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El posionista

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Blurb

Él sueña con ser padre, lamentablemente, a pesar de todos sus intentos, no lo ha logrado. El chico que alguna vez fue su enemigo, es un exitoso posionista, con sus posiones ha conseguido lo que se propone. Es así como la vida los vuelve a cruzar y el posionista esta dispuesto a darle ese hijo que tanto anhela.

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Capitulo 1
Cada guerra es una destrucción del espíritu humano. Henry Miller 20 de julio de 1,998, celdas del Ministerio inglés, construidas en las mazmorras para albergar a la gran cantidad de mortífagos esperando condena por su participación en el intento de Voldemort de tomar el poder de la comunidad mágica… Su corazón latía a prisa, más a prisa de lo que jamás había latido, el miedo que ahora lo embargaba era superior a cualquier otro que pudiera haber sentido. Ni siquiera cuando estaba cerca del Lord, o de la loca de su tía Bella había sentido tanto pánico. Aquí estaba, con sólo dieciocho años, cerca de enfrentarse a un tribunal, sabiendo de antemano el resultado de sus acciones, sabiendo de antemano que sería condenado. Su padre no estaría allí para ayudarlo, Snape tampoco, nadie podría jamás defenderlo más. Sintió como su cuerpo entero temblaba, los ojos empezaron a picarle. No, llorar no, eso no, se dijo firmemente mientras levantaba uno de sus brazos, más pesados ahora por las cadenas que lo sujetaban. Bajó su cabeza ligeramente hasta que el dorso de su mano pudo al fin limpiar el par de lágrimas que pretendían escapar de sus ojos. Llorar no es malo, lo hacemos porque sentimos, debemos agradecer que aún podemos sentir le dijo una voz en su cabeza, una voz que no había escuchado en algún tiempo, y que extrañaba ese día más que nunca. Dio un suave suspiro —Yarik —dijo casi sin voz, pensando en cómo serían las cosas de diferentes si hubieran huido como tanto le había pedido, pero no, no lo habían hecho, y ahora estaba allí, en esa fría celda, esperando. Tomó una bocanada de aire, tratando de que el aire que llegaba a sus pulmones le diera cierta tranquilidad. Observó alrededor nuevamente, como había hecho tantas veces desde que estaba allí encerrado; las paredes grises y sucias, aquellas rejas que lo separaban de la libertad, su túnica de Hogwarts luciendo ahora peor que lo que vestían los elfos en la Mansión. No tenía un espejo cerca, pero no lo necesitaba para saber cómo lucía. Agradecía no tenerlo para evitar verse, para evitar ver lo derrotado que estaba: solo, sentado en medio de una mugrosa celda, contando los días, las horas, los minutos que faltaban para que alguien entrara por la puerta y lo llevara ante aquel tribunal… aquel tribunal que finalmente acabaría con él. Casi podía escuchar sus voces regocijándose, condenándolo a lo peor que un mago puede sufrir: el beso del dementor. Como ya había hecho muchas veces antes, maldijo el momento en el que Potter lo rescató de aquella sala en llamas, hubiera sido mejor para él quedarse allí, dejar que las llamas lo consumieran, como había pasado con Crabbe… su amigo Crabbe. No recordaba ya desde cuándo se conoció, tal vez de toda la vida, por eso no lo recordaba. A pesar de la guerra y todo lo que había pasado de alguna manera los había alejado y cambiado, estaba seguro que en el fondo si seguían siendo los mismos niños que jugaban en la mansión mientras sus padres hablaban de negocios y sus madres tomaban el té en el jardin. La guerra había destruido eso, su amistad, su unión… pero aún así pensó que tal vez por él si serían justificadas las lágrimas. Un ruido lo sacó de sus pensamientos, delante de él, dos Aurores lo miraban sonriendo triunfantes. —Malfoy, el más pequeño y rastrero de los mortífagos, al fin es tu hora — dijo uno de ellos con un tono de burla en la voz a la vez que las cadenas que sujetaban sus piernas y manos se soltaban. Draco trató de no soltar un suspiro de alivio por verso al fin libre de aquellas