Capítulo 9

4999 Words
Theo.              Pocas cosas me estresan tanto como conducir cuando el tráfico es denso y concurrido. Le eché un vistazo a la pantalla de mi móvil porque pensé que se había iluminado, pero pronto noté que no era el caso. No llevo prisa, no realmente. Hay una lista inmensa de tareas esperándome en alguna parte, sin embargo, lo que me tiene alterado y a un segundo de perder el control es la ansiedad. Hacía mucho tiempo no experimentaba una sensación similar. Necesito llegar a casa con urgencia, o arrojarme de un puente. Apreté los dedos en torno al volante con fuerza, clavando la mirada en el auto de enfrente como si la intensidad del gesto pudiera moverlo, carbonizarlo o levantarlo para poder pasar de una puta vez. Desde luego, no funcionó. Cuando me detuve enfrente de un semáforo en rojo no pude contenerme más; marqué el número de Ansel con un horrible cosquilleo en el estómago. Me mordí el labio inferior a la espera de que atendiera, repasando mentalmente las preguntas que le haría, no obstante, cuando por fin lo hizo se me olvidó todo lo que planeaba decirle. Disparé lo primero que se me ocurrió. —Eres un jodido imbécil. Hubo una pausa. Escuché su respiración, le oí excusarse con un grupo de personas y luego percibí que se apartaba a un lugar más silencioso. —Hola para ti también. —No me salgas con nada estúpido ahora, no estoy de humor. —¿Y cuándo lo estás? Solté un gruñido. De pronto la irritación fue mucho mayor a todo lo demás. —¿Por qué no me lo dijiste?—espeté, levantando la mirada para comprobar que la luz no había cambiado a verde—. ¿Era necesario que lo descubriera de esta forma? ¿Por fotos? ¿Cómo cualquier tipo sin importancia en su vida? Ansel volvió a guardar silencio. De inmediato supe que no me gustaría lo que diría a continuación. —Seamos honestos; ahora mismo es justo así. No tienes ningún tipo de relevancia para ella. Y eso es tu culpa. Apreté la mandíbula. A la mente me vinieron muchas frases perfectas para contraatacar, ¿pero qué sentido tendría? Si Ansel, por desgracia, está en lo cierto. —Lo que más me molesta es pensar que no comentaste nada. —Por lo que yo sé la relación de ustedes es un tema que ya has olvidado, ¿o no? —Por supuesto que sí. —¿Entonces? —Las cosas cambian si estamos en la misma ciudad. —¿Por qué? —Estuvimos dentro del mismo café, me di cuenta por las fotos—me dejé caer contra el respaldo del asiento, repentinamente agotado—. Voy a encontrarla en todas partes, será inevitable. —¿Estabas ahí? ¿Hoy? No te vi. Avancé cuando finalmente tuve la oportunidad de hacerlo, frenando antes de llegar a la siguiente cuadra. —Sí, pero no tardé mucho… y no te desvíes de lo importante. —Bueno, a ver, aun así debería darte igual. Se supone que es una persona superada, que no tiene ningún efecto sobre ti. Se supone… Toda la vida he estado pensando en lo que “se supone” que debería ser, pero nunca es. Es precisamente eso lo que me ha mantenido estancado, el dar tantas vueltas a los potenciales universos que nunca habitaré, aquellos en los que por fin soy del todo feliz. —No es tan fácil. —¿Acaso estás admitiendo que aun te importa? —No, sólo digo que me habría gustado saber que vendría para evitar este tipo de situaciones incomodas. —Ni se vieron de frente, ¿de cuál situación incómoda estás hablando? Bufé. Ya no tengo paciencia, esta conversación logró extinguirla. —¿Sabes qué? Vete a la mierda, y muchas gracias por ser un amigo tan horrible. La llamada duró lo suficiente como para oírle replicar. —Lo siento, siempre olvido tratarte tan bien como tú lo haces conmigo, idiota. Luego colgué. Arrojar el teléfono por la ventana habría sido muy dramático, pero las ganas estuvieron ahí. Mi amistad con Ansel es probablemente la más inesperada que he construido con el paso del tiempo. Después de arruinar de la peor forma todo lo que había entre Heaven y yo él fue