Capítulo 6

2882 Words
Subí los pies al salpicadero, moviendo la cabeza de un lado a otro al ritmo de la canción que íbamos escuchando. Una brisa cálida se cuela por las ventanillas, sacudiéndome el cabello, y el resplandor del Sol me enceguece cada cierto tiempo. Se siente como si estuviera atrapada en un día radiante y divertido de verano, pero sólo soy yo intentando mantener la mente despejada para que ninguno de mis pensamientos sea remotamente negativo. … Look, I don’t wanna try Keep it cool like iced tea So if I seem shy It’s ‘cause you seem so shiesty Sellin’ what you buy, buy, buy Just a product of the ‘90s If you close your eyes That’s where you’ll find me —I’m the devil’s advocate, you don’t know the half of it… —Good luck tryna manage it… —If a God is a dog, and a man is a fraud then I’m a lost cause… Collin tamborileó sobre el volante del auto al mismo tiempo que giraba en una esquina. Su humor se transformó bruscamente cuando comenzaron a reproducirse las canciones de su banda favorita. Se ve feliz. De la nada una idea fugaz pasó por mi cabeza, interrumpiendo la cadena de pensamientos que consistía en la letra de Devil’s Advocate. Estiré el brazo para bajarle el volumen a la radio. —¡Oye! ¿Por qué hiciste eso?—Collin me miró de reojo, súbitamente irritado. —Alex tiene su propio departamento ¿cierto? —Ya sabes que sí. —Y casi nunca va a nuestra casa, ¿cierto? Collin torció los labios. —Al principio, pero luego fue poniéndose cada vez más cómodo, ¿por qué? —Ya sabes por qué. —Ah, hermanita, creí que no eras capaz de guardarle rencor a nadie por tanto tiempo. —Alex es la clara excepción. Cinco meses después de que me instalara en la ciudad, cuando apenas estaba pensando en mudarme con la chica alegre y fiestera que conocí por casualidad, Shelby quiso observar de cerca el sitio en el que vivía. Planificó un viaje familiar con Edward, con quien aún no se casaba, Collin y el hijo de su prometido, que hasta entonces yo no conocía. Apenas había espacio en mi departamento para mí, no obstante, fue imposible conseguir que mi tía desistiera. Parte de su propósito era meternos a todos en una misma habitación para que conviviéramos y aceptáramos que así sería nuestra vida en adelante.  Así que vinieron. Alex tenía diecinueve años, la misma edad que Collin, y parecía totalmente decidido a odiar hasta el más mínimo detalle de la situación. La primera impresión que tuve de él no fue nada buena; se veía arrogante, prepotente y excesivamente quisquilloso. Sin embargo, me forcé a darle otra oportunidad porque a veces las personas simplemente están teniendo un mal día, o pasando por circunstancias difíciles que no les permiten ver más allá. Al segundo día de estar compartiendo el mismo techo con él comprendí una cosa: Era un idiota, sin más, y no merecía ninguna justificación por mi parte. Siendo todo lo opuesto a su padre, apenas se podía tener una conversación sin que se entrometiera para juzgar. Lo peor del caso es que a nadie más parecía molestarle su presencia. Era casi como si tuviera dos años y todos debiéramos perdonarle su comportamiento porque en verdad no conocía nada sobre la vida y los buenos modales. Lo trataban con condescendencia y se esforzaban para se sintiera cómodo. Buscaban agradarle y hacían exactamente lo que pedía, como si fuera el rey de algo. Incluso yo lo intenté, por el bien de Shelby. Hasta que una noche me levanté porque lo escuché gritar. Estaba ebrio, en mi pequeña sala, y traía la cara golpeada. Edward, que lucía enfadado como nunca antes, le preguntaba al respecto sin advertir que yo los veía. Alex sonreía, daba la impresión de que no se tomaba a su padre en serio. —¡Esto no se trata de ti! ¿Para qué viniste, si sólo ibas a arruinarnos el viaje? Esta no es la imagen que deberías estarle dando a Heaven, que amablemente nos deja quedarnos aquí, ni a Shelby, que nos invitó. —Ah, por supuesto, todo es sobre ellas ¿no es así? Lo único que importa es que estén felices y contentas, que nos miren