ataduras en vez les dedicó la mejor mirada de odio que pudo. Se puso de pie y con aire digno caminó hacia ellos. —Pero mira qué niño… —murmuró el segundo auror. —Espero que éste no grite tanto como su padre cuando muera. Draco sintió aquella información hacer un hoyo profundo en su corazón; su padre ya había pasado el juicio, su padre ya había muerto. Evitó mostrar algún sentimiento, mientras que sentía cómo sus piernas empezaban a temblar. Pronto sus pulmones se resistirían a dejar entrar el aire, y su corazón seguiría latiendo demasiado a prisa. Levantó aún más la cabeza y, con dignidad que ya no sentía, caminó con pasos que quisieron parecer firmes. Las aurores lo sostenían de cada brazo. El pasillo oscuro por el que había entrado algún tiempo antes, ya ni siquiera era consciente de cuánto, se veía ahora mucho más aterrador. Se obligó a seguir caminando, a enfrentar al fin su destino. Fue empujado con fuerza a través de una gran puerta, un nuevo salón mucho más iluminado lo recibió, habían alrededor pequeñas sillas, pero él no fue invitado a sentarse por lo que se quedó de pie. Delante de él había otra puerta más, podía escuchar murmullos y tratar de entender algo de lo que se decía, pero le era imposible. Uno de los aurores sostuvo una pequeña botella con un líquido transparente y lo obligó a bebérsela Veritaserum pensó Draco antes de tragar aquel líquido. —Ahora si dirás toda la verdad… — murmuró el auror que le había dado a beber. —No más mentiras, ni excusas, Malfoy — dijo con aire de suficiencia el segundo auror, aunque aquel comentario tomó desprevenido a Draco no dejó que la sorpresa se reflejará en su rostro. La puerta de pronto se abrió y el ruido en el otro salón se detuvo, un muchacho pelirrojo y pecoso. Weasley. Pensó Draco, lo miró un par de segundos antes de hacer un asentimiento hacia los aurores que lo tomaron por los brazos y lo jalaron hacia el interior de la nueva sala. Draco se vio pronto sujeto a una silla, las cadenas que sujetaban sus manos se ajustaron aún más, marcándole la piel, y por sus piernas también reptaron un par de cadenas, haciendo que éstas se pegaran aún más a las patas de la silla. Levantó la cabeza y observara a un gran tribunal delante de él, todos vestían túnicas de color granate…le sorprenderá que la mayoría de ellos lo miraran con pena, sintiendo lástima de él. Compuso su mirada, no lo verían débiles, ni ahora ni nunca, así esos fueron los últimos minutos de su vida, aunque estuvieran aterrados, no les daría la satisfacción de contar que Draco Malfoy se veía derrotado o muerto de miedo. — ¿Le dieron el Veritaserum? —preguntó el pelirrojo hacia los aurores, ambos asintieron. —Díganos su nombre —dijo la voz de uno de los magos. Draco tuvo la sensación de que las palabras brotaban solas sin que su mente participara en el proceso. —Draco Malfoy. —Bien, Señor Draco Malfoy, ¿entiende usted que se encuentra aquí para ser juzgado por haber participado en las filas de Tom Marvolo Riddle*, también conocido como Voldemort —el sonido de algunos suspiros y pequeños chillidos llenó la habitación por escasos segundos, sin embargo el hombre continuó hablando, ignorándolos —,por haber dejado, en junio de 1,996 entrar a los mortífagos a la escuela de magia y hechicería de Hogwarts, participó en la planeación del asesinato del ex - director Albus Dumbledore, y haber participado en la última batalla tratando de ayudar a los mortífagos? —dijo la voz de un mago al que Draco por fin creyó reconocer como Kingsley. -Si. — ¿Es usted culpable de todo lo mencionado anteriormente? —preguntó nuevamente Kingsley. -Si. —Bien Señor Malfoy, tenemos testigos y pruebas de que su participación en todas estas acciones fue de alguna manera… coaccionada por los hechos, que había una amenaza de muerte sobre su familia y sobre usted mismo, ¿estos datos son correctos? Draco no pudo evitar su asombro, ¿alguien había atestiguado aquello? Eso era imposible, tal vez su padre, o su madre, tratando de salvarlo habían confesado… —Sí, así es —murmuró sin siquiera notar