Porque hay una diferencia, sutil pero real, entre una mujer que merece un apellido y una mujer que necesita uno. No pude contenerlo y me eché a reír de nuevo. Qué belleza. Qué jodida belleza. No era lo mismo merecer que necesitar y eso era un hecho que nadie con dos dedos de frente podía discutir. Volví a mis pensamientos. No era que la despreciara por no tener el mismo dinero que yo. Era que un hombre como Axel sin duda merecía más que una zapatilla que no era de su talla. Los imperios necesitan alianzas y yo no tendría problemas en exponer con todas sus letras lo que un imperio de ese calibre requiere para sostenerse. ¿Qué podía aportar ella? Nada. Para Axel, al igual que para cualquier hombre de mi estima, que eran muy pocos, esperaba que obtuvieran algo a su altura o en su defect

