¿Mi qué? fue lo único que Isabella pensó mientras veía a Cristel. Ella no conocía su nombre, así como supuestamente tampoco el de el Señor Spectrus, y se sentía cada vez más intimidada con lo que esta situación le traía. -El Señor Spectrus- continúo la verdugo- volverá a las once de la noche, vendré a las diez y media a prepararte- Isa asintió avanzando hacia el colchón, pero fue sorprendida por la verdugo que atrapó su antebrazo y la posicionó boca abajo en el colchón para levantar la casi inexistente bata que usaba y dejando su trasero al aire. Las lesiones previas que el Señor había dejado tenían su piel más sensible de lo usual y sintió un temblor recorrer su cuerpo cuando la mujer mordisqueó el lóbulo de su oreja, ella no podía moverse, pero dudaba haber querido, puesto que se sinti

