Capítulo 7

3610 Words
—¿No hubo ningún inconveniente durante el viaje? —No. Edward nos extendió dos vasos de agua, ante lo que Collin se quejó porque esperaba algo con alcohol. Di las gracias antes de fijar la atención sobre Shelby, que no ha dejado de mirarme con una muy grande sonrisa sobre el rostro. Daría miedo si no estuviera tan feliz como ella. —Oye, Shels, a mí nunca me has visto como si quisieras regalarme toda tu fortuna, estoy comenzando a sentirme celoso—protestó Collin. Mi tía desvió la mirada sólo un segundo antes de continuar estudiándome. —A ti te he visto todo es tiempo, a ella no. ¿Sí notaste lo grande que está? —No ha crecido ni un centímetro más. —No me refiero sólo a eso, Collin—Shelby rodó los ojos antes de sonreír, otra vez, en mi dirección—. Mi niña ya es tan… madura. Pensé en mis conversaciones sin sentido con Emmerit, en todas las cosas absurdas que habíamos hecho con Jack y en mis breves discusiones con Collin. —Yo no diría… madura, exactamente. Justo entonces el timbre de la entrada sonó. Apenas tuve un segundo para observar las figuras que se proyectaban en la puerta antes de que, sin previo aviso, ésta se abriera. Dos cuerpos en movimiento salieron disparados hacia mí y en dos segundos ya tenía a Ansel gritándome al oído. —¡Blom! —¡Auch!—puse una mueca, pero en cuanto percibí el cabello de Xanthia haciéndome cosquillas en el cuello sentí que se me humedecían los ojos. No tenía ni idea de cuánto los extrañaba hasta entonces. Ambos me envolvieron con fuerza, aplastándome contra el sofá. Ni siquiera atiné a pensar en quién les habría contado sobre mi visita antes de comenzar a llorar. Algo frío y húmedo se deslizó por mis piernas, supuse que el agua que tomaba se había derramado, pero a ninguno de los tres nos importó. Xanthia huele justo como lo recordaba, y los brazos de Ansel continúan inspirándome una profunda sensación de comodidad. No quería soltarlos, pero en cierto momento empecé a sentirme sofocada. Eché la cabeza hacia atrás y al mismo tiempo ellos se irguieron. Sorbí por la nariz con la vista fija en el rostro de Xanthia, pasándome las manos por la cara para secarme las lágrimas. Entreabrí los labios, queriendo decir algo, pero ningún sonido salió. Hay un nudo denso obstruyéndome la garganta. Ansel es el primero en pronunciarse, con una adorable sonrisa adornando sus facciones. —¿Maratón de películas? Me reí como una tonta, pensando en la cantidad de veces que ese había sido nuestro plan para olvidarnos momentáneamente de la realidad. Soy consciente de que son demasiados meses separados por la distancia, de que quizás ya no los conozco de la misma forma que solía hacerlo cuando pasábamos días enteros juntos, que tal vez hay temas que hemos omitido discutir por diversas razones, que ellos pudieron haber conocido a otras personas, pero allí, teniéndolos enfrente, de verdad me dio la impresión de que el tiempo no había influido en nuestra amistad. Seguimos siendo nosotros, aunque ya no nos veamos exactamente igual a la última vez que estuvimos dentro de la misma habitación. —Eso ni siquiera se pregunta. Me puse de pie. Efectivamente toda el agua se me había derramado encima. En cuanto estuve ligeramente estabilizada Xanthia se arrojó de nuevo sobre mí, apretando mi cuerpo con fuerza. —Dios, cómo te extrañé. —Un segundo… ¿Acaso estás reconociendo abiertamente tus sentimientos? Me alejó por los hombros para mirarme con descontento. Volvía a tener una expresión sumamente familiar para mí, lo que me llevó a sonreír. —Esto ha sido más dramático de lo que pensé—dijo Collin de pronto, interrumpiendo la respuesta de Xanthia—. ¿Alguien más tiene hambre? Necesito comer. —Preparé espagueti con atún—comentó Edward, sonriendo orgulloso. —Uh, sí, no gracias. En realidad yo estaba pensando en salir a algún sitio, ¿quién se apunta? El semblante de Edward se transformó. —¿No gracias? ¿Por qué demonios “no, gracias”? —Ya lo hemos