el único que quiso oír el por qué. Aun no estoy seguro de qué lo llevó a hacerlo, pero pasó. Quizás fue capaz de ver lo mucho que mi propia actitud de mierda me había afectado, tal vez sintió tanta lástima por lo patético que estaba siendo que decidió acercarse bajo la excusa de reclamarme, para luego terminar escuchándome. O a lo mejor sí tenía toda la intención de golpearme antes de compadecerse… El caso es que todo lo que no fui capaz de exponerle a Heaven, todo lo que me guardé por miedo e inseguridad se lo conté a él. Y Ansel fue mucho más comprensivo de lo que merecía, pese a su decisión de mantenerse al margen. No me juzgó tanto como para odiarme de verdad. Cuando quedó claro que en serio había empujado mi relación con Heaven a un punto sin retorno, aceptó hablarme de ellas tras rogarle; de sus días, de lo que hacía, de cómo se sentía, porque me negaba a aceptar que nos había destruido al punto de perder el derecho que tenía a saber sobre lo que antes vivíamos juntos. Descubrí que no es un mal chico, algo intenso e irritante, pero de buenas intenciones. Él, por su parte, determinó que ya no le parecía un caso perdido, o un idiota engreído. De modo que congeniamos. Aparte de Charlie es el único chico que ve más allá de mis muchísimos defectos, que tiene al menos un gramo de fe en mí y que me tolera continuamente. Lo más importante: de las pocas personas que pueden sacarme de mis casillas sin que sienta la urgencia de botarlo para siempre de mi vida. Todo este tiempo me ha hablado ocasionalmente de Heaven, cuando intuye que me gustaría preguntar por ella, pero nada demasiado profundo. Recuerdo el día en el que mencionó que ella había decidido cambiarse el color del cabello… ¿por qué no decirme que vendría a la ciudad? No sé exactamente por qué, pero es claro que necesitaba tiempo para procesar la idea de que podríamos estar cerca. Solté un suspiro antes de concentrarme en la carretera. Ansel tiene razón. Si ella está aquí, a diez mil kilómetros o en la Luna, ¿qué importa? Mi vida no cambia sólo por eso. Cuando por fin conseguí un lugar para aparcar dentro de mi conjunto residencial, porque hasta eso fue una auténtica pesadilla, me quedé más tiempo del necesario dentro del auto. Debería estar estresado porque en serio tengo muchos asuntos que gestionar. En cambio, lo que me molesta es no tener tanto dominio sobre mí mismo como me gustaría. —A la mierda. Volví a marcarle al pelinegro. —¿Qué quieres? —¿Estás con ella justo ahora? —¿Tú qué crees? —¿Puedes pasármela? —¿Qué? No. —¿Por qué no? —Ok, tu comportamiento es completamente irracional. —No lo es. Necesito oír su voz. —¿Para qué? —Para… para…—¿Para qué? Buena pregunta—, saber si está bien. —Sí, todo en orden. Yo doy fe de eso. ¿Necesitas algo más? —Ansel… —Voy a colgar, Theo. No hagas nada estúpido de lo que te vayas a arrepentir después. Titubeé. —Define “estúpido”. —Hablo en serio. Ve a meditar o… no lo sé, piérdete en un bosque, pero no te acerques a Heaven en este raro estado donde no sabes ni qué demonios pensar. Yo te aprecio, de verdad, pero no más que a ella, y si vuelves a lastimarla o te apareces de repente para revolver el pasado jamás voy a perdonártelo. Apoyé la frente contra el volante en lo que la llamada llegó a su fin. —Maldición. Cerré la puerta de mi departamento con más fuerza de la necesaria. La música que sonaba dentro fue instantáneamente interrumpida tras el estrépito. Fijé la mirada en la pared blanca que da hacia la entrada, regulando mi respiración, antes de encaminarme hacia el interior. Danna me observa desde la mesa de centro con un dedo suspendido sobre el teclado de su portátil, alzando la ceja en un gesto apenas visible gracias a los lentes que lleva puestos. —¿Qué te pasa? —Odio mi vida. Dejé caer mi bolso sobre el sofá más cercano. Luego entrecerré los ojos en su dirección. —¿Por qué estás usando mi camiseta? —Número uno, hace tiempo no te oía repetir tu frase favorita. Número dos, porque a alguien se le olvidó, nuevamente, recoger nuestra ropa en la lavandería. Esto fue lo único limpio y disponible que conseguí. —Lo siento. —No, no es verdad. Hago una lista semanal con las actividades que te corresponden y tú deliberadamente la ignoras—rodó los ojos—. La semana pasada tenías que encargarte de la cena tres noches, y en cada ocasión me tocó pedir a domicilio. Sin mencionar que, cuando era tu turno de limpiar, he tenido que... La observé fijamente durante varios segundos. Honestamente no estaba poniéndole atención. ¿Se enfadaría si salgo con alguna pregunta random? —Danna… —¿Qué? —¿Debería hablar con Haven? Se enderezó en la silla. Cuando nos mudamos juntos, literalmente el mismo día, ambos nos pusimos ebrios para “celebrar” nuestra independencia. Yo no podía sacarme a la pelinegra de la cabeza, así que naturalmente empecé a hablar de ella cuando las ideas se me confundieron y dejó de importarme la impresión que estaba dando. Danna conoce parte de la historia. En realidad, es probable que sepa mejor que nadie cómo me ha destrozado todo esto. —¿A qué viene esa pregunta? —Está en la ciudad. —¿Qué? —Sí. —¿Desde cuándo? —No lo sé. —¿Y se ha puesto en contacto contigo? —No… —Entonces es que no quiere verte. ¿Para qué la buscarías, si ese es el caso? —Tal vez no ha tenido tiempo. Danna entornó los ojos, transmitiendo en silencio la pregunta de ¿En serio? —Independientemente de eso, no te corresponde a ti dar el primer paso. Puede que ella no haya cambiado de opinión sobre mantener la distancia. Definitivamente ella sigue firme. ¿Pero yo? Yo no puedo ignorar el hecho de que estamos cerca, de que para verla es tan sencillo como ir a su casa. Literalmente me es imposible. Tengo esta urgencia de tenerla enfrente, al alcance mi mano, porque a veces he llegado a pensar que todo lo que me hizo sentir fue demasiado vertiginoso y fuerte como para que haya sido real. Y sé que debo respetar su decisión. Está en todo su derecho de odiarme hasta la muerte, ni siquiera yo soy capaz de perdonarme… pese a eso… siento que moriré si no hago algo. ¿Cómo podría quedarme en casa y ya? —¿Y qué sugieres que haga, entonces?—el tono me salió más brusco de lo que pretendía. Odio que Danna tenga razón. —Nada. Continúa con tu vida. —¿Y listo? —Y listo. Desvíe la vista hacia la pared. Podría decirle que su consejo me parece una mierda, pero eso tampoco serviría. —Bien. Tomaré una ducha, no me molestes. —Rayos, y yo que planeaba colarme cuando te estuvieras poniendo jabón. Le despeiné el cabello al pasar por su lado, ganándome una protesta llena de muchos insultos por su parte. Eso casi me hace sonreír. Treinta minutos más tarde entré a mi habitación con sólo una toalla atada a mis caderas. Me puse unos jeans oscuros, una camisa blanca y un par de zapatos negros. Todo muy básico. Luego tomé mi teléfono porque pensé que existe la remota posibilidad de que Ansel me hubiera escrito. Por ese lado obtuve una decepción mayor a la que esperaba sentir, tomando en cuenta que él hablaba en serio cuando dijo que me mantuviera al margen, pero encontré algo mucho más interesante. Luan, que nunca publica nada, subió una foto del letrero que da la bienvenida a la ciudad. No necesito ser demasiado inteligente para deducir el motivo de que haya venido, siendo que odia estar aquí a menos que sea necesario. Desde que empezamos el último año de la secundaria me enteré de su pequeña obsesión por Heaven. Y me daba igual, hasta que ella también empezó a fascinarme a mí. No dejaría pasar la oportunidad de estar con ella, aunque se haya resignado a ser sólo su amigo. No se me olvida la conversación que tuvimos el día en el que tratamos de hacer las paces, justo después de que yo recuperara parte de mi lucidez. —Por alguna razón Heaven te prefirió. No puedo juzgarla porque yo no pensaba ofrecerle nada estable. Pero sí puedo juzgarte a ti. Yo fui honesto desde el principio, le dije cuáles eran mis intenciones, y en base a eso ella decidió. Tú, en cambio, te atreviste a jugar con sus sentimientos siendo plenamente consciente de que no sabías para qué la querías. —Así no pasaron las cosas… —Pues es la impresión que da. La heriste, y si estoy aquí, ayudándote, es porque me das pena. Pero ahora mismo siento mucho rencor, tú no la viste llorar por ti. —Yo… —Ahórrate lo que tengas para decir porque no me interesa. Sólo quiero que tengas algo muy en claro; si ella viniera de nuevo a mí, verdaderamente, y no por haber peleado contigo, no dudaré porque tú la “ames”. Para mí lo que sentiste nunca fue amor. —No pienso quedarme a escucharte decir estupideces. Intenté ponerme de pie, pero hace mucho rato tengo la visión borrosa. —Heaven es mi amiga ahora. Probablemente es lo que seremos siempre, pero no olvides que a diferencia de ti yo no voy a desperdiciar ninguna oportunidad que tenga de estar a su lado, en casi cualquier sentido. Mis recuerdos de esa noche están altamente alterados por los efectos del alcohol, sin embargo los pequeños retazos que permanecen intactos siguen dando vueltas en mi cabeza cada cierto tiempo. Quería golpear al imbécil de Luan, la sola insinuación de acercarse a Heaven me pareció enfermiza, pero también lo vi, por primera vez, desde una perspectiva distinta. Yo me había metido en problemas, estaba tan ebrio que en cualquier momento pude desmayarme, y él carecía de motivos para ayudarme, pero lo hizo, ganándose una pelea innecesaria en el proceso con un par de desconocidos. Así que dejé la rabia que me inspiraba y procuré concentrarme en el hecho de que, aun en contra de mi voluntad y muy extrañamente, se estaba comportando como mi hermanastro. Por una vez en la vida no fui un completo idiota con él, y en verdad me esforcé para que mi “Gracias” sonara sincero. Reconocí que en otras circunstancias yo no habría hecho lo mismo que él. Y Luan, quien es menos rencoroso de lo que hubiera intuido, agendó su número en mi teléfono por si algún día volvía a necesitarlo para algo en serio grave. No lo he usado. Siempre veo sus estados y él los míos, pero creo que no tenemos nada relevante que decirnos, o puede que simplemente no sepamos cómo iniciar una conversación. A pesar de la gratitud, no estoy seguro de querer hablarle. Hasta este momento, por lo menos. Aun estando conectado Luan declinó la primera llamada que le hice y las cinco que le siguieron a esa. Finalmente atendió, respondiendo con la mayor cantidad de hastío que consiguió reunir en una palabra. —¿Qué? —Podría estar llamándote para algo de vida o muerte. —Pero yo sé que no es así. —De acuerdo, vamos al grano; ¿irás a casa de Heaven? —Ah, ya te enteraste. —Contesta. —Eso no es tu problema, ocúpate de tus asuntos. —Quiero ir contigo. —No. De ninguna manera. —¿Entonces admites que planeas visitarla? Luan suspiró. —Sí, es mi amiga. —Bueno, llévame. —Que no. Deja de insistir. —Mira, si no lo haces igual iré. Mi intención era llegar con alguien, pero incluso si te opones… No hay forma de que vaya a dejar a Luan solo con ella. No hay manera de que él pueda hacer exactamente lo que yo quiero; verla, mientras por el contrario me quedo aquí mirando las paredes. —No la fastidies, Theo. —¿Crees que voy a detenerme porque tú lo pides? Al mismo tiempo no me creo capaz de enfrentarla yo solo. Si me rechaza no sabría ni cómo escudarme. Rogué internamente para que Luan cediera. —Si tanto la quisiste deberías bajarle a la intensidad, no sabes ni en qué términos están. Contuve la respiración antes de pronunciar lo siguiente. —Hagamos un trato, ¿vale? Es obvio que tú deseas verme a metros de ella por siempre, y es más evidente todavía que si depende de mí eso no va a pasar, así que te propongo esto; si tú me llevas y ella muestra la más mínima señal de rechazo me alejaré para siempre. Dejaré las cosas como están y olvidaré que ella existe. —¿Qué? Solté el aire lentamente. Me odié por haber dicho eso. Aunque claramente es lo mejor, en especial para mí, no quiero ni imaginar una vida en la que deba renunciar por completo a Heaven. —Te haré caso, no la molestaré. Me apartaré de su camino… pero, si ella parece cómoda con mi presencia entonces… —¿Entonces qué? ¿Volverás a jugar con ella? —No, pero no podrás actuar de nuevo como si tuvieras derecho a separarnos. Lo que pase entre nosotros es cosa nuestra, no quiero que intervengas. —¿Lo que pase…? Hablas como si estuvieras seguro de algo, ¿en verdad crees que podrás recuperarla? —Te estoy dando la oportunidad de lograr tu objetivo; sacarme de su vida. Como su “amigo” es lo que quieres, no tiene sentido que la dejes pasar. —Heaven es demasiado amable para rechazarte. —No directamente, pero cualquier señal en su lenguaje corporal servirá. Luan meditó la propuesta un par de segundos. —Hecho. Mándame tu dirección, pasaré por ti a eso de las once. —¿Tan tarde? —Quiero sorprenderla, y que no haya nadie más. Por desgracia también estarás tú, pero bueno, será por una buena causa. No pude evitar tensarme. —¿Sorprenderla? —Ahora creo que tu presencia opacará todo lo demás. De cualquier forma, el fin justifica los medios. Con suerte te echa a patadas. Cortó lo que pensaba decirle al colgar de golpe. Al salir de la habitación me encontré con que Danna ya no está sola. Charlie le dio un mordisco a la galleta que trae entre sus manos sin despegar la mirada de mí. —Tienes esa cara…—murmuró—, que sugiere que acabas de hacer algo muy estúpido. —Prefiero no hacer comentarios, ni oírlos. —Está insufrible, no le prestes atención—la chica se puso de pie, encaminándose hacia su nuevo novio para sujetarlo por el brazo—. Vamos a mi habitación. El tono sugerente que ella usó casi me produce arcadas. Realmente nunca necesito saber cuándo están a punto de tener sexo, y de todas formas ellos siempre se las arreglan para hacerme participe. —A veces en serio me arrepiento de haberlos presentado. Charlie sonrió ampliamente, Danna es como su fuente de energía, y se dejó guiar sin oponer ningún tipo de resistencia. —Yo te lo sigo agradeciendo. Decidí que no me quedaría encerrado hasta que Luan apareciera, por lo que salí a dar una vuelta por las calles adyacentes. Lo lógico sería adelantar el trabajo atrasado, pero a decir verdad mis pensamientos no se apartan de Heaven. Enterarme de su regreso trajo muchas emociones del pasado al presente. Entre ellas la incertidumbre. Estamos en un terreno tan delicado que no soy capaz de definir lo que tenemos, si es que se podría decir que existe algo entre nosotros. Y me asusta más de lo que debería la viabilidad de que ella ni siquiera tolere verme. ¿Qué diablos le voy a decir? Todo este tiempo he estado superándola a mi manera, dejando que la vida fluya a pesar de lo mucho que quise aferrarme a su recuerdo en el pasado. Me había acostumbrado a la idea de no volver a verla porque ella jamás habló de retornar. Me resigné. ¿Y ahora qué? No tendría que forzar un encuentro entre ambos cuando sinceramente tengo todo mi sistema hecho un lío. En contraposición a eso, no quiero perderme la oportunidad de verla. Da igual que sea precipitado. Volví cuando faltaban diez minutos para la hora acordada. Charlie y Danna estaban sentados sobre el único sofá en el que entran tres personas viendo alguna película en el teléfono de ella. Mi amigo ya no trae camisa alguna y Danna sustituyó la mía por la de su novio. Ambos enfocaron su atención en mí cuando pasé directo hacia el refrigerador. —¿Dónde estabas? —Por ahí. —¿Saldrás de nuevo? —Sí. —¿Por qué? ¿No quieres unírtenos? Me volteé con un envase de yogurt en las manos. —¿Por qué tantas preguntas? No he hecho nada verdaderamente malo, que yo recuerde, como para merecer un interrogatorio. —Nos preocupamos por ti. —Pues no tienen ninguna razón para hacerlo. Charlie se pasó una mano por el pelo, repentinamente nervioso. —Danna me contó lo de Heaven. —Seguro que sí. —Quiero saber si te sientes bien, con la noticia y todo eso. Charlie, por supuesto, también es consciente de que mi relación con esa chica logró romper barreras de una forma que jamás creí posible. —Sí. No es que me importe demasiado. Danna bufó. —Casi me echas del departamento por decir que ella no ha querido verte. Y no lo niegues; vi la expresión que pusiste. —Theo, si necesitas hablar… —No voy a tener esta conversación con ustedes. Ignórenme, nunca estuve aquí. Me encerré en la habitación en cuanto el agobio me envolvió. Nunca me ha gustado hablar sobre mí, y sólo me he sentido cómodo haciéndolo con Heaven. Estuve ahí dentro hasta que Luan avisó que me esperaba afuera. Charlie me miró con preocupación, noté que le costaba contenerse para decirme justo lo que está pensando, y Danna se limitó a poner los ojos en blanco, dejando en claro que si no fuera mi amiga no volvería a dirigirme la palabra en la vida. A veces creo que me detesta. Ocasionalmente yo no la soporto. Debe ser por eso que de alguna forma nuestra relación funciona. —No puedo creer que en serio esté haciendo esto—fue lo primero que dijo Luan en cuanto ocupé el asiento del copiloto. —No es necesario que hablemos—mascullé en respuesta. Su voz me irrita bastante, sobretodo porque la utiliza constantemente para hablar mal de mí. —Yo creo que sí. Hay que establecer ciertas reglas… —Dios, Luan, cállate. Hicimos un trato, ¿no? Cíñete a eso. —Nunca dejarás de ser un insufrible ¿no? —No, vámonos. Luan no obedeció de inmediato. Fijé la mirada en la ventanilla con todo el cuerpo tenso, hasta que le oí suspirar con pesadez. Luego finalmente encendió el auto. Si dependiera de él me dejaría tirado en medio de un campo desértico y abandonado a mi suerte, con la esperanza de que me perdiera o cayera en una zanja. Sé que aceptó llevarme exclusivamente por Heaven. Recorrimos el trayecto en medio de un silencio sepulcral. Respiré hondo varias veces en mi intento por aparentar que me encuentro perfectamente. Cuando Luan se detuvo a las afueras de su casa mi corazón, que ha estado latiendo desenfrenado, pareció detenerse un segundo. Después retomó el ritmo con más vehemencia. Maldita sea, esta fue una idea horrible. Luan bajó del auto sin dirigirme la palabra, actuando como si en realidad yo no estuviera ahí. Agradecí que no me hubiera visto a la cara en ese momento; se habría dado cuenta de lo nervioso que me siento. Lo vi arrojar rocas a la ventana de Heaven con el ceño fruncido, su técnica para llamar la atención me distrajo de lo que estaba sintiendo. ¿Quién hace eso en la vida real? ¿En esta época? Es tan fácil como enviarle un mensaje, o llamarla. En uno de los tantos intentos, y para mi sorpresa, Heaven se asomó. Observé su rostro ensombrecido por la oscuridad y opacado por la interferencia del cristal en su ventana, su cabello cayendo sutilmente a los costados de su rostro por la posición inclinada que adoptó, y pensé que incluso cuando la imagen no es para nada nítida luce muchísimo más hermosa que la última vez que la vi, lo que de verdad no creía posible. Esto será más difícil y tortuoso de lo que supuse. Salí del auto después de que ella desapareció, apoyándome contra la puerta. En menos tiempo del esperado ya había cruzado la puerta. Un extraño e inesperado escalofrío me recorrió en lo que la escuché hablar. Había olvidado cómo suena su voz con exactitud.  —Ya sabes que no tan en el fondo todos te odiamos. Luan la abrazó. Me pregunté cuánto tiempo tardaría en darse cuenta de que yo también estoy aquí. Entonces miró en mi dirección. Ese fue el momento decisivo; el segundo más determinante y fundamental para el futuro de nuestras posibles interacciones. Varias cosas pudieron haber pasado, pero la expresión risueña de su rostro se mantuvo intacta. Miró a Luan y luego a mí, de vuelta, con la confusión brillando en sus ojos, y eso puedo atribuirlo perfectamente a que desde su punto de vista yo jamás saldría por voluntad propia con el imbécil de mi hermanastro. Estudié con detenimiento su semblante, a la espera de un cambio que no llegó. —Yo… Eh… Traje a mi hermanastro conmigo. Heaven me observó directamente. —Ya veo. Tomé esa señal, o ausencia de una, como el impulso que necesitaba para acercarme. Me estiré con el propósito de disipar la tensión acumulada, tomándome mi tiempo a la hora de alcanzarla. En cuanto me detuve a una distancia prudencial clavé mis ojos en su rostro, súbitamente agradecido por poder tener este momento. —Blom. Sus labios se entreabrieron, quizás ella pensó en decir algo, pero no emitió nada audible. Sus brazos cayeron lentamente a sus costados, apartando sus manos de Luan. En secreto fue un verdadero alivio ver que se alejaban. Y se giró por completo hacia mí. No atiné a deducir qué demonios tramaba, volteándose de esa forma, antes de que me lo demostrara. Quedé paralizado en medio de la jaula que formaron sus brazos en torno a mí, sorprendido porque entre todas las reacciones posibles jamás esperé ser tan afortunado como para obtener justo esa. La sensación fue tal y como la recordaba; cálida, agradable, tranquilizante, adictiva, y me transportó momentáneamente a los muchos otros abrazos que hemos compartido antes. La diferencia radicó en que esta vez fue sólo un saludo. Al echarse hacia atrás me brindó una pequeña sonrisa muy propia de su personalidad lumínica y social, como si fuera un amigo más y no el tipo que le rompió el corazón de una forma estúpida e impulsiva. Luego, cosa que me dejó atónito, colocó una mano sobre mi mejilla izquierda con suavidad, volviendo la situación más personal, pero no duró más de tres segundos. Cuando espabilé ya había retrocedido varios pasos, mirándonos a ambos. —De acuerdo, no puedo creerme que en serio estén aquí—por un instante me perdí en lo adorable que se ve con pijama. j***r, ¿Debería estar teniendo estos pensamientos tres años después?—. ¿Esto significa que ya se aceptaron mutuamente como familia? Luan dejó caer una mano encima de mi hombro. —No, Theo sigue odiándome. —Porque tú sigues siendo igual de insoportable—recalqué. Heaven alzó ambas cejas. —Por lo menos se hablan, supongo que eso ya es bastante. —Hemos venido porque queremos llevarte a un sitio. —Uh, ¿a esta hora? —Sí. Estuve viajando todo el día, gestionando un par de cosas y bueno… al final me ha quedado este horario. —Es la madrugada. No puedo simplemente irme. —¿Por qué no? Observé a Luan con cautela. ¿Llevarla? ¿A dónde? La verdad es que no analicé qué diablos haría después de verla. Heaven, por su parte, daba la impresión de estar trabajando para hallar el pretexto capaz de librarla del plan. —A Shelby le dará un infarto si no amanezco aquí. —Te traeremos antes. —No tienes que venir si no quieres—intervine. Es casi una traición que Luan no me haya comentado nada sobre lo que sea que pretende hacer. Pero, contrario a lo que esperaba, Heaven se mostró repentinamente decidida. —No, está bien, quiero descubrir qué tienen en mente. Luan sonrió en medio de un gesto triunfal. —Excelente, ven—giró sobre sus talones y se encaminó hacia su puesto, convencido de que iríamos detrás. Heaven pasó por mi lado, dejando una estela con su aroma a su paso. Permanecí plantado en el mismo lugar, ligeramente desconcertado, hasta que ella se detuvo para mirarme por encima de su hombro. —¿Vendrás? ¿Contigo? Al fin del mundo si me lo pides. —Eh… sí, claro. Sólo cuando me subí de nuevo al auto recuperé un poco de serenidad. Hagamos esto. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD