30. Fuegos artificiales Jonathan —¿Me pasas el azúcar, por favor? —le digo a Michael, quien está sentado en un banco de la cocina, observándome con una sonrisa divertida mientras nota mis nervios. —¿Quieres que te ayude? —ofrece con tono amable, pero niego con decisión. Quiero hacerlo todo por mí mismo. Quiero conquistar el corazón de mi dulce Christy a través de mis manos y mi cocina, sin intermediarios ni atajos. —Está bien, ya casi termino. Luego me daré un baño —le respondo, intentando sonar seguro, aunque por dentro mi corazón late con fuerza. —¿No te parece un poco extraño? —se ríe. —Llevamos semanas encerrados aquí y tú ya estás enamorado de la bella rival. Eso suena demasiado cliché. Sonrío sin poder evitarlo. Ellos no conocen nuestra historia, no saben lo que hay detrás de