discutido, amigo, cocinas del asco. —¡Collin! —Shelby, es la verdad, y todos lo sabemos. Él es perfectamente consciente—Collin se giró hacia Edward, mirándolo con cierto pesar en lo que dejaba caer una mano sobre su hombro—. No es personal, me agradas, pero prefiero morir en desnutrición que depender de tu comida. —Yo sí quiero espagueti, cielo, no le hagas caso a Collin. Edward sonrió ampliamente en cuanto mi tía lo observó, complacido. Y entonces entendí, de nuevo, por qué la relación de ambos seguía funcionando: actuaban en base al amor, siempre. —Yo me apunto—Ansel alzó un brazo con el propósito de enfatizar lo que había dicho, animado. —¿Xanthia?—mi mejor amiga se encogió de hombros. Su silencio fue interpretado como una contestación positiva. Luego todas las miradas recayeron sobre mí. —¿Heaven? —No estoy segura de que esto sea buena idea, acaban de llegar de un viaje. Deben estar exhaustos, y no he hablado lo suficiente con Heaven, ¡no he hecho las preguntas importantes! ¿Cómo va a irse? —Tía, se quedará aquí tres meses. Podrás verla todo ese tiempo. —Sí, pero… —La verdad es que sí estoy algo cansada. Collin frunció el ceño en mi dirección.  —No, no lo estás. Así que cámbiate para que podamos irnos. —Creí que tenías un compromiso. —Lo cancelé. Iba tarde—alzó su dedo índice para señalarme—, por tu culpa. Así que me debes esto. —Oye, yo debería poder elegir si quiero acompañarlos o no… Ansel se pegó a mi brazo, sujetándome como si tuviera cinco años e intentara convencerme de comprarle su dulce preferido. —Vamos, Blom, no seas aburrida, después de todos estos años separados ¿no crees que nos merecemos una buena reunión? —Claro que sí, pero podemos pasarla para mañana. —No, no podemos. Te hemos extrañado, y tú a nosotros, ¿por qué no ser simplemente felices en un lindo café? Torcí los labios. —¿Ya te he dicho lo mucho que odio tu poder de convencimiento? —No, porque en realidad lo amas. Recuerda que gracias a él conseguimos llevar a Xanthia por un camino más o menos decente. —Touché. La pelinegra rodó los ojos. —Vámonos antes de que golpee a Collin, me estresa la cara que pone cuando está impaciente. Mi hermano, profundamente ofendido, resopló. —Sí, porque estar contigo es una maravilla. Los cuatro nos metimos en el auto de Collin después de que sustituyera mi ropa por una falda negra, un top blanco con letras estampadas y zapatos deportivos. Mi hermano, que al parecer disfruta muchísimo de la actividad de conducir sólo para poder presumir su más reciente adquisición, puso una expresión radiante apenas nos acomodamos en los asientos. Empezó a dar indicaciones para que no “estropeáramos nada” y encendió la radio en cuanto nos incorporamos a la carretera. Ansel, irritado, lo interrumpió de pronto para protestar. —Dios, ¿es que nunca habías tenido nada nuevo? Ya cállate. De todas formas, ¿qué mierda podemos dañar? ¿Acaso crees que voy a sacarme una navaja del bolsillo para apuñalar la tapicería? La expresión risueña de Collin desapareció, dando paso a un profundo ceño fruncido. —Pues lamento no ser tan millonario como tú y comprar cosas nuevas todos los días sólo por diversión, imbécil. A través del espejo retrovisor observé cómo el semblante de mi mejor amigo se suavizaba. —No lo dije por eso. Me alegra que tengas tu propio auto, es sólo que actúas como si alguno de nosotros pretendiera prenderlo en fuego. Collin alzó una ceja, visiblemente más relajado. —Por si te lo preguntas, la verdad los creo capaces de hacer algo así. Accidentalmente o no. Ansel rió levemente, dando la conversación por concluida. A mí de repente me asaltó otra punzada de entusiasmo, sin poder creerme que horas atrás estuviera en mi pequeño departamento, a kilómetros de la vida que actualmente para mí luce como otra realidad, y ahora compartiera el mismo espacio con tres de las personas que han sido, desde siempre, una constante a lo largo de mi existencia. Pasé de verlos cada día a no