La familia Draganesti tenía su propio vecindario, todos absolutamente todo los miembros de la familia mantenían una vivienda en el conjunto residencial Draganesti. El lugar tenía apariencia de un pequeño pueblo Moderno a las afueras de Manhattan. Desde que el patriarca de la familia el señor Lee Chang dependiente del clan Draganesti de una de las tribus de China. Inicio su patrimonio en Estados Unidos y se casó con la matriarca, Valeria Sofía Marín, una noble de Estados Unidos hace más de un siglo, habían decidido que toda la familia debía vivir Junta. El motivo era única y llanamente la discriminación que existía en esa época, en la actual también, pero con el poder de la familia para ellos eso ya no era un problema.
Quienes residían fuera del país, al regresar vivían en la casa que se les asignaba. Ninguno tenía permitido vivir eternamente en otro país a no ser que este fuera China. El área también mantenía lotes cuyos carteles afuera decían a quienes pertenecían. Cada niño nacido y no nato, tenía su zona asignada. En dichos carteles estaba el nombre de los padres y categorizaban a los hijos por orden jerárquico.
Con el tiempo solo eran algunos pocos de la familia que mantenían los rasgos asiáticos, muchos empezaron a casarse con personas de diferentes nacionalidades, existía una gran diversidad en los Draganesti, la combinación de nacionalidad entre los miembros de la familia era tan exquisita que su apariencia era plenamente bella. Sus rostros eran admirados y envidiados. No obstante, la familia tenía algo que los hacia destacar como clan Draganesti. Un lunar en forma de luna era la marca distintiva, esa misma Luna era el emblema de la familia. Además, sin importar cuales fueran tus padres de las generaciones, en la familia no era raro que la mayoría de los miembros nacieran con los ojos color plata. Muy poco ocurria, pero para los Draganesti ers algo distintivo que solo ellos tenían. El clan siempre se destacó por ese hecho genético. Eso mismo color plata poseía David, quien era el actual jefe de la familia, asumió el cargo luego de que el abuelo decidiera retirarse, aunque su padre era el que seguía este por cuestiones de salud decidió que no podía prefiriendo retirarse a su casa campestre en China.
El auto donde viajaban se detuvo un instante en la entrada, para luego seguir avanzando. No era así como imagino que traería a Kattia a su residencia como esposa, pero dada la situación, tocó la medida dramática. Bajo del auto y entró al conjunto residencial Draganesti, su casa era la última. Ubicada en una pequeña colina, la mansión era la más grande de todas, desde allí se podía apreciar la increíble vista del lugar. No todos podían entrar a ese lugar y Kattia solo había ido algunas veces, a ella particularmente no me gustaba estar allí, se sentía demasiado agobiante. Estar en ese lugar era como vivir en una serie de suspenso que te indicaba que era un pueblo en el cual ocurrían cosas extrañas sin explicación logias, operando bajo una perfecta apariencia que encubria la oscuridad de sus corazones. Pero la familia Draganesrti se había criado bajo estándares éticos hacia la sociedad, aunque tenían mucho dinero a cada uno le tocaba empezar desde cero. Esto, a causa de muchas polémicas y problemas presentados por anteriores miembros de la segunda generación, desde allí se les obligaba a vivir cierto periodo de tiempo fuera de la comodidad de sus lujosas casas a enfrentar el mundo. Fue así como David conocio a Kattia, cuando pasaba por la prueba de su familia a vivir como las demás personas con pocos recursos económicos.
—¿Que hacemos aquí?
David, no la miro. Respondió sin dedicarle el más mínimo gesto.
—¿No es obvio? Eres mi esposa, apartir de ahora, este será tu humilde hogar... — declaró serio.
—¿Humilde? —Kattia, se río sin gracia— De humilde no tiene ni los árboles.
No contestó la provocación de su ahora esposa, se limitó a mirar hacia el frente, necesitaba hacer varias llamadas pero no podia. Su celular estaba en el piso del carro y por nada del mundo él se inclinaría a recogerlo delante de ella ni de nadie. No lo haría. Así que tendría que esperar a llegar a su casa.
Al pasar por las demás viviendas, a pesar de ser tarde en la noche muchos aun estaban despiertos. Para sorpresa de Kattia quien miraba por la ventana algunas familias estaban en lo que se podría llamar el porche o el jardín delantero, no sabía. Dado que las casas tenían diferentes diseños. La cuestión es que alguna familias y jóvenes se encontraba haciendo alguna actividad al aire libre.
David se percató de su asombró y sonrió. Ellos podrían tener el dinero del mundo, pero eran humanos y la mayoría de la familia era gente bastante sencilla aunque otro no tanto, existía la competencia dentro de la familia, pero desde que David tomó el control decidio que no les exigiría tanto para pudieran vivir cómodamente.
—¿Se supone que esta será mi jaula? — Preguntó con burla.
—No, solo será el lugar donde vivirás— Corrigió sin querer entrar en su provocación—Sin embargo, seguirás las reglas de la familia.
—Quedar decir tus reglas — farfullo Kattia apartando la mirada de la ventana y enfocando el camino de enfrente a través de lo que podía ver detrás del para brillas del vidrio de delante.
—La familia tiene reglas, hay que seguirlas y tu, mi bella esposa, no estas exonerado de nada, lo único que te hace estar escalones más arriba en el este clan, es que eres la esposa del jefe de la familia, eso mi querida te da poder... —se detuvo al notar que Kattia palidecia —¿Que te pasa?
Ella no contestó.
—¿Katti?— tomó su rostro entre las manos —¿Que sucede? — la preocupación dio paso alejando la ira, pero si dejar la cautela.
—Eso mismo te pregunto yo a ti — el labio inferior le tembló — ¿Que te pasa? Esto... —lo señalo —No eres tú o ¿tal vez si eres el verdadero tú y todo este tiempo me mostraste una fachada?
Los ojos cristalinos de su esposa le causaron un revoloteo en el corazón de culpabilidad, pero lo desechó de inmediato recordando la traición de ella. Sin poder evitar acariciar su mejilla, paso sus pulgares por su suave piel, luego alejo sus manos.
—Kattia... —Suspiro cansado —No he sido yo quien daño esto, así soy, el hombre que vez y el que conociste, no trates de colocarme como el malo de la relación cuando fuiste tú con tú infidelidad que lo arruinó.
—¡Que no te he sido infiel! ¡Carajo! Entiende de una buena vez— exclamó con furia.
—Los hechos hablan por sí solos... pero ahora eres la señora Draganesti y tus jueguitos se acaban aquí ¿Entendido? —ordenó.—No voy a tolerar otro acto similar y para que te quedé claro empezaras a trabajar en la compañía de la familia.
—¡¿Que?! — le gritó—?¿Estas loco? la empresa de mi padre necesita de mi en muchos proyectos importantes, olvidalo.
—No te estoy pidiendo tú aprobación, puedes terminar los proyectos de tú padre, pero trabajaras para nuestra compañía y no está en discusión el asunto.
—Tú... mal.. Ash— Kattia ahogó un grito de frustración entre sus manos.