Zyean estaba con el pecho muy agitado, se levanto a prisa del suelo y observo todo a su alrededor, después corrió a la habitación donde Adad seguía dormida, sin pensarlo la tomó de los hombros para despertarla sin ser muy brusco.
— Despierta, Adad — la llamaba y ella despertó de inmediato asustada.
— ¿Qué sucede? — pregunto posando las manos en los antebrazos del Dios — ¿Hay problemas?
— Quiero que me escuches de forma atenta, yo… he tenido unos malos sueños y tengo miedo de que algo nos pase, en especial a ti — confeso y sin pensarlo la atrajo a su pecho—, se que dije que iba a devolverte la vista y no quiero que pienses que no hablaba en serio con ese tema, pero quería esperar un poco más, mas ahora creo no tener opción porque debo protegerte…protegerlos.
— ¿Protegernos? D... De que habla, no entiendo nada de lo que esta diciendo y me está asustando un poco.
— Solo confía en mi
El pelinegro puso la mano derecha sobre los ojos de Adad, ella no sabia bien que era lo que ocurría pero confió en su Dios, aun cuando su corazón latía como loco ante la incertidumbre, después sintió como si cruzara por sus ojos un fuerte rayo que le hizo cerrar los ojos con fuerza, más cuando los abrió un nuevo panorama se presentaba ante ellos, todo era borroso pero conforme la imagen se aclaro pudo verlo frente a ella, Zyean había sido precavido, su corona estaba puesta por lo que no podía verle el rostro completamente, la mujer no dijo nada inicialmente cuando finalmente aprecio la imagen clara del Dios.
— ¿Por qué lleva la corona puesta? — pregunto extendiendo sus manos al rostro ajeno—, yo conozco su rostro ya no tiene que ocultarlo.
— Es la costumbre — confeso el Dios apartando la corona para dejarla ver su rostro marcado.
— Me siento tan poca cosa en comparación con su belleza— acaricio su rostro con sumo cuidado.
— No digas eso, eres perfecta para mí.
Zyean la abrazo contra su pecho antes de besarle los cabellos, volvía a sentir el corazón iluminado, el sentimiento era demasiado grande y no parecía molestarle más, pero cuando recordó su terrible visión fue que tuvo que separarse de los brazos de su mujer.
— Tengo que ir en busca de mi hermano, así que debes quedarte aquí por dos días mientras vuelvo, te será más fácil ahora que tus ojos han recuperado su visión, pero quiero que me prometas algo.
— Lo que sea — aseguro ella tomándole las manos.
— Si escuchas a alguien llamándote no lo sigas, sea quien sea, debo protegerte, ahí afuera hay personas malas y también hay Dioses con malas intenciones.
— ¿Dioses?
— Si, ven, toma asiento — la guio a tomar asiento cerca—, todas las mujeres conocen los cuentos sobre los Dioses malvados, eran terribles hombres que tenían el mundo encadenado, gustaban de robar mujeres porque la idea de crear semidioses se encerró en sus corazones, querían poblar la tierra con seres invencibles que pudieran gobernar mientras ellos descasaban en los cielos, mi padre era el mas temible de todos ellos— Adad escuchaba atenta su relato—, antes de que los reinos se dividieran existía un solo reino, las criaturas que lo poblaron se alzaron en guerra contra los Dioses, iban liderados por mi madre y las demás deidades que se oponían a las ideas de mi padre, muchos murieron incluyendo Dioses, mi padre sobrevivió pero para contener su maldad, mi madre lo encerró en el cielo, pero me temo…que podría liberarse pronto y si eso pasa vendrá por ti.
— ¿Por qué por mí? — pregunto con temor.
— Porque en tu vientre se gesta nuestro hijo — el Dios coloco la mano en el vientre de la mujer—, en miles de años no ha existido mujer capaz de gestar el hijo de un Dios, la última había muerto en la guerra de las tormentas de arena, pero he visto a nuestro hijo gestándose en ti, por eso debo protegerte ante cualquier entidad, incluso de mis propios padres.
— Te juro por lo que mas amo en este mundo que no saldré de aquí mientras estas fuera — ella hablo segura tomándole el rostro entre sus manos—, hare todo lo que me pidas.
— Tan solo aguarda aquí, debo advertir a mi hermano, te juro que volveré lo más rápido posible.
Se besaron por un largo tiempo hasta que Zyean se separó y salió del templo volando al encuentro con su hermano, miro al cielo que estaba despejado pronto iba a oscurecer, por eso noto la estrella mas brillante, esa que albergaba a su enfurecido padre, si se apagaba todos estarían en un gran peligro.
En el reino del norte, Zehres había percibido una preocupación de parte de su gemelo, pero no había querido preocuparse él también debido a que estaba cabalgando junto a su amada Nyra, así que cuando volteo a verla sonrió tan solo por verla, habían pasado el día juntos, pero era hora de volver, al ingresar al palacio, uno de los guardias le dijo que los reyes solicitaban su presencia en una audiencia privada junto con otros caballeros, extrañado el ojiazul los siguió hasta la sala donde comúnmente se reunía el consejo del rey, ahí dentro estaban los padres de la princesa en compañía de Armand, así como de otros caballeros, reconoció al príncipe Dorian y al Rey Noah.
— Sus majestades — inclino la cabeza en reverencia ante los monarcas.
— Nos alegra que pudiera asistir, Sir Zehres — inicio Elarimil—, debe preguntarse a que se debe la reunión.
— Sinceramente si, su alteza.
— Mi esposo y yo hemos decidido reunir a los caballeros que han mostrado sus deseos de comprometerse con mi hija la princesa Nyra — continuo la reina—, después de haberlo hablado en el consejo real y como padre de la princesa, llegamos a una elección de consorte para ella.
— Observamos el apego de la princesa por usted…Sir Zehres— dijo ahora Keith—, no ha sido ignorado que mi hija tiene un sentimiento especial por usted, por esa misma razón hemos decidido ofrecer la mano de nuestra hija a usted.
— Me siento sumamente honrado, sus majestades.
Los demás caballeros no ocultaron la sorpresa, en Armand se instalo la furia cuando no fue elegido como el esposo de la princesa, así que sus ojos se clavaron en sus hermanos que estaban expectantes de que fuera a causar alguna escena, mas no fue así, sin decir palabra alguna se retiro de la sala dando un portazo, los demás caballeros observaron en silencio, no podían ser tan imprudentes frente a los monarcas.
— Mas habrá una serie de consideraciones a tomar antes de seguir con el compromiso, la primera de ellas es que mi hija no ha de abandonar su reino— Keith llevo sus ojos a los demás caballeros— pueden retirarse, caballeros.
Con solo una inclinación de cabeza, los demás hombres abandonaron la sala, quedando así solo los reyes, el hermano de Elarimil y Noah.
— Ya puedes dejar de aparentar ser un mortal — dijo Elarimil.
— Solo porque mi reina lo pide — exclamo sonriente el Dios.
Se mostro en su forma natural sorprendiendo a Noah mayormente que no había visto a un Dios antes, mas no emitió palabra alguna solo mantuvo su expresión de sorpresa.
— ¿Por qué me eligieron? Siendo honesto pensé que sería su última opción — confeso Zehres.
— Mi hija se enamoró, me di cuenta — expreso Keith— y lo que mas queremos es su felicidad.
— Aunque también hubo motivos después de los últimos actos de parte de mi hermano, Armand no se tomo bien el rechazo — añadió Dorian en lugar de su hermana—, pensamos que ella estará más segura contigo.
— Eso es verdad, jamás le he faltado al respeto a Nyra — declaro el Dios.
— Y necesitamos tu ayuda — dijo ahora Noah—, han ocurrido ataques en las fronteras de la costa, mi reino y el de mi prima están unidos por esas fronteras, estos ataques nos afectan a los dos reinos, han avistado piratas y bueno, controlas el mar.
— Ah, quieren que acabe con ellos, me siento un poco usado ahora, pero lo haré.
Casi continuaba cuando un guardia entro rápidamente, apenas dando tiempo de que Zehres volviera su forma mortal, anunciaba que el gemelo de Zehres pedía urgentemente la presencia de su hermano, ya que se encontraba herido de una flecha en la pierna, el solicitado salió con gran prisa sin poder continuar con la conversación, su hermano jamás se habría herido sin razón, debía ser algo muy importante si recurrió a esos métodos.
El guardia lo llevo a la habitación donde los sanadores limpiaban la herida del pelinegro.
— Hermano mío — Zyean extendió la mano a él.
— ¿Qué sucedió? — Zehres estaba genuinamente preocupado y tomo de inmediato su mano.
— Las barreras se están rompiendo, fui cegado por el sol, como si estuviera sobre mí, sus ojos flameantes, está liberándose y ellas están en peligro, ellas fueron bendecidas por la madre tierra — pronuncio de forma que el sanador no supiera de que hablaba, pero su gemelo si, fue entonces que Zehres comprendió la magnitud del mensaje, observaba incrédulo al pelinegro, pero se dio cuenta de que no mentía en lo absoluto.
— Por favor déjennos solos — pidió al sanador que se retiro junto con los demás.
— Lo vi en una profecía, mi Adad, ella estaba ahí, espera un hijo mío, tengo que protegerlos, Zehres, ella lloraba y tu amada estaba ahí también, si él se entera, si las siente va a crear una guerra de nuevo, reclutara dioses, mortales…
— El maldito clan…esos malditos lobos viejos serian los primeros en unirse, odian el nuevo reino del norte y harían lo que fuera por dominar los reinos— Zehres se mordió el labio del enojo—, debo decírselo a los padres de Nyra, tengo que protegerlos.
— Adad esta en el templo, pero no es seguro para ella, nuestra madre no tardara en sentir el corazón de mi hijo, necesito esconderla de sus ojos.
— Hablare con los reyes, justo ahora que me han pedido ocuparme de los piratas de las fronteras.
— Piénsalo, no es coincidencia que estén tan cerca los piratas, es él, con alguien está comunicándose para reunir aliados, si los ancianos están involucrados, deben tener a alguien detras ayudándoles.
— Las únicas personas con la habilidad de comunicarse con los Dioses exiliados son brujas antiguas o…
— Sigue vivo — completo la frase, Zyean—, él sigue vivo.
— Tenemos que encontrarlo antes de que lo liberen, si lo hace todos estaremos en peligro.
— Tenemos que reducir las flotas enemigas, pero prométeme que ellos recibirán a Adad en este palacio, aquí estará mas segura.
— Tenlo por hecho.
Zehres abrazo a su gemelo y le beso la frente, no sabia que hacer, pero lo primero lo primero, llamo a sus futuros suegros, les relato el cuento de la primera guerra en el mundo, como su padre intento hacerse de un ejercito de semidioses, como era posible que se liberara y lo intentara de nuevo, al inicio los padres de Nyra no creían lo que escuchaban pero después todo se volvió mas claro, asi que tenían que ser rapidos, varios cuervos salieron del norte llamando a los reyes de todos los reinos, los elfos y vampiros debian reunirse con los reyes de los lobos y el rey de las brujas.
— ¿Por qué tantos cuervos? — pregunto Armand al ver salir a las aves con prisa.
— Debe ser por el problema en las costas — contesto Aelon.
— No te distraigas, debes seguir entrenando — lo reprendio el vampiro cuando al llevar sus ojos al frente vio pasar a una de las hijas de su hermano Dorian, tenia el cabello blanco igual que Nyra, mas los ojos oscuros sello de los Phoenix.
— Tio Armand — lo llamo el pequeño Keith— ¿Estoy bien asi? — le mostraba su postura.
— Si, asi estas bien, deben golpear a los costados si quieren infligir daño a su enemigo, vamos golpeen con fuerza.
Armand sabia que su hermano Dorian había sido primordial en la decisión de su melliza a la hora de buscar esposo para Nyra, no le había perdonado lo que observo en la biblioteca aquel día y era por culpa de Dorian que no había sido elegido como esposo de la princesa, ahora tenia ganas de vengarse de su propio hermano al arrebatarle a su amada Nyra.
Y lo haría tomando a una de sus preciadas hijas.