hacerlo como me habría gustado por años. Poder girar mi cabeza y toparme con el rostro de Xanthia parece algo surreal. Como siempre, la reacción más inteligente que se le ocurrió a mi cuerpo para liberar ese cumulo de emociones fue llorar; en cuestión de segundos ya tenía los ojos cristalizados, pero me forcé a parpadear con el propósito de alejar las lágrimas. —No sé cómo lograron convencerme de salir. Ni siquiera tuve tiempo de echarle un vistazo a mi habitación. —Es la mejor decisión que pudiste tomar. Hay que celebrar apropiadamente. —¿Y a dónde vamos, de igual manera? —Hay un café restaurant que abrieron hace unos dos meses. Normalmente hago todas mis reuniones ahí. —De acuerdo. Xanthia se inclinó de pronto hacia el frente, rodeándome con sus brazos con todo y asiento. Sentí que suspiraba en mi cuello. —En serio te extrañé. Sonreí, feliz. —Y yo a ti, Xans. Collin aparcó en uno de los pocos espacios disponibles que hallamos en el estacionamiento de lugar. Observé la fachada a base de vidrio y piedras incrustadas en la pared que le da al edificio un aura marítima, como si estuviéramos cerca de la costa, además de la cantidad de personas de pie en pequeños grupos a las afueras del lugar. Parece que mi hermano no es el único fascinado por el local. Por el espejo retrovisor noté que Xanthia se reacomodaba el pelo casi con ansiedad. Enarqué una ceja pese a que no estaba viéndome, pero fue Ansel el que decidió hacer un comentario al respecto. —¿Qué demonios haces? —No es tu problema. —Creí que Austin no te gustaba. —No me gusta—abrí los labios en una pequeña “O”. Supe de quién hablaban al instante porque Xanthia ya lo ha mencionado de pasada en nuestras conversaciones, diciendo que se trata de un chico dos años menor que se fijó en ella casi por casualidad y que no ha querido entender que no le interesa en lo absoluto. Según todo lo que me dijo, él siente algún tipo de amor platónico por ella. Xanthia asegura de apenas han hablado, que no tienen nada en común, que jamás le pondría atención y que está decidida a hacerle entender cuál es su lugar. Pero, en contra de todo ese discurso, ahora mismo está acomodándose el pelo. —¿Trabaja aquí? Xanthia giró el cuello con rapidez hacia Ansel, buscando silenciarlo al abrir excesivamente los ojos. Y Ansel, que adora el drama y fastidiar a quien sea, volteó hacia mí con una sonrisa maliciosa en sus labios. —Sí, por eso Xanthia sigue viniendo. —Eso no es verdad. —Lo es, aunque no quieras admitirlo. —He dicho que no. Collin apagó el motor del auto. —Sí lo es. Te he visto acosando al pobre chico desde tu asiento. —Yo no acoso a nadie. A Xanthia se le tiñeron las mejillas de una tonalidad rosácea. Intenté no mostrarme sorprendida; son contadas las veces en las que la he visto sonrojarse por un chico. Solía pasar con Zane en los inicios de su relación, cuando lo suyo era enamoramiento y no una dependencia obsesiva totalmente enfermiza, pero tampoco era muy común que ocurriera. Cientos de cosas pasaron por mi cabeza, no obstante, las siguientes palabras de Ansel cortaron mi cadena de pensamientos. —Tenías una de sus fotos como fondo de pantalla. —¡Cállate!—chilló ella, aun mas roja. Collin comenzó a reírse y yo, atónita, solté un sonido similar a un jadeo. —¿Qué? ¿Cómo que tienes fotos de Austin? Me has estado mintiendo. —No les hagas caso, a mí en serio me desagrada ese chico. —Xanthia… La pelinegra soltó un gruñido antes de tirar de la manilla ubicada en la puerta, bajándose con un aire furioso rodeándola. —Acabemos con esto, no pienso quedarme a discutir con ustedes un tema tan estúpido como ese. Los tres la vimos alejarse rumbo al establecimiento, dándonos la espalda mientras cruzaba los brazos para terminar de enfatizar el hecho de que ya se había puesto a la defensiva. —Creí que ya le costaba menos hablar de sus sentimientos—dije, sin poder superar el asombro. —Yo también, hasta que Austin apareció de pronto. —¿A ella en verdad le gusta? Ansel soltó un suspiro. —Jamás lo ha admitido, pero después de lo del beso… ya sabes, ha estado más enfocada en él. —¿Se besaron?