Para Isabella fue demasiado frustrante el hecho de que aquella noche nada más sucediera. Volvieron a casa luego de un par de horas de más charlas y copas con “colegas” y al llegar él sólo la acompañó a su recámara para desear buenas noches. Con frustración, Isa tomó una ducha, intentando en gran parte mantener la calma. Al retirar el juguete anal recordó las palabras de el señor Spectrus: Ella debía usarlo al menos dos días más. Con nervios pensó, bajo el agua que se llevaba los restos de maquillaje consigo, en que quizás ese fuese el momento en que por fin la hiciera suya. Obviando el hecho que la llevó hasta él desde un principio. ¿Y qué pasaría si luego de eso, el señor Spectrus la desechaba como una prostituta con la paga en la mano y la dignidad abandonada en alguna parte del colchón?

