Los pasillos se volvían un constante túnel entre la vida y la muerte, era una ruleta de azar que producía el eco de un próximo ataque, cada vez que Jane y Mila caminaban entre las esquinas resguardándose ansiaban no encontrarse con el enemigo. Simón por su parte miraba por los alrededores buscando en cada una de las puertas algún indicio de Beltrán “maldición” dejó escapar entre dientes mientras solo encontraba cuerpos caídos de sus hombres, ya solo parecía que habían quedado ellos con vida entre cada uno de los pisos del edificio.
Mila de reojo solo podía ver como Simón perdía cada vez más la paciencia ¿Qué tiene es tipo que lo busca como si fuera el fin del mundo? Pensó hasta que de pronto sintió un sonido a lo lejos del pasillo. Intercambió miradas con Jane para indicarle, ambas alertas le hicieron señas a Simón de que posiblemente el enemigo esté cerca de ellos.
Simón miró con fastidio a ambas mujeres solo para acercarse a la esquina y lanzar un pequeño pisapapeles, en cuento este apareció en el aire se notó como el brillo de las armas reflejaba antes de lanzar un disparo. Momento que aprovechó Simón y Mila para disparar acertando con exactitud. Jane estaba sin palabras mirando la sincronización perfecta de ambos. “¡que monstruos!” pensó por un momento sintiendo como su cuerpo se tensaba ante tal revelación.
Finalmente llegaron a la sala de controles, una de las pocas a las que simón tenía acceso exclusivo. Las alarmas continuaban resonando, un coro agudo que taladraba los oídos y marcaba la nueva batalla. Desde allí, Simón miró fijamente las pantallas, analizaba las cámaras, aunque varias ya estaban muertas. Solo necesitó treinta segundos para comprender la situación: el sistema de Julia estaba muerto. Por las pocas cámaras que quedaba equipos se movilizaban de manera estratégica, no era el anterior desorden que había notado. Era una declaración de guerra y el dominio lo tenían los enemigos. Esta vez el equipo más fuerte del Distrito. Las almas negras. Un equipo incluso mayor en capacidad que los meros mercenarios a los que Mila se enfrentó hace poco. Esta vez la amenaza ya era solo el preludio del fin del callejón y sus dominios. No había salvación incluso si lo intentara.
Tomó el comunicador y con voz firme, sin dejar espacio a dudas, dio la orden que muchos temían escuchar:
— Evacuación inmediata. Todos los equipos, sigan el protocolo Cero Uno. Salgan en grupos, prioricen heridos y civiles. El punto de reunión se mantiene. No esperen mi señal.
La transmisión se cortó con un chasquido seco. Jane, que ya estaba en uno de los pasillos organizando la retirada, escuchó con el ceño fruncido. Se giró de inmediato, ignorando las miradas de los soldados que seguían sus instrucciones. Buscaba inconscientemente a Simón como si deseara que él estuviera detrás de ella. Mila por su parte se quedó en silencio acompañando a su jefe que con mirada fría solo miraba el suelo. No había salida esta vez. Tomó el camino y emprendió un viaje que no tendría retorno.
— No me jodas —murmuró Jane, acelerando el paso hasta interceptarlo.
Simón caminaba con determinación, cargando un rifle al hombro. Una AK- 12 M1 de ultima generación, un tipo de rifle que luego de la guerra cibernética fue prohibido por su uso casi doméstico en varios países, tenía colocados sobre él una serie de cuchillas tácticas y varios cargadores asegurados a su chaleco. Cuando Jane lo encontró, él ya revisaba una de las rutas de acceso con gesto calculador.
— Tú no vas a quedarte. No otra vez —espetó ella, bloqueándole el paso.
— No es tu decisión, Jane.
— Y tampoco es la tuya mandar a morir a quien te sigue sin cuestionarte —dijo con dureza, aunque sus ojos traicionaban una mezcla de rabia y miedo—. Si lo haces, ¿quién liderará después? ¿Tú crees que Beltrán está listo? Para empezar ¿Dónde está Mila para detenerte?
Simón no respondió de inmediato. Su mandíbula se tensó. Por primera vez, su mirada parecía titubear… por una fracción de segundo. Jane intuyó que envió a Mila a otro lado, siempre confiaba más en ella que en cualquier otro. “Si tan solo pensaras en mí también” se murmuró en su inconsciente.
— Alguien tiene que frenar a estos malditos. Necesitan pensar que seguimos adentro. Necesito tiempo —declaró.
Se giró hacia uno de los accesos que aún funcionaban como escape, el sonido al fondo podía escucharse con suma claridad. El enemigo estaba demasiado cerca. Ellos sabían exactamente dónde golpear.
— Entonces que piensen que tú estás adentro. No que estamos. Tengo una idea.
— No. — continuó caminando por el lugar decidido a actuar.
— ¿Cómo puedes ser tan terco? — le sujetó del brazo tan fuerte como pudo sin conseguir frenar su viaje — planeas enserio abalanzarte así ¿tú solo?
— No tienes permiso para morir allá afuera —dijo él al fin, con tono seco. Casi dejando sin argumentos a Jane.
— Tú tampoco —respondió Jane, dándole una palmada en el brazo antes de correr a organizar su escuadra.
Simón la vio alejarse después de ello, en un momento su silueta comenzó a desaparecer en la humareda que ya comenzaba a colarse por los pasillos. Entonces se activó el detonador remoto y cerró varias rutas detrás de ellos. Jane volvía con él y acto seguido, aquel bullicio en el pasillo comenzaba a acercarse cada vez más. Tenía claro que el enemigo jamás debía saber que Beltrán aún estaba dentro.
Mila por su parte se abría paso apenas entre la cantidad de invasores, con sumo cuidado caminaba casi de manera imperceptible, su camisa que era lo único que llevaba encima comenzaba a rasgarse cada vez más, con cada encuentro la mujer comenzaba a agotarse, era una pelea tras otra sin descanso, pero a diferencia de los otros encuentros, estas eran mucho más duraderas con Mila como ganadora por muy poco. Pronto el estruendo que provocó Jane se escuchó a lo lejos seguido de un fuerte temblor. Mila no sabía lo que ocurría, pero en ese momento solo podía pensar en la ultima orden de Simón “Ahora Beltrán es tu problema” ¿su problema? Era una tontería a los ojos de Mila. Ella no aceptaba que un simple negociante fuera a estar bajo su cuidado y menos aún para poder escapar de aquel ataque como el nuevo líder. No importaba como fuera debía de continuar, y encontrarse con el que dirigiría ahora el grupo de las lilas.
Su cuerpo cansado continuaba caminando entre la humareda de polvo y sangre que emanaba el lugar, sudaba hasta más no poder y su garganta ya estaba seca de tanto que tuvo que hacer, en menos de 200 metros de viaje había peleado con soldados armados y expertos en combate. Cuando se encontró finalmente a Beltrán, su rostro cubierto de polvo y se notaba que había peleado al igual que ella, por un momento el silencio abundó en el lugar mirándose mutuamente como si nada más existiera. La sensación se volvía inquietante en el ambiente, era como si hubiesen sido conocidos de años que se reencontraban. Entonces otro estruendo los volvió a la realidad, esta vez fue demasiado fuerte para ser solo un simple ataque. Beltrán tomó del brazo a Mila y la jaló hacía la primera salida que encontró pero la mujer solo podía pensar “en esa dirección esta Simón”