Einar estuvo a punto de ponerse en pie para evitar el golpe que el vampiro estaba por dar al Dios, mas no se espero que el ajeno lo esquivara con suma facilidad dejándolo así en ridículo por segunda vez en el torneo, las damas exclamaron ante la sorpresa, no imaginaron las habilidades del caballero nuevo quien no tuvo necesidad de sacar su espada puesto que esquivaba cada golpe que el otro trataba de dar.
— Caballero, es usted un mal perdedor — dijo Zehres al furioso vampiro que dejo caer su espada visiblemente agotado.
— Estoy seguro de que has hecho trampa — jadeaba el pelinegro
— Me temo que no es así, he ganado justamente y como lo he hecho, sus altezas han de premiarme — llevo la vista ahora a los reyes.
— Es verdad, Sir Zehres Rivers es el ganador — aseguro la reina poniéndose de pie—, lo felicito ampliamente.
Armand llevo la mirada a Nyra que tan solo observaba a Zehres, de nuevo, la colera se había instalado en su pecho, puesto que no le fue difícil adivinar que nuevos sentimientos habían nacido en la princesa y ya no eran para él, ahora eran para ese misterioso hombre de cabello bicolor, se sentía traicionado, Nyra le pertenecía, todos lo sabían, su amor había nacido en la juventud ¿Por qué lo negaba ahora? Era su deber esperarlo, por lo que no iba a renunciar fácilmente a sus deseos mas profundos, si en ese momento lo quisiera, podría pedir la mano de ella, sus padres jamás se negarían, su hermana jamás le negaría ese honor, más tenía que guardar las apariencias después de su desastroso actuar, así que se colocó firme detrás del marinero y tan solo inclino la cabeza como una señal de respeto ante el ganador.
— Por ser ganador a Sir Zehres se le otorgara el honorable título de conde, dándole así un espacio dentro de la nobleza del norte — acompaño Keith a lo iniciado por su esposa—, así mismo se le cumplirá lo que desee.
— Mis honorables altezas, me siento increíblemente honrado con sus palabras — el Dios se inclinó un poco—, y mi único deseo es poder otorgar ese premio a la princesa Nyra, pido por favor que sea a ella a quien cumplan el deseo.
— ¿Qué? — no pudo evitar exclamar Keith volviendo la vista a su hija.
— Yo ya se lo que deseo — se apresuró a decir Nyra sonriendo al ponerse de pie—, quiero conocer el mar.
Con esas palabras, Einar tuvo que ahogar la risa, Aelon no comprendió bien y los padres de los príncipes quedaron atónitos, no esperaban que todo eso ocurriera, incluso llegaron a pensar que el deseo de ese molesto Dios seria la mano de su hija, mas quedaron perplejos ante la petición, no había manera ahora de poderse negar, ellos daban su palabra de cumplir el deseo y no existía norma alguna que pudiera privar a Zheres de hacer lo que hizo, no tenían más opción, cumplirían el largo deseo de su hija, mas no lo harían tan fácil para el Dios.
— Cumpliremos su demanda, conde Rivers — Keith hablo entre dientes—, mas mi hija no viajara sola a las costas, su guardia ha de acompañarla, así como sus hermanos.
— ¿un viaje familiar? — pregunto con ilusión Nyra.
— Si, así será — Elarimil peino un mechón de los platinados cabellos de su hija.
— ¡Que emoción! — a pesar de todo la princesa estaba feliz.
Olvido todo protocolo de comportamiento y abrazo con fuerza a sus padres que no tuvieron mas remedio que ceder, más Keith no dejo de ver a Zehres que sonreía con una gran amplitud demostrando así lo mucho que había ganado.
Después del revuelo del torneo, hubo espectáculos, así como bailes para entretener a los nobles que estaban comiendo en carpas instaladas para ellos, la mesa mas larga era para los monarcas y sus hijos que se encontraban acompañados de sus prometidas, Nyra por su parte no permitió que Armand se sentara cerca suyo, mas no pudo evitarlo por siempre, ya que en un momento en que ella se alejo para poder conversar con otros nobles fue interceptada por el vampiro.
— ¿Me permitiría unas palabras con la princesa? — pidió amable al noble que estaba con ella, este accedió dejándolos solos.
— ¿Qué deseas decirme?
— Fui inapropiado anoche — comenzó el vampiro—, me sobre limite, no debí decir lo que dije, lo siento, Nyra, es solo que…me sentí celoso, me di cuenta como lo mirabas y no lo pude evitar…nunca he dejado de estar enamorado de ti y tengo miedo de perderte...
— No puedes perder lo que nunca has tenido, Armand — contesto directa la princesa—, no negare que si hubo un amor, pero ahora mismo no puedo asegurar que aun exista, fue tanto tiempo, solo te veía una vez al año por dos días…
— Lo sé, sé que tuve culpa en todo, pero por favor, por favor dime que aún tengo una oportunidad.
— No lo se — bajo un poco la mirada — honestamente no lo sé…
— Entonces déjame volver a enamorarte, lo hice una vez, puedo hacerlo de nuevo, no hay nada que no haría por ti, al menos concédeme eso…
Se miraron a los ojos un momento, ella no sabia que decirle, si le daba la oportunidad era como si traicionara sus palabras a Zehres, pero los rojizos ojos la contemplaban con suplica, con una enorme necesidad, pero aun con todo esto no fue capaz de pronunciar palabra alguna, tan solo permitió que la tomara de la mano, con ello el vampiro parecido obtener una respuesta positiva aunque no hubiese sido así, la princesa aparto el tacto luego de unos segundos para retirarse en cuanto escucho a uno de sus hermanos llamarla, Aelon había presentido que su hermana necesitaba de su ayuda así que por eso la llamo.
— ¿Esta todo bien? — pregunto cuando llego a él.
— No…estoy muy confundida con todo…
— Ya no lo amas ¿Cierto?
— Creo que no y creo que deje de hacerlo antes de que Zehres apareciera, pero no quiero lastimarlo, él ha estado conmigo tantos años…bueno…a su manera— tomo asiento bajo un árbol junto a su hermano—, espero que eso jamás te pase, espero que siempre mantengas el mismo amor por Carlin, es horrible sentirse de esta manera porque es como estar encerrado dentro de un laberinto sin fin.
— Si tiene fin, Nyra — su hermano tomo sus manos—, solo debes ser sincera contigo misma, no importa nadie mas que tu misma, debes pensar y velar por tu felicidad, que no importe lo que digan nuestros padres, la nobleza, la familia, incluso nosotros como tus hermanos, debes pensar siempre en ti.
— Te has vuelto tan sabio — sonrió a su hermano—
— Y no por la pócima del tío Dorian, es solo que a diferencia de ustedes yo busque instruirme en otras cosas, todos tenemos nuestros talentos y tal vez este sea el mío.
— Serias un buen rey ¿Sabes?
— Tu y yo sabemos que el heredero es Einar
— Einar siempre ha estado destinado a otras cosas, tal vez su destino sea ser rey, pero no del norte — alzo los hombros—, incluso él mismo lo ha dicho, no es esto lo que siente que le corresponde…
— ¿Y tú? ¿Jamás has pensado en ser reina? — Nyra negó a su pregunta.
— No, nunca, el trono no es mi deseo.
— ¿Cuál es tu deseo? — pregunto con sumo interés.
— Ser una con el mar — dijo ella de pronto—, mi lugar es ahí.
No muy conforme con la respuesta de su hermana, Aelon la dejo ir para que siguiera disfrutando de la música, era bien conocido que ella tenia un amor especial por las costas, mas nunca había entendido porque sus padres le habían negado el poder ir al mar, se quedo pensativo, mas luego alzo la vista cuando la noto bailar con ese marinero que la seguía a todos lados, lo observo a detalle, ese brillo en los ojos del hombre aparecía solo cuando estaba en compañía de Nyra, no le causo desconfianza, pero pensaba que debía ser obra del destino que llegara a sus vidas, alguien que nació en el mar a la vida de su amada hermana, tal vez tenía razón y pertenecía al agua.
Lejos de las festividades del reino en las montañas, Zyean arribaba a su templo, había hecho de su camino uno mas largo de lo habitual para darle tiempo a la chica ciega de huir si es que lo hacía; al llegar contemplo la entrada, todo parecía muy silencioso, suspiro pesado creyendo que otra vez había sido abandonado, así que camino con calma al interior, mas su sorpresa fue grande cuando escucho una voz femenina, la siguió para encontrarse con ella, su ahora esposa estaba sentada en el suelo recibiendo el cálido aire en el jardín, sus manos estaban acariciando un conejo que se instaló en su regazo.
— Pensé que habrías huido — con estas palabras saco a la mujer de sus pensamientos.
