Capítulo VII

1290 Words
__ Buenos días mi pelirroja hermosa. ¿Te desperté? __ Hola Juliana, mi amor. ¿Cómo estás? ¿Cómo va el trabajo? – bostezando. __ Full amor, tendré que quedarme hasta el lunes. Te extraño mucho. ¿Por qué no vienes a visitarme? El último tren sale de Madrid a Galicia a las cuatro de la tarde. __ ummm, mejor le pido a Vlad que me lleve. Mi mamá me mata si se entera que tomé el tren – rió - ¿A qué hora te desocupas? __ Probablemente cierre a las cuatro de la tarde, la cosa anda algo lenta hoy. Te enviaré la dirección por mensaje. ¿Qué tal si te espero y vamos juntas al supermercado? Tengo que comprar comida. Después te llevaré a comer algo rico. __ Está bien amor, déjame avisarle a mi mamá y llamar a Vlad para que me recoja cuando le indique. ¿Cómo es el clima allá? __ Está nevando en las tardes, vente abrigada. Nos vemos en unas horas. Colgué y seguí en mi ensoñación. Miraba estuches mientras decidía cuál sería bonito para los anillos que había comprado. La inscripción fue algo discreta: nuestras iniciales con un corazón en medio y la fecha de nuestra primera vez seguido de un símbolo de infinito. Estaba realmente enamorada de esa mujer. Estaba tan nerviosa, como si fuera a casarme en verdad. A mi corta edad sabía que quería pasar el resto de mi vida con ella. Así me pasé la tarde pensando… ... A las tres de la tarde recibí un mensaje de Helena. «Cariño ya estoy en la entrada del Centro Comercial Llano Mall, ven por mí». Bajé a su encuentro y la abracé muy fuerte. Subimos a la tienda, que quedaba ubicada en el segundo piso, a mano izquierda del ascensor. __ Mirta, ya te puedes retirar. Nos vemos mañana a las ocho con treinta, descansa. La chica se retiró y me dispuse a bajar la Santamaría para oficialmente cerrar. Cuando me volví, Helena me echó los brazos al cuello y me besó apasionadamente. Salimos al estacionamiento a buscar el vehículo que estoy usando, le abrí la puerta del copiloto y luego me subí. Ajusté los cinturones y coloqué seguro a las puertas. __ Me alegra que estés aquí. ¿Cómo está tu madre? __ Mejor amor, hoy iba a tener una noche de chicas con sus viejas amigas de la facultad. __ Poco a poco amor, tiempo al tiempo. No es fácil por lo que están pasando. __ ¿A donde me vas a llevar? - cambiando la conversación. __ Hay una cafetería que trabaja 24 horas y preparan unos sándwiches muy buenos. Es lo que he comido desde que llegué. __ ¿Y tú pretendes engordarme para que nadie más me mire? __ Amor no es eso, sabes que mi pasión es comer - estaba apenada - Yo sólo quise... Helena no pudo mantener su Póker Face por más tiempo y se echó a reír. Sentí un alivio tremendo. __ Casi te la crees, amor - se burló - Debiste ver tu expresión. Me vendría bien algo de chatarra, con mi mamá estoy a punta de vegetales. Pasamos al súper a hacer las compras para el fin de semana. Comida precocinada, frutas, golosinas, pan, maíz de palomitas, entre otras cosas. Dejé a Helena encargarse, de ser por mí sólo serían golosinas. De ahí la llevé a dónde prometí y comimos. Fuimos por unos tragos de ron y luego a la casa que tenía rentada. Al llegar las pasiones se desbordaron y no tuve ninguna oportunidad. No llegamos al cuarto, lo hicimos en la cocina. Helena es tan impredecible. Ella es combustible y yo soy fuego. Acomodamos las compras y nos fuimos a acostar. Tenía que madrugar al siguiente día. ... Me desperté de repente y miré el reloj. «Joder, no oí la alarma» - rezongué. Me paré de un brinco y me di una ducha rápida. Helena no estaba en la cama. Me vestí rápido y fui a la cocina por café. __ Buenos días, siéntate a desayunar. Te iba a llamar, pero oí la ducha y supe que despertaste. __ Buenos días, cariño, olvidé poner la alarma - repuse avergonzada. __ Tienes tiempo, come. No quiero que salgas manejando como loca por ahí y sin comer. Te coloqué un par de sándwiches para el camino. __ ¿Irás conmigo a la tienda? __ No amor, me quedaré aquí a ordenar un poco. Eres un desastre, cielo. ¿A que hora regresas? Admito que el orden tampoco era mi fuerte, lo contrario a ella. __ Calculo que estaré aquí como a las dos. Tengo que cerrar a las una. ¿Quieres que te traiga algo? __ Sólo te quiero a ti en una pieza. Termina tu café - me ordenó y me dio un beso de despedida - Maneja con precaución y avísame cuando llegues, por favor. Ya en la tienda pensaba «Hoy le mostraré los anillos». No sabía de que manera iba a hacerlo, me sentía tan nerviosa. Una clienta entró a ver unas cadenas sacándome de mi ensoñación. Así se me fue la mañana. Llegó la hora de cerrar e irme. Lo bueno es que el domingo no tendría que trabajar. Cuando llegué a la casa, todo olía a limpio. Entré a la cocina y ahí estaba ella, con un delantal y unas manoplas. Se veía tan tierna. Le di un beso y me metí a la ducha. Me puse cómoda en un mono y franela y bajé a la cocina. El almuerzo estaba servido. __ Espero que te guste. Estuve mirando videos de Youtube y encontré esta receta que no se veía tan complicada. __ Se ve y huele delicioso - dije saboreando antes de probar. Ella me miraba expectante, así que le jugué una broma. Tomé un bocado e hice una mueca de disgusto. __ ¿Cómo quedó? - me interrogó. __ mmmm... muy bueno - sonreí - Oficialmente ya te puedes casar. Almorzamos en completo silencio. Helena ordenaba la cocina, mientras yo iba al cuarto por un momento. Regresé con el estuche y me arrodillé ante ella. Su mirada era de total confusión. __ Helena Cabral, eres muy especial para mí. A pesar del corto tiempo que estamos juntas siento como si te conociera de toda la vida. La verdad es que eres mi primera mujer en muchos sentidos y le agradezco a Dios que me hallas correspondido. Te amo inmensamente. Quédate conmigo. Abrí el estuche para que viera el contenido. Helena comenzó a llorar y la verdad, no era la reacción que yo esperaba. Me levanté enseguida y me acerqué. Tomé su rostro en mis manos y sequé sus lágrimas. La abracé fuerte, apoyé mi cara en su cuello. Me preguntaba qué había hecho mal. Me cuestionaba si había sido muy impulsiva, si la había puesto incómoda. Ella no decía nada y yo comenzaba a sentirme estúpida. Me miró a los ojos, ya serena. __ Tu ternura me mata, Juliana, me desarma. Nunca pensé que alguien pudiera tomarme en serio y amarme cómo tú lo has hecho. Yo sólo quería llevarte a mi cama y me terminé enamorando de ti. Eres la única que me ha visto desnuda sin haber intimado, contigo me siento única y especial. Me has mostrado tu visión de las cosas, tu manera de ver la vida y ya no soy esa persona que solía ser. Me quedo contigo, mi amor. Tomó el estuche, se colocó el anillo y me puso el mío. Todas las dudas momentos atrás se habían disipado. Nos fundimos en un largo abrazo por un buen rato y nos separamos. Estaba nevando y el frío se hacía presente. Decidimos irnos a la cama temprano.
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