La casa es descomunal. Una de esas mansiones que no aparecen en mapas comunes, escondida tras muros altos y vegetación perfectamente cuidada. Desde fuera ya se oyen los bajos de la música. Desde dentro, la noche palpita. Piscina iluminada con luces de neón azules y violetas. Cuerpos mojados, risas altas, copas alzadas. Hombres en camisas abiertas, relojes caros. Mujeres con vestidos mínimos, piel brillante, movimientos lentos. Mesas repletas de botellas, bandejas de cristal, líneas que desaparecen rápido. Todo está permitido. Nadie pregunta. La amiga de Valentina la lleva del brazo, abriéndose paso como quien conoce el terreno de memoria. — Relájate. — Le dice al oído. — Aquí nadie juzga. — Valentina asiente, aunque ya siente el cuerpo pesado, caliente. Está muy tomada, lo sabe, pero s