en qué momento las palabras salieron de sus labios. —Usted no porta la marca en el brazo, ¿cuál es la razón para aquello? —El Lord sólo pone la marca en tu brazo si es que matas a alguien en su nombre, yo nunca fui capaz de hacerlo —Draco se asombraba de sus propias respuestas, le era imposible controlarlas. — ¿Fue de alguna manera torturado por Voldemort para hacerlo asesinar a alguien? —Sí, en más de una ocasión. —Entonces, usted nunca pudo asesinar a nadie, pese a las torturas, ¿cual fue la razón? —No soy un asesino, no soy capaz de hacerlo. Un nuevo murmullo llenó la sala, Kingsley levantó las manos pidiendo silencio antes de continuar hablando. — ¿Hubieron castigos posteriores a esos fallidos intentos de asesinato? -Si. “¿Cuáles eran exactamente esos castigos? —Por lo general cruciatus, aunque algunas veces usamos hechizos que no conocía. — ¿Tuvo alguna consecuencia posterior a esos castigos? —Sí, pasé algunos días en cama, debido a varios de los castigos. Interiormente Draco se maldecía por las respuestas dadas, pero estaba ya resignado a que no habría nada que pudiera hacer al respecto. —Dumbledore le ofreció protección, a usted ya toda su familia, antes de que el grupo de mortífagos lo interrumpieran en la torre de Astronomía de Hogwarts, en junio de 1,996, ¿usted iba a aceptar dicha ayuda? —Sí —Draco no pudo evitar preguntarse cómo era que ellos sabían aquello. En esa torre sólo habían estado él y Dumbledore, nadie más había oído aquello. —Cuando Harry Potter fue capturado junto con Hermione Granger y Ronald Weasley y llevado a la Mansión Malfoy usted negó reconocerlos delante de sus padres y su Tía Bellatrix, ¿usted sabía que se trataba de ellos? —Sí, lo sabía desde el inicio. —¿Por qué no los delató? —Sí los delataba el Lord vendría y los asesinaría, lo menos que quería era que el Lord volviera a casa a seguir torturándonos y humillándonos… — ¿Durante la última batalla trató de capturar a Potter en la sala de los menesteres? -Si. —Luego ¿qué ocurrió? —Crabbe —la garganta se le cerró de una manera conocida y rogó por no ponerse a llorar delante de ellos —. Crable murió y Potter me sacó del salón que se estaba incendiando. —¿Por qué trató de atrapar a Potter? ¿Quería llevar donde Riddle? —Era la única forma en que me dejarían salir de la escuela y abandonar la batalla, sólo quería que todo se detuviera y reunirme con mis padres, temía por ellos y por cómo estaban. —Luego de que Potter lo dejara en el pasillo, después del incendio, ¿usted participó en la batalla? -No. —¿Por qué? —Yo no quería participar ni estar allí, sólo quería ir a casa, que todo terminara —Draco notaba como sus palabras se notaban ligeramente ahogadas, trató de tomar aire para calmarse un poco. —Entonces ¿qué fue lo que hizo? —Traté de salir de la escuela, de escapar, no tenía varita ni forma de defenderme y muchos de los mortífagos que estaban peleando allí no me dejaron salir… — ¿Qué fue lo que ocurrió con su compañero sobreviviente, Gregory Goyle? —Él… —Draco trató de recordar, pero no podía, después de haber sido salvados por Potter había arrastrado el cuerpo de su amigo hasta detrás de una de las columnas derribadas, en cuanto despertó discutieron, reclamándole la muerte de Crable, y finalmente se Separaron, Goyle jurando vengarse de Potter y sus amigos pese a que lo habían sacado del incendio, aunque Draco sabía que en el fondo Goyle creía que el único responsable de la muerte de su amigo era Draco. —Él decidió participar en la batalla y nos separamos —le dolió decirlo, le sonó a traición, pero no había nada que pudiera hacer para evitar responder. Agachó la cabeza tratando de no mirar más hacia el jurado. —Señor Malfoy, díganos ahora los nombres de los mortífagos que usted conoció, aquellos que usted sabía que llevaban la marca y que trabajaban en nombre de Tom Riddle —pidió Kingsley, mientras extraía un largo pergamino de una gran pila de pergaminos amontonados uno sobre otro en precario equilibrio a un lado y lo miraba atentamente. Draco tragó de nuevo antes de empezar a hablar. Comenzó mencionando a su padre, a lo que Kingsley dijo que ya había sido juzgado, continuó con Crable padre y Gregory Goyle y el padre de éste, con Nott padre, y con todos los que alguna vez había visto en la mansión aparecer convocados por la marca. A cada nombre que mencionaba Kingsley iba murmurando: "juzgado" o "muerto en batalla". Cuando Draco pensó en Theron Forsyth, el nombre del padre de Yarik, y Kingsley dijo "muerto en batalla", Draco no pudo evitar sentir alivio en el pecho, al menos ese tipo sí estaba muerto, no había salido bien librado. Continuó hablando durante mucho rato más, durante un tiempo que le pareció interminable, hasta que su mente pareció quedar vacía, sin más nada que poder decir. —Bien, creo que tenemos suficiente —dijo Kingsley, pareciendo satisfecho y dirigiéndose a los demás magos —No veo por qué continuar con el interrogatorio, ya tenemos todo lo que queríamos, a menos que alguien quiera agregar algo… Hubo un murmullo de aceptación en la sala y Draco tomó aire una vez más, al final ya estaba cerca. Se preguntó si al ser absorbida su alma por el dementor al fin podría descansar y dejar de sentir porque su cuerpo se convertiría en un cascarón vacío, carente de sentimientos… después de todo aquello no se le antojaba tan malo, mientras no doliera más, todo estaría bien. Levantó la cabeza y esperó la sentencia con la mirada más digna que pudo. —Señor Ministro —dijo la voz de una mujer regordeta y de cabello blanco a un lado del tribunal —, yo sólo quiero decirles a mis compañeros del Wizengamot que este chico sólo era un niño cuando lo obligaron a formar parte de las filas de Voldemort y , por lo que él escuchó, es más que obvio que tal como nos ha dicho Potter, no debemos confundirlo con Lucius. Draco no pudo evitar la mueca de sorpresa en su rostro, ¿de qué estaban hablando? ¿Potter había ido allí, a hablar por él? —Entiendo lo que dices, Irina — dijo otro mago al lado derecho de Draco —, pero él ya era capaz de elegir ¿verdad? —Oh vamos, Pierre — respondió la primera bruja a la que Draco miraba ahora con más atención —, tú sabes que a los dieciséis años no tienes muchas opciones. —Más aún cuando tus padres pueden morir por tus decisiones — aportó un tercer mago, más joven que los dos anteriores. Draco seguía la conversación que mantenían los del tribunal girando el rostro de un lado a otro, aún sin poder creer o entender qué era lo que estaban discutiendo. —Tal vez la decisión que debía tomar fue la de alejarse de sus padres —casi gritó el mago al que habían llamado Pierre, Draco no se pudo contener al escuchar las palabras que había dicho. —¿Abandonar a mis padres? —Gritó Draco mientras jalaba las cadenas que le sujetaban los brazos tratando de ponerse de pie —¡Quién podría traicionar a sus padres de esa manera!? —Sintió como las cadenas le cortaban la piel de las muñecas pero eso no le importó —¡Si no lo hacía ellos morirían, ya le he dicho que yo no soy un asesino! Un murmullo mucho más fuerte surgió en la sala mientras las aurores trataban de hacer que Draco se sentara correctamente. —Silencio, por favor — dijo Kingsley mientras golpeaba la mesa, poco a poco los demás magos se fueron quedando en silencio. —No soy un asesino, ni un traidor —siguió gritando Draco, uno de los aurores le dio un golpe en el estómago y sintió como el aire se le escapaba, se dejó caer sobre la silla nuevamente, mientras tomaba bocanadas de aire tratando de reponerse . —Ven… ¿eso es lo que quieren dejar en nuestras calles?— dijo Pierre poniéndose de pie y señalándolo con un dedo —A un hombre, sí, un hombre, Irina, eso es lo que es, un hombre, no un niño — Continuó hablando y girando hacia la bruja para mirarla acusadoramente —. Un hombre que no se sabe controlar, que a la primera cosa que no le parece reaccionar de esa manera tan violenta. —Yo también reaccionaría así si me dijeras que debía abandonar a mis padres para que murieran — dijo el mago más joven poniéndose de pie —. Y no creo que golpear a los prisioneros esté permitido tampoco — agregó molesto hacia los aurores, los cuales dieron un par de pasos alejándose de Draco, con mirada avergonzada. —Es por eso que los que son tan jóvenes como Bonaccord no deberían formar parte del Wizengamot — dijo Pierre ahora hacia Kingsley—, no tienen demasiada experiencia. —Oh, vamos Pierre, el chico que venció a Voldemort apenas cumplirá dieciocho en unos días, no soy tan joven en comparación a él, aunque es todo un elogio viniendo de ti — dijo Bonaccord con una sonrisa bastante burlona hacia Pierre. —Además de irrespetuosos —murmuró Pierre con la cara roja por la rabia, sus ojos oscuros y brillosos miraban alternativamente a Bonaccord y Kingsley como esperando alguna respuesta o disculpa. —Bien, creo que esto es suficiente —dijo Kingsley poniéndose de pie —Esto se está convirtiendo en un circo —. La sala entera se quedó en silencio, Kingsley les dio una mirada de aprobación antes de tomar asiento y continuar hablando. —Ya hemos escuchado todo lo que teníamos que escuchar, ahora sólo debemos decidir, no quiero más opiniones personales. Draco sintió su corazón latirle con fuerza nuevamente, después de toda la discusión y de todo el jaleo que se había armado, había llegado el momento de su sentencia, aunque aún le daba vueltas en la cabeza lo que había escuchado, que Potter había hablado con ellos, pero, ¿de qué? O ¿Por qué? Reconoció que lo más probable era que lamentablemente se iría a la tumba con esas preguntas. —Dada la naturaleza de este caso, optaremos por votar en secreto, así que mi asistente Percy se encargará de hacer levitar la pequeña ánfora para sus votos —un murmullo de aceptación se escuchó mientras Percy caminaba hacia el frente con la pequeña copa, muy parecida a la que usaron en el torneo de los tres magos. —. Los que estén de acuerdo con la reinserción del joven Draco Malfoy a la comunidad mágica, bajo las normas y disposiciones ya conocidas, deben dar su voto positivo; los que no estén de acuerdo con eso y deseen condenar a Draco Malfoy a cadena perpetua en Azkaban por su participación en las filas de Riddle, deben dar su voto negativo. Draco parpadeó y estuvo a punto de levantar la mano para exigir una explicación, no había entre las opciones el ser condenado al beso del dementor, aquello era peor de lo que podía esperar, lo condenarían a toda una vida en prisión. Recordó como su padre había vuelto de prisión, las conversaciones pequeñas que había podido escuchar a escondidas entre sus padres sobre ese tema, sobre lo horrible que había sido todo, y Draco siempre intuyó que era mejor estar muerto que tener que pasar el tiempo rodeado de dementotes y otros magos gritando y pidiendo la muerte. Tragó horrible mientras veía como el ánfora levitaba de lugar en lugar por los 50 magos que integraban el Wizengamot. El joven mago, al que se llamaba Bonaccord, le dio una sonrisa cuando depositó su voto, pero Draco estaba tan nervioso que no era capaz de corresponder. Pasaron algunos minutos, que a Draco le parecieron horas, mientras Percy terminaba de hacer recorrer el ánfora para luego pararse en el centro del salón, lo más alejado posible de Draco, y empezar a contar los votos en voz alta para que estos se marcaran en medio del aire: Sí, no, sí, sí, no, no, no, sí, sí, sí… Draco tenía un nudo en el estómago mientras escuchaba el conteo, cerró los ojos y trató de hacer que el zumbido de sus oídos desapareciera, deberían considerar todo ese proceso como una tortura, escuchar uno a uno los votos, la desesperante lentitud con que Weasley los Hacía levitar hasta darles un lugar en la pizarra imaginaria en medio del tribunal, el sonido lejano de un reloj que recién había notado, los suspiros y ruidos de pequeñas conversaciones entre los miembros del Wizengamot… de haber tenido la libertad de hacerlo Draco se hubiera puesto de pie a gritar por la desesperación, por la necesidad de saber... Era su vida de la que estaban hablando, era su vida por lo que estaban decidiendo, su vida , una vida que tal vez ya no existiría, que ya no tendría, ¿qué alguna vez tuvo? Tal vez no, siempre ligado a lo que sus padres querían, a lo que sus amigos y la sociedad querían, a lo que el señor Tenebroso y los mortífagos decidieronan, sí, tal vez, después de todo no era su vida, era de todos. ellos; perderla de pronto no se volvió algo tan perturbador. Abró los ojos justo para ver cómo Weasley levitaba el último de los votos hacia el lado que decía "sí" en la pizarra, intentó hacer un conteo rápido, pero Weasley fue más rápido. —Tenemos veintiocho "sí" y veintidós "no", señor Ministro. Un gran murmullo y un alboroto se hizo en el tribunal nuevamente, mientras pequeños retazos de insultos como " Mortífago", "Tramposo", "Asesino" llegaban a sus oídos, pero él no les prestaba atención y miraba sin entender la pizarra: veintiocho a veintidós, eso quería decir… ¿realmente eso quería decir…? Era tan bueno que ni se atrevía a pensarlo. —Señores —gritó Kingsley —, esto es inaceptable — la sala entera quedó en silencio nuevamente, Draco la recorrió con la vista, viendo como algunos lo miraban con el más temible de los odios, otros sólo lo miraban inexpresivamente, Bonaccord y otro mago más. que estaba a su lado le sonreían abiertamente, apartó la vista, sintiéndose ligeramente avergonzado, mientras Kingsley seguía hablando. —Ahora que hemos recuperado la compostura pasaremos a usted, señor Malfoy —Draco levantó la vista hacia el nuevo Ministro, el cual le parecía bastante imponente. —Sí, señor — dijo casi en un susurro, se sintió avergonzado de su falta de confianza en la voz, pero pensó que dado el caso lo mejor era parecer humilde delante de todos esos que lo miraban como si fuera la peor de las desgracias en persona. Draco se removió incómodo en la silla, mientras se apretaba las manos. Decidió que era imposible seguir sentado, estaba demasiado nervioso, así que se puso de pie, los dos aurores que lo vigilaban (que no eran los mismos que lo llevaron durante el juicio) le dieron una mirada desconfiada, pero Draco los ignoró sabiendo que no le podria decir nada por levantarse. Levantó la vista hacia el pequeño reloj que colgaba en una de las paredes cerca de la puerta, marcaba las 10:50 AM, en diez minutos más alguien vendría por él y lo llevaría a la casa de su madre. Se alisó innecesariamente la túnica oscura que su madre le había enviado para él esa misma mañana. En un principio estuvo contento por poder dejar de usar la mugre de túnica de Hogwarts, sucia, rota, e incluso en algunas partes quemada, pero en cuanto se puso la que le habían dado se sintió desalentado, estaba seguro que ni siquiera los pobres tonos de Los Weasley vestían algo de tan mala calidad. Por lo que le había informado al ministro Kingsley durante el juicio, su fortuna, propiedades, empresas, acciones y cualquier cosa que le pudo haber pertenecido a él o su familia había sido expropiado por el ministerio. Hasta que se enteró de eso no había creído que las cosas podían ser tan graves, nunca se había planteado la posibilidad de quedar sin oro, era extraño, se había imaginado muerto en más de una ocasión, desmentorizado o encerrado de por vida en Azkaban, pero jamás sin una fortuna con la que pudiera comprar cualquier cosa o abrirle las puertas hacia una vida mejor. Realmente estaba tan o más asustado que en su celda el día anterior, ante la perspectiva de todo lo que podía pasar desde ese momento en adelante. Metió la mano dentro del bolsillo y sacó la copia del compromiso que había firmado después del juicio, en el cual se detallaban todas las acciones que tenía prohibidas de realizar así como todas sus obligaciones. Debía tenerlo siempre a mano, pues si es que había algún cambio en la ley, o alguna información o citación que hacerle llegar, lo harían por ese medio. Cuando la había firmado en el tribunal había estado en tal estado de shock que no había ni siquiera intentado darle un vistazo, sólo había garabateado su nombre en cada parte que le indicaron, para luego salir de allí, con el pergamino apretado entre las manos rumbo a su celda. No fue hasta después de un par de horas en que había permanecido sentado en aquella cama que se dio cuenta que tenía algo entre las manos, trató de leer lo que ponían allí pero le era imposible, todo estaba demasiado oscuro. Sabía más o menos de que iba el compromiso, pues el ministro había hecho hincapié en varios de los puntos, pero debía ser honesto, su cabeza seguía dando vueltas mientras asentía como si realmente estuviera prestando atención. Alisó un poco el pergamino con una mano y empezó a leer: 1.