Dos semanas después...
Emilie Thorne.
Mi pequeña maleta con sólo los indispensable esta lista sobre mi cama.
Mire la coleta alta que había hecho, quizás debería cortarlo, tiempo atrás vi fotos de la abuela con el cabello corto, aunque era una gran decisión hacer aquello, aunque ni tanto como lo que estaba por hacer ahora.
"Quizás después" pensé, dejando de lado el estilo de mi cabellera.
Apenas eras las cinco con quince minutos de la mañana. Dudaba que alguien estuviera despierto.
Tenía todos y cada uno de mis papeles en regla así que no habría problemas con eso. Con lo que su tendría problema es en salir de aquí sin que se le avisasen a mis abuelos y a mi padre, quien desde hace dos semanas trata de persuadirme de no enlistarme.
Sin embargo, ninguno de sus argumentos me ha servido de mucho. Si no por el contrario, creo que mi parte rebelde se incita más con llevar la contraria de todos.
—¿Que hago?— mire a mi alrededor, aún tenía que llegar a la base, no estaba lejos pero considerando que quería ser puntual deberia estar en un tiempo justo al igual que los demás reclutas.
Algo se me debía ocurrir rápidamente.
[...]
Escapar suena más fácil de lo que realmente fue. Ya estaba lista en la fila junto a los demás reclutas, sólo esperaba indicaciones.
—¡Firmes!— gritaron.
Algunos de mis compañeros saltaron por el susto, otro estaban ya un poco acostumbrados, como yo, me había acostumbrado a escuchar a mi padre cada día dar órdenes con el mismo tono de voz. No era tan novata después de todo.
—¡Si creen que estar aquí será fácil, se equivocan!— comenzó el sargento a caminar frente a nosotros. —¡Verán lo que es sufrir por proteger a lo que más se quiere, dar todo por su país!—
El silencio reinaba en aquel lugar, aunque solo por algunos segundos antes de que comenzará a gritar de nuevo les sargento.
—¡Su estancia será en el area sur. Junto al campo de entrenamiento!— señaló a nuestra derecha —¡Los quiero ahí a las 500 horas cada uno de los días de la semana!—
Sabía en lo que me estaba metiendo, pero ¿Mis nuevos compañeros lo sabrian? Solo espero no tener que escuchar quejas porque sabia que a ellos les iría peor por ello.
—¡Ahora vayan a sus pequeñas y miserables camas en las cuales no estarán más de tres horas al día!— señaló la que sería nuestro nuevo "hogar". —¡Muevanse!- grito como última orden antes de que rompieramos filas y fuéramos a aquel lugar.
Me asustaba la idea de ser la única mujer sin embargo otra chica esta en el grupo al que fui asignada.
—¡Emilie!— gritaron a mis espaldas antes de poder siquiera entablar conversación con la chica, lance mi maleta a la que sería mi cama mientras estuviese aquí y gire para encontrarme con el teniente Connor.
—¡Teniente!— salude como cualquiera de los presentes haria, con un saludo militar para mi superior, las reverencias quedaron de lado, ya no era más una princesa, no al menos mientras estuviera aquí...
—Descanse soldado— miro a su alrededor comprobando que todos siguieran en sus propias tareas ignorando nuestra interacción. —Sigame— giro y pronto me encontraba caminando detrás de el.
Cada vez nos alejabamos más de la base, podía divisar la base central de operaciones, había estado ahí un par de veces, sólo ahí pegada a mi padre como una pulga, ya que mi padre decía que el campo era peligroso. Pero miren me ahora, a punto de descubrir cuanta verdad había en sus palabras.
—Teniente con todo respeto, si espera que vaya y hable con mi padre será mejor que me retire con mis compañeros— aún seguía su paso pero ahora temiendo a no acatar la orden, así que baje la mirada al suelo.
—Soldado— se detuvo frente a mi —Respeto su orden como princesa que aún es, pero he hablado con algunos altos mandos, incluyendome, creo que debería ser asignada al escuadrón Victoria— mi vista se levantó, había escuchado de ese escuadrón, llevaba el nombre de mi madre, había sido creado en memoria a ella, sólo entraban las mejores mujeres y se decía eran las más feroces.
—Sería un honor— lo decía decía de corazón, debía ser el sueño de cualquier mujer que se enlista —Pero quiero ganarme un lugar ahí como cada una de esa mujeres, así que volveré con mi equipo y daré lo mejor de mi ahí y si después siguen considerando material para ese escuadrón no diré me negare a ello—
—Lo entiendo— miro su reloj —Bien, espero que de lo mejor de si Soldado Thorne— quise sonreir pero eso no iría con mi nueva vida, un gesto serio era a lo que debía acostumbrarme, quizás olvidar un poco de esos protocolos con los que crecí.
—Gracias Teniente— y con un último saludo regrese a mi lugar, debía prepararme y alguna vez estaría ahí, esa sería mi meta.
Aún no sabía que se hacía en ese escuadrón pero daría todo de mi para averiguarlo y servir a mi país.