—¿Vas a…vas a… irte?
—No para siempre.
—Sí, lo sé.
—Pero haces que suene como si te estuviera dejando.
—Honestamente, Heaven, no tengo la más mínima idea de cómo suenan mis palabras ahora mismo. ¿Por qué no me lo dijiste ayer?
—No supe cómo. Te veías tan emocionado… y de verdad pensé que sería buena idea pasar mis vacaciones contigo, recorriendo la ciudad y durmiendo hasta tarde.
—¿De modo que preferiste esperar a que tu hermano estuviera abajo, esperando por ti, para que yo me enterara?
—Creí que vendría por la tarde, supuse que tendría más tiempo.
—Me siento muy traicionada—dijo Emmerit, interviniendo. Giré la cabeza para mirarla, pero ella evitó el contacto visual al desviar la atención—. Y sé que Jack está igual.
—Él ni siquiera sabe que…
—Cuando saliste corriendo para abrirle a Collin le envié un texto, preguntándole si es que él sabía algo sobre esto—ahora sí me enfrentó, entrecerrado los ojos—. Dijo que podría no tener mucha experiencia en el tema de las amistades, pero que estaba completamente seguro de que este tipo de cosas no se hacen.
—¡Sólo serán tres meses!—recalqué. No obstante, Josh seguía teniendo una expresión rara en el rostro, como si yo le hubiera pisoteado todas sus ilusiones—. Deberías ayudarme a controlar esta situación.
A diferencia de mí, Collin no ha dejado de verse sumamente relajado. Tiene la cadera apoyada contra la encimera mientras le da mordiscos a una de las tres manzanas que Emmerit siempre deja dentro de un tazón con propósitos decorativos.
—¿Yo? Ah, no. No me involucres en tus asuntos.
Josh exhaló sonoramente, convirtiéndose en el foco de todos.
—Supongo que iré a casa…
—¿No vas a despedirte de mí?
—Adiós.
Hizo el amago de darse la vuelta, por lo que lo detuve con un brazo, sujetando su mano.
—Josh… No te molestes.
—No estoy molesto.
—Necesito ver a mi tía, a Edward, a mis amigos…
—Y eso lo entiendo. No hay ningún problema. Simplemente me habría gustado enterarme de otra forma.
Odio discutir con Josh, porque lo cierto es que nunca peleamos de verdad. Pase lo que pase, él jamás abandona su postura de madurez y diplomacia. No alza la voz, ni siquiera se enfada en serio. Sólo pone esa cara… esa expresión de absoluta decepción que me hace sentir peor de lo que lo haría cualquier grito. A veces me ve fijamente, en silencio, y niega con la cabeza, como si no tuviera caso decir nada, porque normalmente los escasos conflictos que tenemos los provoco yo y son, en esencia, innecesarios.
Siempre he pensado que si dijera exactamente lo que le pasa por la cabeza en situaciones como esta me sentiría menos horrible. Es una tortura soportar el pensamiento de que de alguna u otra forma le he fallado.
—No creo que, de verdad, esto sea tan importante como lo hacen ver.
—Probablemente no lo es—dijo, retrocediendo un paso—. Por eso me voy. Son sólo tres meses, tampoco es que tenga que organizarte nada especial para que me recuerdes, ¿no?
Todos lo vimos salir del departamento. No se me ocurrió nada para decirle. La verdad es que no esperaba esa reacción de su parte, pero sabía que habría sido diferente si no se hubiera ilusionado con la idea de pasar juntos las vacaciones. Pensé que tarde o temprano se le pasaría, que de todas formas ya no había algo para aliviar la tensión entre nosotros que yo pudiera alegar, por lo que me giré hacia Emmerit, quien definitivamente es mucho más dramática y rencorosa.
—No estoy abandonándote. Ni a Jack.
—¿Es que ya no confías en mí, como para contarme estas cosas?
—Te lo estoy contando ahora.
—Oigan, chicas, realmente creo que son capaces de alargar esta patética discusión por horas, pero lo cierto es que tengo un compromiso y debería estar en casa antes de que comience a oscurecer—Collin iba por la segunda manzana. Se alejó de allí para dejarse caer sobre el sofá, suspirando—. Dense un abrazo de reconciliación para que podamos irnos.
Emmerit rodó los ojos, pero de pronto ya no parecía tan molesta.
—¿Ya empacaste?
—La mayor parte, sí.
—Pues con o sin tu permiso iré a inspeccionar lo que te llevarás. Sospecho que guardaste ropa horrible.
—¿Ropa horrible? No tengo ropa horrible…
Emmerit dejó de ponerme atención, yendo directo hacia mi habitación. Collin se estiró en el sofá para alcanzar el control remoto.
—¿Qué haces ahí parada? Ve con ella.
Me quedé otro rato ahí de pie, como agobiada, mientras intentaba decidir si valía la pena contestarle. Finalmente decidí que no.
Emmerit había deshecho todo mi trabajo. Observé el caos de tela y fotografías sobre mi cama con el ceño fruncido, asomándome para ver si había dejado las cosas importantes (como el gorro) en el fondo de las maletas.
—¿Está todo en orden con Josh?
Preguntó de la nada, girándose en mi dirección con una falda entre sus manos. Hizo que sonara como si fuera una cuestión que se le acababa de ocurrir, pero porque la conozco de inmediato supe llevaba un rato pensando en ello.
—Uh, sí, ¿por qué?
—Bueno, no lo sé, es extraño que no le hayas comentado del viaje. Ustedes se cuentan todo.
—Ya te expliqué por qué. Está siendo un asunto muy improvisado.
—Aun así…
—Ah, Emmerit, basta de teorías conspirativas sin fundamento, ¿quieres? Amo a Josh. Simplemente no surgió el tema.
Me ubiqué a su lado para ayudarla a reorganizar con la esperanza de que cambiara el tema. No sabía de qué forma hacerle ver que esto no era, para mí, algo tan polémico como lo estaba siendo para ellos. No podía negar que estaba nerviosa, incluso un poco aterrada, pero indudablemente feliz. La idea de ver a mis amigos es emocionante.
Entonces noté que Emmerit había comenzado a empacar prendas que definitivamente no son mías.
—¿Qué demonios haces? Esos vestidos son tuyos.
—Lo sé.
Una cuarta parte de su closet estaba reemplazando todo lo que yo planeaba llevar. Puse una mueca al advertir que la rubia escogía exactamente todas aquellas faldas con las que no se puede hacer movimientos bruscos, los vestidos ajustados que se suben sólo porque sí y los tops brillantes que apenas cubren lo necesario.
—Emmerit…
—Tengo entendido que te verás con tu ex novio.
Me paralicé en el sitio, incomoda.
Por supuesto que ella conoce a la perfección la historia con respecto a mi último romance fallido, pero tampoco es un tema que comentemos a menudo. La rubia fue una de las dos personas que en verdad me vieron sufrir después de mi llegada a la ciudad. No me conocía demasiado bien en ese entonces, pero tampoco es que hiciera falta. Yo no sabía bien cómo ocultar lo que sentía, y no me preocupé demasiado por hacerlo. Emmerit siempre estuvo allí, apoyándome y recalcando de mil formas distintas que todo lo que había dejado atrás debía quedarse por siempre allí. De modo que ahora mismo su actitud no tiene nada de sentido.
—¿Qué? Esto no tiene absolutamente nada de relación con… él ni siquiera es, literalmente, mi ex novio…
Emmerit no pareció darse cuenta de que me había exaltado, seguía moviéndose por la habitación con mucha naturalidad, seleccionando y descartando.
—Pues sigue viviendo allá ¿no?
—Eso creo.
—No es una ciudad muy grande, seguro coincidirán en algún momento.
Había intentado no pensar en esa posibilidad desde ayer con bastante fuerza, y allí estaba, finalmente, golpeándome directamente en la cara.
—Lo dudo.
—En especial si tienen amigos en común…
—No hay amigos en común.
—… como Ansel.
—Él es la excepción, pero ya sabe que no puede…
—Ay, Heaven, se supone que es tu mejor amigo. Y potencialmente también el de Theo. ¿De verdad crees que podrás evitarlo para siempre?
