Cíen se sorprendió al abrir la puerta y darse cuenta de que Isabella no estaba, ni arrodillada frente a la puerta como hacía de costumbre, ni recostada sobre la cama, ni en el sofá como antes la había encontrado. Un extraño sentimiento se instaló en su pecho y él corrió hacia la puerta entreabierta del baño. La ducha estaba abierta y apartó la cortina importandole poco el hecho de mojar su cara ropa o sus zapatos de marca. Ahí estaba. Recostada en el piso contra la pared, desnuda, mojada y temblando, Isabella no era consciente de que él estaba ahí, intentaba en todo lo posible calmarse bajo el agua caliente que llenaba la pequeña ducha de humo, ella respiraba profundo intentando retomar el control de su nervioso cuerpo. Se sintió observada y levantó la vista, con ojos asombrados e inyec

