― Quémala, has lo que quieras con esa nota, no quiero nada de Diego Salazar ― hablo Violeta subiendo las escaleras para ir a su habitación al llegar su cuarto estaba lleno de flores que por su puesto era de Diego.
Violeta entra a la habitación con detenimiento viendo las diferentes rosas que había en esa habitación, por lo que lee una nota, era de Diego efectivamente, por lo que ella rompe cada una de las notas, por lo que toma un ramo tomando su bolsa y salir a toda prisa.
― ¿Hija a donde iras? ― preguntaba su mamá un tanto confundida viendo el ramo de rosas que traía en sus manos.
― Con Diego mama ― respondió Violeta haciendo que su mamá se emocionara.
― Hija que bueno que te has decidido, yo sabía que lo perdonarías ― dijo Eva contenta, ella pensaba que volvería con Diego y al fin se casaría con el cómo ellos decían anteriormente.
― si como digas mama me tengo que ir ― hablo Violeta yéndose de la casa molesta subiéndose a un taxi para ir al departamento de Diego.
Al llegar ella toca la puerta esperando que Diego le abriera la puerta, al hacerlo él sonríe, pensaba que lo perdonaría, que los regalos habían funcionado.
― No sabes cuanto tiempo que he estado esperando, pasa que prepararé una cena y bailaremos ― dijo Diego, contento por lo que Violeta niega con la cabeza.
― No es necesario que te molestes, solo vengo a hacer algo ― dijo Violeta, tomando un poco de aire quería tomar el valor para hacer lo que tanto necesitaba.
Diego esperaba un beso, pero Violeta le das bofetadas y aventándolo el ramo de flores que él, le había regalado.
― No quiero saber que me has mandado unos de tus estúpidos arreglos florales ― dijo Violeta sumamente molesta.
― Violeta, por favor no me hagas esto, yo te amo ― dijo Diego agachando la cabeza. ― Escúchame, yo te amo Violeta, llevamos muchos años de relación, no es justo que eches todo por la borda, eso no lo puedo permitir ― dijo Diego negando con la cabeza, se negaba a perder a Violeta.
― Yo no estoy tirando años de esta relación, tú lo has hecho con tus amantes, tus acciones, Diego, yo te amaba ― respondió Violeta tratando de terminar bien esta relación.
― Podemos arreglarlo, yo también te amo, podemos ser felices de nuevo ― hablo Diego tratando de recuperar esto, pero fue imposible.
― No, Diego, ya no quiero nada contigo ― hablo Violeta dejando caer las flores saliendo del departamento de Diego, por lo que él se sale corriendo para alcanzarla.
― Tú no te vas si te vas, juro que te arrepentirás y hare de tu vida un infierno, tú eres mía Violeta ― le contesto Diego, por lo que Violeta se soltó de, él bruscamente.
― No que tengo miedo ― dijo Violeta furiosa yéndose del edificio.
Mientras que Marcelo cantaba y también tocaba el saxofón, aquello era su instrumento favorito y además le iba muy bien, había veces que la gente de restaurantes, bares aplaudían por su peculiaridad que tenía para cantar y tocar el saxofón.
Pasaron los días y Violeta no quería saber más de Diego quien no dejaba de ir a su casa con la excusa de platicar con Eva, sin embargo, le gustaban los mensajes que Marcelo le mandaba cada día, lo único bueno es que tenía el apoyo de su padre, pero no el de su mamá que se la pasaba juzgando a Marcelo y lo juzgaba siendo un delincuente cuando él era todo lo contrario.
Marcelo no sabía nada de su padre desde que fue por su madre a rescatarla una parte de él quería buscarlo, pero la otra no, su cabeza le decía que buscara a su padre, pero su corazón le decía que debía ayudarlo por lo que decide hacer lo que su corazón le dictaba buscaba a su padre de bar en bar, pero al no verlo va a su antigua casa viendo a su padre dormido con una botella de licor quiso ayudarlo algo dentro de él se rompía le dolía que su padre tomara de esa manera cuando tenía todo a su lado familia.
― papa ― le hablo Marcelo haciendo que no hallará respuesta de su parte. ― padre, soy yo Marcelo ― hablo él tratando de despertarlo, por lo que se alarma un poco para saber que tenía, pero al ver que no reaccionaba decide llevarlo con el médico.
Al llegar al hospital pide un poco de ayuda, los doctores trataban de auxiliarlo, mientras que Marcelo se quedó en la sala de espera esperando a su padre, después de un rato el médico sale de la habitación de su padre.
― Señor Álvarez ― dijo el médico hablándole a su esposa.
― ¿cómo está mi padre? ― preguntaba Marcelo esperando que su padre estaba bien.
― Él está bien, se necesitará quedarse en observación, pero es necesario que lo ingrese en un centro de rehabilitación ― dijo el médico haciendo que él solo asintiera. ― Si gusta puede pasar a ver a su padre ― dijo el médico por lo que él negó con la cabeza, no se sentía listo para ver a su padre o mejor dicho mantener una conversación, la mayoría de las veces solo discutían, no podían mantener una relación cordial era como si ambos fuesen el agua y el aceite era como si la vida del otro les importara en lo más mínimo.
Quiso irse estaba tentado en hacerlo y dejarlo a su suerte, pero las palabras de su madre asaltaban su mente, él no era de mal corazón, al contrario, era bueno de un corazón tan bondadoso que no cabía en el pecho.
Puesto que decide entrar a la habitación de su padre, quien lo ve y le sonríe.
― Gracias ― dijo su padre, por lo que Marcelo no dijo nada, se mantenía callado.
― No es nada ― hablo por fin Marcelo.
― Si es mucho para mí, aun después de todo decidiste ayudarme ― respondió su padre haciendo que él solo se levantara de la silla.
― Lo hice porque necesito tener paz en mi corazón, no sirve de nada, odiarte ― hablo Marcelo perdonando a su padre de una vez por todas.
― Perdóname por todo lo que te hice pasar ― hablo su padre haciendo que Marcelo solo le diera la mano y se iba, ya que no se sentía cómodo estando con su padre.
Al salir le da una leve punzada en el pecho trato de reincorporarse para después salir del hospital a tomar un poco de aire llamando a Violeta, quien sonríe tiernamente, pues no sabía nada de él.
― Hola ― hablo Violeta, contenta al otro lado de la línea.
― ¿Crees que pueda verte? ― pregunto Marcelo tratando de sonreír.
― Claro, creo que ambos necesitamos distraernos ― dijo Violeta tratando de sonreír.
Por lo que cuelgan la llamada, ya que ambos necesitaban distraerse sin pensar que Marcelo sentía que le faltaba un poco el aire, pasaron los minutos ambos se acordaron de ver en el parque, al llegar él fue a abrazar a Violeta pasar tiempo con ella platicando de su día a día se les hacía maravilloso por su parte Violeta estar con Marcelo era algo que disfrutaba comenzaba a amar sus pláticas su compañía sin importar que ambos fuesen de mundos muy diferentes.