Salvador ¿Cuáles son las probabilidades? Bajísimas. Jodidamente bajas, eso es. No había conocido a nadie en el salon dorado a través del trabajo ni una sola vez, y apenas unas cuantas en un entorno privado. Pero Mayela Umaña es la becaria en prácticas de mi empresa, así que está tan fuera de límites que es como si llevara un cono fluorescente de tránsito en la cabeza. El recuerdo perfecto del sábado por la noche queda manchado para siempre, ahora que sé que ella me ha conocido: a mí, al verdadero yo. Y yo no soy un capo de la mafia. Me recuesto en la silla y presiono los talones de las manos contra los ojos. La joven insolente que redactaba esos correos era… recta. Formal. Impecable. No logro que las dos imágenes de ella se fusionen en mi cabeza. La seductora de cabello oscuro, coquet