—Bueno, tengo esperanzas.
Ella me observó como si no se pudiera creer el nivel de mi ingenuidad, entrecerrando los ojos.
—¿Es en serio, Blom?
—En cualquier caso, tampoco es que vaya a importarme el verlo otra vez. Lo que pasó entre nosotros ya no significa nada para mí. Ahora mismo estoy muy concentrada en mi relación con Josh, y ningún chico puede competir contra eso.
—O sea, dices que no te afectará—alzó una ceja.
—En lo absoluto. Es una etapa superada.
—De acuerdo, pero independientemente de eso, mi idea es que cuando se encuentren…
—Si nos encontramos…
—… te veas fabulosa; que luzcas en todos los aspectos el hecho de que sin su estúpida presencia alcanzaste tu mejor versión.
—Ah, ¿y por eso vas a convertirme en una copia menos extrovertida de ti?
—No seas dramática, mi única intención es que lo hagas arrepentirse hasta la muerte por haberte dejado ir, y por haberte roto el corazón.
Rodé los ojos, concluyendo para mis adentros que no tenía sentido disuadir a Emmerit. En cambio me enfoqué en sustituir, procurando que no lo advirtiera, nuevamente el contenido de mi equipaje por cosas que sí pensara ponerme.
Al rato Collin se nos unió, alegando que se sentía profundamente solo y aburrido en la sala. Yo, desde luego, al instante adiviné que su verdadera motivación era poder sentarse en la cama para admirar de cerca a la rubia con total comodidad. Así que le arrojé una almohada a la cara y le pedí de una forma no tan amable que me esperara afuera. Ya había intentado ligarlo a una de mis amigas en el pasado y no terminó bien precisamente por su falta de compromiso, tomando en cuenta que ahora Analise me odia, es un error que no pienso cometer dos veces.
Para mi sorpresa, Jack nos estaba esperando en la acera de la tienda de CD’s cuando bajamos con mis maletas y la provisión de galletas que Emmerit me forzó a llevar. Nos identificó y cruzó la calle a toda prisa, apenas fijándose en el flujo de autos que iba y venía en ambas direcciones. Honestamente no me había detenido a pensar en qué tipo de reacción podría tener él cuando me viera después de saber que me marcharía de la ciudad, pero hizo exactamente lo último que yo me habría esperado, incluso en nuestros mejores momentos; me abrazó.
Quedé atónita, con los brazos rígidos a los costados de mi cuerpo, sin terminar de asimilar lo que ocurría durante los primeros segundos.
Jack inspiró hondo cerca de mi oído, acción que por algún motivo intensificó todas las emociones del momento.
Lo rodeé con fuerza, hundiendo la cara en su pecho. Hasta entonces no me había dado cuenta de lo reconfortante que podría haber sido abrazarlo.
—Yo nunca me iría a ninguna parte sin contártelo primero, por lo menos desde que te tengo confianza, pero la verdad es que da igual si no quisiste compartirlo conmigo… No quería que te fueras sin haberme despedido.
—Jack…—me alejó por los hombros, mirándome a los ojos con una muy extraña y poco usual sonrisa en sus labios. Pese a no ser un gesto amplio, existía. Y me alegró bastante ver que lentamente él era capaz de ventilar sus sentimientos.
—Estoy feliz de haberte conocido. Nunca pensé que lo diría, pero sí. Me alegra que hayas sido un dolor de cabeza, que me hayas arruinado los pocos momentos que tenía de paz o que me hubieras forzado a salir de mi zona de confort. Eres la primera amistad genuina que he conocido, y en verdad agradezco que haya sido así. No podría haberle entregado mi confianza a nadie más. Y si no volvemos a vernos sólo quiero que sepas que… te aprecio muchísimo.
—¿Me… aprecias?
Jack resopló.
—Te… amo.
—¿Me amas?—la voz me surgió varias octavas por encima de lo normal, todo gracias a la sorpresa que me produjo oírle.
—j***r, hermanita, hasta yo me enamoré.
Desvié la mirada hacia Collin un segundo, quien nos observa con ambas cejas enarcadas.
—No me mires así, fue un discurso bastante personal, bien estructurado y romántico. ¿A qué no, Emmerit? Muy dramático… lo único que no termina de cuadrarme es que tú no eres Josh, pero bueno, ¿quién soy yo para juzgar?
—Fue un discurso amistoso—puntualizó Jack de inmediato, ahora con el ceño fruncido—. Heaven siempre dice que es muy natural amar a tus amigos.
—Concuerdo con eso último… pero, ya sabes, me parece que tuvo potencial para ser algo más.
—Ay, Collin, cállate. Tú sólo quieres quitar a Jack del medio para quedarte con Emmerit.
Jack cuadró los hombros, profundamente serio.
—Aguarda, ¿has dicho que él quiere qué?
Aparté las manos de Jack y las sostuve con suavidad, mirándolo directo a los ojos.
—También te amo, aunque no estoy segura de que tus palabras hayan sido un halago o una ofensa, y no sabes lo feliz que me hace haber podido ayudarte a superarte más como persona… pero no me voy para siempre. Sólo serán tres meses.
—¿Tres meses?
Asentí.
—Es el tiempo que duran mis vacaciones.
—Entonces, ¿volverás?
—Por supuesto.
De pronto se mostró súbitamente furioso, volteando el rostro hacia Emmerit, que estudia cada detalle de la escena fascinada, como si fuéramos los protagonistas de su serie preferida.
—Esa parte no me la contaste. Acabo de hacer el ridículo por tu culpa.
—¿Disculpa?
—Sí, porque vine hasta aquí a decir toda esta mierda y ahora tendré que ver a Heaven a la cara dentro de tres meses sabiendo todo lo que le dije…
—Hey, no te avergüences por haber…
Pero Jack ya no estaba poniéndome atención.
—Excelente, Emmerit, muchas gracias.
—Oye, Jack, lo que acababas de decir es, hasta el momento, lo mejor de mi semana. No te arrepientas, ¿vale? No es como si yo me estuviera burlando.
Él bufó, pasándose una mano por el pelo. Detrás de esa mascara de irritación se entrevé lo mucho que le incomoda haberse expuesto de esa forma. Es Jack, para él no es fácil expresar justamente lo que siente, y no será un asunto que pueda cambiar de la noche a la mañana. Volví a abrazarlo, conmovida por ser consciente de que había hecho el esfuerzo por mí.
—Voy a extrañarlos tanto…—correspondió el gesto, relajándose. Y sólo lo solté cuando atisbé la típica sensación de melancolía que estaba a punto de hacerme llorar.
Miré a Emmerit con los ojos cristalizados, en menos de cinco segundos ya se había lanzado a mis brazos, apartando a Jack con brusquedad. Se adhirió a mí con fuerza, como si temiera soltarme, y yo traté de permanecer neutral. No quería que la última imagen que tuvieran de mí fuera chillando. No obstante, de pronto ya no lo controlaba. Quizás sería una separación cortísima, pero durante todos estos meses ellos han sido literalmente mi rutina.
—Me vas a llamar todos los días, ¿verdad? Por la noche, para que puedas hablar también con Jack.
—Claro que sí.
Me costó despedirme de ambos sin soltar ni una lágrima. Por ratos la idea de viajar se me antoja mucho más compleja de lo que es en realidad. Sin embargo, al final lo logré. Para cuando nos pusimos en marcha Collin ya estaba visiblemente estresado, con la cara tirante y una mueca de disgusto.
—¿Podrías quitar esa expresión?
—Te dije que necesitaba llegar temprano a casa, ¿y qué haces? Te lanzas a una sesión de abrazos innecesariamente larga para asegurarte de que eso no pase.
—Ay, por favor, ¿qué puede ser más importante que pasar tiempo conmigo?
Me eché hacia atrás sobre el asiento, viéndolo con una enorme sonrisa. Si bien todavía podría echarme a llorar, lo cierto es que el entusiasmo empezó a crecer dentro de mí.
En lugar de contestar Collin alargó el brazo para encender la radio, resoplando.
—¿Estás lista?
Observé al frente, hacia la carretera que se extiende delante de nosotros, y solté un pequeño suspiro.
—Sí.