Mis familiares van conmigo al aeropuerto aquella mañana fría de Octubre, solo pueden llegar hasta cierto lugar para despedirse, debido al protocolo que manejan hacia el sultán, así que tomamos esos valiosos momentos antes de que pase el cordón de seguridad, para con mis padres y amigos abrazarnos, tomarnos algunas fotos para inmortalizar el momento y desearme un feliz viaje, con la promesa de enviarles un mensaje al llegar al lugar, los veo por última vez y a pesar de que me atacan las dudas, la ansiedad me lleno de valor y terminó de caminar el tramo que lleva al encuentro del que será mi contacto con mi jefe, a pesar de que en la empresa los conocí con una vestimenta occidental, a partir de este momento los veré solo en su vestimenta nacional que consiste en una larga túnica sin cuello hasta las rodillas y con largas mangas llamada dishdasha,.
Zahir será de alguna manera su representante a partir de ahora, un hombre alto, de contectura delgada pero fuerte, a pesar de tener facciones mucho mas masculinas y toscas que las de Rashid es increiblmente atractivo, ojos oscuros, labios carnosos, cabello n***o espeso, el típico físico árabe pero con una nariz un poco mas aguileña, es según lo que tengo entendido no solo la mano derecha de mi jefe en temas de estado y personales sino su mejor amigo y confidente, por lo cual es un honor para mi poder tratar con el, es culto y respetuoso me recuerda un poco a mi padre, —Buen día, señorita Cristina, espero se encuentre bien, bienvenida, debo darle unas instrucciones a partir de ahora, si tiene preguntas estoy a su disposición.
—Muchas gracias, la verdad sí tengo muchísimas preguntas, pues se que Mascate es de cultura musulmana pero también entiendo que si bien todos se llevan por el Corán algunas cosas varían de un país a otro, quiero ser lo más respetuosa con sus tradiciones y no ofender su cultura.
—Por ahora no se preocupe, yo le llevaré de la mano en eso, al ser occidental por el momento solo se espera que use ropa que no sea ajustada, tengas escotes, de largo no menor de las rodillas y con mangas, existirá lugares o eventos donde deberá asistir con un pañuelo en la cabeza, pero luego analizaremos si para realizar su trabajo o por la permanencia de su contrato pueda usar el sirwal que es un vestido largo que se lleva sobre unos pantalones y un pañuelo para la cabeza (lihaf), por el momento si necesita alguna otra cosa se la podemos suministrar al llegar allí.
—Entonces no hay problema, le agradezco su atención y su orientación.
—Sígame, el Sultán ya le está esperando, ya vamos a partir, por ahora mientras estén en privado las normas son las que dicte su eminencia, sin embargo, le instruiré lo que deba cumplir en público, o en presencia de otros.
—De acuerdo—, digo ya entre asustada y maravillada, el avión es grande y lujoso, me siento abrumada más que por la riqueza es por el hecho que lo veré de cerca de nuevo, estaremos en privado trabajando y no se como reaccionar a él como no demostrar que me perturba, si siento que me tiemblan las manos y hasta la voz, mi respiración está acelerada al igual que los latidos de mi corazón debo ser profesional estoy aquí por trabajo y nada más.
Subo a la cabina a través de las escaleras y mientras más me acerco, siento que estoy al borde de la excitación, ,me recibe al final una azafata vestida con la vestimenta típica y de manera amable con la cabeza un poco gacha me señala el lugar que debo ocupar, el cual es frente al jeque que se encuentra en ese momento concentrado en algo que revisa en algunos documentos y la computadora, sin más espera me siento en el puesto correspondiente y por un momento lleva su mirada profunda hacia mi, —bienvenida señorita Cristina, por favor acompáñeme, falta poco para partir, llevare giusto cuando me pueda ayudar con toda esta burocracia que estoy lidiando ahora, si lo desea puede solicitar cualquier refrigerio y bebidas no alcohólicas, tal como ya lo debe saber los musulmanes no bebemos alcohol.
—Lo se señor, igual para mi las bebidas alcohólicas no representan ningún interés mayor.
—Cuando estemos en privado, solamente tu y yo o ante mi primer asesor podemos tutearnos, me gustaría ya que vamos a trabajar mucho tiempo juntos que tengamos un poco de confianza y nos conozcamos mejor, has de aprender sobre mi trabajo para que puedas anticiparte a las situaciones, pero además me gustaría conocer un poco mas de ti, de tu cultura y porque no tratar de ser amigos, claro siempre que usted lo desee también.
—Pues señor para mi seria un honor, que me considere de esa manera, solo deseo que podamos trabajar bien como equipo a partir de este momento y que se sienta conforme con mi desempeño;
—Quiero por favor que te relajes un poco, se que todo puede ser un poco protocolar y claro hay normas por cumplir pero que tengamos una relación distendida.
—De acuerdo—, en ese momento indicaron las medidas de seguridad del despegue y unos minutos después observaba cómo se alejaba cada vez más de su amado país.
El la observaba con detenimiento, podía ver reflejado en sus ojos la tristeza y el anhelo, pero debía hacerlo de esa manera, quizá era un egoísta por llevarla a su terreno para manipularla pero estaba contra el reloj, la deseaba para él, quería que ella aceptara su mundo su vida, que se enamorara de él por quien era como hombre no de la riqueza ni como su prima por un deber, nunca había sentido nada igual por nadie y necesitaba aferrarse a eso.
Rashid pensó en que su deber era para con su pueblo sus creencias y su religión pero no dejaba de pensar en cómo se sentiría besar esos labios carnosos con pasión mordisquearlos y verlos sonrojados ante su envite, la lujuria era quizá un pecado para muchas culturas, pero en la suya era perfectamente permitido que los deseos de un hombre debían ser satisfecho de hecho podían tener varias esposas y hasta esclavas, pero el solo deseaba seducirla a ella, ser el primero y único que hiciera su cuerpo vibrar, descubrir el máximo placer junto, solo con pensarlo ya estaba excitado, pero debía ser paciente todo a su tiempo y con paciencia.
Yo continuaba viendo por la ventanilla cuando en un momento percibí su mirada sobre mí, el instinto no me fallo pues sus ojos verde olivo estaba fijas en mi rostro, pero luego desvió su atención hacia el personal de vuelo para pedir que nos fuera servido el desayuno, así que en pocos minutos ya teníamos, frutos secos, frutas naturales, yogurt, cereales y algunas delicias propias de la región, Cristina con los nervios no había percibido lo famélica que se sentía hasta ese momento, pero comenzó a comer con emoción hasta que en algún momento tenía un rastro de azúcar impalpable en la comisura de la boca que su jefe retiró con sus dedos suavemente y los llevó a sus labios para probarlo,en aquel momento le pareció lo más erotico que había visto, sin duda su gesto y miraba le indicaba que deseaba probar algo más, sin embargo, continuaron comiendo y luego de terminar, el se volvió a sumir en su trabajo y ella en leer un libro hasta que llegaron a su destino en Omán Mascate, una de las ciudades más antiguas del Medio Oriente.