Capítulo 8

3667 Words
No entres en pánico. No hay ningún motivo para perder la calma. Porque esto no te afecta. No debería afectarte. Porque eres una chica grande que ya logró independizarse. O algo muy parecido a eso. Porque eres feliz, porque tienes una vida maravillosa y a las personas correctas rodeándote. Porque todas las decisiones que te han conducido a este momento han sido, finalmente, las adecuadas. Si no hay arrepentimiento, dolor, tristeza o nostalgia, ¿por qué habrías de entrar en pánico? Llevo alrededor de cinco minutos en la misma posición; aferrada a las baldosas del lavabo, con los nudillos pálidos por la fuerza del agarre, la vista fija en el espejo frente a mí y una tensa expresión de incomodidad. El cabello cae a los costados de mi cara, creando una cortina de mechones que me obstaculizan la vista periférica. Han entrado y salido varias chicas, todas ellas dándome un vistazo confuso antes de dedicarse a sus propios asuntos. Debo parecer una lunática, o una persona al borde de la razón. Estoy segura de que mi imagen deja mucho que desear. Y no dejo de pensar, ¿por qué? Dios, Heaven, de verdad que esto no te importa. Yo sabía que podría pasar. Que eventualmente me encontraría cara a cara con Theo, considerando nuestras circunstancias y mi mala suerte, pero ¿el mismo día? No llevo más de cinco horas en la ciudad, ¿cómo es posible? ¿Qué probabilidades había de que a mis amigos se les ocurriera la maravillosa idea de salir?, ¿qué probabilidades había de que yo accediera?, ¿qué probabilidades había de que Theo también decidiera salir?, ¿qué probabilidades había de que coincidiéramos en el mismo lugar, siendo que alguno de los dos podría haber venido antes, después o no haberlo hecho en lo absoluto? La secuencia de coincidencias es una puta burla hacia el autocontrol que yo creía tener, porque ya en serio… ¿Por qué diablos parece que toda esta mierda me importa? Me erguí, respirando hondo. Hay un brillo extraño en mis ojos. Del caos emocional que estoy experimentando sólo puedo rescatar esa sensación de nervios en la base de mi estómago que hace tiempo no sentía. Si bien imaginé el escenario de diferentes formas en múltiples ocasiones, creo que nada me preparó para tener a Theo tan cerca sin saber, en realidad, qué demonios siento por él. ¿Dolor? ¿Rencor? ¿Nada? Después de todo este tiempo, ¿estamos en buenos términos? Tomando en cuenta que ya he superado lo que pasó, deberíamos estarlo. La verdad es que nunca pensé a fondo esa clase de aspectos en el hipotético caso de un reencuentro. Y si no hay ningún tipo de rabia o sentimiento similar entre nosotros, ¿por qué no pude simplemente ir a saludarlo?, ¿por qué tuve la necesidad de huir aprovechando que estaba distraído? Quizás estar en “buenos términos” no es sinónimo de que resulte cómodo compartir espacio con alguien en particular. Ahora solté un suspiro, estudiando mi propio reflejo. ¿Qué se supone que haga? Fácil: lo que te dé la gana, porque ¡Theo no te importa! Comencé a pensar en que debía salir cuando supuse que había pasado demasiado tiempo desde que me levanté de la mesa. Además, tenía la sensación de que si me quedaba en el mismo sitio, viéndome, terminaría enloqueciendo. Hay una clara batalla en mi interior sobre lo que debería estar pasando y lo que en verdad sucede. Así que me pasé las manos por el cabello, repasé cada centímetro de mi aspecto en un escaneo rápido y me armé de valor para enfrentar la horrible circunstancia de la mejor manera posible. Sólo que, cuando por fin me encaminé hacia la mesa con toda la seguridad que logré reunir, noté que Theo ya no estaba. Por lo menos no al alcance de mi vista, o en el lugar en el que estuvo antes. ¿Y si lo imaginé?, ¿Y si lo confundí con cualquier otro chico remotamente parecido?, ¿Y si la paranoia está jugando conmigo? —Por fin—Ansel me trajo de regreso a la realidad—. Ya se te deben haber enfriado las papas, pero no te preocupes, yo me las como por ti. Hizo el amago de robarme una del plato, pero Xanthia interceptó el movimiento mucho antes, golpeándole la mano a la par que fruncía los labios con molestia. —¡Auch! —¿Qué te he dicho sobre meter tu asquerosa mano en la comida de los demás? —No sé, y no me importa no recordarlo—mi mejor amigo cruzó los brazos sobre el pecho, enfurruñado—. Siempre compartíamos nuestra comida, ¿qué cambió, como para que ahora no? Desde que tengo memoria he pensado que la amistad que tenemos es la más sincera y leal que existe, que nada podría cambiarla, ¿y ahora me salen con esto? Están destruyendo las tradiciones que sirven de base a… Xanthia chasqueó la lengua, arrojando una papa frita cubierta de queso cheddar al rostro de Ansel. —Cállate la maldita boca. Nada de lo que dices tiene sentido, sólo quieres comerte lo que Heaven pidió porque eres un ambicioso de mierda que nunca se conforma con lo que tiene. El pelinegro se llevó la mano al sitio del impacto con el rostro súbitamente inexpresivo. Pensé que iba a quejarse, replicar o devolver el golpe, considerando lo innecesariamente cruel y ofensiva que fue Xanthia, justo antes de recordar que Ansel jamás actúa exactamente como yo espero que lo haga. —Si igual ibas a lanzármela, ¿por qué diablos no podías dejar que me la comiera? Me senté en modo automático al percatarme de que Collin ha pasado los últimos minutos analizándome en silencio, casi como si intuyera que algo va mal. Con movimientos rígidos y estudiados deposité la mitad de las papas en el plato casi vacío de Ansel, quien es el único que aparentemente no esperó por mí para empezar a comer, porque de pronto perdí el apetito. Él, pletórico, se volteó para mirarme con una sonrisa de oreja a oreja. —¿Ves por qué te amo? Tú sí eres una buena amiga. Xanthia rodó los ojos. Comencé a inquietarme porque mi hermano, pese a todo, sigue viéndome de tal forma que parece estar haciendo una intromisión telepática a mi cerebro. Me obligué a pensar en qué demonios decir para desviar la atención. ¿Y si ellos vieron a Theo también, y si es evidente que por alguna estúpida razón no sé cómo comportarme ahora? ¿Y si Theo sí está por ahí, a mis espaldas? Alisé las arrugas ficticias de mi falda para disipar los nervios. Podría hiperventilar sólo por asumir que él continúa en algún rincón del establecimiento. —Es tu culpa que Ansel sea así, le das todo lo que quiere—se quejó la pelinegra, luego pareció notar algo en mi rostro—. ¿Por qué tardaste tanto en el baño?, ¿todo en orden? —Sí, ¿por qué? —Te ves… no lo sé, ¿extraña? —Pues pocas veces me he sentido mejor. Los tres me observaron en silencio, tal vez debatiendo internamente sobre creerme o no. Yo, por mi parte, pinché varias papas que tragué sin masticarlas correctamente, dándole un largo sorbo a mi refresco justo después, concluyendo que eso tampoco había sido lo que se dice normal. Pero bastó para que dejaran de concentrarse en mí, con excepción de Collin. Ansel tomó el control de la conversación, cosa que agradecí. Participé lo necesario, y estuvimos ahí, hablando y riendo, hasta que se nos terminó la comida y los motivos para quedarnos. La llegada de la noche abrió paso a una cantidad aun mayor de clientes; el local se llenó tanto que la idea de seguir ocupando las sillas se nos hizo inapropiada. Mis amigos sugirieron culminar la noche en algún bar, pero logré convencerlos de posponer el plan porque el cansancio comenzaba a invadirme. A cinco pasos del café, con Xanthia y Ansel caminando varios metros adelante, Collin me sujetó del brazo para detenerme. En varias ocasiones percibí que me veía, pero también fue relajándose gracias a las historias de mi mejor amigo y a la forma en la que gesticulaba con exageración. En verdad deseé que olvidara lo que fuera que estuviera pensando, no obstante, al girarme para verlo entendí que eso no pasaría. —Lo viste, ¿no es así? —¿Qué cosa? Intenté parecer desentendida, cruzando los brazos sobre el pecho. No esperaba que fuera tan directo. —A él. —No sé de quién hablas. Collin rodó los ojos. —Lo viste—ahora era casi una acusación—. Por eso desapareciste, ¿no? —Sólo fui al