— No lo escuche llegar — dejo de lado al animal para ponerse de pie — ¿Por qué habría de huir?
— Las mortales huyen — contesto con cierto rencor en sus palabras—, son muy buenas en eso.
— No puede meternos a todas en la misma canasta — ella sonrió—, yo no voy a huir, me gusta estar aquí, esperando por usted, aunque siendo sincera tenia miedo de que hubiera sido usted el que escapara.
— ¿Por qué…?
— Bueno, debe ser cansado cuidar de una ciega — emitió una risa ligera—, se que usted es un Dios…
— ¿Cómo lo supiste?
— Soy ciega, no tonta, señor — dio un par de pasos al hombre guiada por su aroma—
— ¿Y eso no te da miedo? — Zyean se mordió un poco el labio.
— No, los Dioses son misericordiosos, además nunca podre olvidar que usted me salvo, así que hasta que usted se canse de mí, yo seguiré aquí.
— ¿Y si nunca me canso?
— Entonces nunca me iré — una mano fue extendida.
Zyean dudo tomar la mano, mas ella esperaba sonriente, así que sujeto entre la suya la ajena, se acerco lo restante para poder abrazarla contra su pecho, algo dentro de si le hacia sentir un calor que pensaba jamás volvería a sentir, pero sus propios temores ganaban porque no podía olvidar cuanto había sufrido por una mujer, sin embargo, existía algo en Adad que lo hacía ceder un poco.
— Adad…— pronuncio su nombre.
— ¿Si mi señor? — pregunto ella alzando su rostro.
— Quiero hacerte mía — dijo él casi en un susurro.
Hasta ese momento, Zyean había evitado tocarla en la intimidad, no por falta de deseos, si no porque no lo sentía como algo correcto, aun cuando ella se había entregado fácilmente, mas en ese momento olvido todo, quería poseerla de todas formas, algo a lo que Adad no se negó, puesto que se aparto apenas del abrazo para quedar de pie frente al Dios, luego condujo sus manos a los nudos de su ligero vestido, con calma lo desato dejándolo caer por sus hombros quedando completamente desnuda ante los ojos del pelinegro.
Su cuerpo era hermoso, era una perfecta visión para él, tuvo miedo en tocarlo, pero lentamente acerco sus manos para recorrer la piel de ella, era tan suave, no había Diosa que pudiera comparar con la belleza frente a sus ojos, ella quiso tocarlo, pero él dio un par de pasos atrás.
— Lo siento — dijo bajando las manos de nuevo.
— No…no es eso— Zyean volvió a acercarse y puso las manos en su corona—, quiero que sientas algo primero.
Lentamente aparto la corona de su rostro para dejarla caer sobre el césped, no había mostrado su rostro en muchísimos años y ahora lo hacia frente a una mujer ciega, mas eso no importaba, le tomo las manos para llevarlas a su rostro, quería que sintiera esa marca que posaba en sus facciones.
— ¿Aun crees que no doy miedo? — le pregunto.
Adad paseo sus dedos por la marca que cruzaba por la cara de Zyean, iniciaba sobre su ojos izquierdo, cruzando por su nariz hasta el final de su mejilla, no había forma de poder ocultarla mas que con su corona, su ojos izquierdo si bien no lo tenía perdido, estaba severamente marcado ya que no era del mismo color que el derecho, mientras su ojo sano tenia un dorado brillante como los rayos, el izquierdo era mas bien blanco, casi idéntico al de Adad y la cicatriz era grande de un color n***o como la fuerte raíz de un árbol que nublaba sus facciones.
Ella lo delineo a detalle sin pronunciar palabra alguna hasta que la pregunta del Dios llego a sus oídos, a lo que se acerco a besar la cicatriz, tomándolo por sorpresa.
— Jamás podría darme miedo el Dios que me salvo — contesto llevando sus nublados ojos a él—, tal vez no pueda verlo, pero puedo sentirlo, jamás me sentiré aterrada por usted.
Las manos de Zyean rodearon la cintura desnuda de Adad, entonces sin dejarla hablar más fue que unió sus labios a los de ella, fue un beso profundo, arrebatador, la recostó en un lecho de flores que hizo aparecer, todas ellas doradas, deshizo su ropaje, ahí, sobre las flores la tomo como suya, no miro atrás, no le importo nada, de nuevo sentía su corazón latir.
Adad lo estaba haciendo sentir vivo de nuevo.