Sergio logró quitar de encima de Theo al joven que le golpeaba sin medir su fuerza y con la clara intención de matarlo. La risa maniaca del ojiazul les demostró que sabía muy bien como manipular la razón del muchacho con las frases que lanzó sobre la situación que vivía con su contratista. —Tu “querido” Zion Kobe se aprovecha de ti, ¿sabes de quien es esa ropa y ese reloj? —escupió un poco de sangre para limpiarse la boca con el dorso de la mano y responderse con sorna—. ¡Son míos!, por lo visto ni siquiera ha gastado un peso de su fortuna en el que ahora le calienta la cama. Soler se liberó para alcanzar al ojiazul que a duras penas esquivó el puño haciendo que este se chocara contra el piso para escuchar con claridad como se rompían los dedos. Andrés solicitó a Sergio que lo traslada

