Me levanté como a las nueve de la mañana a lavar el auto. Como me gusta conducir con la ventanilla abierta y la carretera no está asfaltada, se mete mucho polvo adentro. Helena se veía cansada, me encargué del desayuno y la dejé dormir.
«Pobre idiota. La cara que va a poner cuando sepa que no iré a la tienda en días» me dije a mí misma, riendo. La verdad es que ayer me sacó varios disgustos y temí que me hiciera pelear con mi pecosa.
__ ¿Así que nunca me engañarías? - oí a lo lejos que me hablaban.
Volteé para responder:
__ Nunca. ¿Desayunaste?
__ Si, cariño, gracias. Me preguntaba si podríamos irnos hoy mismo a Madrid. Así descansamos mañana y no madrugamos tanto el lunes.
__ Me parece buena idea, amor. Ahora pasamos por la estación de servicio antes de irnos. ¿Te gustaría que te lleve a la universidad el lunes?
__ Me encantaría. Así conoces a Natalia, mi compañera de estudio.
...
Nos fuimos esa misma tarde. Pasamos por la estación de servicio para equipar gasolina y luego fuimos a almorzar sándwiches. No sabía cuándo volvería. En cinco horas llegamos a Madrid y nos fuimos al piso de Helena. Esa noche mientras estábamos acostadas, nos conocimos un poco más en nuestras conversaciones nocturnas.
__ Así que psicología ¿Eh?
__ Sí, desde niña lo quería. Pero temí defraudar a mis padres por no querer ser abogada como ellos.
«¿Así que abogados?» Eso decía mucho de la personalidad de la Señora Indira. Hasta ahora lo sé.
__ ¿Y tú que deseas hacer? - me dijo Helena sacándome de mis pensamientos.
__ Me gustan los números y también la publicidad. Talves estudie Contaduría o Mercadotecnia. O incluso ambas. ¿Y cuáles son los planes a futuro de Helena Cabral?
__ Pues, graduarme. Quiero ayudar a las personas. Tenerte a ti y tener un hijo. Sólo espero que me alcance la vida para lograrlo todo.
Tragué saliva. ¿Un hijo? Por mi mente no pasaba esa posibilidad aún, éramos muy jóvenes. Yo con dieciocho y Helena diecinueve. Aunque era como muy pronto, ella tenía bien claro lo que quería en la vida y eso me incluía a mí.
__ Ey, te quedaste muda. ¿Qué me dices tú, Vargas?
__ Pues me gustó el pueblito de Galicia, sobre todo sus sándwiches - bromeé - Sólo quiero una vida sencilla que te incluya a ti, no le pido mucho al cielo.
...
El domingo tuvimos la visita de la Señora Indira. No nos conocimos en circunstancias muy agradables y no la veía desde la muerte del Señor Sergio. Tocó el timbre esta vez.
__ Mamá ¡Qué bueno que estás aquí! - le dijo Helena emocionada extendiendo sus brazos.
__ Hola hija, vine a hablar con Irma y quería aprovechar de ver cómo estabas. Te ves muy bien. Hola Juliana - se acercó para besar mi mejilla - ¿Cómo van las cosas?
__ Todo bien, Señora Cabral - respondí apenada y confundida.
__ Llámame Indira, estamos entre familia.
__ De acuerdo, Indira, ¿Quieres un poco de té? En un rato prepararé el desayuno para que nos acompañes.
Era tan raro. Ella asintió, les serví el té y me fuí a la cocina a preparar el desayuno.
__ Te ves tan feliz Helena, no te veía esa carita desde que te llevamos a Orlando cuando tenías diez años.
__ Si mamá, estoy feliz. Juliana es maravillosa, su mamá es un amor. Estoy estudiando lo que quiero y a pesar de algunos problemas nos hemos mantenido unidas. Y mamá - dijo bajando la voz - ya sé lo de las vitaminas.
__ Hija tu papá y yo... - Su expresión cambió completamente, se quedó sin palabras. No encontraba la forma de explicar el por qué se lo habían ocultado toda su vida.
__ Tranquila mamá, ustedes hicieron todo lo que pudieron. Yo no se las puse fácil, fuí una cabeza dura. Los amo. Y con respecto a Juliana - dijo casi en un susurro - no lo sabe. Y ya no quiero hablar de este tema.
Se levantó del sofá.
__ Voy a supervisar el desayuno - Guiñando un ojo a su madre.
Estaba cocinando unos huevos, cuando sentí su cuerpo pegarse al mío y su mano derecha adentrarse en mi mono.
__ Estoy hambrienta. ¿Cómo va el desayuno?
__ Ya casi termino.
__ Ok. Te quiero a ti en el postre. Voy a poner la mesa.
Esa mañana nos sentamos a desayunar. La Señora Indira contaba anécdotas de su hija, Helena enrojecía y yo moría de risa. Fue un momento agradable.
__ Me gustó verlas chicas, cuídense y sean discretas.
La Señora Indira se fue y nosotras teníamos un asunto pendiente que comenzó en la cocina...
...
__ Juliana, mi amor. ¿Por qué no te mudas aquí conmigo? Estarás más cerca de la tienda.
__ No lo sé, cariño; ahorita mi situación económica no está muy bien que digamos y lo sabes.
__ No te preocupes por eso, ya verás que más adelante las cosas van a mejorar. Deja que me haga cargo de ti.
La verdad es que tenía mucha presión sobre mis hombros. Tuvimos que entregar el local en Valladolid antes de que el banco nos embargara. Resulta que un empleado nos estuvo desfalcando por dos años y mamá tuvo que vender su auto para pagar la liquidación de esa sucursal. El hombre fue a la cárcel, pero eso no solucionaba nada. Helena estaba al tanto de todo eso y una vez más quería apoyarme.
__ Cariño ¿Quieres pensarlo un poco? Sé que éste es un gran paso, pero prácticamente vivimos juntas.
__ ¿Estás completamente segura?
__ Como que me llamo Helena Cabral. Y ya que me vas a llevar mañana a la universidad podemos ver si hay chance de que te matricules, sólo han pasado dos semanas.
La verdad es que desde la primera noche que pasamos en Galicia me cuesta estar sin ella, admití. Así me imagino mi vida junto a ella, como ese fin de semana.
__ Déjame coordinar unas cosas en casa y decírselo a mi mamá. Dame unos días.