Aunque deseaba follarla ahí mismo, se recordó lo mucho que necesitaba contenerse, porque aunque sabía que luego de esa primera vez Isabella suplicaría una próxima, también sabía que el contrato se acabaría, y él debía darle el dinero a Isa. No es que no se lo quisiera entregar, ¡Claro que sí! Pero imaginar lo que haría con él… No era fácil que el señor Spectrus se preocupara por alguien más que él mismo, sus pacientes o su testaruda y fastidiosa hermana. Sin embargo, ahí se encontraba él, asustado por la sola idea de que Isa saldría de su casa con una sonrisa en el rostro y de inmediato se suicidaría porque su cometido estaba cumplido. No, él se rehusaba a perderla, por ningún motivo. Y si por eso debía mantener las bolas moradas cada vez que estuviese cerca suyo para acabar follándose com

