El día siguiente después del torneo, la única hija de los reyes se encontraba en su habitación siendo peinada por sus mucamas, había estado muy pensativa desde que despertó, la indecisión por los dos hombres que se encontraban presentes en su vida la hacia preocuparse mas de lo debido, no quería hacer sufrir a nadie, pero estaba consciente de que eso sería imposible, no puede mantenerse a todos complacidos y su hermano tenía razón al final de cuentas, era a ella misma a quien debía hacer mas feliz que a cualquier otra persona.
Cuando termino de arreglarse salió de su habitación para ir a sus lecciones de magia, normalmente era su madre quien le daba sus lecciones, pero debido a que estaba mas ocupada de lo usual junto a su padre era su tío Dorian quien se encargaba de enseñarle, llego con anticipación, su tío aun no llegaba.
Tomo asiento esperando con calma, pero Armand apareció, su encuentro no era nada casual, había estado esperando verla esa mañana.
— Sabía que estarías aquí — dijo acercándose sonriente.
— No puedo decir lo mismo ¿Buscabas a mi tío Dorian? Me temo que aun no llega — se puso de pie como saludo—, no siempre es puntual debo admitir — confeso con una ligera sonrisa.
— No, no vengo en busca de Dorian, venia a verte a ti — el vampiro extendió la mano en seña de que tomaran asiento juntos—, quería verte.
— Oh, esta bien — se sentó de inmediato.
— Tenia ganas de informarte que pasare un largo tiempo en el palacio, mi hermana me ha pedido que me quede, tal parece que quiere que ayude en el entramiento de los hijos de Dorian y de su hijo menor.
— ¿Aelon? — pregunto ella
— Y del pequeño Keith, ha mostrado su deseo de empezar a entrenarse mas con la espada y bueno, Dorian algunas veces esta ocupado así que me alegrara ayudar a mis sobrinos — su mano se acerco un poco a la de la princesa que reacia acepto el contacto—, eso quiere decir que nos veremos mas seguido, no he desistido de lo que te dije, quiero recuperar tu amor, se que tengo la oportunidad, aunque no puedas asegurármelo, nosotros nacimos para estar juntos, no hay otra mujer para mí, solo tú, mi Nyra.
— Como lo dije ayer…— suavemente aparto su mano después de unos segundos—, nada esta decidido y no quiero asegurar nada, ha pasado el tiempo y ambos cambiamos, no me quiero aferrar de nuevo a esas promesas, no es la primera vez que las escucho, antes me dijiste eso también, me juraste que no me dejarías sola.
La pacifica princesa se molesto ante las palabras que recién había dicho el vampiro, se levanto sintiendo un nuevo sentimiento acogerse en su pecho, ella que siempre había jurado jamás sentir la molestia la estaba experimentando en ese momento a niveles desconocidos, sus manos nerviosas se paseaban sobre su propio abdomen llegando a arrugar las telas de su vestido con este ansioso acto.
— Me sentí estúpida cuando no volviste ¿Sabes? — sintió los ojos torpemente humedecidos—, prometiste que solo serian dos meses, pero se volvieron años ¡Años! La ultima vez que te vi fue cuando cumplía 16 lunas, después de eso no volviste más, solo había cartas cada cuanto hasta que eso disminuyo ¿En serio esperabas que me quedara junto a la ventana esperando? Eso es egoísta de tu parte.
— Nyra…ya se que fue mi culpa, fui un idiota, pero debes entenderme — se levanto por igual tomando sus manos para parar esa acción ansiosa de la princesa—
— ¿Y a mi quien me entendió? — lo encaro mirándolo a los ojos—, tenía dieciséis lunas Armand y te creí.
— Déjame enseñarte que no volveré a abandonarte, solo dame esa oportunidad.
Antes de esperar respuesta alguna de parte de ella, el vampiro se atrevió a romper el espacio robándole un beso a la princesa, un beso que siempre anhelo el mayor, aunque no se sintió como deseaba pues los labios suaves de Nyra no se movieron, aquel sabor dulce no lo pudo sentir por mucho ya que el salado de las lagrimas se interpuso entre ellos, después de eso ella se apartó abruptamente justo cuando Dorian aparecía en el salón.
— Discúlpame tío, no me siento bien hoy, tendremos que posponer la clase — dijo escapando del lugar.
