En los tiempos mas grandes de Castells, se denominaba al hombre de negocios como un genio maquiavélico, quien de forma inflexible jamás dudaba al hacer tratos con quien se le presentara, era realmente una maquina pensante que solía vagar sin rumbo fijo, sin centrarse específicamente en algo, Castells probó diferentes ámbitos, la inversión, inmuebles, publicidad y demás que le llamaban la atención. Por aquella época se le llamó el genio impaciente debido a que no esperaba jamás a que alguno de sus trabajo concretara para saltar como rana hacia otro negocio nuevo. Era un verdadero ejemplo para seguir y su discípulo mas prometedor en aquel entonces era el conocido Marco Gard, por aquel entonces tan solo tenía 27 años, pero su habilidad para jugar a la suerte era perfecta para un empresario, ni siquiera su mentor podría igualar el instinto que tenía cuando escogía un nuevo negocio cuyas ganancias sean fructíferas.
Eso fue hasta que de la nada su mayor exponente y guía empresarial trajo un niño de apenas 7 años a la empresa, no lo llevó a su hogar y tampoco a la escuela, el primer lugar al que pudo haber llevado un hombre de negocios como él fue a la empresa que adoraba mas que cualquier otra cosa. Frente a todos el niño demostró con tan solo un pequeño celular podía hacer uso de una habilidad impredecible en los negocios y la inversión, en unos pocos minutos había conseguido ganar a Castells casi veinte millones de dólares, ese pequeño acto que para el dueño era tan solo una prueba de su talento, fue el punto de declive para Marco, fue solo cuestión de tiempo que su habilidad fuera desintegrándose junto con esa rebosante confianza que llevaba consigo, un niño de 7 años le había arrebatado su futuro convirtiéndose en el huevo heredero al conglomerado de Castells, en ese momento la rabia se apoderó de él y comenzó una búsqueda intensiva a escondidas de su jefe, sin embargo, todo lo que pudo saber era que el niño era un huérfano que su mentor había recogido luego de un viaje de negocios en Medio oriente.
Gard no pudo saber mucho más y la desesperación de no tener información provocó que intentara medios cuestionables para ganar poderío, esa decisión solo le costaba cada vez mas hasta que quedó como un accionista más, ya no era la mano derecha de
Castells y ya no tenía su confianza, las penas se aprovecharon de él poco a poco hundiéndolo en varios vicios hasta que encontró su amor por los juegos, para alguien con un instinto capaz todo iba bien hasta que descubrió que la casa de apuestas era más que un centro de entretenimiento masivo, su ignorancia le costaría más adelante cuando descubriría que la suerte y la honradez no era más que una pantalla para las trampas y el engaño indiscriminado de miles de genios en el ruin mundo de las mafias, sus deudas y el licor fueron creciendo ahogándolo hasta que comenzó a perder todo su capital, y ahora sus acciones no eran más que papel con una firma que ahora era de juguete, sus trajes y la confianza tan solo eran una fantasía que sostenía débilmente con pequeños palillos y que para su suerte estarían a punto de destrozarse todavía más.
La muerte de Castells solo fue un golpe aun mayor para el hombre que ahora tenía cerca de cuarenta años, no obstante se reconfortó cuando en el testamento de su viejo maestro fue nombrado tutor de Beltrán, el mismo niño que a los 7 años lo había desmoronado, su confianza rebosaba de nuevo al pensar que su mentor pensaba en él de nuevo y mucho más fue esta respuesta al saber que tenía una contraofensiva en caso de ataque con las mafias, lo que no sabía era que ya estaba involucrado sin saberlo, sus primeras pequeñas deudas, eran en uno de los casinos del mafioso más peligroso en el mundo; “El diablo” y aunque había conseguido acumular cierta cantidad de dinero mientras ayudaba a “su alumno” el hombre caía en engaños una y otra vez hasta quedar involucrado con las mafias. Su vida ahora no significaba nada, y daba lo mismo si estaba relacionado o no, después de todo ahora su mente retorcida culpaba irracionalmente a Beltrán de cada uno de sus fracasos, solo le quedaba una cosa por hacer; hundir al niño que en ese entonces le arruino la vida al mismo precipicio al que estaba destinado a caer, si él moría ¿Por qué no llevarse a Beltrán Cold consigo?
Fue entonces que ideó un siniestro plan, promover a los demás accionistas que inviertan y hagan negocios con la mafia para que así fuera relacionado con el empresario y su escudo fuera negado, así, su protección antimafia solo sería un mísero papel firmado, no obstante, ese plan se le complicó más de lo esperado llegando incluso a los oídos del Diablo, quien tuvo entonces una audiencia con él. Una pequeña promesa para que no tocaran a
Marco Gard, solo tenía que darle la cabeza de Cold sin hacer preguntas, no le interesaba mucho hacerlo, ya que lo principal era deshacerse del ahora hombre que le quitó todo, pero las deudas iban creciendo aún más y sus intentos por provocar que se involucrara con la mafia solo fracasaban uno tras otro, el Diablo no era paciente con todos los fallos y enviaba constantemente a Silvia para que lo vigilara, la presión finalmente le dio un ultimo plan el enviar a mafiosos, sabía que sería imposible. Por lo que ese mismo día se quedó hasta tarde en la oficina esperando su juicio por sus actos, notó que Beltrán había regresado al edificio y con cautela se apropio de una lampara, el desequilibrado hombre tenía un par de copas encima, además de que la rabia y el arrepentimiento nublaban gravemente su juicio, tenía sus acciones en papel en una de sus manos y en la otra caminaba por el pasillo tambaleándose sin poder seguir en línea recta, chocaba con las paredes constantemente, provocando que Beltrán lo escuchara y saliera de su oficina hacia el centro de trabajo donde veía las luces encendidas.
De pronto, un grito ahogado se escuchó en una de las salas de reuniones al otro extremo del pasillo, Beltrán solo escuchó pasos leves y lentos para luego quedar detrás de una esquina esperando ver alguna pista con el rabillo del ojo, notó como una mujer de cabello largo salía de la habitación vestida con ropas oscuras y una larga gabardina, sus manos estaban manchadas de sangre que aun goteaban por sus dedos, su rostro estaba cubierto por una máscara blanca completamente lisa pero se veía por su caminar que era una mujer alta de voluptuoso cuerpo, su caminata era suave y tranquila como si el tiempo estuviera calculado, Beltrán sintió su sangre helar en cuanto la vio dirigir su camino hacia donde estaba, en silencio se deslizó hacia uno de los cubículos de trabajo y se ocultó debajo de la mesa, notó como la mujer se dirigía a su oficina y miraba por los alrededores buscando a su nueva presa. La asesina desconocida estaba en el edificio de Castells a cuatro horas después de haber aceptado el encargo, y lentamente revisaba cada uno de los cubículos buscando a su objetivo, Beltrán trataba de evadirla ocultándose hasta que accidentalmente un esfero cayó por su movimiento involuntario, eso llamó la atención de la mujer que sorpresivamente aceleró el paso como si un dulce hubiera encontrado, estiró su brazo y movió violentamente la silla para encontrar finalmente al dueño de la empresa.
— Vaya sorpresa — dijo con emoción casi deformando su rostro con una sonrisa de par en par— es el famosísimo Beltrán Cold. —levantó el cuchillo frente a la mirada aterrorizada de su víctima — ¿Por qué no te mueres ahora?
Bajó el cuchillo a toda velocidad dispuesta a masacrar a su víctima cuando algo le atravesó el brazo, seguido de un fuerte golpe que la tumbó hacia un costado.
— No esperaba encontrarme contigo… Silvia
Era un sujeto con el mismo atuendo de la mujer solo que Beltrán no lograba diferenciar si era un hombre o mujer.