Ignacio analizó el comportamiento de su hermano durante el recorrido de la hacienda a la ciudad, las atenciones que le demostraba a Theo jamás las había visto con ninguna de las mujeres que salió, el gesto de tranquilidad en el rostro de Zion le confirmó que Boris tenía razón, el primogénito Kobe necesitaba a su lado alguien a quien cuidar.
Los ojos verdes del castaño menor chocaron con los azules que rogaban porque se lo quitara de encima, con tal de aprovechar a jugarle una broma a Kobe, procedió a ubicarse en medio de la pareja y con seriedad comenzó a explicar lo que encontrarían en la empresa, hecho que fastidió a Zion y permitió a Theo revisar los encargos que Junpei había hecho.
En resumen, sabrían si la estrategia tendría éxito cuando en la reunión de accionistas que se celebraría a las dos de la tarde de ese día, la propuesta de los abogados de ambas compañías fuese aceptada por unanimidad. No obstante, durante la investigación la empresa de Zion quedaría inhabilitada para nuevas contrataciones, y como le dijeron los juristas, las cuentas podrían ser congeladas si el juez a cargo lo estimaba conveniente.
Una vez en el aeropuerto, se dirigieron al auto que los trasladaría a Yáñez Asociados, la recomendación de Theo al piloto indicándole que estuviese disponible enojó a Zion, que disimuladamente le recordó que lo quería a su lado por lo menos esa semana.
Para Nacho fue gracioso ver como el manipulador de su hermano obtuvo del ojiazul un beso mariposa sobre los labios para sentarse en el puesto del copiloto y no permitirle un nuevo contacto; de seguir actuando de esa manera, Theo pronto tendría al primogénito a sus pies, bien es sabido que no hay nada más irresistible para un conquistador que ver como su objetivo lo evade.
Entre pequeñas conversaciones y bromas llegaron a la comercializadora siendo recibidos por Manolo y los abogados que comenzaron a explicar lo que la pareja ya sabía. En lo que se dirigían al ascensor, Samantha Yáñez divisó a los hombres que volvían de su luna de miel tomados de la mano y que, con su lenguaje corporal, demostraba que esos días habían tenido un acercamiento. Al bajar en el piso solicitado, Zion se despidió con un beso en los labios de su cónyuge, para seguir en reunión con su hermano, el par de licenciados y Samantha como representante de la comercializadora que apareció por el otro elevador mirando despectivamente a Theo.
Por su parte Tabares continuó con Yáñez a su oficina para conversar con tranquilidad. Tras minutos de charla ligera la pregunta evidente se manifestó.
—¿Confías en Kobe?
—No puedo decírtelo —respondió Theo con indiferencia, después de lo vivido en Centauros tenía demasiadas dudas sobre Zion—. Verlo aquí y en la hacienda, es como los dos lados de una misma moneda.
—Ese tipo es un manipulador, recuerda cada una de las triquiñuelas que armó con Samantha —enunció Tabares con rabia, el administrador estaba convencido que la causa de todo ese lío era la hermana de su amigo—. Puedo jurarte que el teatro que te haya montado en Centauros incluso fue hecho entre ambos.
Theo torció la boca de imaginárselos juntos, pero sobre todo de saber que accedió tan fácil a la seducción de Kobe. Observó el reloj notando que pronto debían ir a la sala de reuniones, cambió de tema recordándole a Manolo que era el momento ideal para contarle a la junta de socios sobre la situación y el cargo que ocuparía el antiguo jefe del departamento de Marketing.
Transcurrió una hora en que los dos pelinegros revisaron la documentación que debía ser presentada y demostrar que el traspaso de las acciones y la renuncia cumplieron con el tiempo estipulado según la ley.
La llamada de Rebeca relajó el ambiente permitiéndoles un descanso antes de la dichosa sesión que sabían sería agotadora, Yáñez aprovechó para buscar a Kobe y comentarle lo resuelto con Manolo, fue fácil dar con el castaño cuando de uno de los salones salieron Argueta y Simone que ultimaban detalles para lo que mostrarían en aproximadamente cuarenta y cinco minutos.
Saludándoles desde lejos, los juristas dejaron la puerta semiabierta para que el joven ingresará sin problema, hubiese sido mejor no confirmar tan rápido lo que Tabares le advirtió.
En el interior de la sala se veía a Samantha sentada en la mesa frente a la silla de Zion diciéndole con una voz dulzona que lo apoyaba incondicionalmente. El gesto galante del castaño fue acompañado por un movimiento de su mano que Theo asumió fue a la pierna de Sam, la cual se acomodó de manera poco digna sobre el regazo del hombre que la miraba a los ojos mientras seguía con las caricias en la espalda de la mujer.
—Rompiste el trato que hicimos, sin embargo, podemos hablar de una renegociación.
