PRESENTE
- ¡Nos vemos mañana! - me despido de unas de mis compañeras en la escuela de fotografía.
Ya llevo un poco más de un mes tomando las clases y debo decir que soy la mujer más feliz del mundo desde que me decidí por esto.
Jamás pensé que estudiar me pondría tan alegre, pero yo creo que el ver a mis padres entusiasmados por mi, conocer personas nuevas y mantener mi mente y tiempo ocupado, han hecho que disfrute de esta nueva etapa de mi vida.
Disfruto mis clases a diario como nunca, las horas que paso en clases aprendiendo me fascinan y que decir el después, donde llego a casa a poner en práctica todo lo aprendido.
Mis padres se ofrecen de manera gustosa a ser mis modelos y mis sobrinos, joder, tengo más imágenes de ellos que de cualquier otra persona en el mundo.
Es que son tan bellos y adorables que es imposible no querer sacarles miles de imágenes.
Fotografías que mi hermana y cuñada atesoran como si se tratara de oro, de hecho, hay algunas que las agrandaron y más pusieron en unos cuadros enormes en su casa.
Lo que me hace sentir feliz y orgullosa de lo que estoy haciendo, porque no es por nada, pero soy bastante buena en todo esto.
- ¡Damaris! - me detengo de manera abrupta cuando escucho mi nombre, me giro en aquella dirección y veo a uno de mis compañeros corriendo en mi dirección.
- Daniel ¿Qué sucede? - le pregunto cuando se detiene frente a mi todo agitado por su trote, lo que me saca una sonrisa.
- Dios, creo que necesito ir al gimnasio - suelta haciendo que suelte una suave carcajada.
- Con que salgas a trotar una media hora al día, estarás bien - le doy unos golpecitos en su hombro para darle ánimos y él asiente con la cabeza y se entereza por fin.
- Si, así lo haré pero cambiando de tema. Hoy en la noche habrá una fiesta en mi casa, para que vayas - me comenta aunque de inmediato se que no voy a ir.
Desde hace un tiempo que deje de ir a fiestas, no tengo ánimos para eso.
- Gracias por la incitación - le digo sonriendo amable y el niega con la cabeza.
- Eso siempre lo dices, ahora mejor prométeme que iras - me dice y yo niego, ya que no puedo prometer algo que se, no voy a cumplir.
- Haré lo posible - le digo, es lo mejor que le puedo prometer en estos momentos.
Daniel me ve, se que esta interesado en mi pero yo lo que menos deseo son líos amorosos, así que por eso no le doy muchas alas a sus pensamientos sobre mi o más bien, algo entre nosotros.
- Bueno, eso es mejor que nada. Te enviaré un mensaje con la dirección - dice y yo asiento.
- Bien - es todo lo que digo y él en un movimiento rápido se acerca a mi y deja un beso en mi mejilla o más bien, casi en los labios sino hubiera movido por la sorpresa mi rostro.
- Nos vemos - suelta sonrojado hasta las orejas y se aleja a paso rápido.
Eso fue raro pero le resto importancia y encogiéndome de hombres avanzo por los estacionamientos hasta mi coche.
A la distancia veo al guardaespaldas que mi padre tiene para mí y a él que acepte como si nada, algo que sorprendió a todos.
Mi familia sabe que algo sucedió conmigo hace un par de años, no tienen idea de que fue, pero si saben que fue algo lo suficientemente importante en mi y en mi vida para hacerme cambiar casi que de la noche a la mañana..
Antes era traviesa, con cero responsabilidad por la vida, hacia lo que se me daba la gana y muchos dolores de cabezas les di a mis padres o más bien, a la familia entera pero ahora, no, soy una mujer tranquila, serena, ya no estoy vuelta en líos o problemas que en más de una ocasión me llevaron a estar en la cárcel. Si, eso es algo que sabrán en su momento.
Y las fiestas y los excesos, terminaron hace muchísimo tiempo y se que están todos alegres porque sea más calmada pero de alguna manera siento que no soy yo y aunque todos tienen curiosidad de saber porque cambie tanto, nadie me ha preguntado o indagado en el tema.
Me han dejado ser y lo agradezco.
La única que sabe todo es mi hermana Emilia, y me gusta que sea así, porque así tengo en quien confiar a la hora de sentirme sola, perdida y triste por todo lo que me pasó.
Ella me entiende como nadie, me aconseja o simplemente me escucha sin reproche alguno.
Es la mejor hermana mayor del mundo, la amo y por ella daría la vida, por eso lo mío con Will jamás podría haber llegado a buen puerto.
Él la quería destruir y yo quiero destruir a quien desee dañar a mi familia.
No somos compatibles y jamas lo seremos.
Niego con la cabeza para eliminar aquellos pensamientos y me fijo en mi entorno y me doy cuenta que ya estoy en el interior de mi coche.
¿En que momento ingrese?
Le resto importancia y dejando mis cosas en el asiento del copiloto, enciendo el coche para salir de aquí.
Tengo un hambre que haré que me coma una vaca en cuanto llegue a casa pero un movimiento que percibo desde el rabillo de mi ojo izquierdo me hace ver en aquella dirección y lo que veo, no se si es real o producto de mi imaginación.
Así que decido fijarme en aquello, y me acerco bien a mi ventana para ver y la persona que perciben mis ojos me indican que es él, que esta aquí.
¿Qué diablos haré aquí?
No, no puede ser él.
- Estoy cansada, tengo sueño y debería ir a casa a descansar. Si, eso es - me digo en voz alta en la soledad de mi coche.
Cierro los ojos, y respiro profundamente, para eliminar aquella imagen.
No es él, estoy segura que no lo es y es solo mi mente cansada que me hace ver cosas que no corresponden.
- No puede estar aquí, el desapareció. Hace dos años que no lo veo, el no...- pero mi curiosidad puede conmigo y me hacen abrir los ojos casi de golpe y ver nuevamente en aquella dirección.
Y ahí esta, viéndome fijamente.
Mis ojos se agrandan, mi corazón se acelera y las manos me comienzan a temblar por la ansiedad, angustia, dolor y rabia.
¡Mierda!
Salgo del coche a paso rápido para ir en su dirección, lo veo alejarse y sin pensarlo comienzo a correr para alcanzarlo.
- ¡Lo siento! - me disculpo con unos chicos que se atravesaron en mi camino por lo que pierdo el sentido por un momento.
Comienzo desesperada con la mirada a buscarlo hasta que lo veo doblando en una esquina y como la desquiciada que soy, corro en aquella dirección importándome nada.
No debería de hacer esto, correr en su dirección, no debí olvidar que el desea dañar a todos los Roig y yo soy una de ellas.
¿¡Qué maldita sea así en Londres!?
¿Por qué después de tanto tiempo se le ocurre aparecer?
¿A que vino hasta acá?
Querrá...no, no sería capaz después de lo que Emilia e incluso creo que hasta Liam hizo por él.
¡Le perdonaron la maldita vida!
¿Acaso viene a acabar con lo que no pudo terminar tiempo atrás?
Por qué de ser así, no la tendrá fácil. Emilia no lo perdonará otra vez, Antonella tampoco, mi primo Lando menos y Liam, pues el lo matara con un tiro en la cabeza sin problema alguno..
Y yo, pues...yo si debo acabar con el mal que acecha a mi familia, tendré que hacerlo, así sea destruyendo al amor de mi vida.
Corro por el lugar donde veo que se fue, pero no lo veo, quizás fue una ilusión pero una bastante real a decir verdad.
- ¡Maldición! - creo que ahora me estoy volviendo loca. Si, eso es.
Quizás la falta de vida social me esta afectando de alguna manera.
Joder, que sucede conmigo?
- Señorita Roig ¿Estás usted bien? - el guardaespaldas llega a mi encuentro con un arma en las manos viendo desesperado si corro peligro alguno.
Simplemente niego con la cabeza pero mis ojos se mantienen en su arma.
¿Será que tendré que pedirle a mi hermana que me enseñe a usar una?
No soy una mujer de armas, o de artes marciales y esas cosas como mi hermana y cuñado, pero si debo de aprender lo tendré que hacer.
- Si, estoy bien, solo que...pensé que había visto a un amigo - le digo para que no comience a indagar más sobre mi actitud.
El asiente no muy convencido y decide por el mismo, inspeccionar el área pero al ver que no hay nadie guarda su arma y se gira en mi dirección.
- Mejor vamos, su padre me preguntó si ya iba en camino - me dice y yo asiento.
- Si, vamos. Ya me dio hambre y más al correr - sonrió para que vea que lo que le dije como excusa es cierto.
El asiente con esa pose de hombre protector y me escolta hasta mi coche, el que quedo encendido cuando salí corriendo.
Así que acelerando salgo del estacionamiento y veo una última vez en la dirección donde juro que lo vi desaparecer pero no hay nadie.
Estoy loca, eso es lo que estoy.