Hoy es sábado. No dormí casi de la emoción. Nada que una ducha fría no arregle.
Salí a su encuentro y allí estaba, ¡Qué puntualidad! La saludé con un beso en la mejilla y la conduje al Centro Comercial Las Garzas, el cual queda a dos cuadras de la Plaza de Mayo, que vendría a ser como el centro de la ciudad. Ella eligió la película y compró las entradas. Yo me fui al área de confitería por las palomitas y demás golosinas.
__ No sé de cuál te gusta, así que te traje varios tipos - me refería a los chocolates.
Ella simplemente sonrió, me tomó del brazo y dijo - ¿Hacia dónde?
Entramos a la sala que indicaban los boletos.
Miramos la película, aunque debo confesar que de vez en cuando la miraba a ella. Y cuando me sorprendía mirándola, sólo sonreía en burla a mi nerviosismo. Al salir ya era de noche, le invité un chocolate caliente en vista del intempestivo frío que hacía.
Me senté a su lado mirando cómo el vaso viajaba de la mesa a sus labios y viceversa. En ese instante un impulso Dios sabe de dónde se apoderó de mí y la besé. Ella sin más ni más, se levantó y salió corriendo. Apenas si pude decir su nombre, a lo cual no respondió.
«Joder, qué fue lo que hice» Me decía una y otra vez. Salí de allí y me dirigí a mi casa.
...
Ya es lunes, creí que nunca llegaría. Estoy esperando a salir de mi última clase para hablar con Helena. Le debo una disculpa por lo del sábado.
Al verla me apresuré a decir: __ Siento lo que ocurrió el sábado, estoy un poco apenada. Francamente yo nunca había actuado así.
__ No te preocupes, no pasa nada - dijo calmadamente. - Te debo una explicación de por qué huí. La verdad es que no lo sé, simplemente nunca me habían besado en un Centro Comercial tan bonito - bromeó. - La verdad - continuó en un tono serio - soy de las que besa primero y no supe cómo reaccionar.
Yo callé, no sé si eso era un halago o un reproche.
Sacó un pedazo de papel y un bolígrafo, anotó algo en él y me lo extendió.
__ Llámame cuando desees hablar - me ordenó - y veremos a donde nos lleva esto.
Dicho esto, me acarició la mejilla y se marchó. Guardé el papel y me dirigí a casa.
Ya en casa repasaba lo sucedido y pensaba: «Cuando será el tiempo prudencial para llamarla. ¿Será ahora o debo esperar? ¿Qué voy a hacer?»
...
Sólo me tomó un día decidir llamarla.
__ Habla Helena, ¿Quien es? - le oí decir.
__ Soy Juliana. ¿Cómo te va?
Noté en su voz una sensación de alivio. Conversamos por alrededor de 30 minutos.
__ ¿Te gustaría venir a mi piso? - me propuso - Tengo un montón de películas que no he alcanzado a mirar.
__ Sí, claro - dije casi sin pensar, la emoción me invadía por dentro.
__ Bien, te veo mañana después de clases. Tenemos el resto de la semana libre por la fumigación del instituto.
En efecto, lo había olvidado.
Le comenté a mi mamá que me quedaría mañana en la noche en casa de una amiga. Mi madre arqueó una ceja y dijo: __ Está bien, cariño - Ya sabes las reglas.
__ Cero chicos y cero alcohol. No te preocupes madre - le dije en un tono serio.
__ Espero conocer a tu amiga pronto - puntualizó. Y con esto se fue a la cocina a preparar la cena.
...
Al salir de clases nos dirigimos a su piso. Nunca había venido a este vecindario tan sofisticado. Ignoraba que, fuera de la televisión, existieran realmente. Llegamos a un edificio color azul, entramos al ascensor y bajamos en el piso dos.
__ Pasa y siéntate - me dijo al abrir la puerta. - Voy a cambiarme - y se fue a su cuarto llevándose los bolsos.
Yo observaba estupefacta, todo estaba en perfecto orden. Dejar un vaso fuera de lugar parecería un crimen. Helena volvió sacándome de mis pensamientos.
__ Ve a cambiarte - mostrándome el cuarto. - Voy a preparar comida. Espero que te gusten los precocinados - bromeó.
Asentí con la cabeza y fui a su cuarto. Este era aún más ordenado, todo en su lugar. Varios peluches en la cama y otros guindados en la pared. En la mesa de noche reposaba un cuaderno rosado brillante. «Debe ser un diario. Que cosa más tierna» me dije a mí misma. Admito que la juzgué mal por su manera de ser tan libre y desenfadada. Pronto me volvió a sacar de mis pensamientos nuevamente para llamarme a almorzar.
Ya entrada la noche, estábamos en el sofá viendo una película. El frío era implacable en ésta época del año, estábamos envueltas en una gruesa cobija. No sé en que momento la distancia entre nosotras se acortó y la sentí tan cerca de mí, con su cabeza reposada en mi hombro. Me quedé inmóvil, no sabía que hacer. Mucho menos lo supe cuando me besó, me tomó por sorpresa. De pronto esa mujer tierna comenzó a moverse, en cuestión de segundos yo no tenía franela. Sus labios besaban mi cuello y sus manos iban de un lado a otro.
__ Espera – le dije, pero fue sorda mi petición ante lo que estaba pasando.
Cuando sentí una mano bajar por mi ombligo adentrándose en mi mono, la agarré con fuerza y dije - No -.
Helena salió de su trance. Era como si nunca en la vida se hubieran negado, estaba desconcertada. Bajé la cara y le dije __ Yo... nunca... ya sabes... - rogando que entendiera para no tener que decir más.
Su ojos brillaban y su expresión se suavizó. Me apretó contra su pecho y comenzó a susurrarme.
__ Oh, entiendo. Todo está bien, cariño. No pasa nada. Lamento haberte puesto incómoda, no lo sabía...
__ No es algo que se acostumbra decir - dije apenada - la mayoría de las que conozco ya lo han hecho.
__ No significa nada si se hace sin pensar - me dijo - La mayoría nos hemos sentido presionadas. Discúlpame ¿sí?. Y no te sientas mal, olvida a los demás... - me dijo y besó mi frente - Vamos.
Sentí un alivio tremendo. Pensé que había arruinado la noche. Me coloqué la franela. Fuimos a su cuarto y me acosté a su lado. Me sentía rara por lo que había pasado minutos atrás. Ella tendría que ir despacio conmigo.
__ ¿Estaría mal si te abrazo para dormir? - dijo - sólo si te hace sentir cómoda.
__ No, adelante - dije.
Se colocó detrás de mí y rodeó mi cintura con su brazo.