En sus pensamientos

1198 Words
Kai Siria Luego de dos semanas por fin me dan la buena noticia, no para saltar de alegría, pero por lo menos ahora tenemos avances. —Y bien Hadir, ¿qué tenemos? —Como habías dicho el archivo era una mierda, esa cámara era de muy baja resolución, pero ven siéntate y déjame mostrarte. Así lo hice, fui a su lado, tome asiento y deje que me mostrara, mejoro totalmente el video cuadro por cuadro, por ello había demorado tanto, solo que en ningún ángulo se pudo ver la cara, de la que ahora sabíamos era una mujer. Y por lo que se veía era una profesional, a pesar de pasar por varias cámaras, ninguna nos mostró su rostro. —Muy bien, Hadir, agradezco tu esfuerzo, es una verdadera lástima que no pudiéramos dar con la identidad de la asesina. Luego de despedir a Hadir y pagarle por sus servicios, volví una vez más a repasar el video en busca de un indicio, pero nada. Así que tendría que seguir indagando con los ex miembros de la CIA, esos que una vez estuvieron en sus filas y que por una u otra razón terminaron siendo unos parias. Desde hace una semana en los círculos criminales se propaga el rumor de la muerte del que ahora era un ex agente, que se suponía había muerto hace ya bastante, la pregunta que todos tenían era ¿por qué había muerto?, así que una vez que se había sembrado el temor. Pedí que diseminaran la real causa de su muerte, buscaba información y el que me llevará a dar con lo que quería sería recompensado. Por supuesto que nos contactaron, pero solo seguimos aquellos indicios dignos de averiguar. Aquí es en donde puede uno constatar que no hay lealtad, menos para esas agencias, podrá uno tener hermandades con ciertas personas, pero llegado el momento, nada es más valioso que la sobrevivencia y el dinero. “Sálvese quien pueda”. Y mientras seguíamos con la investigación, no podíamos parar los planes previos que teníamos, uno de ellos ya se estaba llevando a cabo, solo necesitábamos al doctor Laine, no era una tarea muy difícil, al menos ya conocían todas y cada una de sus rutinas, en próximos días estarían sustrayéndolo. —Llamen a Isam, quien quiera que este fuera —les pedí a los guardias que me siguen a todos lados. Necesitaba que hiciera preparativos para trasladarnos, nuestra siguiente parada era para asegurarme personalmente sobre las nuevas rutas que están siguiendo nuestros cargamentos. Con un recorrido de ocho horas, entre avión y carretera, estábamos hartos, así que antes de hacer nada necesitábamos descanso. Usábamos esta ruta aprovechando que el país sigue dividido peleándose por quien debe gobernar, estos idiotas no se dan cuenta de que tienen ante ellos unos nuevos dictadores listos para apoderarse del país. Volviéndolos de los mejores compradores. La porosidad de las fronteras de Libia y la falta de vigilancia en la costa de Yemen en Bab El-Mandeb, todo ayudaba al negocio, a veces era necesario ir por el estrecho que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén y el Océano Índico y por el precio adecuado, las armas llegaban a cualquier destino. La milicia medio organizada del Este de Libia necesitaba hacerse de armas, debían recurrir a cualquier medio para adquirirlas y nosotros siempre estábamos listos para reabastecerlos. Nuestro breve encuentro con los compradores solo nos aseguraba que en un futuro tuviéramos trato preferencial, si es que salían vencedores en su empresa. La desgracia de otros, llenaba nuestros bolsillos, lo que luego usábamos para ir desalojando extranjeros de nuestros territorios. La hipocresía, viajamos hasta el oeste para ir a nuestro hotel en una zona bastante pacífica y tranquila, los contrastes que encontramos de un lugar a otro. —Amin, esta noche no hagan guardia, necesito que estén alerta para mañana. —Isam, ¿no fui claro? —Sí, señor, pero le envían esto —da un paso a su derecha, para dejarme ver a una mujer, dejo salir el aire y cierro los ojos. Escucho el sonido de la puerta al cerrarse, abro los ojos y solo veo que Amin e Isam fueron los únicos que salieron de mi habitación, la verdad es que no estaba de humor para compañía femenina. —¿Qué haces aquí? Solo vete, no estoy de humor —la veo titubear. —No se moleste, pero debo hacer mi trabajo. Me levanto del sofá y me dirijo al baño para darme una ducha en un intento de relajarme, apenas me quito la camisa y la mujer entra al baño. La volteo a ver con fastidio. —¡Por favor! —suplica, camina hasta mí y pone sus manos en mi pecho. —No me toques —le digo en voz alta, ella se asusta un poco, pero no hace el más mínimo intento de salir. Llevo mi mano a su garganta y la llevo con fuerza para pegarla a la puerta por donde acababa de entrar. —¡¿Suficiente?! —ella niega con la cabeza. Sin gentilezas y siendo tosco bajo la otra mano, recorriendo su cuerpo, tocándola hasta que llego a esa diminuta tela que simula ser una falda, la subo, me apresuro a tocar su entrepierna, no tarda en empezar a retorcerse y hacer sonidos. Subo mi mano de su cuello a su boca y me pego a ella —no te atrevas a gemir o hacer sonidos —le susurro al oído. Ella, sin entender aún de que se trata, sube sus manos a mis hombros para abrazarme, pero dejo de tocarla y aviento sus manos. —Solo harás tu trabajo, no necesitas seducirme, nada más cogeremos, ¿entendiste? Vuelvo a mi tarea de hacerla humedecer, no me apetece meterla en un orificio seco, esta vez meto dos dedos para ayudarme y hacerlo más rápido. Veo como se pone roja y cierra las piernas, por lo que me ayudo de la rodilla para volver a abrir su compas. Al sentir la contracción de sus paredes y la evidente humedad, es momento de relajarme. Me deshago de mí demás ropa, voy en frente del mueble del lavabo y le hago una seña para que se suba. Busco en los cajones algún condón, nunca lo hago sin uno, comienzo el mete y saca, en busca de llegar rápido a mi orgasmo, imagino unos labios que si me apetece volver a probar, ¡diablos! Esa noche hubiera sido perfecta de no haber sido porque estábamos demasiado ebrios. Al acabar —¡ya vete! —le pido de mala gana, me voy a la regadera y alcanzo a escuchar que me llama idiota. La tomo de un brazo y sin dejar que se vista la llevo hasta la puerta y la tiro al piso, —sáquenla de aquí —exploto con los guardias. Esa perra hizo que mi sangre hirviera y vuelvo a tener una erección, esta vez bajo el chorro de agua, doy rienda suelta a mis fantasías y lo que planeo hacer cuando vuelva a tener la oportunidad de verla. Porque hoy se apoderó de mi mente mientras fornicaba, eso solo significa que la necesito en mi cama.
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