-Tiene la obligación de concluir sus estudios en la escuela de magia y hechicería de Hogwarts, la intención del ministerio es reinsertarlo en la sociedad y para tal se necesita que esté completamente calificado como mago. 2.- En caso no contar con los medios necesarios para hacerlo el ministerio se encargará de solventar dichos gastos. Draco dejó de leer, el estómago le daba vueltas por la espera, y aquellos dos primeros compromisos que había firmado le causaban un malestar peor, ¿cómo se suponía que debía volver a estudiar a un sitio donde era más que seguro que lo odiarían?, peor aún ahora que no tenía dinero, ni nada que lo respaldara, ni siquiera sabía si Goyle estaría allí para ayudarlo como antes… Se tomó un instante recordando que antes habían sido tres y que ahora Crable no estaría más con ellos. Aún dolía. Dobló nuevamente el contrato y lo metió en el bolsillo para leerlo luego, cuando estuviera con su madre, lejos de aquel sitio. Pasó las manos por su cabello, tratando de desenredarlo, aquella mañana, antes de vestirse le habían permitido ducharse, en una sucia y media ducha destruida, que sólo contaba con agua tan helada que se pasó la mayor parte del tiempo tiritando de frío, también le habían dado un pequeño jabón y una toalla raída. Pese a ese intento de ducha, se sentía bastante sucio e incómodo, no podía esperar más tiempo para meterse en una tina con agua caliente y dejar que su cuerpo descansara finalmente, tal vez por un par de días cuanto menos. Miró el reloj una vez más: 10:59, dio un suspiro, ya estaba, ya había llegado la hora de salir. Se quedó de pie, mirando la puerta con atención, como si de esa manera pudiera obligar a que todo terminara más pronto. La puerta se abrió y una mujer bastante joven con una túnica de color celeste le dio una mirada de fastidio, detrás de ella ingresaron un par de aurores. —Señor Malfoy —dijo con cierto desprecio en la voz —, su varita — agregó entregándole la varita que él creía ya perdida, estuvo a punto de preguntar cómo la habían obtenido, pero la mujer siguió hablando con voz imponente —: Los aurores harán un encantamiento de ubicación sobre ella y limpiaran todos los hechizos hechos hasta el momento. Draco se acercó y entregó la varita a los aurores, no sin tener cierto sentimiento de pérdida, ahora que ya la había recuperado, por tener que separarse tan rápido de ella nuevamente. Uno de ellos murmuró unas cuantas palabras y un pequeño destello plateado alumbró la varita por un momento, el otro también agitó su varita y de ella emergió una luz roja, ambos aurores asintieron complacidos y se la entregaron de vuelta —. En treinta días lo esperamos para la revisión, de acuerdo a lo estipulado en su compromiso. —Bien —respondió Draco mientras tomaba en sus manos con cierta ansiedad la varita nuevamente, la familiaridad y seguridad que le dio ese acto lo hizo sonreír. —Puede marcharse ahora, hay un traslador esperando afuera para llevar con su madre — le dijo el segundo auror mientras señalaba la puerta que Draco había mirado con tanta insistencia. —Mi madre no ha venido? —preguntó Draco algo confundido hacia la mujer que ya en ese momento le daba la espalda. —¡Pobre, necesita a su mami! — dijo la mujer en tono burlón hacia uno de los aurores que extensamente, antes de girarse hacia Draco, que ya apretaba la varita más fuerte entre los dedos tratando de dominar las ganas de responder con algún comentario mordaz. —Tras la puerta hay un traslador esperando por usted, Señor Malfoy —

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