—Unos minutos nada más —señaló Rebeca tratando de ser lo más convincente posible en la mentira—, no sabemos si te oye porque no ha despertado, las quemaduras son graves e inhaló demasiado humo. Zion no le importó, quería tocarlo, abrazarlo y decirle que debía sobrevivir por los dos. No era posible pensar que alguien podía hacer tanto daño, deseaba que se pudriera en prisión y que jamás volviese a tener noticias de ella. Cuando estuvo a solas, habló con su esposo. —Theo, te amo, negarlo sería negar mi existencia... aprendí a vivir cuando llegaste a mi lado, cuando comprendí que los sentimientos surgen de la nada y si son sinceros, se corresponden sin forzarlos, y, aun así, en este momento quisiera obligarte a abrir los ojos, a que me respondieras con la misma soberbia que lo hacías al re
Download by scanning the QR code to get countless free stories and daily updated books


