Estaba parada en una sala con un montón de libros en mi cabeza, detrás mío estaba una señora de unos 50 años con un hermoso tablón para pegarme si me llegaba a mover. —¿Qué decía la carta? —Pregunto Jefferson. La famosa carta, ni siguiera tuve tiempo de saber lo que decía bien, porque llegó está señora con su hermoso asentó francés y prácticamente me saco del dormitorio en pijama, afortunadamente Jefferson se devolvió y me vio, porque si no estuviera aquí parada en pijama con miedo de que me diera esa señora con ese tablón. «Lamento mucho lo de anoche, bueno no lo lamento, pero tuve que hablar con mi hermano...», es lo único que pude leer antes de ser secuestrada por esta señora. —No lo sé, ella no me dejó leerla—Respondí—, ¡Ah! Grite un poco cuando sentí el tablón posarse en mis nalg