—a Collin casi se le salen los ojos de la cara. —¿Ella y Austin? No… ¿Ella y yo? Sí. —¡¿Qué?! La reacción de mi hermano fue mucho más escandalosa de lo que yo habría esperado, su rostro perdió color. —Uh, sí… —¿Y por qué yo no lo sabía? —Pues porque no es algo de lo que me sienta especialmente orgulloso. —¿Pero cómo…? ¿Judith lo sabe? La amargura se volvió palpable en la expresión de mi mejor amigo. Justo entonces recordé que no hemos tocado más ese tema, por lo menos no como me habría gustado, y que se supone que como buena amiga tendría que haberme preocupado más. —¿Por qué crees que no la has visto últimamente conmigo? —Mierda, Ansel, pero no entiendo… ¿por qué le serías infiel? Te veías tan enamorado… —Estoy enamorado. No fue algo que planifiqué o hice para obtener algún tipo de placer. Xanthia me besó, y creo que fue un impulso y ya pero… bueno, de todas formas trajo sus consecuencias. —j***r… Collin silbó, visiblemente impactado por esa combinación de confesiones. —Entonces ¿es definitivo? ¿Ustedes en serio terminaron? Ansel me observó antes de responder, ahora un poco más triste. —Pues Judith no se tomó la noticia muy bien, como era de esperarse, y me mandó a la mierda. Luego me llamó en la madrugada, llorando, para decir que en serio me ama y que desea perdonarme, pero que no sabe cómo. Dijo que al verme sólo puede imaginarme besando a Xanthia, y que ella no merece cargar con esa escena mental. Sugirió que podría dejarlo ir en el futuro, que nos tomáramos un tiempo, y no ha contestado ninguno de mis mensajes desde entonces. Me mordí el labio inferior, indecisa sobre qué decir y frustrada por tener que ver de nuevo esa expresión desolada en el rostro de Ansel. —Lo siento mucho, de verdad. —No te preocupes, Blom, no tiene que ver contigo. Supongo que, como con todas mis relaciones, no estábamos destinados a ser. —Pero aún hay esperanzas, ¿no? Porque ella… —La verdad preferiría no hablar sobre esto. Asentí, comprensiva, y Collin por fin espabiló. —Demonios… no me lo puedo creer, de verdad. ¿No les da la impresión de que, entonces, Xanthia podría estar volcando su atención sobre Austin sólo porque se siente culpable?, ¿quizás para dejar en claro que se arrepiente? —No lo sé, pero no debería. De todas formas ya me jodió la relación. —¿Lo han discutido? —No. Y tampoco planeo hacerlo—torcí los labios, inconforme con su respuesta—. Ahora a celebrar, no voy a deprimirme en el que es uno de los mejores días de mi vida. —¿En serio? Sonreí, nuevamente alegre. Perdí la cuenta de la cantidad de emociones que he experimentado sólo hoy. —Claro, durante lo que queda de estas veinticuatro horas sólo quiero que importe que por fin estás aquí. —Y yo quiero comer—intervino Collin, destruyendo el momento sentimental que había empezado a crearse, como es su especialidad. Una vez de pie sobre el pavimento mi hermano comenzó a molestar a Ansel por alguna tontería a la que no le puse atención, a tal punto que completaron el tramo que faltaba hasta el café dándose pequeños empujones a modo de broma. Xanthia se había sentado en una de las mesas más apartadas, próxima a una esquina, y leía el menú con bastante interés. —Finalmente—exclamó en cuanto nos vio, permitiendo que una nota de irritación se filtrara en su voz—. Espero que no estuvieran hablando de mí a mis espaldas. Ansel se llevó una mano al pecho con dramatismo. —¿Por quién nos tomas? Jamás haríamos algo como eso. Justo después de que todos nos ubicamos en alguna silla apareció un chico pelirrojo y pecoso frente a nuestra mesa, con el rostro serio de manera que lucía forzado. Xanthia se puso roja, de nuevo, y fue el gesto que necesitaba para identificar al recién llegado. Austin. —Hey, rojo, ¿qué hay?—Ansel extendió su brazo para que el chico le golpeara el puño, cosa que hizo, sustituyendo el semblante tenso por una sonrisa amigable. —Ya sabes, lo mismo de siempre. Collin también lo saludó, mientras que Xanthia desvió la mirada hacia la pared más cercana como si así pudiera desentenderse de la situación. Hubo una pausa incomoda, y entonces yo estiré mi mano con el propósito de presentarme. —Soy Heaven, y por lo que veo tú eres amigo de estos chicos, ¿no? —Un placer, Heaven, he oído mucho de ti. Y con respecto a lo último, supongo que podemos decirle así. A veces creo que ellos sólo me hablan porque una vez al mes les consigo helado gratis. —Eso suena como algo que Ansel haría—reconocí, a lo que Austin asintió. —¿Verdad que sí? Mi mejor amigo resopló. —Dudo que te paguen por hablar con nosotros, mejor haz tu trabajo. El pelirrojo sonrió, tomándose la respuesta como algo sumamente gracioso. —De acuerdo, ¿qué van a ordenar? —Lo de siempre—dijo Xanthia. Austin la observó durante una milésima de segundo, sólo lo justo para que ella supiera que tenía su atención, y luego fijó la mirada en Collin. La tensión entre ambos es asfixiante. Hice una nota mental para preguntar a Xanthia por ello en cuanto pudiéramos quedarnos a solas. Desde mi perspectiva hay toda una historia detrás de lo que ella ha hecho en mi ausencia que no ha querido contarme. —Para mí también. —Y para mí. —¿Y tú, Heaven, qué vas a querer? Dudé un momento. —¿Tienen refresco de cereza? —Sí. —¿Y papas fritas? —Sí, en cinco presentaciones distintas. —Uh, ¿podrías darme un refresco de cereza y alguna de esas presentaciones? Escógela tú. —Claro. Austin sujetó su libreta y un bolígrafo para apuntar, garabateando sin prisas. —En un segundo se los traigo. —Vale. Apenas se volteó Ansel se giró hacia Xanthia con una ceja enarcada, como esperando ver alguna reacción de su parte. Ella fingió que no se daba cuenta, estudiando la superficie de la mesa. —Parece un chico agradable—comenté yo. Mi mejor amiga rodó los ojos. —Todavía está en la preparatoria. —Es su último año—acotó Ansel, con una tonalidad ligeramente a la defensiva—. Pero a ti te encanta menospreciarlo por ser menor, lo que no tiene sentido porque sí, es agradable. —No sabía que Austin te había contratado como su abogado. —Creí que ya no peleaban por cualquier tontería—alcé una ceja, a lo que ambos me observaron como si fuera el centro de sus desgracias. —Pues yo pongo de mi parte para no hacerlo, pero Xanthia es simplemente insufrible. La pelinegra cruzó los brazos sobre el pecho, echándose hacia atrás en la silla. —Vete a la mierda. Entonces se me ocurrió que sería buena idea ir al baño antes de que trajeran la comida, por lo que me puse de pie en medio de la réplica de Ansel. Me excusé antes de darles la espalda, siguiendo el camino que Collin me indicó con un gesto de su mano. Pero a mitad del trayecto noté que había dejado mi bolso sobre la silla. Giré sobre mis talones con el objetivo de ir por él, frenándome en seco dos segundos después, en cuanto mis ojos dieron con la figura del chico que acababa de ingresar al restaurant. Ajeno al entorno, se había detenido enfrente de una de las barras para hablar con alguno de los compañeros de Austin. Siempre con ese aire despreocupado. Siempre como si, a pesar de todo, tuviera el dominio absoluto de la situación. La respiración se me atoró en los pulmones. Hay una diferencia de años entre esta y la primera vez que lo vi, pero allí, a pocos metros de él, fue como si me hubiera transportado de pronto a aquel día. Sus facciones perfectamente simétricas, ese toque angelical en su rostro, ese brillo malicioso en sus ojos, esa seguridad en su postura, la sedosidad de su cabello… Lo habría reconocido de inmediato aunque estuviera en una multitud de mil personas, aunque pasaran otros tres años sin que pudiera ver cómo cambiaba con el tiempo, aunque ya ni siquiera recordara muy bien cómo es el sonido de su voz. Theo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD