Una sensación punzante y casi hagonizante se clavo en el corazón de Camilla, mientras bajaba de la destartalada camioneta. Ella sabía muy bien que lo que había hecho estaba jodidamente mal, pero no tenía otra opción. Incluso dentro de sus posibilidades escogió la menos horrible. Aún así, ella le había robado a Luca, quien trabajaba para Oso. Cuya mercancía le pertenecía. Si bien no lo quería admitir, el destino de Luca Lee y sus dos amigos había sido cellado, y no había forma alguna de modificar o alterarlo. Solo restaba esperar, de seguro, para la medianoche el ya estaría muerto. Pero ella no, y en especial su pequeña hermana no lo estaría. Desde hacía varios meses, su hermana menor había sido secuestrada por Macro De Medichi, debido a una deuda que su padre tenía con aquella familia