Armand iba con la intención de seguirlo más Dorian lo tomo del brazo con fuerza, algo que el pelinegro no se esperó, llevo la mirada molesta hacia su hermano mayor que no se inmuto ante ese gesto tan infantil, en vez de eso lo lanzo hacia el sofá, cerró la puerta dándole el espacio a su sobrina que claramente deseaba.
— Espero que tengas una muy buena excusa de porque estabas besando a la fuerza a Nyra — dijo Dorian rompiendo el silencio.
— Es mi prometida, puedo besarla — se excusó Armand.
— Hasta donde tengo entendido ese compromiso no ha sido formalizado, solo fue una posibilidad cuando tú y Nyra eran mas jóvenes, ella ya es una mujer, parece ser que ya es capaz de elegir con quien casarse y tu mi querido pero estúpido hermano, no pareces ser más su primera opción.
— Ella va a elegirme — en los rojizos ojos del vampiro se podía ver la desesperación—, no voy a perderla.
— ¿Y qué? ¿Planeas obligarla?
— Se que esto es mi culpa, yo y solo yo tengo la culpa, pero se que solo esta confundida por culpa de ese maldito marinero, solo tiene que darse cuenta de que tiene que estar conmigo.
— El corazón de las mujeres algunas veces es voluble, pero en el caso de Nyra no parece ser así y si al final de todos tus esfuerzos sigues sin nada a tu favor espero que seas lo suficientemente hombre para aceptar la derrota.
— No se si seré capaz…— agacho la vista cuando sus ojos se sintieron húmedos—, la amo demasiado y saber que yo provoque esto me está matando…
— ¿Qué paso en esos años? Dejaste de escribirle, simplemente desapareciste ¿Cuál fue la razón?
— Simplemente me entretenía en otras cosas — respondió con simpleza—, hay muchas cosas que ver en las costas libres.
— ¡Ah! Creo que se a que te refieres, te olvidaste de la mujer que amas por estar muy ocupado entre las piernas de otras doncellas, eres increíble — Dorian se mostro claramente molesto por saber eso.
— Soy un hombre, Dorian, ¿Me dirás que jamás lo hiciste?
— Claro que lo hice, antes de estar con mi esposa, después de conocerla no lo volví a hacer más y ahora tengo un perfecto matrimonio con ella, prueba de ello son mis hijos.
— Y tus bastardos — escupió Armand y Dorian le lanzo una dura mirada.
— Ten cuidado con tus palabras, Armand, puedo olvidar que eres mi hermano — se puso de pie cuando su buen humor fue aniquilado—, ve a tu trabajo y cuidado con hacer comentarios ofensivos hacia mis hijos, podría costarte caro.
No dejo al chico responder, se retiro abruptamente de la sala dejándolo solo, afuera en los balcones durante todo ese tiempo había estado un discreto dios escuchando cada palabra que se dijo dentro, su interior ardía y tenia muchas ganas de aniquilar él mismo a ese vampiro por haberse atrevido a lastimar a su amada, pero tuvo que retener sus instintos cuando sintió que ella lo necesitaba así que a velocidad fugaz llego a la fuente donde se metió en el agua esperando por ella, podía escuchar sus pasos y sus lágrimas, así que cuando por fin llego a su lugar secreto, se alzo en el agua formando corrientes con sus manos que se acercaron a ella acunando su rostro con dulzura, ella no se sentó en la fuente esta vez, si no que entro al agua donde se sentó a llorar posando sus manos en las corrientes que le sostenían.
— ¿Te hizo daño? — pregunto él abrazándola hacia su pecho.
— Me beso a la fuerza, dijo cosas que ya no quiero escuchar — comenzó a decirle—, yo lo quise mucho, más de lo que debía…
— Eras joven, era normal que te enamoraras tanto — contesto—, te hizo sufrir, puedo sentirlo, tu corazón duele.
— Pensé que lo había superado por completo, yo…yo me sentí tan tonta, esperando cuando el tiempo que él me juro paso, luego me di cuenta de que no iba a volver, que había sido mentira…luego paso un mes y otro y otro…pensé tontamente que cuando fuera mi cumpleaños llegaría, pero no fue así, solo llego una carta corta y tan fría.
— Yo siempre desee estar en tus cumpleaños — confeso el Dios—, cada año hacia regalos con mis manos para ti, pero no podía acercarme, no era el momento correcto todavía.