y piensen: ah, vaya, este mundo es todo lo que queremos. —¿De qué carajos hablas? Y baja la voz, no quiero que se despierten para que te vean en este estado… —Y una mierda, papá…—sin comprender nada observé la escena, consternada—… sacrificaste mis estudios por esa mujer que… que ni siquiera puede ofrecerte nada… —Yo no… —Dijiste que no me pagarías los próximos meses de la universidad porque tienes que planificar tu boda perfecta, de modo que la tal Shelby piense que tienes la cantidad de dinero suficiente como para quererte. —Tú me aseguraste que no tenías ningún problema con ello, que trabajarías con tu padrastro, y no hables de Shelby como si fuera una interesada… —Por supuesto que dije eso, ¿qué más podría haber hecho? Ya habías tomado tu decisión. Pero ya en serio, ¿crees que no me dolió?, ¿Que no me afectó ver que finalmente mi propio padre ponía a otra persona, a otra familia, por encima de mí?—Alex se tambaleó, subiendo nuevamente el tono de voz—. Es lo único que pensé que jamás me pasaría a mí. En verdad que no me importa tener padres separados, porque siempre que te veía a ti y a mamá notaba que eran diferentes a todas las otras personas del mundo…—de pronto soltó una risa histérica que terminó en tos, sacudiendo la cabeza—… Y ahora estamos aquí, en este horrible cuchitril, sólo para que Heaven crea que es importante y especial e irremplazable… y para que tu estúpida novia se sienta bien consigo misma, y con su familia, y con su vida… ¿y yo qué? —Alex… Noté que Edward tenía toda la intención de arreglar la situación, de encauzar la conversación, pero yo ya había escuchado lo suficiente. —Yo no te pedí que vinieras, y si tan despreciable te parecemos no debiste hacerlo. Alex me observó a través de la penumbra, parpadeando con lentitud. —Ah, genial, lo que faltaba para mejorar mi noche… Arrastraba las palabras, apenas se le entendía, pero por supuesto que capté su mensaje. —Nadie te obliga a quedarte aquí. Y lo siento, pero en mi casa no vas a hablar mal de Shelby. —¿Tu casa? Ni siquiera hay una cama sobre la que podamos dormir. Con mucho esfuerzo cabemos todos. —¿Cuál es la necesidad que tienes de ser tan odioso? —¿Cuál es tu necesidad de sentirte orgullosa por haberte metido aquí?—señaló al departamento con desdén, poniendo una mueca. La verdad que es que, aparte del tamaño, yo no veía nada que pudiera ser verdaderamente criticable, él sólo quería incomodar. Sus palabras no me dolieron, sabía lo que había pasado antes de decidir darle un rumbo a mi vida, y sabía lo que me estaba costando ser verdaderamente independiente. Pero sí me enfurecieron. Yo no lo había atacado en ningún momento, estaba dispuesta a incluirlo en mi familia, como para que de pronto tratara de desquitarse conmigo. —Heaven, lo siento, él está ebrio y no… —Déjalo, Edward, tiene la edad suficiente para defenderse por sí mismo. Collin y Shelby por fin aparecieron en el cuadro, cuestionando qué pasaba, por qué estábamos despiertos y por qué el ambiente se sentía tan tenso. Yo respiré hondo, tratando de calmarme, porque no me parecía necesario agrandar el asunto. Edward claramente no pensaba lo mismo que su hijo, y eso me bastaba para seguir creyendo que Shelby debía, si quería, casarse con él. —Todo está en orden. Alex estaba comentándonos que planea volver mañana a casa, solo, por nada en específico. Visiblemente más indignado, el chico dio media vuelta antes de desaparecer en la entrada, dando un portazo a sus espaldas. Edward balbuceó algo parecido a que iba a asegurarse de que estuviera bien, siguiéndolo con el cuerpo rígido. Yo no contesté a las preguntas que me hicieron, fingí un profundo cansancio y me acosté a dormir, consciente de que la rabia no me dejaría hacerlo sin discutir primero conmigo misma todas las razones por las que Alex era detestable. A la mañana siguiente él se había duchado, tenía ojeras, el rostro consumido por las horas de sueño perdidas y se veía que hasta la acción de parpadear le producía dolor. Se detuvo frente a mí, que tomaba mi desayuno en la barra, para pedirme una disculpa. Fue bastante corta, puntual, casi inaudible. Dudé de su nivel de honestidad. Y la acepté con un simple asentimiento. Después de eso todo el tema de compartir espacio y experiencias ya no fue lo mismo. Él sabía que seguía cayéndome mal y yo sabía que él continuaba viéndome como la tonta fracasada que salió en defensa de su tía la materialista, arruinando su carrera y su vida en general. No interactuamos directamente hasta que se marcharon. No hemos hablado tampoco desde entonces. Collin jamás se enteró de ese episodio. Para él es un chico y ya está. Apenas le pone atención. Desde su punto de vista a mí sólo me desagrada por ser arrogante e irritante, por criticar y entrometerse en asuntos que no son de su incumbencia. —¿Y qué significa eso de que fue poniéndose cómodo, de todos modos? —Pues no solía tener nada en común con Shelby, pero ahora sí. Pueden pasar horas hablando. —¿En serio? Collin asintió. —Sospecho que lo quiere más que a mí, por cómo están las cosas. —Eso es imposible. —Bueno, quién sabe. Resoplé. —Sería maravilloso no tener que verlo. —Ha cambiado. —¿De verdad? —No, pero al parecer su burbuja de “mi vida es perfecta” ahora nos incluye. —¿Ah, sí? ¿Y cómo? —Pues también alardea sobre nosotros. Nos pone por encima de los demás. Muy al estilo tú eres patético mientras que mi hermanastra es diseñadora en otra ciudad. —¿Dice eso sobre mí? Collin asintió.  —El otro día le oí mencionar algo parecido. Fruncí el ceño hacia la vía, con Stargazing sonando de fondo. Supongo que podría intentarlo, pero la verdad no albergo muchas esperanzas con respecto a que Alex pueda caerme bien. —Ni siquiera somos hermanastros en verdad. —Es lo que todo el mundo cree. A Collin no le parece un tema relevante. Lo supe por cómo aprovechó ese breve silencio para devolverle el volumen a la radio, zanjando la conversación. Yo me reacomodé en el asiento. Todo el tema de Alex quedándose en la casa donde yo pretendo vivir durante estos tres meses me crispó ligeramente los nervios, pero no puedo dejar que me arruine los planes. Ya encontraré la forma de soportarlo. Hicimos dos paradas cortas en estaciones de servicio para usar el baño y comprar golosinas antes de que el letrero que da la bienvenida a nuestra ciudad apareciera en el panorama.  Apenas cruzábamos esa zona delimitada por vallas publicitarias cuando me asaltó de golpe un recuerdo. Fugaz e imprevisible. Yo había estado allí, dentro de esa zona boscosa, antes. “Busqué a Theo con la mirada. Él ya me veía. Cuando nuestros ojos conectaron sonrió con sutileza, alzando las bolsas que sostenía para añadirlas al panorama. —Bienvenida al universo personal, ya no tan personal, de Theophil Dervest.” Parpadeé, asombrada por la claridad y la precisión con la que conseguía rememorar aquel día de mi vida, aquel momento en específico, con sus ojos brillando en mi dirección. Hacía tiempo que no pensaba en ello, que no lo traía de vuelta. Una parte de mí había olvidado que esa sección de mi memoria existía. Fruncí los labios en un gesto inconsciente, de pronto abrumada por la cantidad de imágenes que le siguieron a esa. “—¿Soy el primer Theo que no soportas? Qué honor” “—Todavía usas el collar que te di. —Decidí que no me lo quitaré nunca. —¿Nunca? Esa es una palabra fuerte. —Nunca será nuestro «siempre».” Recordé lo cerca que estuvimos de besarnos entonces, lo mucho que yo deseaba que ocurriera, y lo asustada que me sentía por esa fuerte atracción que él despertaba en mí, desde el primer día. Percibí de vuelta lo que dolía resignarme a la idea de que mis sentimientos nunca podrían ser correspondidos. Sospechaba que no seríamos compatibles por las razones incorrectas.  “Era mi instante, pero me di cuenta de que deseaba que se convirtiera en algo más que eso. Lo que jamás será compatible con su forma de verme.” Di un respingo en el asiento cuando sentí algo frío rozando la piel desnuda de mis hombros. Eran los dedos de Collin, quien al parecer intenta llamar mi atención con una mano mientras que con la otra sostiene el volante. Le vi intercambiar vistazos entre mi cara y la carretera. —¿Qué pasa? —He estado hablándote todo este rato y recién me di cuenta de que no me ponías atención. ¿Va todo bien? No me digas que te estás arrepintiendo, porque no pienso regresar. —Lo siento, estaba pensando. —Si es por Josh… no le des tantas vueltas, lo superará. Ambos sabemos que lo hará. Y pueden contactarse por, literalmente, cualquier red social. Podría haberle confesado al instante que no se trata de él, pero quizás eso lo habría hecho pensar al punto de concluir, tarde o temprano, que incluso en contra de mi voluntad ya estaba recordando a Theo. —Me preocupa que se haya molestado. No me gusta la idea de dejarlo en casa sin haber aclarado las cosas. Una respuesta que, de todas formas, no es completamente falsa. Aquel episodio en el que Collin casi muere, o esa escena en la que Xanthia por poco se ahoga, me han hecho reflexionar mucho acerca de las oportunidades. Sobre las despedidas, en específico. No creo que valga la pena enfadarse demasiado con alguien que amamos, o alejarnos estando en malos términos, porque la vida es demasiado impredecible. —Lo que hiciste fue impulsivo, sí, pero no por eso estuvo del todo mal. En algún momento lo entenderá. Tampoco es que sea un pecado capital decidir pasar las vacaciones a kilómetros de tu novio. Cada uno tiene su propia vida. Me quedé con esa última frase, reflexionando al respecto. No es que yo tuviera por ley el hacer absolutamente todo con Josh, pero solemos compartir mucho tiempo, además de tomar las decisiones importantes juntos. No me daba la impresión de que hubiéramos desdibujado lo limites, hasta que ese comentario siguió resonando dentro de mi cabeza en lo que Collin se esforzaba por evadir el tráfico. Comencé a sentirme ansiosa cuando nos adentramos a nuestra calle. Olvidé cada cosa que venía pensando y me fijé en lo cerca que estábamos de nuestro destino. La distancia se acortaba con cada cuadra que dejábamos atrás, los establecimientos conocidos y los lugares en los que he creado recuerdos se fueron materializando uno tras otro. Apoyé los pies sobre la alfombra, alisándome las arrugas de la ropa con las palmas de mis manos repentinamente sudorosas. Reacomodé los mechones de mi cabello, ahora n***o azabache desde las puntas hasta la raíz, y me preparé mentalmente para lo que diría en cuanto viera a Shelby por primera vez. ¿Hola, quizás? —¿Tiene sentido que quiera llorar? —En ti nunca lo tiene, pero de todas formas lo haces. —Esperaba una respuesta menos odiosa. Collin detuvo el auto, apagando el motor casi al instante. La radio se silenció y el abrumador cambio entre la combinación de sonidos que veníamos escuchando y el mutismo que se formó de pronto me aturdió durante un segundo. —Yo bajaré tus maletas. —De acuerdo—dije, vagamente, jugueteando con mis dedos. —Y… tú deberías bajarte a ti misma. Rodé los ojos. —Sí, eso lo sé. —¿Entonces…? —Sólo estoy tomándome un momento. —¿Un momento? ¿Para qué? No es que como si te hubiera traído al matadero. —Dios, Collin, cállate. —Me ofrezco para ser tu chofer, de manera completamente gratuita y desinteresada, ¿y así es como me tratas? Le lancé una mirada furibunda, ante la cual él sólo sonrió con diversión. —Definitivamente extrañaba molestarte. La parte divertida es que ahora pierdes la paciencia más rápido. Me volví de pronto hacia Collin, frente a la puerta, después de que llamáramos. Me asaltó una oleada repentina de ansiedad, por lo que alargué un brazo para sujetar uno de los suyos. Mi hermano alzó las cejas, entre divertido y confuso. No sabía de dónde habían salido los nervios, pero luego, apenas alguien nos abrió, desaparecieron tan rápido como llegaron. Observé la sonrisa de Shelby. Recordé fugazmente muchas de las veces que había visto ese gesto y por fin respiré aliviada. Al fin estaba en casa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD