Marina se encontró con Enrique en una cafetería cercana a la escuela de su hija, habían quedado en verse allí, cuando él, sin olvidar su promesa, la había llamado para cumplirla. Marina olvidando el incidente del día anterior, le concedió el beneficio de la duda por lo bien que se había portado antes de ese día. —¡Hola!—la saludó con un beso en los labios. Marina no lo esperaba y no pudo reaccionar, desde que habían hablado de sus dudas no había habido ni besos, ni caricias, hasta anoche, recordó. —Son para ti.—le dijo él entregándole un ramo de flores. —¡Vaya!, ¡gracias!, no hacía falta que me regales nada. —Quiero hacerlo, ¿entramos?—le preguntó señalando a la entrada de la cafetería. Ella asintió y paso delante de él al empujarla con delicadeza por la espalda, pidieron unos cafés