baño. —Sí, como por media hora. —Pues no sabía que existe un límite de tiempo aceptable, lo tomaré en cuenta para la próxima. Mi hermano adoptó una pose totalmente distinta, más seria, contenida e imposible de evadir. Sólo en las circunstancias más cruciales de nuestras vidas me ha mirado como si quisiera transmitirme lo que no es capaz de poner en palabras a través de ese gesto. —Heaven, necesito saber cómo te sientes sobre todo esto. Creo que es momento de hablarlo. Por favor, sé honesta. Solté un suspiro en derrota, dejando caer los brazos. No tiene caso mentirle, me conoce demasiado bien, y tratar de hacerlo sólo va a delatarme. —Sí, ¿de acuerdo? Casi por accidente, pero… lo vi. —¿Y? —Fue sorpresivo, eso es todo—entrecerró los ojos, escéptico—. No supe si debía acercarme o pretender que no lo reconocí. Así que decidí esconderme en el baño. —¿Lo extrañas? —¿Qué? No. Tengo novio, ¿recuerdas? Lo curioso del caso es que, hasta entonces, Josh no había venido a mi mente. —Sí, pero no has estado cerca de Theo en mucho tiempo. Una cosa es afirmar que superaste a alguien y otra muy diferente probarlo. Quizás hay emociones que despertaron… —No habría aceptado ser la novia de nadie si ese fuera el caso. —Tú me confesaste que te gustaba salir con Josh porque te ayudaba a olvidar. —¿Y eso qué? —Significa que al principio para ti él sólo era una muy buena distracción. ¿Y si confundiste el alivio con amor? Parpadeé, perpleja. —¿Estás cuestionando toda mi relación con Josh porque vimos a Theo de casualidad? ¿En serio? —Mi punto es que en momentos como este, en el que la vida te sorprende, tus sentimientos pueden ir por un camino que ni tú misma esperas. Retrocedí un paso. Una bofetada me habría desconcertado menos. —Yo amo a Josh. De verdad. Tú lo sabes… y él te agrada, ¿por qué actúas como si recién notaras que he estado usándolo para superar a mi ex? Josh es… es…—no se me ocurrió una palabra que pudiera englobar todo lo que significa él para mí, lo increíble que me parece—… De acuerdo, a la mierda, no voy a justificar mis sentimientos. Sé cómo son las cosas. —No te digo esto para que te pongas a la defensiva, Heaven, sólo quiero que hagas una introspección y te respondas, con total sinceridad, qué demonios representó ese extraño casi encuentro para ti—se acercó, depositando una mano sobre mi hombro con suavidad—. Jamás voy a juzgarte, mi única intención es ayudarte a entenderte. Abrí la boca con toda la intención de replicar, no obstante, vi genuinidad en los ojos de mi hermano. No pretende ofenderme o poner en tela de juicio todo lo que he estado haciendo con Josh. Sólo quiere asegurarse de que estoy bien, de que mis pensamientos con respecto a Theo siguen firmes. Me forcé a relajarme. Nadie está en mi contra, pero así se siente. —Ya no es como antes, ¿de acuerdo? Sólo me pareció una circunstancia muy incómoda porque aún no decido si quiero hablarle de nuevo en la vida. —¿Segura? —Sí. Collin meditó la respuesta un par de segundos. —¿Hay algo más que quieras comentar al respecto? Porque creo que ese fue un momento importante para ti, pero cada vez me cuesta más hablar sobre sentimientos, y la realidad es que no tengo ni puta idea de qué preguntar. Sonreí antes de abrazarlo, tratando de olvidar todo lo demás. Collin me rodeó con sus brazos al instante, y por fin me envolvió un poco de paz. —No, de hecho no. Pero gracias por preocuparte. —En serio lo has dejado atrás, ¿no? Tragué saliva con dificultad. —Lo nuestro es parte del pasado. Ya ni siquiera tiene caso hablar sobre eso. Me dio la razón, pese a que la sensación de que existe mucho más por decir acerca de Theo continuó hostigándome. —De igual manera quiero que sepas que yo no sabía que él estaría aquí, de lo contrario no te habría traído. —Lo sé. —Porque yo sí lo odio todavía. Y porque tampoco creo que necesites encontrarte con él. —Lo sé. Hubo una pausa, una corriente suave de brisa nos sacudió el cabello. —Yo fui el único que lo vio. Ansel y Xanthia no se dieron cuenta, y él se limitó a hablar con el chico de la caja