida me armo de valor para empezar a hablar—. ¿Por qué haces esto? —Al escuchar mi pregunta, él me mira confundido. —¿De qué hablas? —¿De qué te veo como más atento en tu trabajo o lo que sea y llegas aquí como muy cariñoso conmigo? ¡Como si no te hubiera dejado claro nada! Como si quisieras impresionarme —le digo lo que he visto. —Puede ser que sí —dijo, y eso me causa malestar. —Creo que tengo de dejarte claro que nada de lo que hagas me hará cambiar de parecer. Entiende, este matrimonio ya se fue a la basura y por nada me harás cambiar de opinión —le dejo claro nuevamente—. Tan solo pensar en lo que me has hecho y cada noche que te veo. Miro tu apariencia; esos tatuajes tan horribles me hacen recordar el delincuente violador que eres. Lo miro con atención; él no dice nada; solo veo cómo aprieta la mano y la quijada. Tira su plato que cae al piso, rompiéndose en mil pedazos. Agarro su arma y el documento que está a su lado. Se acerca a mí, quedando a pocos centímetros de mi rostro; yo volteo a verlo, notando sus ojos grises y cómo una vena de su frente sobresale. —Intente que esto funcione, pero de ahora en adelante nunca más te molestaré —me dijo controlando su rabia—. Esperaba que cambiaras de parecer, que me dieras una oportunidad, que vieras que podría ser alguien bueno, pero ahora prefiero irme con una mujer que me complazca porque tú no llegas ni a eso. Al decirme eso se va y me pongo de pie furiosa. —¡A mí no me importa a dónde vayas o a dónde lo metas mientras no sea en mí! —le gritó, molesta; él se detiene dándose la vuelta y acercándose a mí con rapidez, tomándome del cuello. Y sentándome en la mesa mientras que ambos nos miramos con rabia… —Si yo quisiera, te haría mía en este instante y no podrías hacer nada y nadie en esta casa te ayudaría. Pero ya no me gusta, ya no tienen mi interés y no me provocas ni un poco —mencionó controlando su rabia, soltándome del cuello—. Y haz lo que quieras; ya no me interesa. Fue lo último que me dijo y se fue dejándome llena de rabia sentada sobre la mesa. P.O.V. Estéfano Salgo de la casa, sabiendo de nuevo al auto lleno de rabia y resentimiento con esa mujer. Ahora solo entiendo que me he visto como un tonto intentando que ella me acepte cosa que nunca hará. Así que dejaré que ella haga lo que quiera; yo también haré lo que me plazca; no me interesa nada de ella. También me arrepiento de tomar el mando, pero no me echaré para atrás, seguiré adelante y esto me servirá de ayuda para no pasar ningún momento en la casa y no verla. El vehículo se pone en marcha; mi chofer sabe a donde llevarme cuando estoy así de molesto y frustrado. Fue al mismo lugar donde fui cuando me peleé con ella. Después de unos minutos nos detenemos; levanto la vista viendo el letrero en rojo “Las diosas del placer” y bajo del vehículo, entrando al lugar que está inundado de humor, música, alcohol, hombres y miles de mujeres bellas de mí desnudas bailando. —Hola, señor Salazar —oigo una voz muy dulce; siento cómo tocan mi hombro y miro de reojo a una pelirroja semidesnuda. —Hola, linda —la saludo—. ¿Estás libre? —Claro que sí —me toma de la mano y caminamos por el sitio, subimos las escaleras y entramos a una habitación donde ella se lanza de inmediato besándome…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD