Las consecuencias.

810 Words
Ella Desperté antes que él. La luz del amanecer se filtraba tímida entre las cortinas, tiñendo la habitación de tonos dorados. El mar se escuchaba a lo lejos, constante, como si nada en el mundo hubiera cambiado… y, sin embargo, yo sentía que ya no era la misma. Giré un poco el rostro y lo vi dormir. Alejandro. Mi esposo. Mi primer amor hecho realidad. Lo observé en silencio: su respiración tranquila, el movimiento lento de su pecho, la forma en que su brazo me rodeaba como si incluso dormido temiera que me fuera. Sentí una ternura tan profunda que me dolió. Soy suya, pensé. Y él es mío. Pero junto a esa felicidad apareció algo más… una inquietud pequeña, casi invisible, que se instaló en mi pecho sin pedir permiso. ¿Y si todo esto es demasiado perfecto? ¿Y si despierto y no es real? Me incorporé despacio, cuidando no despertarlo, y me envolví en la sábana. Caminé hasta el ventanal. Hawái estaba ahí, inmenso, hermoso… pero yo solo podía pensar en lo que acababa de entregarle. No mi cuerpo. Mi corazón. —No te arrepientas, Ella —me susurré—. Esto es amor. Aun así, sentí miedo. No de él… sino de perderlo. ⸻ Alejandro Desperté con una sensación extraña en el pecho. No fue placer. Fue culpa. Ella dormía a mi lado, hecha un ovillo, con el rostro sereno, como si el mundo nunca le hubiera hecho daño. Su cabello caía desordenado sobre la almohada y una parte de mí quiso quedarse ahí para siempre, fingiendo que nada más existía. Pero recordé. El contrato. La empresa. La venganza. Cerré los ojos con fuerza. ¿Qué hiciste, Alejandro? ¿En qué momento dejaste de fingir? La amaba. Ya no podía negarlo. Cada gesto suyo, cada palabra, cada mirada… me había desarmado sin piedad. Y lo peor de todo era que ella me amaba de vuelta, sin reservas, sin defensas. Me giré hacia ella y la observé dormir. —Perdóname… —susurré—. Ojalá pudiera ser el hombre que crees que soy. Por primera vez desde que todo comenzó, no pensé en ganar. Pensé en perderla. Y ese pensamiento me aterrorizó más que cualquier ruina. ⸻ Ella Sentí su movimiento y regresé a la cama. Me acomodé a su lado y él abrió los ojos lentamente. —Buenos días —le dije, con una sonrisa tímida. Él me miró como si yo fuera un milagro… o un pecado. —Buenos días, amor. La forma en que dijo amor me hizo creer que todo estaría bien. Me abrazó, apoyó la frente en la mía, y por un momento el mundo volvió a sentirse seguro. —¿Estás bien? —me preguntó. —Sí —mentí un poco—. ¿Y tú? —También. Los dos sabíamos que no era del todo verdad. Pero nos besamos igual. Despacio. Con cuidado. Como si el amanecer nos hubiera dejado una advertencia silenciosa: A partir de ahora, amar también va a doler. Alejandro Desperté con una sensación extraña en el pecho. No fue placer. Fue culpa. Ella dormía a mi lado, hecha un ovillo, con el rostro sereno, como si el mundo nunca le hubiera hecho daño. Su cabello caía desordenado sobre la almohada y una parte de mí quiso quedarse ahí para siempre, fingiendo que nada más existía. Pero recordé. El contrato. La empresa. La venganza. Cerré los ojos con fuerza. ¿Qué hiciste, Alejandro? ¿En qué momento dejaste de fingir? La amaba. Ya no podía negarlo. Cada gesto suyo, cada palabra, cada mirada… me había desarmado sin piedad. Y lo peor de todo era que ella me amaba de vuelta, sin reservas, sin defensas. Me giré hacia ella y la observé dormir. —Perdóname… —susurré—. Ojalá pudiera ser el hombre que crees que soy. Por primera vez desde que todo comenzó, no pensé en ganar. Pensé en perderla. Y ese pensamiento me aterrorizó más que cualquier ruina. ⸻ Ella Sentí su movimiento y regresé a la cama. Me acomodé a su lado y él abrió los ojos lentamente. —Buenos días —le dije, con una sonrisa tímida. Él me miró como si yo fuera un milagro… o un pecado. —Buenos días, amor. La forma en que dijo amor me hizo creer que todo estaría bien. Me abrazó, apoyó la frente en la mía, y por un momento el mundo volvió a sentirse seguro. —¿Estás bien? —me preguntó. —Sí —mentí un poco—. ¿Y tú? —También. Los dos sabíamos que no era del todo verdad. Pero nos besamos igual. Despacio. Con cuidado. Como si el amanecer nos hubiera dejado una advertencia silenciosa: A partir de ahora, amar también va a doler. ⸻ Si quieres, el próximo paso puede ser: 🌅 El primer desayuno juntos (co
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