unos minutos antes de volver a irse. No miró en nuestra dirección… no te miró a ti. De pronto me surgió una duda: si la situación hubiera sido al revés, si él me hubiera visto a mí, de pie en medio de todas esas personas, ¿qué habría hecho? Collin se alejó, indicándome con un movimiento de su mano que lo siguiera al auto, y yo obedecí sin hacerle caso al impulso que me demandaba darle un último vistazo al local. Adentro del vehículo mis mejores amigos sostienen un debate sobre cuál de los platillos que ordenaron es mejor. Cada uno pensaba imponer su opinión, pero en lo que llegamos Collin encendió la estéreo a un volumen tan elevado que dejaron de escucharse sus argumentos. Ambos resoplaron con hastío, dejando de hablar, y entonces mi hermano redujo el volumen a uno seguro y saludable para los oídos de todos. Shelby estaba esperándonos en la sala cuando llegamos a casa, sentada en medio de la habitación a oscuras, viendo una película antigua con los pies encima de las piernas de un visiblemente aburrido Edward. Este último se levantó como un resorte apenas cruzamos la puerta principal, lanzándose hacia el interruptor para encender la luz. Todos observamos su desesperación como una clara señal de que estaba esperando con ansias la interrupción. En otras condiciones mi tía habría protestado, no obstante, en cuanto sus ojos me encontraron su rostro se iluminó. Le sonreí porque después de tanto tiempo había olvidado la paz que se respira cuando ella está presente. Siempre fue mi refugio, con excepción de algunos pequeños intervalos de tiempo, como cuando me contó la historia verdadera sobre la muerte de mis padres, y es agradable pensar que continúa siéndolo. Nos hizo sentarnos en los sofás antes de empezar a preguntar qué tal nos había ido. Edward soltó un suspiro de alivio en cuanto ella le pidió que apagara la TV. Siempre ha odiado las películas antiguas, y estaba tan contento por haberse librado de esa que se ofreció a prepararnos algún snack. —Asegúrate de que no tenga propiedades toxicas, por favor—dijo Collin a sus espaldas, elevando la voz para que pudiera oírlo incluso mientras salía de la sala. Shelby le lanzó una mirada mortal, ante la que él sólo rodó los ojos. —Por mucho que lo ames, Shels, es imposible negar lo obvio. Cocina muy mal. —Está bien que tengas tu opinión, pero no es necesario que seas un idiota. Edward se esfuerza por ser amable. —No, Edward quería largarse antes de que te arrepintieras y le pidieras retomar la película. Mi tía apretó los labios en una fina línea, negó lentamente con la cabeza y luego se volteó hacia mí, sustituyendo la expresión por una menos severa. —Oh, Dios, ¡tengo tantas preguntas que hacerte! Y a continuación, ignorando mi cara de espanto, se lanzó de lleno a un cuestionario muy mal estructurado, en el que apenas conseguí espacio para responder, con el que se consumieron unas dos horas más. Cuando dejó de ser un interrogatorio y se transformó en algo similar a una conversación los demás empezaron a participar. Reí tanto que me dolieron las mejillas. Había sido un día largo, pero no podía sentirme más a gusto. A eso de las once en verdad pensé que me quedaría dormida a mitad de una oración, por lo que me despedí de todos con el objetivo de subir a mi habitación. Tomé una ducha corta, sacando un conjunto de ropa para dormir que también le pertenece a Emmerit de mis maletas, y solté un suspiro por lo bajo, deteniéndome a pocos pasos de la cama. Por primera vez desde que llegué me permití observar realmente el entorno que me rodea. El peso de lo que estar aquí significa recayó nuevamente sobre mis hombros, como una carga densa y ligeramente indefinida que podría ser tanto una bendición como una maldición. En apariencia todo luce tal y como se veía hace tres años. Da la sensación de que salí por la mañana para ir al instituto y regresé después de trabajar en la pastelería. Ni siquiera hay motas de polvo flotando en el aire o el típico aroma a encierro. Shelby ha mantenido cada rincón impecable. Nadie podría asegurar sólo por el estado de la habitación que en verdad me fui. Paseé los dedos por algunas superficies, reflexiva. Vacaciones en casa. ¿Habrá sido buena idea? Aparte de la montaña rusa de emociones contradictorias que estoy experimentando, no hay ningún motivo en específico por el que no lo sea. Me acosté sobre el colchón al cabo de un rato, fijando la mirada en el techo. Alcancé el teléfono con la necesidad de ver algún mensaje de Josh brillando en la barra de notificaciones, pero no había nada. Resoplé con frustración, sin poder creerme que su indignación haya sido superior a todas las otras cosas que siente por mí. Hice un viaje largo, me reencontré con mis amigos, ¿nada de eso le interesa? Un golpe seco e inesperado en las cercanías me sobresaltó. Me incorporé en la cama deprisa, mirando alrededor con el objetivo de identificar el origen del sonido, pero no encontré nada fuera de lo común. Pensé en que debía relajarme, suponiendo que ya estaba oyendo cosas donde no había más que silencio, cuando se repitió. Esta vez lo identifiqué; era el ruido que hacía un objeto pequeño y contundente al estrellarse contra el vidrio. Volteé hacia la ventana, arrastrándome hasta bajar de la cama con cautela. No tenía la imagen de alguien en mi cabeza cuando intenté ver a través del cristal, aun así jamás me habría imaginado que precisamente él estaría allí, frente a mi casa, lanzando rocas a mi ventana a medianoche. Bajé las escaleras trotando, cerciorándome de que nadie estuviera en la sala antes de acercarme por completo a la puerta, y abrí de un tirón. Un sinfín de frases se aglomeraron en la punta de mi lengua, tenía mucho por decirle, pero al final me decanté por la pregunta más básica. —¿Qué estás haciendo aquí? Luan rodó los ojos, irritado, como si yo hubiera pasado las dos últimas horas fastidiándolo. —Me parece jodidamente ofensivo el hecho de que no me hayan invitado a la reunión—dio un paso al frente—, y no te atrevas a negar que hubo una, porque vi las fotos que Ansel publicó. —Ya sabes que no tan en el fondo todos te odiamos—afirmé, pero ya estaba sonriendo. Luan extinguió la distancia y me atrajo hacia su cuerpo en un fuerte abrazo. Contuve un estornudo cuando su fascinación por usar más perfume del necesario volvió a hacerse notable. Por un instante cerré los ojos, feliz, porque también extrañaba a este idiota. Me alejé al cabo de unos segundos, sin soltarlo por completo, y miré tras su espalda. Fue un impulso nacido de mi necesidad por descubrir si es que acaso se le había ocurrido la brillante idea de caminar hasta aquí siendo tan tarde, pero pronto se convirtió en lo que se sintió como una tragedia. La sonrisa se congeló en mi rostro, automáticamente se me disparó el ritmo cardíaco. Intercambié la mirada entre Luan y el chico apoyado contra el auto que supuse es suyo, notando que ahora ambos me observan con el rostro tenso y analítico, como si esperaran alguna reacción de mi parte. El silencio se volvió denso. Las mejillas comenzaron a dolerme. Era plenamente consciente de que debía cambiar la expresión, pero de pronto no sabía cómo. Luan se rascó la parte posterior del cuello, sonriendo con cierto pesar. —Yo… Eh… Traje a mi hermanastro conmigo. Theo tiene las manos hundidas en los bolsillos frontales de sus jeans, con la vista fija en nosotros. La misma aura despreocupada. La misma posición llena de una seguridad casi arrogante. El mismo semblante inexpresivo…. La misma sensación de que es, en esencia, inalcanzable. Y no puedo evadirlo, fingir que no lo he visto o cerrarle la puerta en la cara. —Ya veo. El castaño se separó del auto antes de estirar los brazos por encima de su cabeza, desperezándose. Con pavor lo admiré mientras se acercaba a pasos cortos, sin prisa y con mucha más calma que yo. Mi sonrisa decayó, mas no permití que desapareciera, de lo contrario ambos podrían ver lo afectada que ya estaba. Theo fijó toda su atención en mí, parpadeando. —Blom. De acuerdo, oficialmente he entrado en pánico.
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