Emilie Thorne.
Camine por los jardines del Palacio.
Pensando una y otra vez en lo dicho por mis abuelos e inclusive por mi padre.
¿Que lo habrá hecho cambiar de opinión? Realmente nunca tuve una versión detallada de lo que le paso a mi madre. Seguía con la incertidumbre de que algo me ocultaban.
—¡Princesa Emilie!— gritaron a mis espaldas, por un momento me asuste, no esperaba a nadie.
—¿Si?— gire lentamente sin reconocer la voz —¡Oh! Teniente Connor— lo reconocí cuando estuvo más cerca de mi.
—Princesa— se acercó por completo a mi haciendo una reverencia la cual correspondi.
—¿Ocurre algo?— pregunté al ver que no decía nada. ¿Debía preocuparme por algo?
—No descuide, sólo venía a hablar con su padre, pero me han dicho que no se encuentra en palacio— mire al Palacio ¿A donde habrá ido? No había mencionado nada.
—Alguna emergencia— dije en un susurro puesto que no tenía ni la más mínima idea de donde estaba —Puede hablarlo conmigo— comencé a caminar, esperando ser seguida y que hablara de lo que sea que tuviera que decirle a mi padre.
Mi abuelo insistía que desde los quince años empezará a relacionarme en los asuntos reales más tranquilos para ir formandome como futura reina, el no quería repetir lo que hizo su padre al no dejarlo atender asuntos importantes del reino. Aunque eso ya es historia.
—No se si sea lo correcto— siguió detrás de mi.
—¿Sabes? Algún día yo seré la reina— mentí, sabía que no quería hacer eso, o al menos eso pensaba esta mañana antes de que me llenaran la cabeza nuevamente con dudas.
—Creí que deseaba enlistarse al ejercito— me detuve, el lo hizo a unos pasos más atrás de mi. Giré lentamente, quien le habría dicho aquello. Ni siquiera ahora era una decisión certera. —Tu padre me lo comentó, en parte estaba por eso— lo mire fijamente, mi padre había hablado con el ya, como era eso posible.
—El no debió hacer eso— ahora estaba molesta, yo quería hacer todo personalmente sin tener que recibir algunas tipo de trato especial solo por ser la princesa y la hija de la persona a cargo de todo lo relacionado con las fuerzas militares. —Quería hacerlo todo lo más legal posible, no quiero un trato especial ni nada parecido— aclaré, emprendiendo mi camino en dirección al Palacio.
Ahora si que estaba segura de que entraría al ejército aún así me costará demasiado, le demostraría que no necesito de ayuda ni nada ni de recibir un buen trato por ser princesa.
—El dijo que diría eso— escuche detrás de mi, sin embargo, seguí caminando. —Aún así créeme que si aún quieres entrar estaremos recibiendo nuevos reclutas en dos semanas, puedes entrar con ellos— entre al Palacio.
—Lo haré de todas formas— llegué a la sala, mire al mayordomo que pasaba por ahí. —Escolte al teniente Connor a la salida— volteó y lo miro. —Nos vemos en dos semanas Teniente— hice un saludo militar y lo más rápido que me permitió el vestido corrí por las escaleras.
Estaba hecho, entraría y parece que no hay nada que me haga cambiar de opinión. Será mi tiempo para pensar, me repetía una y otra vez.
Porque era ya una decisión tomada.