Enrique miraba a Marina trabajar, hacía mucho que no se sentía así, obsesionado, reconoció para si mismo, soñaba con ella, dormido y despierto, esa mujer había despertado un deseo en él que llevaba mucho dormido, deseaba verla, tocarla y volver a tenerla en su cama, cada vez se habían visto menos desde que le confesó que tenía dudas, y el temió perderla, decidido a solucionar eso optó por esperarla en su trabajo, mientras tanto alimentaria el gusanito de admirarla desde su mesa. Pidió tres cafés o cuatro, dejando siempre una propina por pasar tanto tiempo allí, así nadie se molestaría, Marina no le sirvió casi todos, otra camarera le llevó un par de cafés, le pareció curioso como lo miraba ella, con desconfianza, cuando ni siquiera lo conocía. Vio como limpiaban y reponían las cámaras de