—¿Aquí? —cuestionó la ojimarrón a Zion que negó con la cabeza—, nos vemos entonces a las nueve donde siempre.
Samantha dejó su posición acariciando de manera vulgar la entrepierna de Kobe que la acercó para besar los labios que correspondieron gustosos.
Yáñez cerró la puerta con delicadeza para encaminarse al parqueadero mientras marcaba el número de Tabares informando que se verían en la reunión. Envió un segundo mensaje y se marchó bajó la atenta mirada de un castaño que desde que lo observó en el corredor supo que algo no iba bien.
A la hora señalada Theo ingresó a la junta de accionistas acompañado del juez Alexander García en calidad de apoderado. El primero en manifestarse en desacuerdo por la presencia del licenciado fue Zion que se sorprendió por la frialdad en los ojos azules de quien, sosteniéndole la mirada, solicitó avanzar lo antes posible con el objeto del conclave.
Celmira y Samantha apoyaron la moción, en la charla de los abogados Kobe procuró no perder ninguno de los movimientos que su esposo hacía, sobre todo si vinculaban a García. Cuando se dio el tiempo de que los socios leyeran el poder a firmar para que Argueta y Simone comenzaran los trámites, Ignacio se aproximó a su hermano.
—No voy a seguir en Yánez Asociados.
—¿Qué? —preguntó extrañado Kobe—. Acordamos que estarías aquí para supervisar mis intereses.
—Para eso tienes a tu amante —confesó Nacho dándole a entender a su hermano lo que ocurría.
—¡Mierda! ¿Theo nos vio? —la respuesta del ojiverde fue positiva, llevándose la mano a la sien Kobe caviló como solucionar ese brete—. No es lo que parece, por favor te necesito aquí.
Esto último lo dijo señalando el trío de Tabares, Yáñez y García. El chico negó con la cabeza prometiéndole que continuaría cubriéndole, pero donde realmente lo necesitaba.
Los encargados de liderar la asamblea los llamaron para reanudar las conversaciones, el documento rotó por la mesa los socios minoritarios colocaron sus rubricas al igual que los integrantes de las familias Yáñez y Kobe, todos menos Theo que pasó el papel al juez García.
—No entiendo para que este teatro —habló Celmira extrañada por la manera como su hijo se comportaba—, ¿para qué traer a Alexander?
—El juez García es el representante legal del dueño de la mayoría de las acciones de la empresa —explicó el ojiazul—, yo en este momento no tengo ninguna relación con Yáñez Asociados.
La noticia fue una sorpresa para Kobe y las dos mujeres, Alexander pasó a explicar como desde hacía seis meses Theo vendió su parte de la empresa a Manolo Tabares, quien ya poseía un 5% como socio minoritario, esto le otorgaba el 24% de la empresa, y, por ende, lo convertía en el dueño parcial de la misma.
—Mi labor es velar por los intereses del señor Tabares, y establecer una fecha para definir el derrotero para la compañía.
Los accionistas minoritarios consintieron sin problema manifestando que uno de los primeros cambios debía hacerse en el Departamento de Gestión, el que demostró no cumplir la función para la que fue creado.
Samantha apretó el lapicero en su mano sonriendo con hipocresía, era claro que Manolo y Theo habían permeado la información financiera de los contratos que cedió a Kobe, los que estaban a cargo para su aprobación en el Departamento que ella dirigía y que era del cual pedían cambios. Empero, poco le importaba lo que hicieran en su contra, tan pronto lograrán comprobar la infidelidad de su hermano, la herencia pasaría a ella dejándolo en la calle.
Al concluir la sesión Zion abrazó a su esposo por la espalda atrayéndolo hacía si en señal de posesividad frente a Alexander que exhaló cansado por la estúpida muestra de falso afecto. El castaño pidió a Theo acompañarlo a cenar, soltándose del agarre el pelinegro declinó la invitación informándole que volvería de inmediato a la hacienda con García.
—Además, no creo que tu cita de esta noche para renegociar le guste mi presencia —una afirmación que desarmó la coraza de valentía de Kobe, que se quedó quieto por la fortaleza que demostraba su cónyuge en lo que le refregaba la imprudencia cometida.
Esa noche Theo se recostó en la fría cama de su apartamento en la ciudad.
Las condiciones climáticas no permitieron que huyera ese mismo día a Centauros, viéndose obligado a amargarse la existencia especulando sobre el negocio de Samantha y Zion. Después de muchas vueltas y cuando al fin parecía que lograría conciliar el sueño, el toque insistente del timbre lo volvió a colocar en alerta.
En la puerta con una maleta similar a las usadas para campamentos, los ojos verdes de Ignacio Kobe le sonrieron con sinceridad.
—Me voy contigo para Centauros.