Helena regresó a Madrid el lunes temprano. Yo me tuve que quedar porque no había personal. Eran tiempos difíciles, mamá estaba luchando por mantener a flote la tienda en Madrid y Valladolid , pero los alquileres superaban las ganancias. La apertura de la tienda en Galicia fue contra todo pronóstico, sin embargo teníamos fe de que en unos meses nos recuperaríamos.
...
Llevaba una semana trabajando. La comunicación con Helena se me estaba haciendo difícil por la falta de tiempo. Me tocó en un par de ocasiones almorzar en la tienda. Las cosas marchaban bien por fortuna.
El viernes las cosas se tornaron incómodas en el trabajo. Estaba en la caja registradora y Mirta se acercó a mí, con su cara a centímetros de la mía y me susurró al oído.
__ Vamos a mi piso esta noche, te invito una copa.
__ ¿Qué crees que estás haciendo? - le espeté huraña y confundida.
__ Vamos, Juliana, he notado como me miras el escote. No nos hagamos tontas.
__ No sé de qué estás hablando - le solté con total indiferencia, volteando la vista.
__ No te hagas la dura, te prometo que la vamos a pasar muy bien. Tu noviecita no se enterará - dijo coquetamente, jugando con el cuello de mi camisa.
__ ¡Basta ya! - Alcé la voz y le quité la mano con brusquedad.
Mirta arqueó una ceja. Por reflejo volteé y estaba Helena parada afuera de la tienda.
«Helena...» susurré y fui tras ella. Logré alcanzarla en el pasillo, tomándola del brazo.
__ Mi amor, déjame que te explique - le imploré. Se me hizo un nudo en la garganta.
__ Sólo quería sorprenderte - dijo en un tono bajo, con la voz acelerada. Su cara estaba enrojecida.
Tomé su mejilla con mi mano derecha, ella entrecerró los ojos conteniendo las lágrimas. Con mi mano izquierda la tenía agarrada del brazo y me negaba a soltarla.
__ Cariño, las cosas no son lo que parece.
__ Juliana, suéltame. Nos están mirando - inquirió mirando alrededor.
__ Me importa un carajo que nos miren - dije apretando los dientes - Necesito que me escuches.
__ Prometo que lo haré, pero aquí no. Te espero en casa. Pasaré por unos sándwiches primero. También necesito un gran pote de helado de chocolate - dijo totalmente serena. - Déjame ir, por favor.
La solté a regañadientes y se marchó. Subí a la tienda vuelta una fiera.
__ ¡Estás despedida! - le grité a Mirta.
__ Yo que tú no haría eso, mi Juli. Mi papá es columnista de un diario local - Llevó su dedo índice a su barbilla, miró hacia arriba y continuó - ¿Qué pensarían los lugareños si se enteran que la heredera de las tiendas Ensueños Vargas es una lesbiana? Muy mala publicidad, diría yo. Y peor aún, ¿Si digo que me despediste porque no acepté salir contigo?
La sangre comenzó a hervirme. Entrecerré los ojos y bajé la voz.
__ ¿Me estás chantajeando?
__ No es mi intención, pero tú me lo pones muy díficil. Te voy a dar chance para que lo medites para que veas que no soy tan mala. Tienes hasta mañana.
Cerré los ojos y masajeé mis sienes con ambas manos. Quería ahorcarla.
__ Por favor vete, tómate la tarde.
Tomó su bolso y con una sonrisa coqueta salió de la tienda.
Llamé a mamá y le conté lo sucedido. Me dijo que ella lo resolvería, que no hiciera nada. Me ordenó cerrar y me fuera a casa a hablar con Helena.
Me subí al auto y emprendí el viaje. Mientras conducía le marqué a Helena.
__ Dime - contestó secamente.
__ Cariño ¿Dónde estás?
__ En el supermercado, comprando helado.
__ Espérame allí, llego en quince minutos.
Pisé el acelerador porque me urgía llegar. La Juliana Vargas prudente no estaba aquí, me sentía enojada y triste.
Estacioné al frente del supermercado, Helena se subió al auto y arranqué. En mi ofuscación en vez de acelerar le di reversa y casi choco a un auto que estaba atrás. Helena quitó las llaves del auto y me reprendió.
__ Me haces el favor y te calmas, Vargas, porque o nos matarás o lastimarás a alguien.
__ Lo siento, estoy muy enojada - musité bajando la cara y mis manos apretaban el volante.
Las lágrimas comenzaron a salir.
__ Yo nunca te engañaría mi pelirroja preciosa. Eres todo para mí... - susurré sin mirarla.
Helena subió mi barbilla con su mano y vio que lloraba. Su expresión pasó del enojo a sorpresa.
__ Lo siento... yo no hice nada...
Tomó mis mejillas con sus manos y pegó su frente a la mía.
__ Shhh... Lo sé, lo sé.
__ Ella intentó... Ella trató...
__ Lo sé. Lo sé... - volvió a decir.
Me dio un suave beso. Luego otro, otro y otro.
__ Perdón por enojarme, me atacaron los celos. Estaba fuera de mí - me dijo.
__ No pasa nada, me alegra que estés aquí.
__ ¿Estás lista para conducir?
Asentí con la cabeza. Me entregó las llaves, arranqué el auto y nos fuimos a la casa.
*****
__ Necesito esto con urgencia - dijo Helena mientras me pasaba una taza de helado y se incorporaba a la mesa del comedor. – Ahora sí, cuéntame, qué pasó hoy.
__ Mirta me está chantajeando con contar que soy lesbiana, si no acepto salir con ella. Y lo peor es que dirá que la acosé si la despido. Me lo advirtió hoy.
La sangre me comenzaba a hervir otra vez. Helena puso su mano sobre la mía, logrando calmarme.
__ Oh, mi amor, no se qué fue lo que viste, pero te juro no pasó nada.
__ Yo sólo vi a mi chica rechazando a una resbalosa - sonrió convencida – pero no pude evitar sentir celos, soy humana. Y desde la primera vez que la vi me dio como mala espina, pero no quise sonar paranoica.
__ Lleva una semana insinuándose y yo ignorándola. No quise comentarlo porque creí que podía manejarlo. Pero hoy sacó las garras. No nos conviene un escándalo así en este momento. En Madrid la gente olvida rápido, aquí no.
__ Tranquila cariño, estoy segura que tu mamá lo va a resolver.
__ Cambiando de tema. ¿Y qué la trae por aquí, Señorita?
Helena se levantó de la silla y se sentó en mis piernas. Colocó sus brazos alrededor de mi cuello.
__ ¿Es un crimen venir a visitar a mi novia?
__ No, me alegra que estés aquí. Han sido unos días duros. ¿Cómo te va en la universidad?
__ Es fuerte, pero se pondrá peor - rió - pero es lo que me apasiona.
__ ¿Y tu madre cómo está?
__ Volvió al trabajo en Zaragoza, estoy sola de nuevo. Nos llevamos mejor, ambas hemos bajado la guardia. En estos días estábamos hablando sobre ti.
__ ¿Sobre mí? - pregunté sorprendida y reí nerviosamente.
__ Me preguntó cómo eras tú conmigo y si lo nuestro va en serio. ¿Puedes creerlo? No imaginé nunca tener esa clase de conversación con mi mamá. Aunque haya sido por teléfono, es un avance. Creo que comienza a aceptarlo y eso me hace muy feliz.
__ Me alegra mucho oír eso, amor. Hay que darle tiempo. Mi mamá es más abierta porque se crió en Italia, pero mi papá era de aquí. Sé que me amaba aunque, no sé si lo aceptaría.
__ Tranquila cariño, no te preocupes por eso ahora - Se levantó y me hizo pararme - Vamos a bañarnos para comer. Hoy almorzaremos sándwiches.
Me encantaba el aire desenfadado de Helena, la naturalidad con la que actuaba conmigo. Para ella éramos como cualquier pareja, pero ante el ojo público era sumamente cautelosa. No porque quisiera ocultarlo, ella desafiaba al mundo, pero me cuidaba demasiado en ese particular.
La tarde transcurrió tranquila. Ambas arrastrabámos el cansancio de la semana y sólo queríamos estar acurrucadas disfrutando de la compañía de la otra. Nos dormimos temprano con la tranquilidad de pararnos tarde el sábado.