— ¿Lo hacías? — pregunto ella entre su llanto a lo que Zehres afirmo.
— ¿Cómo podría dejar pasar tan importante fecha? Aun en tu ausencia lo celebraba en el mar, no podía hacer mucho, pero te mandaba brisas frescas esas fechas, bueno…con un poco de ayuda de mi hermano, pero lo hacía.
— Sabia que no estaba loca, siempre le dije a mis padres que cuando era mi cumpleaños siempre sentía la brisa en mi rostro como si estuviera en el mar…— sonrió un poco entre las lágrimas—, ellos decían que era mi imaginación.
— Ahora sabes que era verdad, siempre he estado contigo, tal vez no físicamente pero siempre he estado ahí, he velado por ti.
— Gracias por llegar en el momento justo — sus palabras confundieron un poco al Dios y estuvo a punto de preguntar porque decía que en el momento justo pero ella lo beso de manera tierna callando todo lo que hubiese podido decir.
Su beso era lento, tierno, ella colocaba sus manos en las mejillas del varón que encantado recibía los besos de su princesa, aun sabia un poco salado por las lagrimas restantes que murieron en los labios de Nyra, pero eso no le importo, aun así podía sentir el dulce de sus labios suaves, la unión de sus labios se mantuvo por largos segundos hasta que lentamente se separaron, no dijeron nada y tampoco era necesario decir algo, ella busco cobijo en sus brazos, algo que Zehres no le negó para nada, incluso para terminar completamente con su tristeza le regalo varias burbujas de agua que robaron sonrisas de ella, las dejaba posarse en sus manos, la chica feliz las sostenía antes de dejarlas flotar a su alrededor, él amaba verla sonreír, era su perla mas preciada y no había nada que no hiciera por ella.
Su corazón se sentía cálido, muy cálido, era como una luz que se encendía dentro de su pecho y esa luz no solo podía sentirla Zehres, kilómetros lejos de ahí el corazón de su gemelo se encendía por igual, podía sentir la felicidad de su hermano a través de su lazo, se levanto para caminar al espejo mas cercano, observo su pecho desnudo y lo miro por fin, ahí estaba esa luz, su corazón estaba encendiéndose por igual, lo toco un poco sobre su piel, era algo extraño, nunca había aparecido la luz en su corazón, no entendía si era solo por la felicidad de su gemelo pero volteo a su cama donde dormía su amante, tan solo la cubría una delicada sabana de seda, la dejo dormir y él se dirigió a otra habitación para poder desplegar sobre una mesa un tablero peculiar.
Una de las fuertes habilidades de los gemelos era la adivinación, a diferencia de otros dioses ellos podían ver el pasado, presente y futuro de quienes ellos quisieran, mas no solían hacerlo mucho pues había sido un don codiciado por muchos Dioses con malas intenciones, entre ellos su padre y su madre en un enorme intento por protegerlos decidió prohibirles usar su don, pero a veces ellos rompían su juramento, en esta ocasión era Zyean quien lo estaba rompiendo porque quería proteger su corazón, si empezaba a encenderse por Adad quería estar seguro de que no iba a traicionarlo, así fue que coloco velas y todo lo necesario en el tablero, después respiro hondo cerrando sus ojos para extender las manos en el tablero, comenzó a cantar bajito invocando una neblina que cubrió el suelo, después ante él apareció lo que quería ver.
Adad estaba de pie en medio del prado, ella sujetaba feliz un creciente vientre de embarazo, volteaba a verlo y sus ojos ya no tenían la neblina, podía ver su color, eran de un verde hermoso, le sonreía, eso calmo su corazón, pero de repente todo se volvió n***o a su alrededor, Adad gritaba pero había otra voz, una voz femenina que también gritaba, la reconoció era de Nyra, ellas gritaban pidiendo ayuda, entonces la escena se volvió mas visible ante sus ojos, ellas tenían cadenas doradas en sus pies, lloraban abrazándose entre sí, luego sobre ellas pudo ver unos penetrantes ojos flameantes, pero eso no fue lo que erizo su piel, fue lo siguiente:
— Han nacido las elegidas…
Y esa voz no pertenecía a otro mas que a su propio padre; salió expulsado de la visión cayendo al suelo, estaba perlado del sudor, en su pecho se acogió un temor indescriptible.
Tenia que avisarle a su hermano de prisa, su padre había salido de su cárcel.